EL FUGITIVO, TAL VEZ EL RESPONSABLE. No tengo ninguna prueba, pero juraría que el caballerete trataba de huir disimulando, como quien no quiere la casa, ni aspira a tener un puesto a la vista de topos. En contraste, a sus espaldas, quedaban evidentes las líneas del poema, que dice así: « Ausencias en cascada / flotan en mi memoria / y sobre el día caen / restos de sueños muertos./ Al pie de las murallas / que defienden las urbes / hay renglones de sangre / que la lluvia descifra./ Son hermosos los astros / que dejan a su paso / una estela desnuda sobre la piel del mundo. / Y son intemporales / en todos los relojes / las arenas cansadas / de tantos espejismos. / Doble o nada. La apuesta / es sin misericordia.»
(LGdlTT, XXXIX)

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