viernes, 5 de mayo de 2017

Bolaño en clave poética

Roberto Bolaño a la conquista del mundo. Foto de M. Urbano.

La conversión de Roberto Bolaño (1953-2003) en una estrella —lo que, en términos mitográficos, podría denominarse su «catasterización»— es uno de los sucesos más relevantes ocurridos en la literatura en español en las últimas décadas. El valor objetivo de su obra, la generosidad minuciosa con que trabajó en los últimos años de su vida, el fervor contagioso de sus lectores y cierto morbo añadido por las disputas familiares póstumas, todo ello ha contribuido a engrandecer su figura y a multiplicar su presencia en foros y mercados internacionales hasta extremos que parecen impropios de nuestro complejo, bullente y fugitivo mundo. 

Paradójicamente, ese éxito extraordinario puede ser también el mayor contratiempo para que la obra de Bolaño llegue a ocupar el lugar que verdaderamente le corresponde en el contexto de la literatura hispánica. Algo parecido al fenómeno conocido como «morir de éxito», de exceso de habladurías, pero de carencia de conocimiento. 

Hace un par de años, la hoy casi exangüe Casa del Lector le dedicó a Roberto Bolaño una amplia exposición que fue parcialmente recogida en una hermosa publicación monográfica con datos, semblanzas y aproximaciones a diferentes aspectos de su vida y su obra. Se ilustraba con una pequeña selección de fotos de los muy numerosos materiales allí expuestos.

Recuerdo bien de aquella visita, y puedo refrescar ahora hojeando el librito, un aspecto que me llamó poderosamente la atención al ir recorriendo los distintos capítulos en que se organizaba la muestra: la importancia que en todo momento el escritor concedió a la poesía, a la visión poética del mundo e incluso a la escritura poemática, pese a haber sido su perfil triunfante claramente el de un narrador, un contador de historias.

Por lo que sabemos de su vida y por los materiales expurgados tras su muerte, parece claro que la búsqueda poética no sólo fue el primer detonante de la vocación literaria de Bolaño sino que siguió siendo el principal horizonte de su creación, y al que dedicó de forma directa el empeño de los escritos agrupados bajo el título de La Universidad Desconocida, junto con obras de más difícil asignación genérica, como Amberes

Y es que, precisamente, son la insuficiencia convencional de los géneros y lo absurdo del férreo establecimiento de establos entre las distintas manifestaciones de la escritura, entre otros tics de retórica clásica, algunos  de los tópicos o prejuicios que la obra de Bolaño combate y que, en muchas de sus textos, consigue derribar con lo que sin duda puede considerarse una escritura de estricto sentido poético, y legible, por tanto, como poética. «Cuando la apuesta era a vida o muerte (...), lo que escribí era poesía», llegó a declarar.

Olvido García Valdés dedica a este tema, en la publicación citada, un amplio texto que permite argumentar la intuición que a menudo me ha asaltado leyendo a Bolaño: la de estar en la cercanía de alguien con una extrema sensibilidad poética, alimentada además por una sintonía y asimilación de las creaciones de autores como Lautréamont, Baudelaire, Rimbaud, Poe, Vallejo, Borges o Parra.

Ese texto, que reivindica a Bolaño como poeta, va precedido de este poema suyo (tan explícito):

Poetas troyanos
Ya nada de lo que podía ser vuestro
Existe

Ni templos ni jardines
Ni poesía

Sois libres
Admirables poetas troyanos

Hay que seguir leyendo a Bolaño. Aprendiendo de su generosa entrega a la creación verbal. Sin cortapisas ni restricciones.

Una aproximación muy recomendable es este documental de RTVE, de 2010, con las opiniones de Vargas Llosa, Gimferrer, Villloro, Herralde, entre otros: 
http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-20101021-2205/908584/

(Publiqué una primera versión, más reducida, de este artículo en mi muro de Facebook el 28 de abril de 2017, al cumplirse los 64 años del nacimiento del escritor chileno-mexicano-español).

miércoles, 3 de mayo de 2017

Día

Amanecer en Los Cancajos, isla de La Palma. AJR.

Y al final es el día, mariposa
que sólo vive un día,
el que segrega un hilo de seda transparente
y nos deja en las manos,
entre los largos dedos de nuestra soledad,
un mínimo torrente de tinta caprichosa
y una pequeña estela de pan blanco.
Y así puede tener lugar de nuevo
el milagro de la continuidad.

Oh, memoria, memoria, melodía,
luz interior que cada día te alzas,
desde el fondo marino de nuestros corazones,
para crear el mundo.

martes, 2 de mayo de 2017

Vencejos

Vencejos en el cielo de Madrid. Foto de Enrique Fidel.

Pasadizo de lluvia
(De abril a mayo)

Vi ayer volando todos los vencejos,
incluso los leídos en los libros,
en las enciclopedias,
los vistos en el cine, 
                                    en los tebeos,
en los cuartos de juego,
los que aún viven
en las ilustraciones
de aquel álbum de cromos olvidado,
los soñados o sólo presentidos
en la troje olorosa de mi infancia.

Igual que entonces,
la tarde se ha llenado de vencejos.
Y con ellos ha venido una lluvia,
minuciosa y distinta,
que ya no va a parar.

lunes, 1 de mayo de 2017

L@berintos

No hay texto alternativo automático disponible.
Palacio de Cristal, Parque del Retiro (Madrid)

(Face to FB, 3 - 1 mayo 2017). Hasta el presente, la imagen más cabal que tengo a mano para definir mi experiencia en Facebook es la del Laberinto de Espejos: una atracción de feria o de parque temático. Lo más grato es que, como ocurría también en los juegos de nuestra infancia, la mayoría de las veces la frecuentamos en buena compañía. O eso pretendemos.

Se lo comentaba el otro día, con palabras orales, a un amigo pintor que trabaja en la ilustración de Luces de bohemia, de modo que no tardaron en quedar reflejados en la conversación los famosos espejos delirantes (por deformación) del Callejón del Gato en los que se inspiró Valle-Inclán —o el propio Max Estrella— para caer en la cuenta de que era esa, la imagen distorsionada de lo que él llamó esperpento, la única capaz de reflejar la verdadera naturaleza de la realidad española. Puede que la metáfora sea extensible a este territorio virtual.

¿Como se hubiera comportado Don Ramón en estas redes? No hay que descartar que, como veo que alguna vez nos ocurre a todos, en más de una ocasión terminara trompicado en un reflejo equívoco o tratando de salir por un rincón imposible. Esto último, las falsas salidas, me parece que es lo más peligroso de este Dédalo del siglo XXI. De hecho, uno se cruza a menudo —bueno, de cuando en cuando, para no exagerar— con Ícaros e Ícaras que, con las alas ardidas y el seso desplumado, parecen vagar sin rumbo entre las ruinas de una ciudad siniestra. 

Y que levante la mano —la no amputada— quien no haya sentido alguna vez flotando en su derredor la sospecha de si no será ese el destino que nos espera a todos.

sábado, 29 de abril de 2017

Territorio

Hay palabras que nos eligen. No sabemos por qué. Pero un buen día se nos aparecen, toman posesión de nuestros gustos, se nos imponen como título de un libro, incluso como santo y seña para denominar alguna empresa, qué sé yo... Y se quedan a nuestro lado con un punto de familiaridad tal, que a veces llegan a confundirse con nuestros nombres más queridos. 

Incluso —fascinantes— pueden producirnos la ilusión de que son de nuestra propiedad, como si su existencia tuviera algo o mucho que ver con nuestra propia vida. 

Desde hace bastante tiempo —pongamos cuatro décadas—, una de esas palabras para mí es «Territorio» (a menudo con versal inicial, pero también sin ella). 

Leo ahora en Babelia que es el título elegido para sus memorias por Miguel Sáenz, el gran traductor y académico, en cuyo aspecto físico siempre he visto cierto aire de profesor de yoga o, mejor, de maestro zen, con esa mezcla de intensidad y paciencia que cabe suponerle a quien está acostumbrado a entablar combates con las realidades verbales en primera línea de juego. Es decir, en el territorio en que, tanto o más que el físico y geográfico, vivimos: el del lenguaje. Y, también, a renglón seguido, el de la «escritura», este territorio de gestos fugitivos con el que pretendemos descifrar el mundo. O, al menos, tratar de hacerlo menos salvaje e inhóspito. 

La coincidencia, trenzada con otra que no me entretendré en relatar ahora, me ha alegrado la tarde. Y me ha despertado un vivo deseo de leer esa obra.




Móvil nocturno (en Eburia)

Y cruzo la ciudad entre fantasmas
no sólo escurridizos: tampoco comparecen
con ningún signo o aullido o huella leve,
entre el viento de sombras
que golpea las ramas de los árboles.
Son sólo una ilusión de voces de otro tiempo
mezcladas con un tráfago metálico de sillas.

Por el paseo del Prado,
muy cerca del kiosko de la música,
lo llena todo la materia viscosa que a menudo segrega la nostalgia.
Y en ella veo flotar el corro de unos rostros
sumidos en una conversación interminable
bajo una nube de humos de muy diverso origen,
siempre como a la espera de un milagro
que al final será sólo –y nada menos que–
la súbita llegada de la luz.

Por no sentirme inerme ante el estruendo
frío de la memoria, entre la niebla,
y a falta de un amigo o semejante con quien poder charlar,
y también desprovisto de un perro que me ladre y me discuta,
con un rápido giro de los ojos, la ruta que seguir,
camino hasta la plaza del Pan, frente al Ayuntamiento,
y me detengo delante de la puerta columnaria del cole de mi infancia
donde aprendí, entre otros muchas cosas
que aún no he olvidado, la palabra «azotea»,
y la palabra «góndola»
y el truco frente al golpe
de la vara de palmera en la mano extendida:
«si te las untas con ajo, no te duele y puede que se rompa»,
decía Montañés. Desde una esquina
bajo la torre de la Colegial
vigila el ojo enorme del rosetón mudéjar
el lento desplomarse de las motas de luz
que bailen en el aire al comopás de mis recuerdos.
Empieza a loviznar y he de volver a casa
pero antes  me acerco hasta la entrada de la plaza
y allí me hago un selfi con Fernando de Rojas, en efigie
dudosamente exacta, al igual que la mía,
fantasmales los dos en la alta noche.

domingo, 23 de abril de 2017

El día de don Quijote

Día del libro, de san Jorge, de Cervantes (y, calendarios aparte, de Shakespeare). Los resumiría bien a gusto en el día de la exaltación de la imaginación consciente, de la capacidad de soñar con los ojos abiertos de par en par Eyes Wide Open, por remedar al último Kubrick, de la vida entregada a la intensidad de sentir —como en el arranque del poema de Eliot— que somos memoria y deseo. 
Y si hubiera que cifrar todo eso en un solo libro y en un solo nombre, bien a gusto proclamaría hoy el Día de nuestro señor don Quijote, probablemente —¡sin duda!— la criatura más universal y consoladora de cuantas pueblan este mundo sublunar en todas sus dimensiones.
Recordaba el último premio Cervantes, Eduardo Mendoza, en su discurso de agradecimiento, las cuatro veces que leyó completa la genial novela. Por mimesis, me he parado a hacer recuento de mis lecturas y he escrito largamente y de forma algo deslabaza sobre ello en mi diario (ta vez algún día lo recupere en Tiempo contado). El punto de partida lo marcó este librito cuya cubierta aparece en el margen externo y al que también pertenece la borrosa ilustración superior.

En los años de la enseñanza primaria, en el colegio Cervantes de Talavera, la lectura de sus capitulillos expurgados, ordenada y regulada por la batuta palmeril de don Mariano, fue mi primer acercamiento a la obra. Recuerdo, como curiosidad, la gracia que nos causaba el episodio del miedo de Sancho, con su consiguiente repercusión intestinal, una escena que los sencillos y graciosos dibujos del libro recreaban con precisión, para gozo y diversión de la chiquillería, siempre tan naturalmente dada a sacarle al cuerpo su punto escatológico. Me asombro al recordar, ahora, que no hace mucho, en un libro escolar en que pretendíamos utilizar esa peripecia, hubo quien lo consideró políticamente incorrecto. Cosas veredes.

Hubo después muy diversas lecturas, en tres ocasiones de forma completa. La primera de estas, en sucesivas mañanas de un mes de verano, tal vez del 71, y en un mismo y sombreado banco de los jardines del Prado de Talavera. No fue una lectura fácil: quizás la obligación —aunque autoimpuesta era más fuerte que la devoción. Otras lecturas, fragmentarias, azarosas, se produjeron en diferentes circunstancias, que en algunos casos recuerdo con precisión, en parte porque muchas de ellas estuvieron ligadas a actividades editoriales y didácticas. Pero a partir de un determinado momento, cuando pude encontrarle el "punto" al Quijote, a su profunda sabiduría humana y a su inmenso sentido del humor, su lectura ha estado ya siempre asociada al placer. Cuántas veces, abierta la obra para contrastar la exactitud de una cita o el lugar y contexto precisos de un episodio, no me habré demorado en sus páginas, abducido por el poder encantador de palabras que no sólo están vivas sino que hacen vivir...

Y en mis anotaciones, tras rememorar algunas anécdotas relacionadas con las otras dos lecturas completas la tercera y de momento última hace un par de años, con ocasión de la redacción de la Guía de Lectura que acompañó a la edición escolar de la RAE, concluyo el recuento con estas palabras: «Y la [ocasión] que queda pendiente. Esa me sigue pareciendo la más importante. Mientras podamos seguir leyendo el Quijote, algo habrá siempre en nuestras vidas que se mantenga a salvo de la tristeza».

viernes, 21 de abril de 2017

Ámbar

(Lazos) las letras,
frente a tus ojos ávidos,
trenzan el mundo.

Calles, ruidos,
la brisa en los cerezos:
ciudad soñando.

Cada mañana,
la luz nueva es la misma,
cada mañana.

Cada mañana,
la luz usada ayer
aún huele a limpio.

En mis palabras
tus palabras sonando:
so-y-to-do-tu-yo.

Efecto Reichstag © AJR, Berlín, 2007
Caballerías,
mañanas junto al pozo,
tardes y noches.

Y por la noche,
soñando eternidades:
bellaquerías.

Dime si puedo
decir aquí tu nombre:
ajeno y rosa.

La luz en vilo:
cuando miras el día,
tú la sostienes.



(Cómo) atraparte,
sustancia de las horas:
prisión de ámbar.

miércoles, 19 de abril de 2017

Lectura de Sagrario Pinto en Talavera


El próximo jueves, 20 de abril, Sagrario Pinto 
leerá sus poemas en la Biblioteca «José Hierro»,
 de Talavera de la Reina. 
Será presentada por Mercedes Regidor.
La cita es a las 19:30.





miércoles, 12 de abril de 2017

Musa sum

Ernest Descals: La partida de mus.

Su monótono, monótono, monótono... mus.


A mus a mus, asuma suma.

(AJR: 2, 7; 5, 29; 6, 17 Palíndromos ilustrados, LVIII, LIX LX)


lunes, 10 de abril de 2017

Gigantes y enanitos

Ilustración de Javier Serrano para una edición de los cuentos de Grimm, Anaya.
Cuando en 1988 el grupo Matra-Hachette decidió comprar el Grupo Salvat, en aquel momento líder de la edición generalista en España, la operación exigió el vistobueno o plácet del Consejo de Ministros, cuya cartera de Cultura ocupaba nada menos que Jorge Semprún. La edición se consideraba entonces un «sector estratégico» del desarrollo cultural del país, consideración que hoy, sin ser negada en teoría, sí lo es de facto por un Gobierno a cuyo presidente no se le conocen gustos literarios precisos, ni siquiera hábitos lectores, salvo los que pueda satisfacer algún diario deportivo (y, si acaso, y muy recientemente, la novela Patria, el gran éxito de Fernando Aramburu).

Desde aquella operación de compra, pionera en su condición de muestra de la aún incipiente globalización y muy polémica en su momento, hasta el recién anunciado fichaje de Mortadelo y sus colegas por el gigante Penguin Random House, el panorama editorial español ha vivido un imparable proceso de concentración que, como indica el artículo que da pie a este nota (incluido su titulo), deja reducido el escenario de las grandes cifras de la edición en España a un ampuloso y previsible combate entre dos contendientes: el citado PRH y el Grupo Planeta.

El artículo, por cierto, incluye como ilustración un cronograma, no completo pero sí relevante, de las diferentes operaciones de compra, absorción, penetración o «sometimiento» que se han producido en los últimos treinta años en nuestro ecosistema editorial. Su principal carencia es que deja al margen el sector del libro de texto, donde también se han producido fuertes movimientos. Y aún  son previsibles, incluso de forma inminente, nuevas decisiones, una vez que se abandone si es que se abandona el relativo limbo en que se encuentra la vigente Ley de Educación (LOMCE).    

El nuevo paso globalizador no es una buena noticia, aunque fuera esperable y no vaya a ser el último. Y aún lo es menos si se tienen en cuenta el empobrecimiento cualitativo de los órganos de decisión interna que ha acompañado esa concentración editorial y la escasa sensibilidad mostrada respecto a la calidad mínima exigible a los, así llamados, «productos culturales».

Menos mal que en los márgenes, tanto dentro de los dos grandes grupos como en el cada vez más poblado barrio de la edición independiente, hay un buen número de francotiradores que, frente a ese duelo de gigantes, siguen empeñados en afrontar los riesgos de la cultura —que continúan siendo los mismos de la vida— con la actitud de quien no tiene miedo a encontrarse solo ante el peligro.

domingo, 9 de abril de 2017

Siri, ese Iris



(Aquí va mi palma de domingo de Ramos. No es una broma, pero naturalmente no puede dejar de ser una broma. Et in Arcadia EGO.)

Hoy, Domingo de Ramos, el iPhone me pide permiso para actualizar su sistema operativo. Una vez hecho, para adiestrar a Siri, el asistente de voz —un equivalente, en términos móviles, de aquel HAL 9000 «que nos precedió a todos»—, se me pide que emplee una frase cuasi palindrómica:
OYE, SIRI, SOY YO.

En realidad, la construcción especular —y disculpen si aquí me pongo serio— es impecablemente perfecta y, en cierto modo, recuerda el sistema ideográfico que emplean los alienígenas de la película "Arrival": el intercambio o tráfico de sentido debe hacerse a través de estructuras cuya fijación quede asegurada, y a salvo en lo posible del efecto corrosivo de la subjetividad, mediante la duplicación de doble eje, principio básico de toda vida celular y base asímismo de la permanencia de la materia, que en el fondo último de su composición —en su cifra energética— siempre permanece igual a sí misma.

Este principio básico de supersimetría SIRI (sus programadores) lo cumple mediante una sencilla transferencia de significado implícita en la correcta decodificación de su mensaje. Y es que, en efecto, cuando a SIRI hemos de decirle SOY YO —y no YO SOY, que sería un espejo directo— es porque el sentido final de nuestro mensaje no es otro que pedirle que nos suplante de la forma más eficaz y útil posible. En suma, lo que le estamos diciendo es:

OYE, SIRI, SÉ YO.

O sea: un palíndromo perfecto.

Como lo es también este otro, hallado por el maestro Filloy y que seguro que SIRI no desconoce (es más: diría que lo iba murmurando para sí mientras, con ademanes de felina mimosa, regresaba a su limbo cuántico):

ES RAMOS AL ASOMARSE.

Así que, cuando se tropiecen con una de estas criaturas capicúas, además de sonreír, si les peta, o incluso de asentir (¡AJA!), si les convence, no dejen de echar una mirada al interior de su mente: ahí está todo. O casi. Y después salgan al mundo.

«Pueri hebraeorum portantes ramos olivarum...»



Domingo de ramos

(Aquí va mi palma de domingo de Ramos. No es una broma, pero naturalmente no puede dejar de ser una broma. Et in Arcadia EGO.)




Hoy, Domingo de Ramos, el iPhone me pide permiso para actualizar su sistema operativo. Una vez hecho, para adiestrar a Siri, el asistente de voz —un equivalente, en términos móviles, de aquel HAL 9000 «que nos precedió a todos»—, se me pide que emplee una frase cuasi palindrómica:
OYE, SIRI, SOY YO.
En realidad, la construcción especular —y disculpen si aquí me pongo serio— es impecablemente perfecta y, en cierto modo, recuerda el sistema ideográfico que emplean los alienígenas de la película Arrival: el intercambio o tráfico de sentido debe hacerse a través de estructuras cuya fijación quede asegurada, y a salvo en lo posible del efecto corrosivo de la subjetividad, mediante la duplicación de doble eje, principio básico de toda vida celular y base asímismo de la permanencia de la materia, que en el fondo último de su composición —en su cifra energética— siempre permanece igual a sí misma.
Este principio básico de supersimetría SIRI sus programadores lo cumple mediante una sencilla transferencia de significado implícita en la correcta decodificación de su mensaje. Y es que, en efecto, cuando a SIRI hemos de decirle SOY YO —y no YO SOY, que sería un espejo directo— es porque el sentido final de nuestro mensaje no es otro que pedirle que nos suplante de la forma más eficaz y útil posible. En suma, lo que le estamos diciendo es:
«OYE, SIRI, SÉ YO».
O sea: un palíndromo perfecto.
Como lo es también este otro, hallado por el maestro Filloy y que seguro que SIRI no desconoce. Es más: diría que lo iba murmurando para sí mientras, con ademanes de felina mimosa, regresaba a su limbo cuántico:
«ES RAMOS AL ASOMARSE».
Así que, cuando se tropiecen con una de estas criaturas capicúas, además de sonreír, si les peta, o incluso de asentir (¡AJA!), si les convence, no dejen de echar una mirada al interior de su mente: ahí está todo. O casi. Y después salgan al mundo.
Pueri hebraeorum portantes ramos olivarum...

(Publicado en mi muro de Facebook)


viernes, 7 de abril de 2017

Ogros primaverales


«Ánima, corre, por Godod: ogro perro camina.»

(AJR: 7,33; Palíndromos ilustrados, LVII)

Esta noche, quizás por influencia de la primera luna primaveral, he soñado con la noche. Y en ella había un gran perro de aguas que vivía junto a un lago. Y del lago brotaba un fulgor que asustaba al perro. Y el perro asustado, erizado por un pavor que le daba el horrible aspecto de un ogro, salía corriendo en dirección al bosque cercano. Y yo, habitante del bosque, buscando escapar de la noche para encontrar el agua, corría sin quererlo a su encuentro. Al cruzarse nuestras miradas, en medio de la oscuridad y junto al fulgor del agua, he comprendido que el perro también huía. Sin palabras ni aullidos de por medio, gracias a esa intersección de la escala zoológica que permite entenderse a humanos y animales, hemos decidido intercambiar nuestros desvalimientos y abandonar la noche, el bosque y el sueño, por la única salida posible: la puerta entreabierta de estas palabras.  

jueves, 6 de abril de 2017

Monarca caprichoso

                                                               (A modo de impromtu)

Le pregunto al poema si sabe que yo existo.
Y él, como acostumbra, tuerce el gesto
e ignora —o finge hacerlo— que he venido a buscarlo
donde siempre:
al lugar del crimen.

Al poema, monarca caprichoso,
no le gusta nada
—pero nada de nada—
que yo diga de él
que es el lugar del crimen.
Pero lo es. Lo es.
Lo que el poema ignora
—o finge hacerlo— es
quién es aquí la víctima,
quién el testigo
(el verdugo se da por descontado).
Yo sí lo sé. Aunque lo calle.

Esperando la leyenda. © AJR, 2016

miércoles, 5 de abril de 2017

Abril en su quinto día...


Abril, en su quinto día,
     alza la luz con más vuelo,
                     mientras que en sus cuatro esquinas
         se escucha el mismo deseo...








(Para Clara)

jueves, 30 de marzo de 2017

FragmenDado



Para quien tal cosa signifique algo
 Quien para tal cosa algo signifique 
Cosa signifique para tal quien algo
Signifique tal para algo quien cosa
Algo quien tal cosa signifique para
Tal quien para algo cosa signifique





Texto de Erea Fernández Folgueras: 
Poética del fragmento, 
Madrid, Universidad Complutense, 2012, 
dedicatoria.



Mosaicos romanos de los trabajos de Hércules.
Museo Arqueológico Nacional (MAN), Madrid. Foto AJR

Face to face, boqueando




Con mi desembarco en Facebook, hace más o menos un mes y medio, la dispersión, que ya era una marcada tendencia en mi día a día, se ha convertido en un verdadero tsunami, al que confío en poder plantarle cara antes de que se lleve por delante el sentido de las brújulas que aún me quedan. También hace más o menos un mes y medio, hacia el 20 de enero, se cumplieron dos años desde que me instalé en Twitter. Las experiencias son tan distintas que incluso resulta difícil compararlas.

No es ya cuestión sólo de explicar cómo se siente uno en una u otra. Es que, bajo su nombre compartido de «redes sociales», en realidad apenas tienen algo que ver. En estas pocas semanas, creo haber comprendido el éxito popular e imparable de Facebook --1.860 millones de usuarios al mes a finales de 2016... y subiendo--: es una forma por completo nueva de estar en el mundo. Fácil, intuitiva, compensadora, útil, gratificante, espectacular. Su peor defecto: resulta altamente adictiva, compulsiva. Me atrevería a calificarla de droga dura.

Y es, además, muy poco exigente: un suelo abonado para que sobre él que crezcan, sin apenas cuidado, a veces por mera segregación de la herramienta, todas las flores de la banalidad. Marcadamente infantil. Y maniquea: tiende a que los usuarios se decanten por el sí o el no, incluyendo en este segundo apartado la indiferencia. Aunque, claro, todo depende siempre del uso que se haga. Como en todo. Y de la gente con las que uno se trate. Y de las trampas que uno se ponga. Nada diferentes a las habituales variedades del mundo sublunar en todas su manifestaciones.

Aunque me parece que hay usos y efectos poco menos que insoslayables, inherentes a la naturaleza del medio, frente a los que es poca toda la cautela. El principal de todos es que, se mire por donde se mire, todo empieza en las instancias más primarias del yo. Que no digo que no sean esenciales. Y necesario atender a su cuidado. Pero producen --o pueden producir-- una acentuación de lo más banal que pueda haber en uno mismo. Y la invasión indiscriminada del medio con las resonancias y excrecencias de nuestro ego por tierra, mar aire y éter, sin descanso y sin medida, puede acabar convirtiéndose en la peor forma de contaminación.

Y después --o antes-- está ese pecado capital de la red: el haber degradado el significado de la palabra «amigo». Un pecado original del que aún están por ver sus consecuencias.

De Twitter, tal vez me ocupe otro día.  



  

martes, 28 de marzo de 2017

Contra los amos del tiempo

Mural en un comercio del barrio de Prosperidad. AJR, 2014

¿A dónde van las horas robadas?  ¿De dónde salen las horas añadidas?

Por si no fuera bastante lío el tiempo en sí —¡el tiempo en sí!—, los que tienen en sus manos la manija se empeñan en demostrarnos que pueden manejarlo a su antojo.

Más allá de las nunca demostradas razones de eficiencia, no es descabellado pensar que el motivo principal de los cambios horarios estacionales sea una mera, reiterada, contundente exhibición de poder.

Alguien nos quiere hacer saber que "ellos" están ahí y, como Cronos, en cualquiera de sus reencarnaciones, pueden devorarnos.

Pero, aunque nuestros sentidos ya algo fatigados lo sufran, es tarea inútil.

El Sol y, sobre todo, la Luna —¡menuda es ella!— seguirán a su ritmo.

Y en la plenitud de la noche y en la sospecha del amanecer, seguiremos sintiendo que lo que de verdad nos importa no está al alcance de ningún instrumento de tortura.

Reloj modelo «corte de mangas». Gif tomado de acá.


(Tiempo des/contado, 29.03.17; 11:05)

lunes, 27 de marzo de 2017

Manchester frente al mar


¿Alguien puede atreverse, a estas alturas, a ilustrar la secuencia central de una película con toda  la parsimoniosa y abrumadora melancolía del adagio de Albinoni? Y una vez producido el atrevimiento, ¿quién es capaz de asegurar que el resultado, en el espectador de ojo despierto, pueda ir más allá de la pastosa sensación de estar siendo (estar siendo) emocionalmente manipulado con una mezcla de recursos retóricos a los que se les concede la condición de artísticos o poéticos por sí mismos?

Tengo para mí que de la respuesta a estas dos preguntas va a depender la opinión y el estado de ánimo del espectador de Manchester frente al mar, una película dura, incluso terrible, y frente a la que no caben, creo, medias tintas. A mí me emocionó. Aunque podría poner algún reparo a esta opinión, pero sólo a costa de ponérselo también a mis emociones. Que nada es descartable.

La secuencia a la que aludo más arriba, verdadero eje argumental de la trágica historia de culpa inexpiable que se cuenta, es estremecedora. Consigue que la majestuosa lentitud de la música, su invasión paulatina, combine a la perfección con un estallido insólito, aunque no inesperado, del argumento.

Y de esa mezcla —literalmente un incendio explosivo—surge la atmósfera que logra dar sentido, coherencia y ritmo a una historia narrada a través de saltos en el tiempo, con una gran contención interpretativa rayana a veces en la inexpresividad —pero que es la que corresponde a la tragedia del protagonista—, la acumulación algo repetitiva de motivos, una banda sonora bien medida, y tres o cuatro momentos muy brillantes que, junto con la soberbia, larga, inolvidable escena central, hacen de Manchester frente al mar una de las pelis imprescindibles de la temporada. Pero, eso sí, procuren verla en versión original.




viernes, 24 de marzo de 2017

Dado en Nueva York


 La inmensa soledad de la libertad.
Inmensa la libertad de la soledad.
Soledad la de la libertad inmensa.
De la libertad la inmensa soledad.
Libertad la de la soledad inmensa.
De la soledad la inmensa libertad.


Imagen: Lonliness Liberty Line
©by Carlos Ramos Núñez, 2017

martes, 21 de marzo de 2017

Ávidas pretensiones


Por mera coincidencia circunstancial, el llamado «Día de la Poesía» me pilla enfrascado en la lectura de Ávidas pretensiones, la novela-broma con la que Fernando Aramburu ganó en 2014 el Premio Biblioteca Breve y que dejé aparcada en su día para mejor ocasión. Que por fin ha llegado y, como diría el clásico, ¡la pintan calva! Ni tras un minucioso cálculo de posibilidades hubiera encontrado material más a propósito para festejar como se merece —repito: como se merece— una más de estas estúpidas festividades laicas de «los días de...», contra las que a menudo muchos despotricamos, por su carácter espúrio cuando no torticero o directamente mercachifle. Aunque luego, acomodaticios y contradictorios, nos sumemos, si no al sarao de lleno, sí a que prosiga la patulea. Y aquí paz y después gloria (Fuertes, por supuesto: ¡sombrerazo!).

Ávidas pretensiones es el ágil y burlón retrato de unas Jornadas Poéticas (con versal inicial) que algunos de los miembros más destacados del parnaso patrio celebran en un convento, y durante las cuales se ponen de relieve algunos tics y usos fácilmente reconocibles o sospechables de la mucha tontería en que a menudo aparece envuelta la facción poética de la tribu literaria.

No deja de ser curioso —pero sólo eso— que esta incisiva caricatura de la estulticia nacional en su vertiente literaria haya sido el preámbulo del mayor éxito de su autor, gracias a la excepcional Patria («Matria», más bien), sin duda una obra señera de nuestra narrativa reciente. Y es significativo que, con ser el tema y la intención tan diferentes, en Ávidas pretensiones y en su despliegue satírico comparezca el «estilo Aramburu» de cuerpo entero, con casi todas y las mismas armas retóricas: su peculiar asedio a la sintaxis, sus calificaciones alternativas, su prodigioso oído para captar rasgos coloquiales, la consideración del texto como un personaje más, el dominio de la intriga, la agilidad de los diálogos, etcétera.

Si alguna pega se le puede poner a la divertida y lograda sátira, al margen de su premeditado «tono menor», es que tal vez se quede algo corta en el retrato. Basta asomarse al patio poético nacional en este mentado Día de la Poesía, o recabar informaciones de sucesos recientes acaecidos en este o aquel simposio, encuentro, carrusel, descarga, maratón, mitin o batucada —que con todos esos o parecidos nombres se convocan actos tildados de "poéticos"—, para entender que, una vez más, la realidad es la ficción suprema. Y que resulta muy difícil ponerle puertas al campo. O al gato el cascabel.

Ávidas  pretensiones, por cierto, parece un buen eslogan para calificar ciertas operaciones poético-comerciales en curso, legítimas sin duda, aunque más bien obscenas por la doble o triple moral con que son planteadas. Maniobras postpoéticas nacidas en un campo sembrado, a golpe de tuits y likes, acaso con las mismas semillas sintéticas y trucadas de la posverdad. Aunque, como siempre, habría que pararse a distinguir voces y ecos, gritos y susurros, trigos y pajas.

Imagen: Fotografía de la cubierta de la primera edición de la obra. 
© Super Stock – Age fotostock

miércoles, 15 de marzo de 2017

La soledad de las vocales


Además de tener uno de esos títulos que a uno no le hubiera importado ganar en una timba, La soledad de las vocales (Ediciones B-Bruguera, 2008), del escritor gallego José María Pérez Álvarez, es una novela original y valiente, dura, ejemplar por varias razones. Y, finalmente, como la mayoría de las novelas, también olvidable. Está construida de forma casi versicular, pero en estricta prosa, alrededor de unos pocos motivos recurrentes, todos lo cuales giran en torno a una imagen central, obsesiva: la tristeza de las letras que se quedan solas, «huérfanas de sentido», en el letrero incompleto de una pensión llamada Lausana.


Con el telón de fondo de las pruebas de natación de unos juegos olímpicos y la mención expresa de modelos literarios bien precisos —Joyce, Kafka—, junto a otros que comparecen, por así decirlo, por desaparición —Queneau, Perec, incluso Filloy—, este relato poemático avanza a base de fragmentos escritos con lo que podríamos llamar una sintaxis líquida, por medio de frases construidas de forma similar a como pueden moverse las aguas de un estanque cuando sopla el viento. De ahí que sea una obra para leer en voz alta, dejándonos llevar por sus palabras tan rítmicamente acordadas: la belleza de la composición hace digerible el desfondamiento y negrura de lo descrito, que no son sino las peripecias monótonas de unas pocas vidas humanas azarosamente reunidas en un espacio común. 

Curiosamente, la mejor respuesta a la desazón que la negrura del relato me deja la encuentro en estos versos de Karmelo C. Iribarren que me salieron al paso mientras guardaba «La soledad de las vocales» en la estantería: «El amor, / ese viejo neón / al que aún / se le encienden / las letras».

El escritor José María Pérez Álvarez, retratado por Mani Moretón.
Foto tomada de wikipedia

martes, 7 de marzo de 2017

Momentos


Y ahora llega el momento
de decir que la vida
es una línea que avanza sobre el agua
y da quiebros inesperados:
por eso la queremos 
más que a nada.

                                 Y ahora llega el momento
de decir que la noche
es un pájaro negro que cruza sobre el mar
y da quiebros inesperados:
por eso nos conmueve
más que nada.

                                Y ahora llega el momento 
de decir que el silencio
es un trozo de hielo bañado por el sol
y lanza inesperados destellos cegadores:
por eso lo buscamos
y nos salva.

(Y ahora llega el momento
de callar.)


J. M. Whistler: Nocturne in blue and silver. Cremorne Lights (1872) 
Tate Britain, Londres. 


domingo, 5 de marzo de 2017

La Media Noche de Valle


Un Valle no muy conocido y, por diversos motivos, sorprendente es el de La Media Noche. Visión estelar de un momento de guerra. En junio de 2017 se cumplirán cien años de la primera publicación de este relato centrado en la Primera Guerra Mundial. Con ese motivo, Alianza acaba de rescatarlo en volumen exento.

Es una obra muy breve, que no alcanza siquiera la dimensión y factura de una nouvelle, aunque posee una gran intensidad, en parte porque está escrita en clave de no ficción, como testimonio extraído directamente del campo de batalla. Sorprende su modernidad, la mezcla de procedimientos expresivos habituales en Valle con variaciones casi experimentales, como la superposición de planos narrativos, o la multiplicación de los puntos de vista, para lograr esa «visión estelar» a la que alude el subtítulo, y que viene a ser una mezcla del «viaje astral» esotérico con la impresión que al autor le produjo un vuelo en avión militar sobre las trincheras de la Gran Guerra, en el frente franco-alemán. En algún momento, especialmente en los primeros capitulillos, se diría que el escritor gallego se está adelantando a los «ejercicios de estilo» de Queneau. Sin duda, anticipa las descripciones poliédricas, cubistas, de Tirano Banderas y, en alguna medida, los procedimientos estéticos del esperpento.

Leyendo los breves 40 momentos de la narración, más de una vez me han venido a la cabeza escenas de Senderos de gloria (Paths of Glory), la extraordinaria primera película bélica de Kubrick. Se diría que Valle, tan amante del cine como artefacto creativo y novedad narrativa, se planteó un modo de acercamiento al escenario épico muy parecido al que el cineasta adoptó décadas después. En sentido contrario (y complementario), es muy sugerente imaginar lo que Kubrick podría haber hecho con algunas de las visiones de Valle si las hubiera conocido; por ejemplo, con los «cadáveres veleros» del capítulo XII, una de las imágenes más poderosas del relato.

Esta edición de Alianza, muy recomendable, está precedida de una extensa introducción de Margarita Santos Zas, que contextualiza con gran solvencia la obra y anima a reintepretar su importancia dentro del corpus literario de un autor cuya relevancia no cesa de crecer.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Sobran ángeles


No me guiñes el ojo parcheado,
ángel de la vanguardia, tan antiguo.
Te he visto alicaído, gris, ambiguo,
menos ángel que gallo desplumado.

Y tú, Luzbelcebú, ángel suicida
por ansias de ser dios siendo serpiente,
¿a dónde fue a parar toda esa gente
que te dio el alma a cambio de más vida?

Ángeles derretidos de blancura,
atados por la luz a la escotilla
del bajel celestial y a eterna noria.

Y ángeles de inconcreta encarnadura,
espíritus más bien de pacotilla...,
¡en el infierno estáis como en la gloria!



Nota. Al coincidir este año el miércoles de ceniza con el día en el que se celebra (o celebraba) la festividad del Santo Ángel Custodio del Reino, me ha parecido oportuno rescatar este soneto contra los ángeles. En mi primera juventud fui un lector apasionado del libro de Alberti que tiene a estos seres espirituales como protagonistas. Y como símbolo y tema frecuente en muy diversas formas de arte, los ángeles casi siempre me han resultado más bien simpáticos y útiles. Además de terribles, como los veía Rilke. Es probable que, junto a cierto cansancio que con el tiempo podemos llegar a sentir ante nuestras preferencias, en el origen de este soneto esté una algo agria aunque finalmente inane polémica sostenida en un viejo foro de poesía con alguien que solía cantar, un día sí y por la tarde también, al «ángel caído». En todo caso, confío en que el sentido irónico que siempre tuvo el poema sea perceptible. Y que quienes creen firmemente, o de forma imaginativa, en estas criaturas no se sientan molestos. De la imagen con la que ilustro el texto no conozco el título ni el autor. Se agradecen pistas. Por el llamativo efecto ocular, me recuerda en parte al monstruo que creó Guillermo del Toro en El laberinto del fauno. Y en parte, también, me parece que podría haberse escapado de una versión surrealista de El cielo sobre Berlín, la película de Wenders en la que un ángel llamado Damiel (Bruno Ganz) sucumbe a la tentación de hacerse humano. En fin, como se ve, demasiados ángeles por todos lados.

martes, 28 de febrero de 2017

El astronauta submarino


Como otras veces, antes de empezar a escribir en él, el cuaderno me dice su nombre. Este resulta evidente a la vista del dibujo de la cubierta, que parece sacado de una novela de Julio Verne: el astronauta submarino. Al valorar casi al peso el presunto oxímoron que surge de juntar las estrellas con el fondo del mar, me doy cuenta de su gran poder metafórico. Y, más aún, de su realidad. He aquí una buena definición para la tarea del escritor, incluso del poeta: la de convertirse en un astronauta submarino (¿o tal vez un buzo espacial?), alguien capaz de explorar arriba y abajo, sin olvidar el interior de la escafandra, con la misma actitud de búsqueda y atento siempre al control de la respiración. Darle vueltas.

(Tiempo contado, 9 de mayo de 2015, sábado

sábado, 25 de febrero de 2017

Gloria

La imagen puede contener: una o varias personas

Gloria Fuertes, la gran Gloria, comienza a estar donde siempre estuvo: poeta de guardia, en la vanguardia, en la valentía, en el compromiso de verdad con la vida. He leído por ahí que su poesía ha envejecido bien. Lo suscribo: muestra lo alerta que siempre se mantuvo, incluso en la vorágine del éxito, y el daimon creativo que la habitaba. Fue un honor conocerla (... y un placer bailar con ella algún danzón).

jueves, 23 de febrero de 2017

Polvo y libros


Buscando en los estantes superiores
un ejemplar valioso de Otra casa,
me sale al paso un libro de Juaristi 
y una nube de polvo volandero.

Las pavesas de polvo son semillas
de algodón ya maduro y caen al piso
con un pulso de luz deshilachada.

Polvo y libros: curiosa conjunción,
ceniza encuadernada de la hoguera del tiempo,
imagen elocuente de tanta vana gloria.

Somos carne y palabras. Y habrá un día
en que hasta nuestros sueños serán polvo.

¿Qué queda que dé cuenta en cada cosa?

Imagen de autor desconocido, tomada de aquí.

martes, 14 de febrero de 2017

Lectura en Talavera


Este próximo jueves, 16 de febrero (a las 19:30 h), leeré una selección de mis poemas en el Aula de Poesía «Joaquín Benito de Lucas», de Talavera de la Reina. Me acompañará una muy buena amiga: la escritora y profesora Celia Ruiz. Naturalmente, están invitados todos los huéspedes, transeúntes, visitantes y amigos (y, ya puestos, enemigos, si alguno hubiera u oviesede esta Posada. Prometemos no aburrir.

domingo, 12 de febrero de 2017

Entrevista en Alquibla

En Alquibla, la web que dirige y cuida Eva María Galán Sempere, y cuyo lema es echar «una mirada al mundo de las bibliotecas», se ha publicado esta entrevista (más bien cuestionario) que la propia Eva me remitió hace unas semanas. Gracias por la deferencia. Mis respuestas se acompañan con una foto tomada hace un par de años en el caso viejo de Ourense, junto a la estatua de Eduardo Blanco Amor.


Foto SPM, 2014.

viernes, 10 de febrero de 2017

Celadas



(Celadas de Lezama*)

Palabras de la abuela, palabras de la madre,
la atmósfera del cuarto se llena de presagios
y eres feliz si puedes darle un nombre
al nuevo sentimiento que aún no sabes si existe:
que la vida no sea el miedo de perderla,
que la noche no dure más allá de la noche,
que el reloj no repita sus ritmos renqueantes...
y salir hacia el aire
y respirar sin ansia.
Qué belleza.

Pasas por estas páginas del viejo Paradiso
y mientras se desprenden
como hojas de otro tiempo
ves al trasluz del polvo
y entre los subrayados
al joven que leía lo que ahora lees tú.

Pero nada es lo mismo.
Tan solo la serpiente (¡la sierpe!), la espiral,
el denso olor a almizcle del cuarto de las olas,
el rincón olvidado bajo la carbonera
o la vieja guadaña colgada de la trabe
duran.

Igual que dura la canción:

«Cando estabamos vivos
comiamos d' istes figos.
Ahora que estamos mortos
andamos por istes hortos.»

Las palabras te llegan ¿desde dónde?
como si aún deambularas por el sueño
como si ya vivir
y otras gratas costumbres
fuera anotar las cosas
que nunca han de volver
que nunca han de volver.

Ya casi es primavera**.





[* Contexto: El 19 de diciembre de 2010 se cumplen cien años del nacimiento del escritor cubano José Lezama Lima. A su poesía, a algunos de sus ensayos y, de forma muy especial, a su Paradiso, proteica maquinaria verbal que a grandes tramos consigue respirar como un fabuloso ser vivo, le debo dispersos y numerosos momentos de gran placer lector y una revelación aún no agotada. El 18 del mismo mes, mi padre, fallecido en 2002, hubiera cumplido 96 años (nació en una pequeña aldea gallega en 1914). Cuando abrí por primera vez un ejemplar de Paradiso, a finales de 1975 (la edición de Fundamentos en la colección Espiral dirigida por Julián Ríos y con un texto de homenaje de Severo Sarduy), nada más leer las primeras páginas tuve la impresión de que hablaban de una tradición que incluía el viejo y familiar mundo galaico vislumbrado en mi infancia, perseguido después en un impulso que aún dura. Este poema es un intento de unir esos hilos, mientras las hojas de mi viejo ejemplar del libro de Lezama acusan los efectos del paso del tiempo... y de una mala encuadernación. Por fortuna, dispongo de otras ediciones, sin duda mejores, pero... no son lo mismo.]

Foto superior: As maus do inverno 
Soto de castaños en Santiago de Cerreda.
© Antonio Ramos Campos

***
[Rescatado del Baúl de la Posada. 
Primera publicación: 18/12/10 a las 23:59. 
Me he permitido, como única actualización, cambiar la palabra final: 
antes era "Navidad". 
El pasado 6 de febrero de 2017 se cumplieron 15 años de la muerte de mi padre. 
A su memoria sigue dedicado este texto.]