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domingo, 6 de septiembre de 2026

La belleza de siempre


 (Al paso). Vuelve un eslogan famoso de los 80. Y mi querida y admirada Ángela Molina es no solo testigo (¿testiga?) sino modelo.


Naturalmente, el eslogan al que me refiero es aquel «La arruga es bella», creado por la Agencia Carballo de Ourense para el lanzamiento de la marca Adolfo Domínguez y sus prendas de lino.
  • jueves, 3 de diciembre de 2020

    El anuncio de Campofrío


    (En voz alta).
    El anuncio navideño de Campofrio. Brillante, oportuno, bien medido. Y con el impagable Quique San Francisco en plan estelar. A mi juicio, contiene los ¿últimos? rescoldos de una gran corriente publicitaria española. Y un sentido del humor que, justo cuando está a punto de resultar cargante, sabe virar. A ver qué les parece. Ni que decir tiene que en Twitter, que es donde lo he visto, ha dado ya lugar a un buen número de memes, por lo general estúpidos.

     https://twitter.com/i/status/1334474246047879168


    viernes, 1 de mayo de 2020

    Unos minutos de publicidad



    (En voz alta). No suelo incluir, al menos de forma consciente, publicidad en este muro. Pero hoy me voy a permitir una excepción con esta pieza de mi amigo Bruno Galán para Oisho. Es fresca, alegre, luminosa. Y acorde con el mes de mayo que hoy se inicia. ¡Hala, a abrir ventanas! Y mañana, a la calle... un ratito. (Gracias, Celia).

    viernes, 10 de abril de 2015

    El primer estriptís emitido en TVE



    Entre los 50 anuncios televisivos que la Asociación Española de Anuciantes ha seleccionado para celebrar sus 50 años de vida figura el que puede verse sobre estas líneas. Corresponde al año 1959, sólo tres años después de que la televisión debutara en España. Así que, con toda probabilidad, se trata del primer, y durante décadas único, estriptís emitido en TVE, la televisión que durante todo el franquismo fue la única existente.

    La pieza tiene el sello característico de los fundacionales Estudios Moro, la gran factoría española creadora de publicidad y de personajes como los de la familia Telerín o la calabaza Ruperta, entre otros varios que colonizaron nuestras miradas infantiles o ya adolescentes. Su principal impulsor, José Luis Moro, falleció el pasado mes de enero.

    De este delicioso espot es fácil destacar algunos referentes cinematográficos bien visibles, como el agujero del principio, que tanto recuerda a la madriguera de Jerry, el ratón que siempre lograba burlarse del gato Tom. O, y sobre todo, el sensual desenguantamiento de Rita Hayworth en Gilda, la película que la censura convirtió en un imborrable mito erótico para toda una generación, poniendo de relieve que, en general, las prohibiciones ligadas al deseo solo sirven para avivarlo. Sobre esa célebre escena se llegó a afirmar que, tras quitarse el guante, la actriz se desprendía de todo lo demás...

    ¿Cómo se le pudo colar esta joya del erotismo y la insinuación a la férrea censura de la época? Resulta raro que, además de la evidente referencia sexual citada, los censores no se sintieran alarmados ante la metáfora carcelaria del gallinero, la cresta enhiesta y probablemente roja de los gallos, los aplausos anónimos ante el despelote... Por no hablar de las sibilinas referencias zoofílicas, un tipo de alusiones que rara vez escapaban a las aguas turbulentas de los habituales pantanos pecaminosos con que los censores torturaban su conciencia (y, de paso, avivaban nuestra imaginación). Puede que todo se diera por bien empleado, ante el castigo final de la cazuela que le espera a la gallina, no sólo por gallina sino por... fina.

    Visto y disfrutado ahora,  además de por todos sus valores artísticos y arqueológicos, el anuncio bien puede considerarse como una lograda ilustración del caldo de cultivo en que se forjó nuestra sensibilidad.

    viernes, 11 de noviembre de 2011

    Acrósticos


    Todas las noches, a veces ya casi de madrugada, doy un largo paseo con Pancho por las calles de Madrid. Esta noche hemos ido desde López de Hoyos hasta Diego de León por Príncipe de Vergara y vuelta por General Pardiñas y María de Molina, hasta enfilar por Canillas el viejo mundo de Millás. La gran novedad son los cartelones y banderolas que colonizan farolas y paredes, aunque me parece que en mucha menor cantidad que otra veces, con la habitual disputa entre manchas azules y mareas rojas, con rosas y gaviotas a la greña, y solo de vez en cuando alguna voluntariosa rareza que no llega a destacarse en un mundo dividido por dos.

    Aunque la mayor parte de nuestro recorrido se adentra en el barrio de Salamanca, yo diría que en el itinerario son mayoría los espacios comprados por el PSOE, y lo cierto es que al poco rato el paseo discurre bajo una suave invasión del lema que figura sobre estas líneas. No tardo en caer en la cuenta de que la lectura visual del mensaje sobre fondo rojo pone de relieve una torpeza o intencionalidad tal, que solo da pie para pensar que:
    a) o bien ha sido voluntariamente buscada o
    b) después de detectada, ha sido asumida,  pensando que tal vez será posible darle la vuelta y sacarle partido, algo así como lo que hizo Rajoy cuando, en el debate del lunes, se equivocó la primera vez llamando Rodríguez Zapa... a Rubalcaba y después se dio cuenta de que aquello podía ser un hallazgo y lo repitió, ya teatralmente, gustándose, varias veces más.

    Es verdad que, en teoría,  hay una tercera posibilidad razonable: «Pero si está bien claro lo que dice el eslogan... ¿no? ¡Deja de buscarle tres pies al gato!» Aunque si se piensa bien, esa opción, que podríamos denominar de una tercera vía ingenua, en el fondo cae claramente del lado de lo torpe.

    Pero vayamos al comentario de texto. En el mensaje electoral del PSOE, en su sopa de letras mayúsculas, hay mensajes explícitos que aunque solo sea como mera materia visual sin duda han de actuar sobre la conciencia de los electores, que se supone que antes son, y aunque sea parcamente y en «letras gordas», lectores, mirones al menos. ¿Cómo se le puede pasar a alguien por alto que, leído en vertical, a modo de acróstico, en ese texto salta a la vista un rotundo PPQQ? ¡P P Q Q! ¿Cómo lo ven? ¡¿No es fantástico?!(como diría Punset).

    ¿Y qué  puede querer decir, que dirá de hecho, aunque sea subliminalmente, ese rotundo  PPQQ, PPcucú, en la mente de quien lo vea?  ¿Se trata de un guiño astuto, en plan juego de niños? O tal vez, y con solo una leve variación fonética (pero casi no visual), ¿deberemos leerlo como PP CoCo, como diciendo qué miedo,  mira quién viene? O más aún, y por alusiones entre dos letras que comparten un cierto aire de familia y un indudable parentesco sonoro, ¿no se estará insinuando un PPKK  PPcaca, de evidente sentido ambarino?   Podrían explorarse más caminos, pero ya me parecen un tanto jacobinos (aunque tal solo sean peregrinos sin más).

    Hay también en el mensaje una par de EREs que seguro que no van a pasar inadvertidos a unos cinco millones de españoles, e incluso a varios cientos de miles más a quienes, por desgracia, esas siglas les recordarán que sobre su horizonte se cierne lo indeseable. Claro que siempre cabrá preguntarse si esos ERE no actuarán, en la mente desprovista de prejuicios, de consuno o al alimón (también hay algún OE, OE) con los PPQQ, de modo que las asociaciones acongojantes antes descritas tendrían aquí su prolongación, y el mensaje completo, incluida la parte expresa, dejaría flotando en la mente del votante algo así como un «OjO, fíjate bien, que viene el CoCo y PP CaCa te dará ERE..., a no ser que pelees».

    Hay también un REI bien visible, sobre el que no me atrevo a especular, y algunas que otras posibles sugerencias que dejo a la imaginación de quien quiera adentrarse en ellas. Muy llamativo es, también, el enorme POR QUE que parece estar gritando desde el centro mismo de la sopa de letras (hacia el flanco derecho, para ser exactos). Confieso que ese grito me ha conmovido y tal vez decida mi voto.

    De momento, en el mensaje del PP no he visto nada raro. Bueno, la verdad es que, aparte de que tengo oído que se basa en la palabra «cambio» (lo que me parece el colmo de la originalidad y hasta puede que tenga un poco de recochineo),  aún no sé nada del lema del partido presunto ganador de estas elecciones en las que, a estas alturas, la incógnita mayor, pero no la única, reside en saber si ganará Mariano o se impondrá Rajoy  (aunque también es cierto que corren tiempos extraordinariamente movedizos).

    En fin, que si veo algo raro, o si Pancho me ladra para que me fije en algún detalle, les prometo que vuelvo y se lo cuento.