Y NO hay lugar donde poner los ojos ……..
…………………………………………………………..
A menudo la vida es eso que pasa en el trance de pasar la página. Estados transitados (sin duda transitorios, a veces también transitivos) de conciencia.
Hay un ojo lector que descifra el texto y el texto sabe que ese ojo lector va a descifrarlo: ambos entran en contacto gracias a acciones tan sencillas, en apariencia, como la que en este mismo instante acaba de culminar.
De la nota necrológica de Ediciones Siruela.
(En voz alta). Cees Nooteboom, el autor viajero cuyo nombre nos obligaba a repasar y recontar una y otra vez el número de oes (aún ocurre), irrumpió con fuerza en nuestro ámbito lector con aquel El desvío a Santiago que sirvió para ver lo que teníamos delante de los ojos con otra mirada. Luego, cuando le reconocieron con el muy prestigioso premio Formentor, quedó fuera de toda duda su extraordinaria importancia, así como su pertenencia a la mejor estirpe literaria europea. Ahora se ha ido al otro lado (dondequiera que esté) pero nos ha dejado un rastro perdurable. Hay que seguirlo.