Mostrando entradas con la etiqueta Juan Ramón Jiménez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Ramón Jiménez. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de marzo de 2022

Miércoles de ceniza


(
Al filo de los días).
A propósito de este miércoles de ceniza, tan especialmente miércoles y ceniza, apenas puede haber nada más preciso que el singular y conocido poema homónimo de T. S. Eliot. Un canto de aceptación del sinsentido de la vida y una oración tensada con todos los sentidos, y acordada con las viejas palabras rituales, a las que el ejercicio de la razón sintiente del poeta logra darle un significado consolador y una belleza íntima y profunda. Ya otras veces me había ocurrido, pero oyendo ahora esta versión, tan hondamente declamada, me han parecido muy nítidos los vínculos con el último Juan Ramón Jiménez, y en concreto con el autor de Espacio, otro de los poemas imprescindibles de la tradición poética en la que seguimos viviendo, reflexionando, cantando. Memento homo…

martes, 9 de julio de 2019

Azúa y otras farras

Rafeael Sánchez Ferlosio en la Biblioteca Casanatense de Roma en 2005.
Ferlosio en la Biblioteca Casanatense de Roma, en 2005. Foto EFE.
(Lecturas en voz alta). En un artículo de homenaje a Ferlosio, Azúa aprovecha para llamar “cursi” a Tagore por mor de un poema que se parece tanto a otro muy célebre de Juan Ramón Jiménez («y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando»), que no cabe descartar el error. Aunque es sabida la cercanía, vía Zenobia, del poeta de Moguer al asceta bengalí, uno de los autores cuya temprana lectura e influencia en mis primeros pasos en la escritura (ay, Gitanjali) recuerdo con tanta ternura (¡ea!) e incluso felicidad, que la ironía de Azúa, sin llegar a molestarme, me parece gratuita. Y puede que errónea. Menos mal que el articulejo (a menudo escribe Azúa tal si estuviera provisto de las extremidades articuladas de un insecto) remonta el vuelo y, enfocado ya hacia el recuerdo de Ferlosio, nos pone sobre la pista del homenaje al escritor recientemente ido por parte de la revista de Savater (Claves) y concluye con una preciosa cita que, a mi entender, explora cierta no explicitada sintonía ferlosiana con el mundo expresivo de Franz Kafka, un autor que sabía mucho de silencios, insectos y transformaciones.