martes, 10 de marzo de 2026

Raúl del Pozo sale a hombros de su cuadrilla de la plaza de la Villa

Raúl del Pozo retratado por Jesús Hellín/Europa Press.

(En voz alta). Adiós al periodista y escritor (o escritor y periodista), extraordinario reportero y corredor de fondo, Raúl del Pozo, al que leí poco pero siempre con alegría, seducido por el viejo aroma de lo que será de por vida, en mi escala de valores, el verdadero nuevo periodismo; es decir: un género literario que no dimite, antes al contrario, de sus exigencias literarias. Y que, junto o incluso antes que la claridad, busca en la escritura la gracia y la capacidad de sorprender, y la posible belleza. Y en esto Raúl del Pozo era un verdadero maestro. Un hombre que comía en la mesa del periodismo de calidad, con Umbral, con Martín Prieto, con Manuel Martín Ferrand, con Joaquín Vidal, con Javier Reverte, con José Luis Alvite, con Manuel Alcántara, con Juan Cueto, con…. *** (ahora algunos nombres se resisten a comparecer, pero están aquí convocados). El periodismo que estos y otra decena de nombres enuncian está ya a punto de ser historia, aunque hay todavía seguidores y nuevas gentes empeñadas en prolongar el arte de contar con estilo la realidad. Pero son ya, y definitivamente, otros tiempos para todos. Incluso podría decirse que con esta muerte —y alguna otra que anda por ahí agazapada— los ejemplos señeros de Larra, de Blanco-White, de Luis Bonafoux, de Chaves Nogales, de Ramón, de Álvaro Cunqueiro… tienen un colofón que hace entrar en el panteón ilustre de la historia a toda una forma de entender el uso diario de la pluma, el plomo, el corondel y la columna. Descanse en paz.



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