El MUNDO nos habla con múltiples voces,
enuncia su ritmo de música antigua
y busca llenarnos la mente de frases
que tienen debajo del fondo la forma.
El mundo conoce nuestras veleidades, incluso se jacta de hacernos risibles,
o cruza con viejos señuelos la apuesta
de lo incomprensible frente a lo mostrenco.
Casi todas las pistas del cerebro que pudieran llevarnos por los arrabales
de la lucidez aún posible tienen
algún desperfecto…
y el MUNDO chirría
frente a los sentidos:
no sabemos si
es así o es que somos
—somos o no somos—
nosotros así,
ya desmemoriados...
(náufragos acaso de un viaje atroz y maravilloso, tan antiguo ya como el viejo Mundo).




