domingo, 22 de marzo de 2026

Flamenco en el Ateneo

(En voz alta). El acto de presentación (ayer, sábado 21 primaveral del año 26, a partir de eso de las 12:20) de la nueva agrupación del Ateneo de Madrid enfocada al cante jondo y sus cercanías, Ateneos al flamenco de nombre, fue todo un éxito; y, en lo personal, también una ocasión sellada por cierta magia casi natural que propició encuentros, brindó ocasiones de azar favorable —gracias, amigo y gran ateneísta Carlos M. Semprún— y puso en marcha rastros que habrán de seguirse.

Por la Red, en los youtubers y en sitios varios, hay y pueden verse crónicas minuciosas de lo allí ocurrido, con lleno completo. Y que transcurrió en un clima de desenfado y soltura, propiciado por el mantenedor Juan Luis Cano, maestro de la finta verbal y el cachondeíto fino, armas muy divertidas con las que fue dando paso a quienes recordaron e informaron de lo que había que recordar e informar.
En este sentido, fueron ajustadas y oportunas las intervenciones de Agapito Pageo, Juan Carlos Garvayo y José María Velázquez, tres cabales del flamenco e historia viva de su difusión. Y arrancó especial entusiasmo la loa que hizo de este arte y de su dimensión internacional la erudita, productora y divulgadora japonesa Mariko Ogura, verdadera alma mater de la iniciativa y principal responsable de la fuerza con que ha renacido el arte del duende y el embrujo en el bicentenario centro de la calle Prado.
El espectáculo de presentación propiamente dicho consistió en una sucesión bien medida de parcas pero muy sabrosas muestras de lo flamenco en varias de sus más actuales y felices vertientes. Comenzó poniéndolo magistralmente de relieve el piano y la voz y la percusión (todo en uno) de Andrés Barrios. Y siguió el cabal y original homenaje que la cantaora Sandra Carrasco y el maestro de la guitarra David Arahal dedicaron al arte de Pepe Marchena. También fueron muy celebradas las dos excepcionales piezas desgranadas a la guitarra por el maestro Cañizares, en la segunda de ellas bien acompañado y contrapunteado por Juan Carlos Gómez. Y finalmente, como precioso y sonoro colofón, sobrevino el baile y el virtuosismo al toque de castañuelas de Antonio Najarro, que dejó flotando sobre el gran salón (la cátedra mayor del Ateneo) una corriente vivaz de ritmo, elegancia y alegría.
Fue, en suma, una forma hermosa de darle la bienvenida a la primavera por derecho y de echar a rodar una poderosa iniciativa para que el arte flamenco pueda renacer en una de las mejoras cátedras culturales del Foro. ¡Larga vida!

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