viernes, 30 de agosto de 2024

jueves, 29 de agosto de 2024

«Yo capitán»

Ahora que se reinicia el curso político, y habida cuenta del mucho jaleo que se traen entre unos y otros sobre la acogida o el rechazo de emigrantes, quizás no fuera mala idea dedicar una sesión del Congreso a la proyección de la película Yo capitán, muy ilustrativa de las trágicas condiciones en que se producen esos viajes y los oscuros negocio de evidentes tintes esclavistas que hay a su alrededor. Ese es el verdadero problema.







sábado, 24 de agosto de 2024


 EL VISITANTE AUSENTE

Era la habitación del sueño. Pero él no estaba.
(Nanorrelatos)

viernes, 16 de agosto de 2024

Alfredo, adiós a un maestro

(La Palestra)

Autorretrato de Alfredo. Tomada de El Mundo


Adiós al gran dibujante Alfredo, maestro del retrato del alma de la ciudad

El pasado día 6 de este mes de agosto de 2024 falleció en su casa de Madrid el dibujante e ilustrador Alfredo González Sánchez, conocido artísticamente como Alfredo. Hombre muy querido y admirado en su profesión (mi amigo Javier Serrano era buen amiho suyo) y con una amplísima trayectoria tanto en el mundo de la creación publicitaria como, sobre todo, en la ilustración, está considerado como un maestro por varias generaciones de artistas. Es el iniciador entre nosotros de una forma muy peculiar de retratar la ciudad, concebida como un personaje y caricaturizada y reflejada con gran intención, viveza  y creatividad en unos singulares retratos urbanos cuya influencia es muy visible en la ilustración española de las últimas décadas. 

Alfredo había nacido en 1933 en la aldea de Agüeria, del concejo asturiano de Aller. Tras educarse y profesar como religioso dominico, a los 25 años colgó los hábitos y en 1958 se instaló en Madrid donde comenzó a trabajar en muy diversas ocupaciones, algunas vinculadas con galerías de arte. No tardó en abrirse paso a través de importantes agencias de publicidad, y la calidad de su trabajo le llevó a trasladarse y residir durante unos años, entre 1971 y 1976, en Caracas como creativo publicitario, al tiempo que realizaba algunas exposiciones pictóricas. 

De regreso a España, se instaló inicialmente en Barcelona y, sin dejar la publicidad, fue decantándose hacia la ilustración y publicó en revistas como El Papus y El Jueves. Volvió definitivamente a Madrid en 1977 y multiplicó sus colaboraciones en prensa, al tiempo que se iniciaba en la ilustración de libros con alguna obra de Borges y la edición especial de Travesía de Madrid (Espasa-Calpe, 1981), de Francisco Umbral. Entre otros galardones, fue distinguido con el Premio Nacional de Dibujo Penagos-Mapfre (2003) y el Premio Nacional de Ilustración (2017). 

Ese mismo año de 2017 el Museo ABC de Madrid organizó una amplia exposición de su obra donde pudimos admirar su maestría. También publicó entonces su imprescindible y revelador La ventana de atrás: desmemorias de un dibujante, editado por Treseditores. Su bibliografía incluye una veintena larga de obras, varias de ellas fruto de la estrecha colaboración con el escritor Ignacio Carrión y referidas a ciudades como Moscú, Nueva York, Madrid, la costa gaditana, la Ruta de la Plata o el Camino de Santiago. Ilustró asimismo unas muy divertidas Coplas de la decadencia española: contubernios y cachondeos (España 1814-1989), con textos de Ángel Rodríguez Valdés, y una edición de Poeta en Nueva York, de García Lorca. 

De forma inexplicable, su fallecimiento apenas ha tenido eco en los medios, aunque tales ‘descuidos’, lamentablemente, van siendo un ejercicio de olvido habitual en nuestra civilización hiperconectada. 




viernes, 14 de junio de 2024

Simone Porter



(Al filo de los días). Hace fechas (!) que me viene rondando la música y la figura de Simone Porter. De modo que he de darles cauce. Y dejarme llevar. Y aprovecho para comentar que ayer tuvimos unos cuantos afortunados de todos los sexos el privilegio de asistir, en el salón de musas del Ateneo de Madrid, al estreno mundial del último acto de lo que, en su día, será la ópera que sobre el Ulysses de Joyce prepara el compositor Pablo Halffter. Aún lo estoy asimilando. Y lo que sea sonará.


El Ortega + el Faemino + el Cansado


(En voz alta). Dos por uno (y más). En plan descubrimientos del pasado y regreso al futuro (entiéndaseme), si aún no conocen los programas de La Mitad Invisible del Ortega (este es el grande), ya están tardando. Y de Faemino y Cansado, qué decir. ¿Los últimos grandes de una forma de hacer humor más allá del absurdo y más acá? Nunca he olvidado el día luminoso, allá por el 88 del pasado milenio en su último siglo, cuando los descubrí frente al estanque del Retiro representando en un banco el número del Yellow Taxi. En Niuyor, por supuesto. ¿Alguien se acuerda?

domingo, 9 de junio de 2024

REINVERTARSE (la Palestra)

 (La Palestra)

A poco que uno lo piense, sin dejarse llevar por la atracción irresistible que las trampas de la razón nos tienden a cada paso, la ardua tarea cotidiana en tiempos como los nuestros, tan movedizos y fugaces, es la de reinventarse. No se trata ya solo de que sea preciso encontrarle el búsilis a la vieja conseja de que “cada día tiene su afán”, sino que, mendigos de la atención como más o menos vamos ya siendo todos y a todas horas, el verdadero desafío del presente consiste, más que nada, en no sucumbir a las mil y una añagazas que las nuevas formas de relacionarnos —cada vez más impersonales pero también más fáciles, más raudas, más precoces y hasta procaces— propician, para así tener alguna oportunidad de evitar la terrible caída en el ojo del maelstrom que de continuo se cierne sobre nosotros.
Puestas así las cosas, y mientras vamos tratando de asumir el sentido propicio de las nuevas maneras, reinventarse es quizás la única ventana que no podemos dejar de abrir —en nuestra mente— cada vez que también abrimos los ojos a un nuevo día. La tarea tiene mayor dificultad por cuanto, junto a las innovaciones que no cesan de exigirnos nuevos aprendizajes, la realidad está comenzando a ser transformada, gracias al punzón acuciante de algunas de esas innovaciones, en una especie de calcetín reversible o manga pastelera de ancho buche cuyos interiores y escondrijos también pueden ser, y de hecho son, fuente de novedades sin cuento, de modo tal que lo que creíamos que era el pasado y cuanto teníamos por seguro que sabíamos de él —ser y conocer— fluyen ahora en permanente cambio.
Y todo ello, oye, exige de las huestes de nuestras neuronas un esfuerzo verdaderamente atroz y un temple asaz inconmensurable, imprescindibles ambos para que eso que llamamos “lo que ocurre” no nos atrape en su turbión y acabemos dando vueltas en la masa informe de lo irrelevante, disueltas al fin nuestras almas como miserables terroncillos de azúcar. No vaya a ser que el turbión de los días nos molture de modo y manera tan infames que solo seamos capaces de conmovernos cuando nos cruzamos por la calle con un perro salchicha juguetón y, preguntada su dueña por la gracia del chucho, nos responde: «Píxel, se llama Píxel».
Y luego le pedimos a cualquier ChatGTP al uso que nos diga, en unas pocas líneas, qué lección debemos o podemos extraer de aquello.
E incluso nos responde.