ENMASCARADO. Con frecuencia el texto manuscrito, ya sea atisbo de poema, apunte narrativo, ocurrencia fijada o mera pulsión vocalizadora, discurre por caminos que bien podríamos considerar carnavalescos, a juzgar por su marcada tendencia al disfraz y la máscara. Son, en todo caso estos, a la hora de las posibles interpretaciones o los brumosos desciframientos (tos), aspectos complementarios de lo que, a poco que se preste atención al conjunto y se deje guiar uno por el golpe de vista, se impone como lo fundamental: el vuelo que va desde la primera impresión hasta la última, esas dos impostoras entre las que suele mediar el bagaje no solo de nuestras capacidades sino también, y acaso más decisivamente, de nuestros prejuicios. Entregarse o no entregarse, de eso se trata.
(LGdlTT, XXIV)
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