(En voz alta). Como ha ocurrido a lo largo de la historia con todos los avances tecnológicos, lo más preocupante de su invención es el uso malvado que pueda dárseles. Que, de hecho, se les ha dado. Con la llamada Inteligencia Artificial ocurre lo mismo y este breve pero, a mi entender, esclarecedor suelto de Javier Sampedro lo pone en evidencia. Junto a la regulación del tipo de aplicaciones que aquí se plantea, por completo pertinente y urgente, cabe volver a recordar que la peliaguda cuestión de los derechos neuronales —vuelta de extrema y radical urgencia al socaire de la masiva obtención, acarreo y manipulado de todo tipo de datos sobre nosotros, incluidos (y especialmente) los que podíamos considerar de naturaleza ontológica— sigue no sólo pendiente sino cada vez, me temo, más olvidada. Como si, de hecho, hubiéramos empezado a dar por perdida una batalla en la que nos jugamos, probablemente, nuestra supervivencia como especie digna de ser llamada libre.
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jueves, 2 de marzo de 2023
jueves, 4 de marzo de 2021
Qué vedo
(En voz alta). Interesante a la par que inquietante me parece este artículo del siempre lúcido Javier Sampedro sobre lo que entienden o pueden colegir ciertos entes robóticos cuando afrontan algunas metáforas de un lenguaje con fundamento. Cabe preguntarse si la llamativa ¿errata? en la cita de Quevedo no habrá contribuido al ininteligible resultado de la traducción. No hay que descartarlo. (Especialmente dedicado a mi amigo Pedro Torres, un verdadero lince manchego a la hora de localizar estas menudencias).
lunes, 19 de agosto de 2019
Noticias del cerebro
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| Ilustración de Práctica/El País. |
(Lecturas en voz alta). No hay tema científico más apasionante que el de la investigación del funcionamiento del cerebro humano, sin duda el "objeto" más complejo de cuantos conocemos en el universo. Y del que siempre estamos esperando últimas noticias. No hace mucho pasó por Madrid (Fundación Ramón Areces) el neurobiólogo español Rafael Yuste, director del programa Brain. Con gran rigor y claridad expuso el titánico esfuerzo que se está llevando a cabo para intentar avanzar en algo parecido al desciframiento del “mapa cerebral”, inmensamente más complejo que el del genoma. Algunas otras cuestiones reveladoras al respecto se enuncian en este artículo, en especial los recientes cambios producidos en la asignación de las áreas cerebrales a la actividad de ese fenómeno inmediato e imprescindible que es la consciencia: el causante, entre otras cosas, de que yo escriba esto y tú, hipócrita lector, lo estés leyendo, acaso sin saber del todo muy bien qué nos une a los dos (aunque lo barruntemos). Dice Javier Sampedro en un momento de su artículo: «Hay dos campos científicos que aspiran a, o no pueden evitar, competir con los poetas en la interpretación del mundo: la cosmología y la neurología. Tiene toda la lógica. Una buena ecuación sintetiza una inmensa cantidad de datos en un centímetro cuadrado de papel, igual que un buen verso». Fin de la cita. Lo suscribo. En esa tarea estamos empeñados físicos, cosmólogos, neurólogos, biólogos y una caterva de aspirantes a que las palabras puedan ser un día, también, herramientas precisas reveladoras de nuestra verdadera naturaleza y, en suma, proveedoras de respuestas capaces de descifrarnos.
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