EN EL CENTRO DE LA RESPIRACIÓN. Así iban las horas, girando en cabriolas, sumándose en su resta, restándose sin pausa en su imparable sucesión apenas lineal, entrechocando a veces entre sí y con los accidentes, remontando el vuelo cuando el amanecer volvía a ser una sorpresa, y esperando, siempre esperando, en el centro de la respiración.
(LGdlTT, XXXIII bis)

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