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miércoles, 5 de febrero de 2020

Apocalipsis, pero menos

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Alejandro Gayvoronsky: Estudio sobre la teoría del Apocalipsis, I. 2018.
Y dice Dios: «Un buen Apocalipsis, un Apocalipsis como dios manda, debe costar un dineral...» ¿Será por eso que aún no...? Va a ser por eso.
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martes, 4 de febrero de 2020

José Luis Cuerda se traslada al bosque animado

José Luis Cuerda, una mirada inteligente y divertida.
(Visiones en voz alta). A José Luis Cuerda, que acaba de abandonar el patio de butacas, le debemos los amantes del cine muchas mercedes directas e indirectas. De las primeras destacan, claro está, sus películas, entre las que, además de ese santo grial del surrealismo mesetario que es Amanece que no es poco, con sus precuelas y secuelas, ocupa en mi memoria un lugar sobresaliente La lengua de las mariposas, filme que está a la par, en calidad, belleza y emoción, del maravilloso cuento de O’Rivas en que se basa. Y que sigue conteniendo, en su escena final, una de las metáforas más dolorosas y ciertas de la tragedia absoluta que fue la Guerra Civil. En cuanto a las deudas indirectas, son muchas, pero no es la menor el decisivo apoyo que Cuerda le prestó en sus inicios a Alejandro Amenábar, hasta el punto de que no es exagerado afirmar que fue el verdadero descubridor de su talento. Aparte de esto, en mi tributo particular al gran cineasta destaca sobremanera otra pieza que forma parte de mi filmografía preferida y que, si logro localizarla en mi vieja colección de deuvedés, volveré a ver hoy en su honor y como agradecimiento por las muchas horas de felicidad. Me refiero a El bosque animado, ese viaje por las “corredoiras” de la memoria y la imaginación que tan vivo sigue, aunque sea a costa de contener, ay, ya tanta muerte. Buen viaje, maestro. Que el espíritu libre del bandido Fendetestas y el ánima de Fiz de Cotovelo, junto con el resto de la blanca comitiva, guíen tus pasos.


miércoles, 19 de diciembre de 2018

«Tiempo después»... vuelve a amanecer

(Visiones en voz alta). Sin ser un estricto «amanecista», sí me considero un rendido «amaneciente»: la reiteración intempestiva de algunos tópicos archisobados de Amanece que no es poco, la famosa película "friki avant la lettre" de José Luis Cuerda, me resulta profundamente desagradable, pero la película en sí, en su propia esencia ontológica de disparate lúcido movido por su específica lógica interior (tan transparente), me sigue proporcionando horas gratas, también ya melancólicas, no sólo por el imparable paso del tiempo, sino porque el tipo de cine al que la película pertenece (lo real sin complejos) empieza a ser ya una reminiscencia. Así que estoy contento y moderadamente expectante ante el anuncio de este Tiempo después, que al parecer prolonga aquel mundo y que llegará a las pantallas el próximo 28 de Inocentes. Y que tiene toda la pinta de correr el riesgo de no poder repetir lo irrepetible, aunque esa batalla pueda ser su nuevo galimatías salvador. Veo por el tráiler que Cuerda, tan observador y vibrátil —por algo vive y cultiva vides en los aledaños de la Sacrata Rivoira— se ha dado cuenta del poderoso atractivo plástico del edifico de Torres Blancas, el rascacielos circular de Sáenz de Oiza que marca uno de los límites de mi barrio madrileño (La Prospe), y al parecer lo ha convertido en el escenario de este filme. Como más de una vez he fantaseado, incluso por escrito, con la posibilidad de que este edifico sea en realidad una especie de nave espacial lista para salir al espacio en caso de catástrofe terrestre, no me resulta en absoluto extraña la elección del director manchego. Ojalá que el resultado esté a la altura de las expectativas.