domingo, 21 de julio de 2013

Ahora o nunca

Momento de lectura, acrílico de Montse Almonacid.

El sol y la lectura:
dos placeres mellizos
que acaban confundidos
en un mismo terror.

Terror a que se acaben.

Que la lectura sea
memoria emborronada,
voz ronca, parloteo
sin aire y sin raíz.

Y que el sol, infinito
astro que suma vidas,
igual que el tiempo suma
toda la eternidad,
salga un día y no estemos:
la primera imposible
jornada del que empieza
a no ser nunca más.



(Nunc & Nevermore, 
anotación en la página blanca final del libro 
Otoño en Madrid hacia 1950, de Juan Benet;
sin fecha, pero escrita hacia 2010,
en algún lugar del Mar Menor.)





viernes, 19 de julio de 2013

Ni a Caín

Lago de Sanabria y San Martín de Castañeda. Foto Wikipedia.

Al volver sobre sus pasos, en uno de sus habituales recorridos meditabundos por las calles de Baeza, Abel Martín sintió el aguijón de una nueva duda y a la vez tuvo lo que creyó una idea luminosa.
«Viajaré hasta Lucerna se dijo, a ver si Manuel Bueno puede orientarme».
Dos días después, ambos personajes, coetáneos y hasta un poco amigos, paseaban junto al Lago de Sanabria completamente entregados a una apasionante conversación que ora versaba sobre las cualidades de la soledad o el color de los campos, ora sobre el sentimiento trágico de la duda o las posibilidades de que el Cristo de Velázquez hubiera sido realmente capaz de hablar en el madero.
¿Y usted cree, don Manuel...? decía Abel.
Más bien poco le cortaba irónico su interlocutor.
No, no, lo que quería preguntarle volvía a la carga Abel es si usted cree que el Cristo de la cruz realmente pudo haber mandado amar a todo el mundo.
De eso no me cabe ninguna duda. El amor fraterno del Cristo era universal.
¿Sin ninguna excepción?
Sin excepción alguna.
¿Y no excluyó a nadie de ese mandato?
Absolutamente a nadie.
¿Ni a Caín?
Manuel Bueno miró fijamente a su amigo, que a su vez lo miraba con ojos mitad suplicantes, mitad inquisitivos. Se pasó dos dedos por los labios, como si quisiera valorar el peso y el tacto de las palabras que iba a pronunciar, y finalmente dijo:
¡Ni a Caín!
Ambos quedaron en silencio, tal vez sobrecogidos por la inminencia de la hora violeta o solo fatigados por los extraños caminos de la razón, que tantas veces vuelve sobre pasos ya andados. Cuando retomaron la vuelta a casa, el sol estaba a punto de hundirse en las aguas del lago y las sombras comenzaban a devorarlo todo.

miércoles, 17 de julio de 2013

Kepleriana

Testigo del sol poniente (c) AJR, 2011
Aunque no siempre podamos descifrarlo y rara vez logremos entenderlo, el universo es un poema que no deja de sonar. La mayor parte de las grandes metáforas que el ingenio y la delicadeza humana han creado no son sino briznas sonoras de ese misterioso acorde intemporal que rueda eternamente y al que grandes poetas físicos, con Kepler a la cabeza, llamaron la música de las esferas. Basta con mirar hacia el cielo estrellado cualquier noche (¡e incluso en pleno día!) para que esa música se nos dé como un milagro que solo pide a cambio una entrega absoluta en la mirada y un asentimiento «a cuanto la sorpresa de vivir nos depare». Los grandes místicos han andado estos caminos por rutas diferentes y nos han ido dejando, en campos muy diversos de la expresión y el silencio, testimonios elocuentes de esa realidad que hace de la vida un acto gratuito de afirmación, prescindible acaso pero irremediable: puesto que hemos de morir, vivimos; porque vivimos, hemos de morir. La única forma de no ser devorado por el monstruo de lo informe que bulle sin descanso en el círculo ausente de la nada es plantarle cara al fantasma de la segura extinción, mirarle a los ojos y decirle: «Te he visto, no eres nadie». Ese heroísmo cotidiano incorporado a la vida en el impulso mismo del respirar es tal vez lo único que puede salvarnos (la urraca blanquinegra y displicente, con sus graznidos en el patio, parece asentir). Eso, y seguir escuchando con todos los sentidos la música de los cuerpos celestiales, así en la Tierra como en el infinito más allá. Amén.

(Tiempo contado, 21, diciembre, 2011)

lunes, 15 de julio de 2013

In ictu oculi


Dada la calidad de las respuestas verbales que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, está dando a las graves acusaciones que él mismo ha hecho contra sí mismo, en forma de contradicciones palmarias que sólo un ejercicio de ceguera amnésica puede simular que no han tenido lugar, no hay más remedio que acudir al lenguaje no verbal, y especialmente al ocular, para tratar de entender qué es lo que verdaderamente pasa por la cabeza de nuestro máximo mandatario cuando formula o lee tales manifestaciones. Y es que, en efecto, teniendo como tiene don Mariano un disparo ocular del todo indisimulable, les recomiendo que en el hipotético caso de que se produjera una nueva comparecencia estén atentos a lo que dicen, no sus palabras (que suelen ser una melodía repetitiva y carente de sustancia, al menos por ahora), sino sus ojos. En un abrir y cerrar de ellos se esconde más claridad que en todos sus esfuerzos, bastante vagos por otro lado, para hacernos comulgar con ruedas de molino. Que como se sabe es una forma de trituración corporal y espiritual de raíces tridentinas, y que suele rendir pingües beneficios a los vendedores de bálsamos, crecepelos, martingalas y otros productos de feria. Vanitas vanitatis, no tardará en llegar el día en que este episodio forme parte de una crónica bufa de estos tiempos ominosos. Pero mientras llega esa vuelta de la esquina, qué tortura, señor. Ni que nos hubieran echado mal de ojo. A ver si va a ser eso.

domingo, 14 de julio de 2013

Adividranza


El otro SMS 
(o la carta escondida)

Si me rajo,
 me voy.
¿Quién soy?


(Poema visual)

sábado, 13 de julio de 2013

Otro mundo


El que se descubre cada día a poco que uno esté despierto.

Este que nos une en esta pantalla, tal vez la de una tablilla hitita llena de luminosas incisiones, quién sabe si en la inverosímil superficie plana de un teléfono.

Hemos pasado del viejo reloj sin horas (que acabo de leer en otra pantalla) a las horas sin reloj. La ausencia, la imposibilidad incluso, de una mirada que sustente una historia coherente... es el signo de los tiempos.

La muerte, como ya se ha teorizado por lo menudo, del sujeto: el nudo capaz de reunir y de, a la vez, darse cuenta de su desnudez etimológica. Las voces, que se dice, del silencio.

Con lo fácil que resulta pregonar la mercancía, ¿quién se privará de hacerlo?

La inmediatez de la obscenidad política, ¿es algo más que el rumor de fondo del cómic cósmico? Apenas una viñeta descartable en una página par. Un mero inserto. Insecto.

Pero todo lo puede el deseo de vivir. El deseo.

Que no deja de recordarnos que, en efecto, estamos en otro mundo. Un mundo otro que no sabemos ya si aún es el nuestro.




martes, 9 de julio de 2013

Regreso al Narayama

Cartel de La balada del Narayama (1983),
película de Shohei Imamura.

Oh, 
la muerte es esa puerta
que siempre está entornada,
el caminito blanco
que conduce a la cumbre.

Oh, 
la gran luna de julio
que todo lo ilumina:
fósforos en los campos
sembrados. Y en mis venas.

Oh, la mujer anciana
conoce su destino
y, valiente, lo acepta.

Oh, siempre son los huesos
la última frontera.
¿Y la cárcel del alma?

El viento no responde:
sólo sopla.




jueves, 4 de julio de 2013

Adenoma, la moneda


Al volver sobre sus pasos, en el sueño de la anestesia, vio que el viejo barquero se había inclinado sobre ella y con sus dedos escuálidos le rebuscaba en el interior de la boca, hurgando con minuciosidad de cuervo entre los molares inferiores, palpando las encías desplazadas. Cuando le rozó la lengua, su tacto era tan frío que ella fue capaz de abrir los ojos dentro del sueño y le hizo comprender que se había equivocado.
Llévate, a cambio, el adenoma acertó a decirle—. Aún sales ganando. Mira, ahí lo trae el doctor.
Antes de despertar alcanzó a ver cómo la negra barca se alejaba sobre las aguas de la laguna hasta perderse tras la espesa niebla del fondo.

Heliozoo. Microfotografía de Rubén Duro.

miércoles, 3 de julio de 2013

Intinimiedad


La Real Academia de la Lengua prepara la que con toda probabilidad será la última edición del Diccionario en papel, cuya publicación está prevista para 2014. Tal vez pudiera tomarse su fecha de edición, en el ámbito panhispánico, como la marca definitiva del final de una era, que lo es no sólo de la nuestra más reciente (la de los hombres póstumos) sino también de la que se inició hace casi seis siglos (hacia 1440), con la invención de la imprenta de tipos móviles, momento a partir del cual la cultura de la letra impresa pudo extender su radio de acción en círculos cada vez más amplios hasta alcanzar a la inmensa mayoría de la humanidad (al menos potencialmente).

Esa marea está a punto de besar por última vez las costas de la civilización, para dar paso definitivo a esta otra ola cibernáutica que, a modo de gran tsunami, avanza sin parar, crece sin tregua y se adueña de todo, hasta imponer una realidad sin escapatoria: una verdadera Red.

El nuevo mundo en el que ya vivimos, sin ser del todo conscientes ni quizás poderlo ser, es en gran medida el causante de nuestro desconcierto. Incluso parece posible que a una de sus más imponderables cualidades, el efecto rebote universal sin pausa, se deba el endemoniado laberinto en que se está enquistando en muchos países, incluida nuestra querida Expaña, eso que todavía llamamos «crisis económica». Y que en realidad es una depauperación generalizada de valores humanos considerados hasta ahora básicos, pero que están adquiriendo una condición de valores añadidos a los que se puede, y hasta se debe según algunos, poner un alto precio.

La superación de la civilización del papel impreso no tiene por qué ser un horror en sí misma, aunque muy probablemente nos cause a algunos un pánico semejante al que pudo experimentar el anciano mesopotámico que vio girar la primera rueda. O, sin irnos tan lejos, el obispo aquel de Canterbury que se hacía cruces ante el rugido y el humo de la primera locomotora.

Además, por volver al principio, la definitiva subida la Red de los Diccionarios permitirá que se acoplen y copulen con mayor agilidad las palabras. Y así será posible recoger, con extraordinaria rapidez, nuevos nombres capaces de designar nuevas realidades. Por ejemplo, el hecho de que la intimidad y la vida privada, a las que los individuos solíamos conceder cierta importancia, estén empezando a dejar de ser algo personal, podrá dar pie al nacimiento de una forma nueva de estar en el mundo que reciba el nombre oportuno y preciso de intinimiedad. Y todos tan contentos.

Imagen superior tomada de aquí.

domingo, 30 de junio de 2013

Ra lo ve volar



(Este micro bifronte tiene una posible lectura estereoscópica si se acompaña de la proyección doble de la secuencia de Blade Runner que lleva anexa. Para ello, es necesario pulsar primero el vídeo superior y cinco segundos más tarde el inferior, y dejarse mecer por la  música de Vangelis en el cuenco de las palabras. O incluso prescindir de ellas.)

Ra, el antiguo dios egipcio que se creía el sol, era un gran aficionado a las frases bifrontes. En escritura jeroglífica, los palíndromos tienen una rara eficacia. Sus dibujos son capaces de engendrar vida verdadera, verdadera vida. Quiero decir decir que del encuentro de una imagen y su reflejo, y del reflejo que devuelve una imagen, muchas veces saltan chispas. La chispa de la vida, diría, con una metáfora algo anacrónica. La chispa de la vida, diría, para que no se note demasiado, ni andar o nadar de bar en bar, con los días perdidos y el rabo entre las piernas, como lobo que asusta al pastor bobo. Es el caso que Ra, dios egipcio que se creía el sol, un día al mirarse en el espejo, ni lo sabía, ni lo esperaba, quedó tan deslumbrado que empezó a tener sueños hipotéticos que nunca había tenido. Nunca los tuviera antes. Soñó, por ejemplo, que una noche llegaría a ser mortal. Y que tendría recuerdos. Y que vería volar sobre su cabeza pájaros de otros mundos. Y que tendría recuerdos. Y que sería mortal. Y que habría pájaros de otros mundos volando sobre su cabeza. Lo que nunca había imaginado es que hoy, a esta hora, y en este mismo instante, en el instante del ahora de hoy, mientras era descifrado por unos ojos glaucos (¿nunca te han dicho que los tienes así?: ¡los tienes así!), también él levantaría los suyos al cielo, a su cielo de dios que se cree que es el sol, y acabaría descubriendo que lo que veía lo veía como lo ve quien lo ve como si fuera el centro del amor. ¿Lo ves? Es muy sencillo. ¿Lo ves? El centro del amor está marcado por lo que ve el que ve lo que ve y acaba descubriendo en lo que ve que lo ve, lo ve, lo ve. Es solo un juego. Un juego solo. Quizás una rayuela cuya última casilla, lo vi, paseando, lo vi, aunque era de noche, es un corazón. La última casilla. Lo que ves si lo ves es que ves el amor en su centro. El centro de lo que ves si lo ves es el amor. Y Ra comprendió que era muy sencillo. Vio que era un juego. Vio que era bueno y se entregó a él sin restricciones. Tal vez por eso le siguen adorando las multitudes en los estadios. A Ra, el antiguo dios egipcio que se creía el sol. Y al que le gustaba verse reflejado en espejos. Y en charcos. Y en rayuelas.


viernes, 28 de junio de 2013

Alegrías Almodóvar

Qué calor. No está uno para nada. O casi. Menos mal que aún nos funciona la neurona de la memoria de la alegría. Y ahí está Youtube para sacarnos del apuro. A ese manchego ilustre y generalmente lúcido que es Pedro Almodóvar le debemos muchos momentos de vida y color (como aquel álbum). Y de buen ritmo. He aquí tres muestras que cantan y bailan por sí solas, y en todas ellas el mismo disfrute.








Y de postre, este reportaje, que acaso dé cuenta de la principal fuente de esa alegría.

jueves, 27 de junio de 2013

Soñar años


Cuando despertó, la Bella Durmiente no tardó en darse cuenta de que iba a cumplirse la pesadilla que había atormentado su sueño: el príncipe era guapísimo pero sufría de una tan penetrante como nauseabunda halitosis. Era como si un establo lleno de dragones enfermos se acercara a su boca. Como si todas las rosas rojas con las que también había estado soñando durante años se pudrieran de pronto ante su cara. Tenía que parar aquel horror. Con un gran esfuerzo, logró zafarse del beso encantado, clavó sus uñas en los ojos del apuesto y apestoso joven y, mientras este huía entre alaridos terribles, pudo volver a dormirse. Nunca llegó a saber, sin embargo, que el hechizo se había roto y que su sueño, aunque profundo y duradero, volvía a ser el hermano gemelo de la muerte.


Imagen: La vieja bella durmiente. De autor desconocido (se agradece información).

miércoles, 26 de junio de 2013

Belleza letal



Qué belleza, el vuelo del águila pescadora,
a la que en Canarias llaman guincho.
La elegancia con que bate el aire, su forma de cernerse sobre el agua, el planeo, su tino infalible...
Todo en su actividad predadora raya la perfección.
Otro punto de vista bien diferente será el de sus presas.
Para las víctimas, que en ocasiones hasta parecen adoptar posturas suplicantes,
tanta belleza resulta verdaderamente letal.
Pasa a menudo.
Siempre se aprende de la naturaleza.

(Gracias a S. P. por el enlace.)

martes, 25 de junio de 2013

Un gato afortunado


A MICO, PARA CADA DÍA, SEMANA, MES, AÍDA DA CARA PÓCIMA.

[AJR, 11: 41; Palíndromos ilustrados, 25]


 «Manchas en la vida de un gato amarillo», 
cuadro de Aída Emart.
Publicado con permiso de la autora.

lunes, 24 de junio de 2013

Catálogo de capullos


Oí por primera vez el nombre de Moderna de Pueblo el otro día en la Feria del Libro. Anunciaban por los altavoces que estaba firmando en una caseta. Pensé que sería alguna monologuista del Club de la Comedia, o una estrella de algún programa de televisión, tal vez de una de esas desaforadas competiciones de cocineros que ahora están tan de moda. La cosa se quedó ahí. Pero hoy, en un merodeo por blogs que solo frecuento de tarde en tarde, aunque más bien por las noches, ha saltado su nombre dos o tres veces y, pinchando, pinchando, he ido a caer en su blog. De allí he sacado el vídeo que pueden ven arriba, además de unos minutos de placentero ocio con sus dibujos, tan desenfadados y modernos (el nick de la autora les cuadra bien), y su humor, tan razonable..., quiero decir: con mucho sentido común bien aplicado.

Por lo que se refiere al catálogo de capullos recogido en el vídeo, me parece que está hecho a partir de un buen trabajo de campo o de pisar muchos jardines. Encuentro cierto consuelo al comprobar que, en el arte del ligoteo y la seducción, las cosas no han cambiado demasiado, si acaso son más simples, pese a las apariencias que a veces luchan por confabularse para sostener lo contrario. Vamos, que capullos, lo que se dice capullos ha habido siempre. Aunque, eso sí, de ambos sexos. Por cierto, ¿cuál es el femenino de capullo?  Por más que lo pienso, todas las opciones que se me ocurren son masculinas.

domingo, 23 de junio de 2013

Poveda en el solsticio

Poveda en Las Ventas, 25 años de arte flamenco. Foto AJR

Noche de junio,
 no se quiere ir el día:
¡canta Poveda!
Es aún un joven
maestro del flamenco
mas ya celebra
bodas de plata.
Y es en Las Ventas:
nunca se ha visto aquí antes
a un cantaor.
Poveda rompe
barreras con su arte,
reúne mundos.

Toda la plaza
es un cuenco de cera.
Su voz, la llama.
Llenan el aire
palabras de poetas,
coplas y cante.
Miguel Hernández,
«para la libertad»,
abre el camino.
Seguirán luego
un poema de Alberti
y otros de Lorca.

Y con Serrat,
un tributo a la lengua
de Badalona.
Algunos pitos
(pocos), pronto acallados,
en los tendidos
mientras cantan a dúo
«El meu carrer».
«Qué gusto da
--dice luego Poveda--
poder cantarle
a aquella tierra
donde uno ha nacido
con libertad».

Y ya en honduras
de cantes y homenajes,
una minera.
Es un recuerdo
para La Unión: su lámpara
fue la gran luz,
y el estandarte
que abrió el largo camino
que hoy aquí llega.

Uno tras otro,
se suceden los palos:
gran maestría
del mayor heredero
del gran flamenco.
Es tan potente
su voz, que vibra en ella
la noche entera.
Y hay en los gestos
de su cara, en su boca,
escalofríos,
viejas querencias
de una manera nueva
de acariciar
el compás, las palabras
las emociones...
Y hasta un osado
pero gracioso modo
de darle al baile
  un cuerpo extraño
de contrahecha elegancia
y obscenidad.

Y con qué arte
sabe rendir tributo
a los maestros
del cante jondo
 y a las viejas leyendas
de la canción.
Mientras se prueba
gorrillas y sombreros,
su voz modula
con exacto color
las voces de Molina,
de Farina, Mairena,
o Valderrama...
Hay que tener
sangre de muchas razas
para hacer eso.
Y con qué gracia
sabe irse pa' Cai
y en dos compases
montar toda una zambra
bien jaleá.

Hasta se atreve
con tangos y boleros:
no es lo más suyo,
pero te llegan
las palabras que elige
para su padre,
esa manera
de hacer que esté presente
en la reunión.

Hay otra artista
muy grande que se suma:
Carmen Linares.
Ambos se funden
en un dúo asombroso
de voces y ecos,
mientras se abren
como flores nocturnas
las dos guitarras.

Punto y aparte
y algo más que una estrofa
merecería
el gran elenco
que acompaña a Poveda,
pero me alargo...
Baste tan solo
con citar a Chicuelo,
y su guitarra,
y al gran maestro
Joan Albert Amargós,
sentado al piano.

El gran momento:
casi nonagenaria
y aún elegante,
Marías Dolores
Pradera, esa gran dama,

se une a la fiesta.
«Es todo un triunfo
estar aquí esta noche...
y no en urgencias».
Son sus palabras
y el público se entrega
completamente.
Es emotiva,
 un testamento incluso,
su «fina estampa».
«Y ahora me marcho
por la puerta grande a...
llorar un poco»
(Son sus palabras
de nuevo, sin retoques,
¡tienen licencia!)

Y así la noche
se fue llenando toda
de un aura mágica
... y un vientecillo
que para ser de junio
salió traidor.

Pero la plaza
volvió a vibrar entera
con la leyenda
del tiempo: ¡Camarón!
Y de apoteosis,
unos «alfileritos»
y «tres puñales».

Me parecía
que hubiera estado bien
y era oportuno
cerrar con el poema
de Gil de Biedma:
«No volveré a ser joven».
Y sé de buena tinta
que era lo que Poveda
tenía previsto.
Pero al final
tiró más por la fiesta
y un cante puro
a voz desnuda.
Le gritaron: «¡Valiente!»
Y ahí se acabó.

Fueron tres horas
y media de un concierto
irrepetible.
Yo fui testigo
de que la luna llena
cruzó la puerta grande
para asomarse.
Y se sumó.




viernes, 21 de junio de 2013

«Sorbí libros»


Al volver sobre mis pasos, descubrí que quien me seguía era el joven conde Drácula. Somos amigos desde niños, así que no le tengo miedo. Pero esta vez me alarmé porque lo encontré distinto: menos pálido que de costumbre, más erguido de espaldas, incluso me pareció que se había cortado las uñas. Además, vestía una capa impoluta, nada llamativa. Comprendí que las cosas habían cambiado definitivamente cuando se acercó para saludarme y vi que en sus colmillos, apenas sobresalientes, había unas pequeñísimas perlas negras.
—¿Viste, Freddy? Cambié de dieta. ¡Ya no más sangre! Ahora sólo me alimento de tinta.
No sé por qué pero me dio un poco de pena. Seguro que si se miraba en el espejo él también se encontraría... raro.

Viñeta de Marcos Severi, tomado de aquí, con permiso del autor.

jueves, 20 de junio de 2013

Ya son nostalgia


«La vida no tiene cura»._Tony Soprano

La prematura muerte del actor James Gandolfini, que ha conmocionado a los amantes de Los Soprano y del cine en general, ha servido también para traer de nuevo al primer plano la extraordinaria fugacidad del tiempo. Lo deprisa que pasa a medida que pasa, si se me permite la simpleza. Que Los Soprano (1999-2007), como bien se comprueba con sólo asomarse a cualquier rincón de la red, sean ya pasto de la nostalgia, o incluso, según permiten concluir algunos comentarios, un hito del pasado de la televisión, dice bien a las claras la increíble velocidad con que se mueve todo. Incluida la Parca, que en un solo segundo es capaz de llevarse hacia sus desolados hangares a quien le apetezca. No soy un gran admirador de Los Soprano, más que nada por desconocimiento. Sólo he visto la primera temporada y fragmentos dispersos de las demás. Ahora bien, he oído y leído tantos comentarios favorables sobre la serie, incluido alguno que centra su análisis precisamente en la nostalgia, que la tengo como una importante asignatura pendiente. Confío en no tardar mucho en poder comprobar, en primera persona, su excelencia. Aunque a la velocidad que se mueve todo, tendré que darme prisa.

miércoles, 19 de junio de 2013

Apunte


                   Tal vez la felicidad sea un cuaderno
              de tapas color cuero
              con un hermoso árbol cincelado 
              en la cubierta
              y cien páginas blancas
              que aguardan la escritura
              como siembra de luz en tierra fértil.

(Tiempo contado, 27.10.12) 




martes, 18 de junio de 2013

Saetas ateas


Recuerdo que hace 13.700 millones de años yo aún no existía. Éramos todos una masa inmensa e infinita, y resultaba imposible determinar los límites de cualquier cosa, dónde empezaba el odio, hasta qué punto se extendía el horizonte, de qué estaban hechas las palabras. Aquel cuento duró mucho. Aunque solo pudimos conocer la mitad. La otra era materia oscura. Ahora pasamos los días disparando al cielo. A ver si conseguimos pescar al responsable. Pero el tiempo transcurre... y nada.

Masas bacterianas. Microfotografía de Rubén Duro.

Soneto doble cero

Humo III (c) Mauro A. Fuentes, 2007.

Este soneto en medio de la nada
nació de un doble cero bien tasado.
Pero al liarlo apenas daba humo
y hasta dudaba de sus otros versos.
¿Cómo llevarlo entonces de la rienda?
¿Y cómo contentar su gusa horrible?
No era montura fácil, vivaqueaba
a la intemperie bajo la alta luna.
Lo fuimos reduciendo poco a poco,
dejando sus volutas impolutas,
sus anillos también bien anillados
y alguna carcajada en el talego.
Este soneto estaba tan fumado
que se quedó dormido en una esdrújula.
(Si le disparas, corres el peligro
de que te ataque su escondida fiera.)

(Velada en algún cuarto de Bolsa, 3, en Madrid-Centro, 
allá por el setenta y tantos)

lunes, 17 de junio de 2013

Cap i cua

Viñeta de El Roto, El País, 16.05.13

Notará: Noé le da loco cola de león a ratón.

[AJR, 10:32, Palíndromos ilustrados, 24]

***
Ayer, nada más ver este dibujo en el que El Roto aúna la vieja opción refraneril de ser "cabeza de ratón" o "cola de león" en un solo monstruo de fábula, al que bien se podría poner el nombre de PPPsoe, pensé que allí dentro estaba escondido un palíndromo. Aquí está, con su sugerencia levemente bíblicas. Probablemente haya más. Respecto a éste, la pregunta clave, esa que brilla en todo buen palíndromo como un ascua ardiente, parece obvia:
¿Quién será el Noé loco capaz de obrar semejantes prestidigitaciones?

domingo, 16 de junio de 2013

Bloomsday Zapico

James & Joyce, por Alfonso Zapico.

Si no he contado mal, esta es la quinta vez que comparece el recuerdo del Bloomsday en la Posada. Lo hizo en primer lugar desde Galicia, después pensando en el Quixote, otra vez desde el pub James Joyce, de la calle de Alcalá de Madrid, y hace sólo un año a través de una carta algo melancólica a Molly Bloom. Ya bien avanzado el día de este caluroso 16 de junio de 2013, aún estamos a tiempo de mantener la tradición. Y para hacerlo nada encuentro más oportuno que traer a colación los dos  estupendas novelas gráficas que el dibujante Alfonso Zapico ha dedicado a James Joyce y a su mundo, y que tuve el placer de leer hace algunas semanas.

Publicadas ambas en 2011, en la primera de ellas, Dublinés, nos ofrece un retrato muy sugerente del escritor irlandés en los momentos más importantes de su vida, a los que Zapico se acerca con buena documentación y, sobre todo, con una gran intuición para captar y reflejar las escenas significativas. Complemento de este obra, de la que viene a ser una especie de cuaderno de viaje, La ruta Joyce es un itinerario por los lugares en que vivió el escritor. Zapico los recorre guiado por la pasión del mitómano, pero con los ojos y el sentido común bien abiertos, de modo que la obra, además de un homenaje y un recuento de huellas literarias, es una crónica personal llena de detalles de primera mano.

Los dibujos de Zapico tienen la claridad de la vieja escuela de nuestros queridos tebeos, a la que añade una capacidad de recreación escenográfica nada común y un dominio singular del arte de la caricatura realista. En suma, dos obras muy recomendables. Dublinés, además, fue galardonada con el Premio Nacional del Cómic de 2012.

viernes, 14 de junio de 2013

Ojo de araña


Se mueve mirando fijamente.



L  E  A  T  L  E  U  V  A  L A  D

V   I  E  N  T  O  V  U  E  L  V E

R  U  M  O  R  A   S  E  Ñ A  L A

R  E  L   D   I   A   T  R  A  E  S  I

M  E  N O S  L  U  Z   M  A  S  A

U  S  O  J  A  B  A  I   N   O  M  R


M  I  E  N  T  O 



miércoles, 12 de junio de 2013

Pinchar en hueso


O sea: ¿Jasón no saja eso?
No, sajan a Jasón.

[AJR, 6:18; 4:13;  Palíndromos ilustrados, 22, 23]

***
Los espectaculares efectos especiales de Jasón y los argonautas (1963), película de Don Chaffey, se deben a Ray  Harryhaussen, uno de los grandes maestros del tipo de animación conocido como stop motion, recientemente fallecido. 
In memoriam.

Ex tinta Tnitxe



Al volver del sueño, muy parecido al vídeo que ilustra esta canción de Faun (lo vi antes de acostarme, así que no caben dudas sobre su condición de resto diurno), si cerraba los ojos todavía podía leer en el muro de la mazmorra la inscripción que he copiado más arriba. No sé lo que significan esas palabras simétricas. Pero intuyo que mientras no encuentre la clave para descifrar su misterio no podré descansar en paz.

martes, 11 de junio de 2013

El dinosaurio



Al despertar me ha asaltado, como si fuera el propio bicho, el relato del dinosaurio de Monterroso. Venía en forma de una ligera molestia intercostal con la que me había dormido por la noche, más bien ya de madrugada, y se alzaba en el primer instante del retorno a la vigilia, aún entre brumas, como el signo inequívoco de la continuidad de la vida, y a la vez como antorcha de la conciencia.

Pero, por encima de los ajustes corporales y las sugerencias más o menos deportivas (¿qué es la vida sino una carrera de relevos?), enseguida comenzó a ganar terreno el propio relato del escritor hondureño-guatemalteco, su extraordinaria virtualidad, la riqueza significativa de su única línea prodigiosa .¿Alguien todavía la desconoce? Esto es lo que dice: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí».

La fuerza de este microrrelato estriba en que, se interprete como se interprete, siempre refiere un proceso de lucidez, de darse cuenta de algo: lo que podríamos llamar con propiedad «un golpe de conciencia». Ese es el amplio sentido en que resuena la palabra "despertó". No sólo por el hecho evidente de lo que significa abrir los ojos y la mente después del sueño, sino por lo que ocurre en cualquier momento en el que dentro de nuestra cabeza, quizás también a veces en el lugar del corazón o incluso cerca del estómago, suena un clic que nos hace ser conscientes.

lunes, 10 de junio de 2013

Monstruos


Por el doodle, o garabato animado, de Google me entero del aniversario de Maurice Sendak, el dibujante que, como es bien sabido, le dio a los monstruos un lugar donde vivir. Me imagino que ya muchos de los tan improbables como perspicaces lectores de esta página estarán al tanto, y supongo que la mayoría de ellos (pongamos que al menos seis o siete) habrá hecho clic sobre la flecha que en la puerta del Gran Buscador da acceso al gracioso desfile de criaturas, más mágicas que terribles (al menos en una primera impresión), salidas de la imaginación poco convencional del creador neoyorkino. A partir de ahí, los caminos para seguirle la pista y recalar en los múltiples rincones a que ha dado lugar su estela (libros, cine, música, arte, actividades parapedagógicas... sin excluir frikismos y etcéteras de variado pelaje) son tantos que, a qué engañarnos, marean un poco. Porque si en esos rumbos son muchas las posibilidades de disfrute, no es menor el número de los dilemas bifurcantes que en su reverso (las elecciones preteridas) llevan inscrita de modo inevitable la marca de la frustración. A partir de ahí, la deriva lógica, sin salir del mundo de Sendak, podría cobrar mayores vuelos, hasta caer en la cuenta de cómo estas nuevas tecnologías, que empezamos a utilizar de forma tan optimista hace un par de décadas, o poco más, se han ido convirtiendo en un espacio también poblado de monstruos y en el que se puede vivir de una forma que no siempre signifique estar de verdad vivo... Afirmación que tiene dentro de sí algunas hipérboles y un par de parábolas, no por obvias menos acuciantes o dignas de ser tenidas en cuenta. De momento, el homenaje a Sendak de este 10 de junio de 2013 nos lleva a convertir en pregunta (¿dónde viven los monstruos?) lo que el imaginativo neoyorkino concibió como localizador o mapa descriptivo de esos espacios de los que, desde muy pequeños, hemos oído que es mejor no hablar. ¿Cuánto tarda uno en saber que el verdadero lugar donde viven los monstruos no está fuera de uno mismo? Y una vez aprendida esa lección, ¿qué hacer con los monstruos de ahí fuera? Hoy, Maurice Sendak, que falleció hace tan solo 11 meses (el 8 de mayo de 2012), hubiera cumplido 85 años. Sus monstruos lo celebrarán con al menos otras tantas barrabasadas. Y nosotros, si nos dejan y pese a todo, también.

domingo, 9 de junio de 2013

Querejeta

Ha muerto Elías Querejeta, el gran impulsor del cine español de toda una vida, la nuestra sin ir más lejos, que casi podemos recorrer vivaqueando en sus títulos, entre los que se cuentan, como hitos imprescindibles, nada menos que La caza, La prima Angélica, El espíritu de la colmena, Cría cuervos, El desencanto, A un dios desconocido, Las palabras de Max, Mamá cumple cien años, Dedicatoria, Deprisa, deprisa, El sur, Tasio, 27 horas, Historias del Kronen, Barrio, Los lunes al sol...  La lista podría ampliarse sin mucha dificultad. De hecho, las imágenes inolvidables surgidas del cine producido por Querejeta compondrían uno de los mejores resúmenes de lo que ha sido el cine español de la segunda mitad del siglo XX. Estas secuencias son sólo una muestra que rescato como agradecido homenaje.















[Añadido del 11 de junio de 2013]
Pero si tuviera que elegir una y sólo una secuencia del cine de la «escuela Querejeta», no tendría dudas: el pasadoble de El Sur. Una película extraordinaria, pese a estar inconclusa, como ya he se ha contado aquí,  y que supuso la ruptura entre Erice y el productor de Hernani.  Una lástima, casi una tragedia para la cultura española, ese desencuentro.



Sé los soles


Si vuelvo sobre mis pasos, sé los soles que he recorrido, dónde brilló cada uno y cómo. ¿Pero a quién le importan estas cosas? Un saber de soles no sirve para nada. Ni siquiera está claro que sea un saber. Ni tampoco que exista en otro lugar que no sea este destello que ahora tú también abandonas.

Fotografía: Algas cristalinas © Rubén Duro.

sábado, 8 de junio de 2013

Hay Q x 3




«¿Qué es haiku?» dices
mientras tus ojos dejan
este charquito.

*

Haikú es una
sombrilla japonesa
de sol, de agua.

**

¿Haikú o haiku?
Tú pones el acento.
¿Lastima?  ¡Lástima!


Imagen tomada de aquí.

viernes, 7 de junio de 2013

Tauriga


Poema visual. 
(Haciendo clic sobre la imagen se pueden ver
las rimas internas.)

Jinete en Pacu Jawi, Sumatra.
Foto de Wei Seng Cheng, premio World Press Photo 2012.

jueves, 6 de junio de 2013

Ser tres

Un cuento clásico poco convencional, reinterpretado
por Darabuc e ilustrado por Fátima Alonso.
Edita OQO.

Al darse la vuelta en la cama, mientras se dejaba vencer por el sueño y la dulzura saciada de su amante, aún pudo ver la sonrisa de la persona a la que también debían tantas horas felices.

miércoles, 5 de junio de 2013

martes, 4 de junio de 2013

Stupa o tótem



Vamos a poner a buen recaudo
las palabras marcadas a fierro
y la piel donde brillan y bullen
sus oscuros designios tatuados.
El mejor de los días pretéritos
no merece más fe que la huida
y hay renglones vacíos capaces
de volar como aves indefensas.
Por ejemplo, mirad la curruca:
¿no es verdad que se asoma a la vida
con un gesto precoz de apostura
y que nada parece turbarla?
Al lejano calor de la piedra
con que aquel nuestro ancestro buen hombre
pudo el fuego encender y en su mente
avivarse con la misma llama
una brizna de luz no sabida,
a través de los siglos rendimos
un mistérico culto aún idólatra,
mientras sangra en Oriente a destiempo,
negra ya por la flor de la vida,
la palabra del agua en la fuente
bajo el sol que desciende al abismo.

No hay más allá
nada:
aquí ya está
toda
la tela cortada.
Para el laberinto
salvar
de la insania,
tirad de la punta,
no le deis más
vueltas,
camaradas,
compañeros,
cómplices.
Aquí yace ya
la verdad,
nos consume
su tea
humeante,
avisad,
dad la voz,
dad la vez,
al derecho,
al revés,
sobrepase
su pábilo
el álmula,
y a la muerte
trémula
sabed
darle
esquinazo
y portón
con pericia
noble,
como
si tal cosa,
para que
prosiga
infinita y leve,
leve e infinita,
la danza
la danza
   la danza...


Imagen: Acceso a Leh Shanti Stupa, tomada de aquí.


domingo, 2 de junio de 2013

La turba brutal


Cuando volvió torpemente sobre sus pasos, el niño tenía aún muy corta edad. Había ido a la feria, a las afueras de la ciudad vetusta, de la mano de sus tíos y en compañía de un hermano mayor. Mucho tiempo más tarde, en realidad desde hace siglos y ya en un espacio donde sólo caben las leyendas, no recuerda nada más que el susurro de la urraca, la embestida del carrusel, la lluvia inmensa, el suelo movedizo, la acometida de la turba brutal y, al fondo de todo, la música pegadiza de una canción que habla de alguien que ha de abrir una puerta y que a él se le quedó grabada en la cabeza antes de oír el susurro de la urraca, ver la embestida del carrusel, oler la lluvia inmensa, pisar el suelo movedizo y sentir una leve rozadura en el cuello, como si lo acometiera una turba brutal al compás infinito de una canción. Desde entonces sobrevive en un bullicio absurdo y ensangrentado al que no sabe cómo ponerle FIN.

viernes, 31 de mayo de 2013

Letras a escena


La A es una reina con manto y sin corona.
La B está embarazada, pronto tendrá un bebé.
C baila con el aire. Che, sentada, la mira.
D es un señor muy gordo que no se ve los pies.
La E te está llamando desde un planeta extraño.
La F le ha prestado un zapato a la E.
La G es un hombre orquesta que va tocando el bombo.
H son dos payasos dentro de un pantalón.
La i… ¡siempre pensando! (lo cual tiene su punto).
La J, está muy claro, es Juan el pescador.
La K es un karateka. La L va en chancletas.
La persigue la Ll… ¿crees que la alcanzará?
La M, junto al agua, camina sobre zancos.
La N va de incógnito, se cree Napoleón.
Siempre lleva la Ñ su sombrerito puesto.
La O, en cambio, no quiere ponerse el cinturón.
Don P es muy presumido. Doña Q, muy coqueta.
La R baila y baila sacando un poco el pie.
S es contorsionista. Y la T, trapecista.
La U levanta pesas. V se está ahogando…
… Ahí llega la W … ¡Se va a ahogar también!
La X y la Ye (también llamada i griega)
son muy, muy misteriosas…, ¡espías... o algo así!
Será mejor dejarlas, no vayan a liarla.
¡Vámonos a la casa de la Z a dormir!

AJR
(De La Alegre Compañía, Edelvives, 2012)


Hoy se inaugura en el Retiro la Feria del Libro de Madrid. Este poema está dedicado a todos aquellos, de pocos o muchos años, que se acerquen a ella por primera vez. Suyo será el reino sin libros de papel en el que sucesos como éste brillarán como tesoros de la memoria.

jueves, 30 de mayo de 2013

Música ternura



Algo de ternura y música verbal.
Música algo verbal y de ternura.
Verbal ternura y música de algo.
Música y de ternura algo verbal.
De ternura verbal música y algo.
Y algo de ternura música verbal.



(«Dado», a partir de una frase de Fernado Arambururu
entrevistado por F. J. Irazoki, en Babelia, 25 mayo 2013. 
La entrevista puede leerse completa aquí
El vídeo es un montaje de Luis Ulik).

miércoles, 29 de mayo de 2013

Giga de Higgs


[La concesión del Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica de 2013 a los descubridores del bosón de Higss y al  CERN me parece una buena ocasión para hacer sonar de nuevo esta musiquilla verbal, que ya se bailó por aquí hace algunos meses. Añado, por su interés didáctico, una conferencia del físico Pablo García Abia, del Ciemat.]



Casioda romanceada, bailable (pulsar vídeo) y algo alquímica al bosón de Higgs (posible).

Ay bosón, tú que rebosas
de incógnitas genesíacas,
tú que guardas el secreto
de la impar física cuántica,
tú que te las sabes todas
las materias y sustancias
del universo invisible
y su oscuridad atávica,
tú, bosón de Higgs (posible),
firma de dios en metáfora,
muéstrate y muéstranos,
con los signos de tu traza
bien evidentes, que existes
y que existimos, que nada
se opone a nuestra periplo
para comenzar mañana
--si es que algo significa
«mañana» en tu lengua opaca--,
o en un instante sin cuándo
y en un dónde sin distancias,
el viaje interminable
a la verdad desvelada
del retorno a los orígenes
con la partícula mágica
que dicen que el alma es
en la lengua bien posada,
pues verbal materia al cabo
son la luz, los quarks, la masa,
los protones y neutrones,
también el aire y el agua,
la llama viva del fuego
y cuanto su fuerza arrasa
por esos campos de Higgs
y del diablo, en miríadas
de neutrinos intocables
que sin cesación nos bañan
hasta dejarnos desnudos
sobre la tierra ondulada
del amor que nos consume
y nos transporta en su barca.

Ay, bosón incomprensible,
pura ficción matemática
real cual la vida misma,
fin de la física clásica,
prueba que demuestra el alto
pensamiento que nos marca
como especie milagrosa
y a la vez terrible, aclara
las fronteras del exilio
y en medio de ellas señala
la veredita de luz
que guíe la vuelta a casa.

Oh, bosón sobón, no ceses
de acariciarnos la escasa
materia viva y extensa
que en nuestras mentes no alcanza
a derrotarse del todo
hacia la noche sagrada
y aún busca el bosque del sueño
y entre la risa y las lágrimas
cruza los desfiladeros
del deseo y de la náusea,
las altas mareas grises,
las colinas plateadas,
los cangilones sin nadie
rodando en la inmensa nada
y aquel viejo paradiso
con su sierpe y su manzana:
los cuentos que nos contaron,
que aún nos cuentan, hasta el alba.

Bajel de nueva odisea
y lugar nuevo en la mancha
que bajo el ojo del cielo
dibuja arrugas y escalas
para trepar al espacio
que sin querer nos atrapa
y deja un rastro sombrío
en medio de la mañana,
oh, bosón de Higgs (posible),
rubro de aquella alborada
sin albor que fue el big-bang
y ésta su secuela vasta,
huella que en el cosmos cómico
se adelantó a la pisada,
cifra del silencio espeso
que nos toma por la espalda
y al volvernos desvanece
su presencia y nos devana
en los telares del tiempo,
entre el vacío y la nada.
La nada no es el vacío,
el vacío no es la nada,
nada nada en el vacío,
el vacío y la nonada,
la nada y el "no" vacío
y el "no" da vacío nada,
nada es no en el vacío...
Entre el vacío y la nada,
tú, bosón, nos deletreas,
como el maestro en la infancia,
nos miras e, indiferente,
borras luego la pizarra.

Bailemos, amigos, todos
esta giga improvisada,
que aquí está el bosón de Higgs
(posible). Y la vida pasa.





Al dios del alfabeto

Plaza de Jemaa el-Fna, Marrakech. Tomada de aquí.

A A Aarón ora: «¡A, A, A!»


Hasta donde sé, y mientras no se demuestre lo contrario, este es el palíndromo que encabezaría una hipotética relación alfabética de los palíndromos en español hasta ahora conocidos. Se me «apareció» hace unos días, viendo la recopilación 100.001 palíndromos españoles, ya comentada aquí. Dentro de ese juego peculiar, a veces un tanto rebuscado pero siempre con sentido, que las frases capicúas establecen, este ejemplo recogería el momento en que un sumo sacerdote de una religión que diviniza el alfabeto lanza su plegaria al gran dios de su fe, una oración que, como tantas veces ocurre, consiste en repetir una y otra vez el nombre de la divinidad. Nada más verlo escrito sobre el papel, me acordé de ese pasaje de Las voces de Marrakech, el singular librito de Elías Canetti, donde el autor describe su impresión de la plaza de Jemaa el-Fna. Alertado por un sonido que logra imponerse sobre el gran bullicio de la plaza, el escritor acaba descubriendo a un ciego sentado en un rincón que, con su lengua cortada, trata de proferir el nombre de Alá, emitiendo un "a a a" penetrante que logra vencer las voces de los corros de contadores de cuentos, los domadores de serpientes, las magas del Atlas, los vendedores de harira... Difícilmente el ciego de Canetti se llamaría Aarón. Pero no es descabellado pensar que una escena parecida podría tener lugar en lugares cercanos, incluso en el mellah o barrio judío de la ciudad roja. En todo caso, estoy seguro de que, pertenezca a la fe que pertenezca, el dios del alfabeto sonreirá complacido.

[AJR, 7:13, Palíndromos ilustrados, 20]