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jueves, 5 de mayo de 2022

TAN POR TRES VECES BLANCO CORAZÓN

«Hacia el fondo Sur». Foto del estadio Santiago Bernabéu, editada.

En el tercer episodio de la serie, cuando parecía que era imposible volver al duplicado clímax, dudando el cronómetro si alienarse con los llamados “minutos de la basura” al filo mismo del abismo, sobre el campo de batalla se alzó un clamor unánime: «My hands are of your colour; but I’m proud to wear a heart so white…». Y se abrió la tercera puerta.

(LUN, 755 ~ “EfeMéridEs”)

miércoles, 14 de julio de 2021

Un 14 de Julio

 


(Al paso). Destellos del atardecer francés de julio sobre el Teatro de los Sueños (y alguna pesadilla). Dedicado al gladiador Sergio Ramos, con buenos augurios para su nouvelle destination.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Pesadilla justiciera


Sé bien, muy bien, que de poco sirve sentirse históricamente vengado (o “redimido”, en términos de «economía de la salvación») por sucesos banales como el ocurrido en la tarde-noche de ayer, feliz día de Santo Domingo de Otoño, en el estadio Santiago Bernabéu, aka Chamartín, también ponderado como «el Escenario de los Sueños» (pesadillas incluidas).
Lo de la «justicia poética», o maniobra que el azar se empeña en perpetrar contra viento y marea a favor de lo previamente relegado bajo el peso de lo obvio poderoso (pausa), es una buena forma de verlo. Pero sigue siendo insuficiente.
No hay justicia ni poética que valga frente a la evidencia de lo que ayer desnudó, como sin querer, la hecatombe blanca: que no es verdad, no lo es, tanta diferencia de calidad entre jugadores de sueldos astronómicos y currantes del cuero.
Y que si no es verdad esa distancia, quienes se empeñan no sólo en destacarla sino en inflarla hasta extremos galácticos deben ser declarados justamente culpables de ejercicios oscuros de vanagloria, comercio interesado con el humo y depredación de ilusiones (algo ilusas por sí solas, eso sí; pero sin sueños sólo somos durmientes).
No sé si l@s hipotétic@s seguidores de este blog recuerdan un articulillo de cuando el feudo realmadridista fue escenario de un birlibirloque («nada por aquí, nada por allá») que para sí lo quisieran los más reputados trileros del reino. «Se veía (de) venir», como diría el castizo (también algo filósofo). Ahora la bolita ha salido a la luz poniendo de manifiesto lo que algunos se temían y otros (sí, lo reconozco, pero tengo coartada) deseábamos: que el Hiperreal Madrid, bajo tanta batahola y tanta presunción de grandeza, está desnudo.
Y lo que se le ve mueve a risa. También justiciera. Y sin compasión.
Aún es pronto, claro, para saber quién reirá el último. Pero a eso los seguidores de athletics y otros perros pulgosos de la feria ya estamos también acostumbrados. O sea que, aficionados al buen fútbol, amantes de la realidad solidaria, gritad conmigo: ¡Viva Alcorcón!
Imagen: El borroso escenario de La pesadilla 2. Foto tomada de wikimedia (convenientemente tratada; abriendo el enlace puede verse en toda su nitidez).

jueves, 2 de julio de 2009

Hiperreal Madrid


Estadio Santiago Bernabéu. Imagen tomada de Bawash College

Es lo que tienen lo seres superiores. Y más aún si a esa condición unen la de traficantes de sueños. Donde el común de los mortales solo vemos humo y charlatanería, ellos olfatean una gran fumatta, blanca por supuesto: el primer paso de un nuevo papado repleto de gestos que ya son grandes triunfos antes de que comience siquiera a rodar la bola (¿quién se acuerda a estas horas de lo conseguido casi ayer mismo por el Barça?).

Así va cabalgando Florentinus II, a lomos de su recuperada condición de Gran Padre Blanco, en el mes inaugural de su segundo reinado. Y mientras compra compulsivamente, lo que realmente está ocurriendo es que se afana sin pausa en vender espectacularidad preñada de su propio espectáculo, realidad virtual que no necesita de cascos ni de artilugio alguno, ya que es solo la ilusión infantil (y en todo amante del fútbol sigue vivo un niño, a veces hasta media docena) su primer y verdadero motor, el proyector y la pantalla.

La patente necesidad de hiperrealidad emocionante y patética explica acontecimientos asombrosos como el de los casi 50.000 concentrados en el estadio Bernabéu para asistir a la puesta de blanco del brasileño Kaká, y los que acudirán a próximos eventos similares, que sin duda batirán nuevos récords. Si bien se mira, es un fenómeno de pura magia: nada por aquí, nada por allá. Todo está vivo y palpitante en vuestros músculos cordiales, muchachos.

Dicen los sismógrafos más sensibles del Foro que detrás de la Puerta de Europa, camino del Norte, se están dejando sentir el temblor y una clara oscilación de los cuatro nuevos gigantes del cielo madrileño: las Torres Figo, Ronaldo, Beckham y Zidane, altivamente alzadas donde antes estuvo la Ciudad Deportiva. ¿Alguien es capaz de imaginar en qué acabarán transmutados los centenares de millones de euros con que se está edificando lo que algunos llaman el FlorenTeam y otros empiezan a temerse que pueda concluir como un FlorenTimo? ¿Estaremos a punto de penetrar en la décima dimensión?

Lo cierto es que, más que nunca, al Real Madrid se le está poniendo un aura hiperreal. No tanto por imaginación y exceso de subrayado de los perfiles (que también) como por haberse convertido en un gran zoco, un bazar de azares, un megahipermercado donde parece que lo que más se valora es lo más valorado por ser lo más costoso. Quizás sea ese el punto de destino al que por fuerza habría de arribar la aventura de quien fizo de la traición ajena (Figo) el santo y seña de su busca de gloria. Nada nuevo, es verdad, pues mercenarios y mercaderes ha habido, hay y habrá siempre, y por todas partes, pero acaso nunca exhibieran tan obscenanente la pura desnudez de su negocio. Eurofútbol es un nombre justo para el nuevo ¿deporte?, el fúbol del euro.

Abran paso, señores, que aquí llega, flanqueado por sus animales heráldicos (lobos, chacales, buitres), el cortejo de Florentinus II, el de la voz meliflua y los dedos auríferos, ese ser sin duda diferente al que en la intimidad sus incondicionales, al parecer, llaman el Obama Blanco. Y él, dicen, asiente complacido, complaciente, mientras que en su rostro se dibuja la máscara de los antiguos emperadores romanos cuando daban o quitaban la vida en el circo.