domingo, 25 de octubre de 2026

A vueltas con la IA

(En voz alta). A vueltas con la IA y su uso por escritores, escribidores y muñidores de texto (quizás el caso de los poetas pueda merecer capítulo aparte). Suscribo todo lo relativo a la IA que comenta Josep Català (ver texto abajo), y habrá que seguir la conversación, fuera de hipocresías, terrores y aspavientos, porque esto no ha hecho más que empezar. En mis propias letras he experimentado el veredicto de que algo recién salido de mi cacumen, sometido al dictamen de un potente verificador, fallase que un 75 % del texto era IA. ¡Vaya tela! Están claras, más o menos, las razones por las que esto ocurre; y a no ser que se afinen mucho las herramientas de escrutinio, llegará un momento en que una cosa sea indistinguible de la otra, como al parecer ya ocurre en la fotografía y otras artes visuales. ¿Y entonces qué? Ahí empieza (sigue) la cuestión.

Esto aparte, alguna precisión haría sobre el Premio Planeta, que puede ser calificado o no de “tongo”, pero desde luego no es un premio. Aquí la cuestión tiene otras derivas, como bien ha puesto de relieve —entre otras muchas posibles referencias— Enrique Murillo, que sabe bien de lo que habla. Tiempos tan raros como extraordinarios, exigen una visión acorde.


Portadilla del muro de Josep Català en Facebook

Josep Català
𝐏𝐄𝐍𝐒𝐀𝐑 𝐒𝐈𝐍 𝐏𝐄𝐑𝐌𝐈𝐒𝐎
𝐋𝐚 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐚 𝐈𝐧𝐪𝐮𝐢𝐬𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐥𝐢𝐭𝐞𝐫𝐚𝐫𝐢𝐚.
Me había prometido a mí mismo no hablar de inteligencia artificial. Pero cada día me cuesta más mantener la promesa.
Quienes me conocen saben que intento estar al día en cuestiones tecnológicas. Creo sinceramente que la IA es una herramienta extraordinaria, capaz de ayudarnos en multitud de campos, incluida la escritura. Como cualquier herramienta, todo depende del uso que hagamos de ella. Un martillo o una llave inglesa pueden servir para construir o reparar, pero también pueden convertirse en armas. No culpamos a la herramienta de las intenciones de quien la utiliza.
Sin embargo, lo que empieza a preocuparme no es la IA, sino la paranoia que está generando entre quienes compartimos este gremio. Me considero un humilde juntaletras, pero observo con inquietud cómo algunos parecen dispuestos a ejercer de jueces, fiscales y verdugos literarios.
El caso de "Donde el agua trabaja", de David Silva Rojas, y las sospechas sobre el supuesto uso masivo de IA han alimentado un debate que merece rigor, no linchamientos. Estos días he visto a escritores someter textos publicados hace décadas a detectores de IA y obtener porcentajes sorprendentemente altos.
Hay una explicación que convendría no olvidar: las IA se entrenan con textos humanos. Por tanto, que un texto humano comparta patrones con los que genera una máquina no demuestra que haya sido escrito por ella. Los falsos positivos existen. Hace meses hice la prueba con un capítulo de una novela que escribí hace doce años. El resultado fue un 84 % de IA.
¿Y ahora qué? ¿Debo sospechar de mí mismo?
Pero hay algo que me inquieta todavía más. ¿En qué momento hemos decidido convertirnos en el tribunal de la Inquisición?
Isabel Allende recibe el Premio Planeta y enseguida aparece la palabra «tongo». ¿Lo hubo? No lo sé. ¿Hay motivos para cuestionar un premio? Por supuesto, siempre que existan argumentos y pruebas. Lo que me pregunto es quién nos ha otorgado la autoridad para condenar antes de conocer los hechos.
No me extrañaría que, cuando se publique el texto de Allende, alguien corra a pasarlo por uno de esos detectores. Y si obtiene una puntuación elevada, ya tendremos el veredicto preparado, aunque la prueba no demuestre absolutamente nada.
Podemos debatir sobre la IA, exigir transparencia y defender la autoría humana. Debemos hacerlo. Pero una cosa es investigar y otra muy distinta levantar sospechas y presentarlas como certezas.
𝐃𝐞𝐣𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐠𝐫𝐢𝐭𝐚𝐫 «¡𝐏𝐞𝐧𝐢𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐠𝐢𝐭𝐞!», 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐒𝐚𝐥𝐯𝐚𝐭𝐨𝐫𝐞 𝐝𝐞 "𝐄𝐥 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞" 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐨𝐬𝐚. 𝐏𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞, 𝐬𝐢 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐧𝐨𝐬 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐨́ 𝐔𝐦𝐛𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐄𝐜𝐨, 𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐟𝐚𝐧𝐚𝐭𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐝𝐢𝐬𝐟𝐫𝐚𝐳𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐝𝐞 𝐝𝐞𝐟𝐞𝐧𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝.
𝐘 𝐧𝐨 𝐯𝐚𝐲𝐚 𝐚 𝐬𝐞𝐫 𝐪𝐮𝐞, 𝐛𝐮𝐬𝐜𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐡𝐞𝐫𝐞𝐣𝐞𝐬 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐩𝐚́𝐠𝐢𝐧𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐦𝐚́𝐬, 𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞𝐦𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐛𝐢𝐛𝐥𝐢𝐨𝐭𝐞𝐜𝐚 𝐞𝐧𝐭𝐞𝐫𝐚.

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