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miércoles, 27 de agosto de 2025

Eusebio Poncela, arrebatado

 


(En voz alta). La Parca no da tregua: acaba de saltarme un alcance de la SER con la muerte del actor Eusebio Poncela, a los 79 años. Hay en su muy extensa filmografía títulos muy destacados y su rostro y sus maneras interpretativas, por lo común incorporando personajes complejos e incluso tortuosos, son siempre reconocibles. Si tengo que elegir, me quedaré con Arrebato, el filme rara avis de Iván Zulueta que me sigue produciendo una intensa fascinación. Descanse en paz.

jueves, 14 de octubre de 2021

«Arrebato», otra vez

Iván Zulueta en uno de sus cortos.
(Al filo de los días). Que la película Arrebato, de Iván Zulueta, es un punto y aparte en el cine español es algo que tengo bien claro desde la primera vez que la vi, la primera de al menos otra media docena de veces: siempre que la han repuesto en televisión (¿en un par de ocasiones?) y, de forma completa o fragmentaria y casi estudiándola, en el DvD que adquirí cuando aquella parecía la tecnología definitiva para guardar nuestros sueños. Una película sobre el fenómeno arrebatador del cine, tal vez como continuidad del veneno de los tebeos de la infancia; sobre el poder vampirizador y euforizante de la imagen; sobre el ensimismamiento, el deseo de saber qué ocurre realmente ‘ahí fuera’ cuando cerramos los ojos; y el deseo sin más y sin límites: el abismo tal vez de los paraísos artificiales, del secreto de los paraísos… Es una película tan absolutamente moderna (‘rimbaldiana’), tan adelantada a su tiempo, que puede que aún no la hayamos alcanzado del todo. Aunque debe de faltar poco porque sus imágenes nos siguen arrebatando con la misma y creciente intensidad, tal vez porque sabemos que hay en ellas una especie de profecía moral, estética, corporal… tan precisa, e incluso tan científica, que no tiene más remedio que cumplirse. En el improbable caso de que aún no lo hayan hecho (tampoco hubieran llegado hasta aquí), ‘arrebátense’. Y si ya saben de qué va, reincidan. No es fácil encontrar planes mejores.

sábado, 28 de septiembre de 2019

Entre tinieblas

No hay ninguna descripción de la foto disponible.
Cartel de Iván Zulueta para Entre Tinieblas (1983), de Pedro Almodóvar.
Ayer volvió a mi sueño el vendedor de humo. Y lo ha dejado todo perdido de acidalias con un pegajoso y rancio olor a tigre. Puta peste. Tendré que conjurarlo. No va a ser fácil.
...

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Zulueta arrebatado

Ayer mismo examinaba detenidamente, entre la barahúnda húmeda y ansiosa de la FNAC de Callao, una edición especial en deuvedé de Arrebato, Leo es pardo y algunos otros cortos de Iván Zulueta, el singular director de cine, además de inspirado cartelista, fotógrafo y pintor, que este final de año tan pródigo en lluvias nos ha sido arrebatado a edad aún tan temprana (66 años) en su natal San Sebastián.

Recuerdo bien el impacto y desconcierto que su ya legendario largometraje Arrebato me produjo cuando lo vi por primera vez, probablemente fue en alguna sesión semiclandestina del antiguo cine Azul, el de las espaciosas butacas, allá por el año 1980. Aquella delirante y poética peripecia de un ser peterpanesco y acaso maldororniano, obsesionado por la filmación (fijación en imágenes) del tiempo, ha figurado desde entonces entre mis preferencias sostenidas del cine español. Una obra que sólo puedo contemplar (y la he vuelto a ver varias veces) en estado de fascinación.

Las interpretaciones de Will More, Eusebio Poncela, Cecilia Roth y de una adorable Marta Fernández Muro, incorporando trabajos muy notables (a veces únicos) de sus respectivas carreras, logran tejer una historia de vidas al límite, de sensaciones que, si tenían mucho que ver con inmediatas experiencias psicodélicas y promiscuas (no sólo en el obvio significado de esta palabra) propias del momento (eran los años de la tan cacareada «movida madrileña»), también conseguían avanzar por un camino de introspección enormemente arriesgado, de búsqueda de sentido al misterio de la vida, de indagación en el espeso bosque de una infancia que se resistía a perder sus tesoros. Un recuento del duro aprendizaje que supone vivir a fondo en la corriente de impulsos irreductibles, quizás de los riesgos que entraña la audacia de llevar hasta el límite los derroteros de una pasión, la indagación de un presentimiento.

Arrebato, que suele definirse como película de culto y obra experimental (a veces parece enlazar directamente con la técnica onírica del primer Buñuel), es en verdad una rara joya de nuestra filmografía y permanece como el legado personal de una sensibilidad afilada en el que merece la pena seguir ahondando. Y desde ella, en el resto de la obra de un creador que probablemente aún guarde secretos luminosos.

Este vídeo (uno de los muchos que pueden encontrarse en YouTube, incluidos algunos con comentarios del autor que aportan claves de interés) me parece un buen indicio del estilo y el tono de la obra.




Fotografía de Iván Zulueta, de EPA, tomada de Google noticias.