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jueves, 5 de marzo de 2026

Para acabar de una vez por todas con las sospechas del 23F...

 

(CajaDeCitas, 112). Esta de Justo Serna es seguramente la mejor síntesis que he leído del estado de la cuestión sobre el 23F. Coincido en el elogio al libro de Cercas, que por lo que se me alcanza aún no ha sido superado en cuanto aproximación sería, profunda, extensa… al fenómeno (en sentido husserliano). Para llegar al quid imaginativo de la cuestión seguramente la mejor vía siga siendo el falso documental aquel que hizo Jordi Évole (Operación Palace, 2014; creo que aún puede verse en la plataforma de La Sexta). En él, un poco al estilo de lo que le encargaron a Kubrick respecto a la llegada a la Luna, el conocido periodista mostraba una ficción posible y plausible de la historia y, en cierto modo, aportaba ese complemento de “otra realidad” necesario para alimentar el anhelo humano de que las historias no solo tengan principio y fin sino recovecos, suspense, misterio y, finalmente, explicaciones. El Homo narrativus nunca se rinde.


martes, 14 de marzo de 2023

Cercas homenajea a Kenzaburo Oé

(En voz alta). Es conmovedor y muy hermoso el homenaje que Javier Cercas le dedica al Nobel japonés Kenzaburo Oé. recientemente fallecido. Una historia que, como él mismo dice, ya le habíamos leído otras veces, aunque es quizás ahora cuando despliega todo su fascinante poder. Conviene ponerle como banda sonora los Suspiros de España, incluso con las imágenes del baile del soldado con su fusil bajo la lluvia, tal como aparece en Soldados de Salamina, el filme de David Trueba a partir de la novela de Cercas. A Oé lo leí con devoción cuando, tras concederle el Nobel, supe de la historia heroica de su vida. Su rostro de hombre humanísimo, despierto y muy por encima de su tan honda y bien perceptible tristeza es un valioso amuleto contra la desesperanza y el derrotismo. Un ejemplo que no morirá nunca. Gracias, maestro.




domingo, 18 de octubre de 2020

Sobre Woody Allen

(En voz alta). Razones que comparto (de Javier Cercas) sobre el “caso” Woody Allen. Y a las que habría que añadir la valentía y el magnífico humor de su última (por ahora) película.

sábado, 9 de octubre de 2010

La Transición de Cercas


La concesión del Premio Nacional de Narrativa a Javier Cercas por una obra que no pudo nacer como novela y para la que el autor necesitó inventarse un género híbrido, a mitad de camino entra la crónica periodística, el ensayo político y el relato heroico (incluso con su punto elegíaco), me parece que reconoce la culminación de un esfuerzo plasmado en un libro que desde hace meses figura en la biblioteca de la Posada y que nos ofrece un retrato exhaustivo, verosímil, y ya inexcusable como referencia, de los años de la Transición.

La interpretación del significado de cualquier periodo histórico es un tarea siempre incompleta. Mucho más si, como es el caso, aún se está viviendo en la cola del dragón, incapaces por falta de perspectiva de verle a la bestia la cabeza completa o todo el espinazo, y mucho menos el aludido apéndice caudal cuyas convulsiones aún son peceptibles y a veces amenazan con golpearnos.

Y justamente porque la Transición corre el peligro de convertirse, si no en un cadáver molesto, sí en una historia oscura y maniquea, que puede ser contada de forma interesada según las perspectivas, el libro de Cercas es una obra que tiene un gran valor añadido: no sólo es buena literatura sino que consigue que la literatura sea un excelente aliado para la comprensión de la historia cercana.

La metáfora de la congelación visual de un instante (unos pocos segundos en la historia hiperreal del 23-F) y el prodigioso análisis que de él hace Cercas en su libro, insertándolo dentro de la secuencia completa de lo grabado por la cámara de televisión cuyo ojo vigilante los golpistas no advirtieron, ponen en pie un relato que en más de un aspecto contradice lo que podríamos llamar la «versión oficial y autocomplaciente» de lo ocurrido en aquellas horas. Al mismo tiempo, proporcionan algunas claves muy bien argumentadas que permiten entender con gran profundidad lo que allí se dilucidaba. La obra se convierte así en la historia mejor contada de la Transición de la que hasta ahora disponemos, en parte porque asume, filtra y resume todo lo valioso de las investigaciones e historias precedentes.

Pero es también, y aquí radica su importancia, la fundación de la Transición como tópico literario, como sustancia narrativa que, tras negarse a correr por los cauces de la ficción convencional, fue rompiendo los diques de los géneros y vino a desembocar en una ficción mayor, capaz de asumir el relato de la realidad.

Anatomía de un instante es en el fondo (y, en parte, también en la forma) un fruto cervantino que avanza con soltura por un territorio tal vez no del todo inédito, pero raras veces frecuentado a la hora de dar cuenta de la naturaleza de la realidad, y al que ahora este premio, incluso forzando las costuras de su nombre genérico, acaba de reconocer con justicia como una pieza mayor de la imaginación.