LOS CAMINOS DEL BOSQUE. No tardó mucho en darse cuenta, pero quizás aún no, de que aquel laberinto lo conducía al interior de una vieja aventura. Que iba a seguir los senderos periféricos y, mientras mascullaba las fórmulas accesorias, sería probable que en su cuerpo, por los cauces de la recaptación, tal vez pudiera llegar a ser consciente de que en aquella ciudad de Erbil que visitaba en sueños estaba a punto de empezar el penúltimo capítulo de la saga. No se podía bajar la guardia ni los brazos. Aún estaba por empezar la historia.
(LGdlTT, XVII)
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