(En voz alta). Es curioso que cuando el avance de la IA está llegando a cotas de una altura indiscutible y planteando problemas de muy hondo calado, en algunos colectivos —por ejemplo cercano, el de los escritores, plumillas, escribidores y sedicentes poetas— el asunto sea aún visto como si se contemplara desde el fondo de la cueva, quizás más la de Atapuerca que la de Altamira (aunque seguramente con visos de caverna platónica) y con una mezcla de terror, altivez, hipocresía e ignorancia… y, en el mejor de los casos, con humor y su pizca de esperanza. Uno de los más reputados expertos españoles en el asunto, fraguado por cierto en las aulas castellanomanchegas, el gran Juan Ignacio Cirac, lo
aborda con enorme lucidez. Y valentía.

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