
Cristina García Rodero: El Ofertorio;
Romería de Nuestra Señora de los Milagros. Amil, 1979.
Foto incluida en España oculta (1989).
Soy el sobrino de Rameau, no sé si me recuerdas, nos conocimos en los funerales de la Mamá Grande, a los que asistí tras visitar el Palacio de las blanquísimas mofetas y recalar en Paradiso, aunque tuve que pasar Una temporada en el Infierno y, después de cruzar el Trópico de Capricornio, aquí me ando escribiendo, un día sí, otro también, como puro oficio de vivir, estas Memorias de ultratumba.
sábado, 23 de marzo de 2024
En Capilla
viernes, 22 de marzo de 2024
La ley del recuerdo hecho añicos
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| Isabel Quintanilla: Granadas, 1970. En la exposición del Thyssen Bornemisza, Madrid. |
Un fenómeno o experiencia que no sabría situar cronológicamente, aunque tuvo que ser temprano, tal vez hacia 1961, pero que se me representa ahora bajo la apariencia de una “revelación”, fue el de la primera vez que vi romperse, en una catarata de brevísimos y fulgentes añicos, uno de aquellos platos (¿o tal vez fue un vaso?) de Duralex, marca y materia tan presente otrora en nuestras vidas. E incluso ahora. Quien puso el nombre a este tipo de material cristalino (¿un estudiante de derecho frustrado?) es probable que no estuviera, como suele decirse, al cabo de la calle de la poderosa acción poética que ponía en marcha. La ley es la ley aunque la realidad salte en pedazos. O precisamente por ello: que en cuestiones legales, como en casi todo, no hay regla sin excepción. He podido leer que en España, que para algunos también puede que esté siendo desde hace tiempo contemplada “sub specie cristalina”, se popularizó a mediados del siglo XX «el vaso Saboya 8 para el café belmonte debido a su tamaño y a la marca inferior ideal para la dosis de leche condensada», descripción que en sí misma daría pie para un corolario costumbrista. Y hasta levemente dinástico. Que de todo se aprende. Pero, lo que son las cosas: buscando a finales de la pasada década información en la wikipedia (ya nombre común) sobre Duralex, pude leer que «El 23 de septiembre de 2020, un tribunal comercial de Orleans declaró la empresa en quiebra por suspensión de pagos». ¡Duralex quebrado! Y hace ya casi cuatro años. Bien se podría decir que no somos nadie y menos en añicos… Sin embargo, puedo leer ahora (al ir a contrastar la cita), «la compañía fue finalmente salvada al ser adquirida por el grupo francés International Cookware en enero de 2021, manteniendo la marca y relanzando su producción». Gerundios aparte, que Duralex sobreviva quizás sea símbolo de algo. Aunque no sabría decir de qué.
viernes, 15 de marzo de 2024
MARZO DE MELENCOLIA
Este ataque feroz de bilis negra que me sube del bosque de la infancia no me priva en verdad de la ignorancia que a su paso caudal la luz congrega
lunes, 11 de marzo de 2024
LAS VÍCTIMAS DEL 11M: IN MEMORIAM (20º aniversario)
Las siguientes personas fueron asesinadas en los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid o fallecieron en los días posteriores como consecuencia de las heridas sufridas:
viernes, 1 de marzo de 2024
DÍAS IDOS DE MARZO
Como el tiempo se le había transformado en un grave problema de velocidad, decidió dar por concluidos los días antes de que ocurrieran y volver a Borges. ¿Pudiera tener la eternidad alguna especie habitable y perdurable en forma de infinita conversación? Seguramente, pero quizás no habría ya oportunidad de comprobarlo, ni sería posible hablar de estas cosas con nadie con la minuciosidad requerida. De modo que, al encarar el Mes por antonomasia del año, la mejor opción parecía volver a su vieja querencia y hacer de los viernes, fieles compañeros náufragos de la isla, un a modo de palanquín* cubierto y salir a pasear en él con el auxilio de las palabras del Gran Vidente: «El autor tiene que tratar de hacer algo bello. Si eso bello no es enteramente original no importa». Quod erat.
jueves, 29 de febrero de 2024
IMPROPERIOS CUARESMALES
lunes, 26 de febrero de 2024
LÁZARO ROZA LA ZONA CIEGA DEL AZAR

Ilustración © Javier Serrano
Iba de retirada. Aunque no pude verlo bien, me pareció advertir en su rostro el gesto inconfundible del último asentimiento. Aplicando con cuidado el oído al otro lado del cristal, pude oír claramente lo que decía, como el que repite las palabras de otro: «Él me regresó. Ya me estaba olvidando de la vida. Ahora no puedo olvidarme de la muerte».
