Al volver sobre sus pasos, el exorcista comprendió que se enfrentaba a un demonio duro de oído. No reaccionaba ante ninguno de sus ensalmos, permanecía indiferente al signo de la cruz y ni siquiera lo insultaba. El viejo sacerdote estaba a punto de quitarse la estola y recoger el acetre cuando, súbitamente inspirado, recuperó su posición de ataque y, mientras hisopaba con firmeza, profirió la fórmula que años atrás había copiado de un antiguo Liber Ritualis, quizás del intitulado Si Nummi Immunis, que se guarda en una biblioteca del Sacromonte. El conjuro fue tan eficaz que, antes de pronunciarlo por tercera vez, el poseso ya había vomitando sobre el piso una sustancia humeante y espesa. Se veían en ella, enfilados a modo de cuentas de un rosario, hasta veinte o treinta insectos fusiformes de buen tamaño, peludos y negros como el corazón de la noche, a no ser por el revuelo de diminutos puntos rojos que fosforescían en sus extremidades.
martes, 28 de mayo de 2013
lunes, 27 de mayo de 2013
Adiós, San Mamés, adiós
Su nombre, que a veces llegó a parecerme un chiste, entró en mi cabeza de niño con un color semejante al que podían tener los lugares míticos de la aventura, qué sé yo, Samarcanda o Pernambuco, El Dorado o Kansas City. San Mamés era el escenario en que el cancerbero (esta palabra era ya una varita mágica) Iríbar, también conocido como «El Chopo», y un espigado muchachote de mentón anguloso y prodigiosa zurda llamado Fidel Uriarte, siempre con el 10 a la espalda, escribían tardes de gloria (algunas) y de decepción (se olvidaban pronto) al otro lado de la radio, en las largas horas de los domingos de los años sesenta. A veces sobre el rulo de granito situado en el patio de la vieja casa familiar, en Talavera. Otras (las más), junto a las piedras doradas del colegio-seminario de San Agustín, en Salamanca, frente a los extensos y fríos campos de la calva Armuña.
¿Qué tendrá el ir y venir de la pelotita que es capaz de atraparnos hasta extremos tan insospechados? En una ocasión le oí a un amigo hacerse esta pregunta mientras peloteaba con su hijo pequeño. Y la respuesta era sólo un nuevo movimiento del balón. El fútbol, igual que cualquier deporte, se explica por sí solo, es porque sí, pasión no más. Otra cosa será todo lo que después se le adhiera o se edifique a su costa, lo que se manipule o se pretenda desviar, la mezcla de esa pasión con otras bajas pasiones, etc.
Pero el deporte, y en concreto el fútbol, es también el territorio sobre el que se levanta una colección de nombres que enseguida alcanzan el estatus de lo cuasisagrado. Son, obviamente, las letanías de alineaciones (otro amigo siempre se equivocaba, tal vez a propósito: alienaciones) que aún recordamos igual que el viejo padrenuestro: Carmelo, Orúe, Garay, Canito... O los tecnicismos aprendidos en las crónicas y comentarios: orsay, córner, ariete, cuero, golpe franco, elástica, zamarra... Sin olvidar aquellas frases que eran verdaderos sortilegios capaces de situarnos en la posición teórica del medio volante...
Y de fútbol puro es el nombre de ese santo que nunca habíamos visto en el santoral, y al que siempre imaginamos tocado con una txapela y con melena y cola de león, tal como se ha caricaturizado tantas veces.
Ayer se disputó él último partido de fútbol en el estadio de San Mamés. Un rapto de optimismo me llevó a pensar que por fin podía declarar clausurada mi infancia. Y que se joda Peter Pan.
domingo, 26 de mayo de 2013
sábado, 25 de mayo de 2013
A la giga gígala...
| Rolf Lidberg, La giga. Imagen tomada de aquí. |
viernes, 24 de mayo de 2013
Saldos y delirios
Si la pegajosa entrevista de la que es imposible zafarse hubiera durado solo un par de minutos más, Aznar habría vuelto a hablar en chicano e incluso hubiera rematado con algo muy parecido a aquel impagable «estamos trabajando en ello», que tanto juego ha dado en los programas de humor de los últimos años.
Y es que esos pilares de la sabiduría aznárica (ya saben, «MI Responsabilidad, MI Conciencia, Mi Partido, Mi País») con que concluyó su intervención ya estaban siendo pronunciados con un curioso énfasis que, dentro de los registros dramáticos del personaje (casi todos de carácter patético), parecían a punto de engarzar con el momento culminante de su trayectoria como figura histórica y protagonista indiscutible del cómic mundial, cuando le disputó a Bush Jr, mientras ponía los pies sobre la mesa, no sé qué cualidades atléticas, al tiempo que ofrecía la sombra protectora de su bigote (por cierto, ¿qué se fizo?) para invadir Irak.
La reaparición de Aznar, que muchos describen con acertadas metáforas draculinas, a mí me produjo un curioso bucle en la memoria: a medida que avanzaba la entrevista, sobre la imagen del suegro de Agag se iban superponiendo los rasgos físicos de Carlos Arias Navarro, el último presidente del franquismo. El efecto fue tan feroz que por un momento pensé que el entrevistado estaba a punto de darnos la noticia de la muerte de Franco, con jipidillo de mocos incluido, para a continuación, como en una mala película de zombis, anunciar no solo que había resucitado sino que era ÉL.
En fin, mejor no dar ideas, porque las cosas se están poniendo de un color tan lagarto, lagarto que hasta podría ocurrir (¡vade retro!) que la historia de España de los últimos 40 años (desde el 75 para acá) apareciera resumida en los futuros libros de texto bajo un epígrafe rotundo: «De Saldos Arias a Delirios Aznar».
Imagen superior: españolitos intemporales sorprendidos por las declaraciones de Aznar mientras hacen sus compras.
Cortesía de aquí.
jueves, 23 de mayo de 2013
Adiós, extranjero
Georges Moustaki, que ahora ya ha hecho eterna su prodigiosa condición de métèque, es uno de esos grandes mitos, como Brel, Brassens, Ferré, Gainsbourg o el indomable Boris Vian, sin olvidar a Aznavour y a tantos otros, que formaron el olimpo más querido de una generación para la que el francés (aún no sabíamos nada de los Beatles) fue la primera puerta a través de la cual pudimos descubrir que el mundo tenía otros muchos nombres. Y que la de extranjeros era, probablemente, nuestra condición natural.
La próxima vez que vaya al Friends, nuestro pub favorito, le pediré a Francis que me ponga una Leffe. Por pura casualidad, otra, nos aficionamos (moderadamente) a ella desde aquel día.
miércoles, 22 de mayo de 2013
100.001 palíndromos
Todos los amantes de los juegos verbales, a los que en la Posada somos tan aficionados, se alegrarán de saber que Víctor Carbajo, gran músico y admirable verbívoro, acaba de hacer pública una nueva edición de su magna recopilación de palíndromos en español, obra que con justicia puede ser considerada como la biblia de la especialidad.
Si la edición anterior, que recopilaba 82.228 frases de ida y vuelta, ya parecía un reto difícil de superar, la nueva entrega ofrece nada menos que 100.001 Palíndromos Españoles, de los que más de la mitad (60.202) son obra del propio Carbajo. El resto lleva la firma de otros 414 + 1 autores, incluido el prolífico Anónimo (que firma como XXX). En una tarea de recopilación y ordenación tan titánica, cabe pensar que pueda existir más de una polémica respecto a quién llegó primero, y por qué caminos, a algunos logros. Es esta, sin embargo, una cuestión de menor calado: los palíndromos, y en especial las piezas más admirables, son entidades con conciencia propia que solo se aparecen donde y cuando les parece. Aunque, eso sí, para atraparlos es necesario que el presunto cazador esté bien atento y a ser posible con lápiz y papel a mano.
La nueva edición, que como las anteriores se ofrece en forma de libro electrónico de libre descarga, muy bien ordenado y navegable, con sus 1.731 páginas alcanza una cifra de palíndromos que une a la perfección simétrica de sus guarismos una alusión visible al lenguaje máquina prototípico, a base de ceros y unos. Quién sabe si el autor y recopilador no estará insinuando que a partir de aquí el testigo debería pasar a manos de un ente programable capaz de manejar, contabilizar y ordenar los nuevos hallazgos en la terra incógnita de todos los palíndromos posibles, quizás hasta alcanzar primero la frontera de 2.001.002. Y luego, cómo no, hasta el infinito y más... etcétera.
En ese escenario se abre ya una especie de dimensión cuántica del arte verbal reversible y tal vez haya que esperar a la puesta a punto de más poderosas máquinas (algo así como un gran acelerador de partículas verbales) para ver si, al igual que en las investigaciones punteras de la física, también aquí encontramos (y nunca mejor dicho) la palabra del dios, el balbuceo inicial provisto de sentido, el alfa y omega unificados de la lengua resuelta.
Como le he dicho a Víctor Carbajo en el correo en que le agradecía su aviso, aunque la mayoría de estos artefactos (y sobre todo los de mayor extensión) tienen más que nada la belleza de viejas máquinas algo averiadas, a las que parece imposible hacer funcionar sin atascos, otras muchas tal vez puedan verse como la plasmación, en el terreno lingüístico, de algo similar a ese concepto central de la física cuántica que los teóricos llaman supersimetría. Aunque sea solo en un orden metafórico (¿pero en cuál si no?), no me negarán que los paralelismos son seductores.
Como siempre que me aproximo al mundo ludoverbal, se me impone el recuerdo del maestro Filloy, bien representado por cierto en la obra. No me cabe duda de que mirará complacido esta nueva hazaña desde su OnicraKarcino, algo así como el Elíseo con el que todos los gustadores de estas delicadezas sueñan alguna vez. Y sé que desde allí se unirá al brindis en honor de una hazaña que hace del 21 de mayo de 2013 un día memorable en el calendario de los Grandes Juegos, y en concreto de estos viejos retos en los rumbos de la mirada que nos incitan a volver una y otra vez sobre nuestras huellas, acaso como una forma divertida e inexorable de intentar encontrar el camino de regreso a casa.
¡¡Arriba la birra!!
martes, 21 de mayo de 2013
Próxima estación: ¿esperanza?
Aunque hoy no con mi propios ojos, otras muchas veces he visto y oído la escena en el metro de Madrid, en la línea 4, justo en ese tramo en el que Manu Chao se inspiró para titular una canción y un disco completo que, pese a estar lleno de infinita tristeza, ahora nos puede llegar a parecer el colmo del optimismo. Nadie sabe hacia dónde se dirige este convoy lleno de gente joven que exhibe, con gracia y un indisimulado hartazgo a punto de desbordarse, las líneas maestras de sus CV.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Edipo lo pide
Al volver sobre sus pasos se dio cuenta de que también había desaparecido la Sombra.
--Llévame dentro --le dijo a su hija.
Fue entonces cuando les hice la foto.
martes, 14 de mayo de 2013
Palabras en trance
Acaba de llegar a las librerías El escritor de anuncios, una novela del gran maestro de la publicidad Miguel Ángel Furones. No es su primera incursión en la literatura, pero sí parece su apuesta más arriesgada. Y, como no cabía esperar menos, se ha lanzado con una campaña publicitaria de gran calidad, uno de cuyos señuelos principales es este vídeo, a modo de tráiler. La obra coincide en el tiempo (supongo que por puro azar) con el anuncio del estreno de Letris, un nuevo concurso de TVE presentado por Carlos Latre. En uno y otro caso, lo que está en danza son las palabras. Y hasta es posible que alguna entre en trance. Sin tretas, sin trampas, sin trucos. O con ellos.
viernes, 10 de mayo de 2013
Monaguillo antes que santo (inocente)
Es un papel casi insignificante (Monaguillo 1) en una película enorme (El verdugo). Y sería exagerado suponer que ya estaba ahí quien después daría presencia inolvidable a Paco el Bajo, el más dolorido de Los santos inocentes, o a Malvís, el Bandido Fendestas, uno de los singulares habitantes de El bosque animado, por citar solo a dos de los personajes que con mayor precisión recuerdo de una filmografía que recorre toda mi vida como espectador. Y de la que también forman parte unos cuantos títulos de aquellos «productos del cine hispano» a los que se debe que la expresión landismo acabara dando nombre a una imagen tan tópica como patética del macho ibérico en la pantalla (que tal vez se hubiera podido llamar también lopezvasquismo, aunque no fue así).
Pero si nos fijamos un poco en las "maneras" de este Monaguillo fugaz de la gran película de Berlanga (en una secuencia, por otra parte, genial), resulta indudable que ahí ya está presente un estilo, una gestualidad, una manera de mostrarse ante la cámara que anticipan las mejores virtudes interpretativas del gran actor que ha sido (es: el cine tal vez ofrezca el pasaporte más seguro hacia algún tipo de eternidad) mi tocayo Alfredo Landa, fallecido ayer.
De los numerosos artículos y necrológicas que hoy le dedican todos los medios, me parece destacable el firmado por el escritor y crítico Marcos Ordóñez, que además ha sido su biógrafo. Puede leerse pinchando aquí. El retrato que nos ofrece del actor no olvida al hombre y, además de contener algunas anécdotas reveladoras (como la referida a la preparación del papel de Sancho Panza), es de una cercanía emocionante.
Descanse en paz quien nos ha proporcionado, y lo seguirá haciendo, tantas horas de diversión y muchos momentos de goce artístico.
Pero si nos fijamos un poco en las "maneras" de este Monaguillo fugaz de la gran película de Berlanga (en una secuencia, por otra parte, genial), resulta indudable que ahí ya está presente un estilo, una gestualidad, una manera de mostrarse ante la cámara que anticipan las mejores virtudes interpretativas del gran actor que ha sido (es: el cine tal vez ofrezca el pasaporte más seguro hacia algún tipo de eternidad) mi tocayo Alfredo Landa, fallecido ayer.
De los numerosos artículos y necrológicas que hoy le dedican todos los medios, me parece destacable el firmado por el escritor y crítico Marcos Ordóñez, que además ha sido su biógrafo. Puede leerse pinchando aquí. El retrato que nos ofrece del actor no olvida al hombre y, además de contener algunas anécdotas reveladoras (como la referida a la preparación del papel de Sancho Panza), es de una cercanía emocionante.
Descanse en paz quien nos ha proporcionado, y lo seguirá haciendo, tantas horas de diversión y muchos momentos de goce artístico.
jueves, 9 de mayo de 2013
Intersecciones
(Para una tarde "rara" de mayo)
Leer muy despacio los Adagia de Stevens mientras suenan, en este orden o a la inversa, el Adagio in G Minor de Albinoni y el Réquiem de Ligeti. Recordar fugazmente los fotogramas que una y otra música llevan adheridos. Someterlos a la lógica del pensamiento de Stevens, contemplarlos a la luz de su intuición. En las bifurcaciones, respirar hondo y procurar no pensar en nada. O solamente en la cláusula [161]:
The eye sees less than the tongue says.
The tongue says less than the mind thinks.
Imagen: Descensión (detalle), de James Alridge (2009). Tomada del blog Las arañas de Sibila.
martes, 7 de mayo de 2013
Indicios vehementes
Poner en blanco los espesos sueños
al despertar de cada día Alzarse
como palmera de presencia indócil
entre la terquedad y la codicia
Darse de todo --menos cuenta Hacerse
como abalorio que se cruza y ata
en su terror menudo y aún salvaje
una gregaria confusión de sombras
Y empeñarse
sobre el costado azul de la intemperie
en no decir de forma que conduzca
al mismo y cálido y espirituoso
lugar común:
rincón de las polillas,
bostezo soberano,
seno de la nostalgia o humo innoble
donde... qué sabes tú que así te jactas!
Son solo vidrios, cintas de colores,
brillos tardíos de la tarde,
indicios
de una impostura que no tiene fin.
Fotografías © AJR, 2011
**********************
Indicios vehementes es el expresivo título que Ana Rossetti puso al libro (1985) que la confirnó como la poeta con mejor dominio de los motivos eróticos, entre todas las «diosas blancas» de entonces. En lo que recuerdo, fue ella la que abrió en nuestra poesía de fin de siglo un camino de cálida imaginería claramente sexual, que ha sido transitado después con desigual fortuna. Nada más escuchar esta tarde que la Audiencia de Palma no ha encontrado «indicios vehementes... de que la Infanta [Cristina] conociera, se concertase, ni participase activa u omisivamente en el presunto plan criminal urdido por su marido y su socio Diego Torres, tendente a cometer un fraude a la Administración con ocasión de los contratos de colaboración a que se contrae la presente causa, ni a través de ellos a apropiarse ilícitamente de fondos públicos» (perdón por la larga cita), me he acordado con vehemencia nominal de aquel libro. En el cruce de caminos que es cada día, hoy se han juntado el poema que incluyo arriba, que fue escrito hace ya algunas semanas y del que nunca sospeché que acabaría titulándose así, y el eco e hilo de una expresión que, entre otros impulsos apenas resistibles, me han llevado a leerme integro el citado auto de la Audiencia de Palma. Toda una audacia, de 61 largos folios de duración, que no les recomiendo, a no ser que quieran opinar con conocimiento de causa sobre el asunto o, en su defecto, sean amigos de los funambulismos verbales capaces de sostener una cosa y la contraria en el mismo alambre (o línea). Menos mal que ahí están, entre otras posibles alternativas, los poemas de la Rossetti, hoy convocados en extraña compañía, para desquitarnos de tanta prosa leguleya.
domingo, 5 de mayo de 2013
Átomos, toma a toma
Un niño y su átomo es una película animada de IBM protagonizada por átomos actores. La empresa lo presenta como «la película más pequeña del mundo». Fue rodado con la ayuda de microscopios de gran potencia que muestran los movimientos de los átomos ampliados cien millones de veces. El dispositivo de filmación utiliza una aguja muy fina sobre una superficie de cobre para atraer o repeler a los átomos y las moléculas y captarlos en una ubicación determinada para así componer los dibujos. El resultado es esta especie de juego de la pelota que en algunos momentos, sobre todo hacia la mitad, tanto recuerda a aquellas pioneras máquinas de ping-pong (o de tenis, según la imaginación o preferencias de cada cual), lentas como viejas caravanas del Oeste, pero también fascinantes heraldos del despliegue tecnológico en el que hoy vivimos. Pura arqueología informática, sin duda. Alguien ha saludado el corto como una especie de tráiler del llamado ordenador cuántico, esa frontera con lo infinitesimal y más allá que, al parecer, está a punto de cruzarse.
Tratándose de la empresa de que se trata, es inevitable acordarse de aquella criatura mítica de la robótica y el cine, HAL 9000, el robot controlador, díscolo y sentimental de 2001: una odisea del espacio al que IBM dio no sólo nombre (por el simple desplazamiento hacia atrás de las letras I, B y M en el abecedario) sino también el recuerdo más antiguo: la estremecedora canción Daisy con la que se le quebraban la voz y la existencia. Ya lo comentamos aquí.
Entre varios cruces de caminos, y aprovechando que la palabra átomo está llena de sugerencias combinatorias, algunas en extrema consonancia con la peliculita, aquí dejo este palíndromo precipitado en la redoma verbal como un fruto del invierno que, por fin, parece alejarse...
LA HELADA TOMA ÁTOMO MOTA A MOTA: ¡DALE HAL!
[RAA, 9:33, Palíndromos ilustrados, 19]
jueves, 2 de mayo de 2013
Évole lo ve
| Juan Cotino y Jordi Évole durante un momento del programa. |
Me lo había perdido, pero las repetidas alertas que sobre él he recibido (Lindo, Trueba, Vertele) me han llevado a localizarlo en la red. Me refiero al último programa de Salvados, («Los olvidados») emitido en La Sexta el pasado 28 de abril (2013), un reportaje sobre el trágico accidente del metro de Valencia que en julio de 2006 costó la vida a 43 personas. Es un trabajo realizado con su habitual solvencia y claridad por Jordi Évole y su equipo, a quienes probablemente se deba la mejor televisión informativa que puede verse en nuestras múltiples pantallas, casi la única en los canales convencionales. Me parece un aldabonazo periodístico de tal calidad que no me resisto a colgarlo, por si alguno de los huéspedes o visitantes de esta página aún no lo ha visto. En efecto, ÉVOLE LO VE (hay nombres que son un destino) y lo cuenta, lo pone delante de nuestros ojos olvidadizos, con su estilo sencillo, incisivo, inteligente. En medio del telegriterío ambiental, nadie maneja como él los silencios. Los suyos y los ajenos, como demuestran de modo clamoroso los últimos minutos del vídeo, en verdad estremecedores.Y sus denuncias, en los tiempos que corren, son también ejercicios de resistencia social, y con efectos reales inmediatos. Por muchos motivos debemos darle las gracias.
[RAA, 3:9. Palíndromos ilustrados, 18]
martes, 30 de abril de 2013
A veces, el espejo...
Me llega al buzón, desconozco por qué razones, una lista de recomendación de vídeos de YouTube encabezada por el que figura sobre estas líneas. Me ha sacado una sonrisa e incluso ha hecho que me levante a beber un vaso de agua. No era de la marca anunciada (ni de ninguna otra: bebo en Madrid), pero lo merecía. En el fondo, por cosas como éstas seguimos queriendo tanto a la publicidad. Buenas tardes.
lunes, 29 de abril de 2013
La danza del Sol
Que esa bola amarillenta y peluda, llena de sombras movedizas y destellos de árbol de navidad, sea la responsable de todo (y cuando digo todo quiero decir TODO), es en verdad fascinante. El espectacular vídeo del canal Youtube de la NASA, que estos días han colgado en sus webs muchos periódicos, muestra la vida del Sol durante tres años comprimida en tres minutos. Es una especie de haiku revelador: tiene la virtud de mostrarnos lo extraordinario de lo que somos. ¿Y qué somos? Ja, ja, vaya preguntita. ¡A ver si ahora nos vamos a poner serios, con el frío que hace y el sol tan vago que nos ha tocado en suerte en este final de abril...! Cómo estarán las cosas que hasta el astro rey parece haberse unido a la cola del paro. Pero disfrutemos, mientra dure, su danza.
La música es de Martin Lass: A Lady's Errand of Love.
sábado, 27 de abril de 2013
Dalí, aquel deslumbramiento
Qué descomunales, atractivas, revulsivas, removedoras, inconfundibles y, finalmente, repetidas, pesadas y hasta empalagosas la figura y la obra de Salvador Dalí. El artista vuelve al fervor teledirigido de los museos, con toda su inacabable parafernalia, su portentosa creatividad, sus trucos, sus leyendas dolorosas y sus felonías apenas disimuladas. Todo convertido ya en objeto de esa devoción masiva que se adora a sí misma en el espejo de las multitudes. Qué genial. Qué aburrimiento. Qué déjà vue. Menos mal que ya estábamos sobreaviso.
Dalí, en mi infancia (escribiría «nuestra», pero cómo saberlo), allá por los años finales de los sesenta, era sobre todo un divertimento exótico que aparecía a menudo en la televisión única y blanquinegra parloteando de una forma rara, enfática, silabeadora. Un pasto fácil de imitadores de voces y caricatos: junto a Félix Rodríguez de la Fuente y el gran Alfonso Sánchez, que nos enseñó a ver cine, tal vez el personaje más imitado.
Era también un proveedor habitual de anécdotas risibles e ingeniosas, muchas de ellas con Picasso como punto de contradicción. Y, como supe finalmente, era un pintor prodigioso: el ejemplo más claro de lo que empezábamos a estudiar en los libros del bachillerato como surrealismo y que, entre otras virtualidades, tenía la de proporcionarmos nombres para sensaciones o ideas que sentíamos de forma brumosa, sin que cupieran dentro del orden del mundo asumido hasta entonces. Y que, en más de una ocasión, lo ponían patas arriba.
Dalí fue, en lo que consigo recordar, el payaso más divertido y deslumbrante del final de mi infancia y uno de los héroes de mi adolescencia, siempre ligado, en una y otra, a la presencia de un compañero de internado que lo admiraba como a un dios y, además, era capaz de imitar razonablemente sus delirios pictóricos, ese infinito bucle de imágenes capaces de alojar en su interior mundos que parecen surgidos de un planeta errante o de una mirada al interior del espejo, tal vez al fondo doblado de uno mismo, si uno pudiera mirarse así.
Muchos años después, ya con la juventud bien avanzada, descubrí al Dalí escritor, otro deslumbramiento, aunque de naturaleza menos ingenua. Pero con la fuerza suficiente para admirar, en la poliédrica personalidad de un artista superdotado, su indudable don poético. Una forma de escritura también llena de imágenes, aunque mucho más contenida, más concentrada, incluso más esencial. Creo que a veces se exagera contraponiendo al Dalí escritor con el pintor, para exaltar al primero en detrimento del segundo. Sin embargo, no es extraño que, pasada la edad en la que son comprensibles y hasta saludables los excesos, uno acabe prefiriendo la potencia de sus imágenes verbales a la fuerza algo hercúlea, exhibicionista, de sus cuadros.
Uno de los primeros poemas que escribí «en serio» (o eso creía entonces, hacia 1971), un soneto, tenía como tema el famoso Cristo de Dalí (Cristo de San Juan de la Cruz es su título exacto). Aún lo recuerdo de memoria. Dice así:
En la mueca de un sol despavorido
se recuesta tu pena de esperanza
y tu lecho de hollín busca alianza
entre sombras, papel, leño y olvido.
Cortas rectas de eje ennegrecido
por la curva del miembro que se alcanza.
Cuatro conos de carne son la lanza
que te inserta en el prisma derretido.
De jirones rebeldes y espesura
se corona tu pelo, sol oscuro
insipiente del cerco de la sierra.
Si tu reino se encuentra ya en la altura,
entre espejos de amor –triángulo puro–,
¿por qué inclinas tu rostro hacia la tierra?
viernes, 26 de abril de 2013
Frases
| Vuelo al atardecer. Mar Menor. © AJR, 2012 |
Frases cazadas al azar.
Trampas calculadas de la supervivencia.
Vivimos tiempos heroicos.
También los héroes tienen hocico.
Nunca creímos que las cosas pudieran ser así.
La gracia del hipérbaton.
Esas palabras que se desaniman.
Los círculos viciosos apenas transitivos.
El día espléndido que se esconde entre los setos.
Esta familiar sensación de extrañeza.
El eco deforme de la isla en sombras.
De qué sirve un sentimiento roto.
Y en el sentimiento, quién miente?
Por qué son tan voraces las palabras?
Es posible mirar del otro lado.
Nadie puede ponerse en lugar del otro.
No somos nadie.
El cielo pesa lo justo.
No hay neuronas para todo.
Espera a ver los disparates lógicos.
Rescata la colisión de nombres, ponte a salvo.
Pon a prueba tus ojos.
Admira pero no te confíes.
Confía en tu instinto.
Déjate llevar.
Nunca es tarde para el baile.
Pero que nadie te quite la canción.
Ni tú mismo.
miércoles, 24 de abril de 2013
Sombras y sospechas
| Peridis en El País, 24/04/2013 |
(Dados dísticos)
La más mínima sombra de sospecha
sospecha de la más mínima sombra.
Sombra de la más sospecha mínima
la mínima sospecha de más sombra.
más sospecha de mínima la sombra.
Más mínima de sombra la sospecha
sospecha más de la mínima sombra.
De más sombra la mínima sospecha
la sombra de más sospecha mínima.
Sospecha la de sombra más mínima
más sospecha de la mínima sombra.
Etc.
Esta tirada de dados por parejas, con un toque de sudoku verbal, surgió por causalidad a partir de una frase del auto (pág. 14, linea 25) por el que el juez José Castro imputó a la infanta Cristina en el llamado «caso Nóos», más conocido en ámbitos ludoverbales como el de «Yerno con rey». Los matices que van de una jugada a otra, aunque ensombrecidos por la fatiga mental que impone el hecho de que sean solo seis caras (palabras) en danza, tal vez contengan aspectos no banales de lo que este escándalo está suponiendo en la percepción de la realidad española. O, para ser más exactos, de la telerrealidad que ya ocupa casi todo el escenario.
martes, 23 de abril de 2013
Expaña
Durante mucho tiempo, cuando su nombre estaba secuestrado y vestido de azul entre plumas aguiluchas, era frecuente reemplazar la palabra España por eufemismos del estilo «el estado» o, sobre todo, «este país». La fórmula tuvo tanto éxito que incluso dio pie a una frase no menos célebre: «este país antes llamado España». O «Expaña», como a veces escribíamos algunos, con prefijo privativo, aunque de muy diversa intención, para abreviar sin perder el efecto. El carajal autonómico, con su proliferación de «solares patrios» de nuevo cuño, también produjo cierta incomodidad en el uso del nombre, incluso en vastas extensiones de ambas mesetas y hasta en la raya de los Montes Obarenes y en los puertos cántabros. Un barullo que vino a sumarse al ya existente en ciertos sectores de las llamadas nacionalidades históricas, donde decir España era (y es) la forma más precisa de mentar a la bicha. Total que, por causas de toda laya y un sinfín de reflejos o tics de espuria condición, el de este país era más bien un nombre en entredicho y hasta ninguneado. Tal vez solo las recientes victorias del deporte español, y en especial del fútbol, consiguieron extender entre el común de la población el uso normal de la palabra España sin necesidad de acudir a explicaciones vergonzantes o al disimulo de un rastro de furia blanquecina en los belfos. Aunque, eso sí, muchas veces a costa de que la expresión fuera envuelta en frenesíes pintorescos, como la matraca esa del «yo soy español, ejpañol, espanyol, ezpañó», que se ha convertido en el grito tribal de las hinchadas de todos los deportes en que compite alguna selección española, o, sin ir más lejos (y aunque se mosquee Mourinho), el Real Madrid. Pero ahora resulta que todo esa controversia nominal y esa purga o decantación de sentimientos en torno a la vieja «piel de toro» (otro capotazo) no tienen ninguna razón de ser. «España es una marca», dice el ministro de Asuntos Exteriores y de Márquetin. Y lo repite el de Administraciones Públicas y Ventas Diversas. Y hasta se le cuela al contradictorio presidente Rajoy («tampoco rajo hoy») por alguna burbuja del plasma en el que parece vivir. Así que, mientras canturreo para mis adentros la vieja canción del colacao (quizás porque me siento, si no como aquel negrito, sí como un simple bote colocado en el estante de una tienda de ultramarinos), trato de conjurar el exceso de asombro y la parca pesadumbre tanteando un palíndromo tan laborioso como acaso revelador. Hélo aquí:
La mar(aba)ca España, ¡coño!, ¡caña!, psé..., ac(aba)rá mal
[RAA, 8:37 Palíndromos ilustrados, 16]
Reconozco que el espejo tiene algunos desconchones, pero tratándose de un asunto tan atrozmente viejo, no es extraño que el azogue zigzaguee un poco, sin duda por exceso de polvo y herrumbre. Con todo, dejo en manos de las seguras dotes teatrales del lector la entonación, los gestos y hasta los dobles o triples sentidos (incluidos los de los forzosos pero intencionados paréntesis) con que puede escanciarse la frase capicúa. Y para acompañar a esa «marca España» en la que al parecer se cifra hoy nuestra condición de país, ofrezco este curioso eslogan, también capicúa, desdoblado del pertinente anuncio que encabeza estas líneas:
¡Soborne en robos!
[RAA, 3:14 Palíndromos ilustrados, 17]
Por cierto, sobornar en robos ¿no es un nombre apropiado para eso que suele llamarse «financiación irregular de los partidos»?
Imagen superior, de Cuatrolunas, tomada de aquí.
lunes, 22 de abril de 2013
Flechas de abril
Abril (¡ay, Mr Eliot!)
¿El más cruel?
La memoria qué dice
sino el deseo.
Día 15 (casi palíndromo)
Abril sonríe
y al verse en el espejo
reír nos libra.
Día 22 (in memoriam)
Sobre el estanque
de la noche de abril
nadan dos sombras.
Cuando se miran
dibujan sobre el agua
un corazón.
Día 23 (árbol del paraíso)
Mueven sus hojas
los frutos más tempranos:
libros de abril.
Fotografía (c) Xurde Radío
lunes, 15 de abril de 2013
«No hay una historia más grande que la nuestra...»
Entre los muchos momentos inspirados que componen El cielo sobre Berlín (1987), de algunos de los cuales ya hemos hablado aquí, uno de los más emocionantes es esta declaración de amor que Marion (Solveig Donmmartin), la hermosa trapecista, le hace a Damiel (Bruno Ganz), el ángel por fin encarnado.
Es, en cierto modo, un escena de anunciación en la que se han intercambiado los papeles. Con palabras de gran belleza, la mujer le revela al exángel (más aturdido que alertado, torpe y envarado, aunque finalmente alegre) que ha decidido tomarse en serio el amor y que él es el hombre con el que quiere compartir su vida.
En alguna parte he leído que algunas parejas utilizan algunas de estas frases, salidas de la pluma de Peter Handke, para darle emoción a las bodas civiles, más allá de la frialdad de las palabras contractuales y de la asepsia, cuando no torpeza, municipal. No sé si es cierto o no.
Aunque nada en esta declaración, lúcida a la par que sonámbula, permita suponer el yugo del matrimonio (o, para ser más preciso, el matrimonio como yugo), no me parece una mala elección. Es una forma de poner la vida comprometida en pareja bajo las alas de la libre complicidad. Y al amparo de «la luna nueva de la decisión», algo así como un acto de voluntad capaz de marcar el rumbo del destino.
«No sé si el destino existe, pero existe la decisión», dice también Marion en el momento central de su intenso monólogo. Y añade, con el convencimiento acaso ingenuo pero determinante que todas las parejas enamoradas tienen alguna vez: «No hay una historia más grande que la nuestra». Una forma de subrayar que el amor es la fuerza que transfigura la realidad, tal vez lo único que puede hacerla de verdad real, darle sentido.
Hoy, 15 de abril y 25 años después de un suceso personal de esta naturaleza, es un día apropiado para recordarlo.
domingo, 7 de abril de 2013
Blancos
solo el poema
puede decirte
lo que no sabes
esa es la ciencia
seguir el rastro
de una palabra
aún no nacida
que se presiente
como un chasquido
un rumor leve
entre los pliegues
de la mañana
bola de aire
que va, que viene
que viene y va
marcando un surco
desde el cerebro
al corazón
y luego vuelve
del corazón
hacia el cerebro
un rumor leve
entre los pliegues
de la hora tercia
mientras prosigue
el traqueteo
del tren que cruza
vastas llanuras
árboles móviles
cruces al fondo
las cresterías
tal vez nevadas
de las montañas
un rumor leve
entre los pliegues
del mediodía
el dolor justo
de lo que falta
y el viejo instinto
que te conduce
hacia las grutas
en las que viven
la criaturas
aún no nacidas
y sus cenizas
un rumor leve
entre los pliegues
del meridiano
todo lo miden
polvo en la luz
estas palabras
hojas caídas
que el viento arrastra
hacia el poema...
viernes, 5 de abril de 2013
El abrazo
Vuelvo a ver por enésima vez Matar (a) un ruiseñor. Toda la película está llena de delicados momentos memorables, de un tipo de sugerencias que, en la historia del cine, solo el blanco y negro es capaz de provocar con tanta intensidad y precisión. Como si las imágenes, desprovistas de otros colores pero llenas de matices, percutieran directamente sobre una zona concreta del cerebro que acaso esté ahí desde los tiempos del fuego en la caverna. Un reducto de emoción primaria o primitiva, pura, sobre cuya persistencia, más que pensamiento o proceso racional alguno, parece estar actuando una suerte de instinto moral de la especie. La llamada inaugural de lo que tal vez seguimos considerando la esencia de lo humano, aunque sea cada vez más difícil identificarlo con exactitud en tiempos desalmados como los que vivimos. De entre las muchas imágenes sensibles de este filme prodigioso, siempre me alcanza de forma especial la secuencia del abrazo de buenas noches y clara alegría que Atticus Finch le da a Scout, su hijita (y el diminutivo es sobre todo marca de intimidad), de cuya mirada uno acaba tan enamorado como de la integridad heroica del padre (minuto 1:05 del vídeo). Ese gesto me parece el centro mismo de la inacabable ternura, belleza y valentía que recorren la película. Más allá de las palabras que explican la metáfora principal enunciada en el título, el abrazo de Atticus y Scout muestra de qué fibra está hecho el corazón del ruiseñor. Y dibuja con un trazo muy profundo los vínculos fraguados al amparo del inmenso poder de la inocencia. Hoy, cinco de abril, es un día oportuno para recordarlo.
(Para Clara)
jueves, 4 de abril de 2013
Por alusiones
Qué le vamos a hacer: uno, como el maestro Forges (qué lujo), también es del Athletic. Pero no sé si sactamente sagerao...
miércoles, 3 de abril de 2013
La realidad
El último episodio inédito de Black Mirror ha llegado a la Moncloa (perdón, a Génova). Lo llaman rueda de prensa y no lo es. No pasa de ser un busto parlante y no hay prueba alguna de que no sea un teleñeco. Lo dice bien claro: «No se trata de ocultar, ni de trivializar, etc...» Es solo televisión. La última, más refinada y olorosa forma de telebasura. Es lo que hay.
Imagen tomada de elpaís.com
martes, 2 de abril de 2013
Inundación
![]() |
| El «pantano nacional». La imagen corresponde a las inundaciones de Valladolid, pero refleja bien otras realidades que no dejan de invadirnos. Foto: César Manso (AFP) |
En el ránking de escándalos con que un día sí y otro ya te digo nos amanece cada mañana, no creo que ocupe un lugar muy destacado el de las papeleras que desde 1977 han estado amañando el precio de los sobres electorales, para repartirse el negocio a costa del erario público. Sin embargo, su poder corrosivo y desmoralizador es enorme. Significa, ni más ni menos, que la ambición de emplear en provecho propio los recursos del común no conoce límites, y hasta los medios materiales por los que se expresa la voluntad popular han sido objeto de fraude. Se habla y se escribe mucho estos días sobre la necesidad que tienen los partidos de refundarse y sobre la imprescindible regeneración de la vida política. Incluso circulan por ahí, de mano en mano, algunos manifiestos. Tal como se están poniendo las cosas, habrá que ir pensando en refundar la propia «realidad». Aunque, bien mirado, ¿no tienen la impresión de que es ella la que se va recreando sola, ajena a nuestras voluntades, a nuestra capacidad de comprensión, y que no cesa de invadirnos, de inundarnos, de arrollarnos? Qué perplejidad, la realidad, menuda papeleta. Seguro que también está trucada.
viernes, 29 de marzo de 2013
Sobre huellas ajenas
(Tres pasos)
Si tú te desvaneces
se desvanece el mundo.Cuando tú te hayas ido
no cantarán los pájaros.
No la toques ya más:
tu suerte es la extinción.
(Palabras al borde de la primavera
que sobrevuelan el viernes santo: Stabat Mater...)
que sobrevuelan el viernes santo: Stabat Mater...)
jueves, 28 de marzo de 2013
A modo de ruinas romanas
(Péplum del tránsito del jueves al viernes santo)
Música propicia para tiempos convulsos
el estruendo nos gana por la mano
se apodera en las sombras de la tarde
de la fuente que guarda los secretos.
Y mientras ruge el agua y los tambores
desangran con su voz la luz cautiva
las palabras sencillas arden arden
y vuelan hacia el cielo las pavesas
de su lenta y perpetua combustión.
Música para tiempos convulsos
nos gana por la mano
en las sombras la tarde
fuente de los secretos.
Ruge a los tambores
su voz de luz cautiva
las palabras sencillas
vuelan el cielo
de su lenta combustión.
Música convulsa
por la mano
en la tarde
y la fuente.
Los tambores
su voz
sencilla
el cielo
su combustión.
Música
por la
tarde
fuente.
Tambor
voz
sella
cielo
su son.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Canon AC
OH, CON ESA MÚSICA NACÍ: SUMAS EN OCHO
Para A.C.G, que pulsó el primer acorde.
[AJR, 8:29 - Palíndromos ilustrados, 15]
martes, 26 de marzo de 2013
Secretos de familia
En la ya veterana colección «El duende verde», de la editorial Anaya, acaba de ver la luz Los días de Castrosil, una nueva publicación de Sagrario Pinto, buena amiga de esta Posada, como bien saben muchos de sus huéspedes. Es una novela destinada al público infantil, aunque de lectura recomendable para todo aquel que quiera disfrutar con una aventura ambientada en ese tiempo legendario que son los veranos de la infancia.
Además, su acción transcurre en un enclave geográfico que, si bien tal como se nos ofrece es una invención, está claramente inspirado en algunos rincones de una remota y hermosa comarca gallega, la Ribeira Sacra, un territorio verde y frondoso situado a caballo entre las provincias de Lugo y Ourense, en torno al impresionante cañón que las aguas embalsadas del Sil dibujan en su tramo final. Dispersas por este blog hay numerosas referencias al lugar.
En una supuesta aldea de esa comarca, bautizada como Castrosil, y en casa de su peculiar abuela, va a pasar Martín, el joven protagonista de la historia, sus vacaciones, en principio contra su voluntad y sintiéndose abandonado por sus padres, que dedicarán la suyas a realizar un viaje por tierras lejanas. Y allí, al tiempo que irá descubriendo un mundo que le terminará encantando, tendrá que superar sus miedos y sus inseguridades al enfrentarse a una dramática historia familiar que desconocía. Los «días de Castrosil» acabarán siendo para él, y por motivos de diversa naturaleza, realmente inolvidables.
Las novelas de pandilla y las aventuras de verano son frecuentes en la narrativa infantil y juvenil. Sin duda tienen a su favor el interés real que esas dos palabras (pandilla, verano) evocan en la mente de cualquiera que sea o haya sido menor de edad alguna vez. Una circunstancia cuya medida o frontera tal vez pueda fijarse, más que con ningún cómputo temporal concreto, a través de la persistencia de una actitud vital: la capacidad de ver el mundo como si se estrenara cada día. Algo que realmente puede suceder en cualquier momento de nuestras vidas, aunque sepamos muy bien, por el paso del tiempo y por medio de las alertas que en su transcurso se encienden, que no siempre resulta fácil conseguirlo.
Los días de Castrosil, tanto por su trama como por su tono, se inscribe en el género de relatos de camaradería entre iguales y, a la vez, en el de los que narran sucesos que solo pueden ocurrir en ese tiempo fuera del tiempo que son las vacaciones de verano. Pero, en cierto modo, es también una novela de iniciación, ya que aborda las dificultades que implica el proceso de aprendizaje en un entorno familiar problemático (¿y cuál no lo es?), en el que algunas historias no se han contado como realmente ocurrieron o, simplemente, se mantienen ocultas. Es bien sabido que en todas las familias se guardan secretos fuera del alcance de los más pequeños por considerar que de ese modo se les libra de una carga innecesaria en el siempre difícil proceso de crecer y afrontar el mundo. Cuando esas historias ocultas salen a la luz, el mundo de quienes las desconocían se trasforma. Es lo que a lo largo de esta pequeña novela le ocurre a Martín, en un proceso del que seguramente él no es del todo consciente, aunque sí sabe identificar las «zonas de riesgo»
Ahora bien, la presencia de esos aspectos problemáticos, que en la obra son abordados con gran sutileza, sin cargar las tintas en los conflictos, pero sin recurrir tampoco a la «barra de moralina» correctora, en nada entorpece el desarrollo de una trama sencilla, fluida, provista de una dosis suficiente de intriga, bien desarrollada a través de un enigma que incluso tiene cierta vertiente detectivesca. Pero lo más destacable es que la narración está presidida por el buen humor de un punto de vista a la vez lógico, ingenuo, despierto y sensible, que es el del propio Martín, cuya voz nos cuenta la historia.
Es una voz que recrea con matices bien graduados la capacidad de fascinación ante un mundo que se le va desvelando poco a poco al protagonista, a veces a costa de tener que asumir inseguridades y temores, o de verse obligado a superar equívocos que resultan dolorosos y que a menudo lo confunden. En este sentido, la relación de Martín con su excéntrica abuela, una original, valiente y generosa mujer, constituye el verdadero eje de la historia. A mi juicio, tanto desde el punto de vista del desarrollo de la trama como en lo que se refiere a la construcción de personajes, es lo más logrado de la novela. La enérgica y resolutiva abuela enseguida conquista la simpatías del lector, sin duda mucho antes que las del propio Martín, que no parece dispuesto a perdonarle que arruinara su prometedora carrera de actor, en el divertido episodio con que se inicia el relato.
Lo cuidado del lenguaje, las descripciones paisajísticas, la evocación de viejas tradiciones y leyendas galaicas, junto con la presencia de temas de cierta actualidad (como el expolio de obras del patrimonio artístico, por ejemplo), son otros asuntos presentes en una narración que se lee con gusto e interés creciente. Y que, además, puede dar pie a entablar diálogos oportunos sobre diversas cuestiones dignas de debate, aspecto nada desdeñable desde el punto de vista escolar o familiar.
Las ilustraciones de Kike de la Rubia, a tono con su cada vez más reconocible estilo, ofrecen un valioso apoyo al texto. Por un lado, mantienen una gran fidelidad al espíritu de la obra y resultan muy convincentes en la plasmación de entornos, monumentos y personajes: es muy sugerente, por ejemplo, la recreación del Monasterio de Santa Cristina, la singular y escondida joya románica de la Sacra Ribeira. Y, por otro, si bien es cierto que a veces el artista se toma algunas libertades interpretativas (verbigracia, a la hora de componer la vegetación del entorno fluvial), hay que reconocer que, lejos de resultar chocantes, esas licencias sirven para subrayar el carácter autónomo que toda obra artística ha de tener respecto a la realidad que la inspira. El suyo es un trabajo de gran personalidad que consigue perfilar un escenario idóneo para que el relato puede crecer y desplegar sus posibilidades, sin entorpecer la libre imaginación del lector, que es al fin y al cabo el espacio privilegiado donde acaban cobrando vida, cuando lo logran, todas las historias de ficción, aunque su trasfondo sea, como es el caso, marcadamente realista.
Hay que apuntar, por último, que Los días de Castrosil, o para ser exactos una primera versión de la historia que la novela nos cuenta, ya conoció una edición previa como libro de lectura dentro de unos materiales escolares para las vacaciones, destinados a alumnos del Tercer Ciclo de Primaria, que fueron publicados por la división educativa del Grupo Anaya en 2008. Sin prescindir de su valor pedagógico, esta nueva edición, con sustanciales variantes respecto a la anterior, pone en nuestras manos una obra que tiene el aroma inconfundible de las narraciones dignas de ser contadas. Un relato que logra transportarnos a un mundo en el que no es difícil sorprenderse ante detalles y sensaciones que sabemos que perdurarán en nuestra memoria, tal vez porque ya estaban en ella esperando ser despertadas por las palabras oportunas.
sábado, 23 de marzo de 2013
Silencio de luz
Suena en la noche
la hora del planeta:
la luz se calla*.
*Con permiso de mi amigo Pedro Tenorio, autor de un libro de poemas, de próxima publicación, que desarrolla esta imagen.
De Bebo bebed
Recuerdo bien la luminosa mañana de invierno en que la radio me despertó con los compases de Lágrimas negras escanciados por la voz canalla de El Cigala en perfecta sintonía y coloquio atento con las notas pulsadas por el maestro Bebo Valdés, ese hombre al que daba gusto verlo andar, reír, mover las milagrosas manos sobre un teclado que parecía el retrato de su alma, y que ahora acaba de comenzar su nuevo viaje. No se me ocurre mejor forma de honrar al creador de tantas horas de felicidad rítmica y sentimental que con el consejo de ida y vuelta que encabeza estas líneas, una invitación a seguir frecuentando su fuente. Y a beberse esas lágrimas negras, literales en más de un sentido, que tanto bien pueden hacernos.
[AJR, 3:11, Palíndromos ilustrados, 14±]
viernes, 22 de marzo de 2013
100 millones de golpe
Hay días en los que uno no está para nada. Que se lo pregunten si no al Universo, al que acaban de caerle nada menos que 100 millones de años de golpe, sin comerlo ni beberlo, como suele decirse, sólo por la veleidad y la mayor precisión de los nuevos telescopios astronómicos, que son unos fisgones de mucho cuidado. Pero, en fin, no hay mal que por bien no venga (como dicen que dijo Franco cuando lo de Carrero): junto con esa noticia, el Universo (es decir, su conciencia: o sea, y con tanta humildad como exactitud, nosotros), ha conocido también que la «materia corriente» (¿y moliente?) es algo más abundante de lo que se pensaba. Aunque la parte del león del ser y el no ser se la siguen llevando la «materia oscura» y la «energía oscura», que son algo así como las hermanas gemelas estelares del circo en que discurren nuestros días, hábiles en realizar todo tipo de números acrobáticos sobre trapecios que no vemos. Con tanta oscuridad por todas partes, ¿alguien puede dudar de que estamos vivos de milagro? ¡Ay, el Universo, esa vieja fascinación!
Imagen superior tomada del blog que Que los árboles te dejen ver el bosque.
viernes, 15 de marzo de 2013
Semillas de Millás
| Imagen de la exposición «El hilo de Ariadna». Casa del Lector, Madrid. Foto (c) AJR, 2012. |
Su pluma (signifique lo que signifique pluma) suele estar tan finamente afilada, que no es ninguna novedad el goce de leer lo que de ella brota. Pero hay veces, como la de hoy en su columna de El País, en las que sus intuiciones llegan tan claras al papel que las vemos andar con vida propia. La acreditada vocación médico-quirúrgica con que el escritor Juan José Millás disecciona el mundo viene produciendo desde hace tiempo un género nuevo de poemas, los llamados articuentos, que en sus mejores ejemplos son capaces por sí solos de dar sentido al día más aciago. El luminoso Millás, maestro en el manejo del claroscuro, creador de estructuras verbales que tienen la facultad de hablar con todos los sentidos, soportando de forma simultánea todas sus máscaras, es un poderoso anatomista del lenguaje. Empedernido lector de diccionarios, amante confeso de enciclopedias y, por eso mismo, buen conocedor del cuerpo de las palabras, incluidas sus vísceras, Millás suele poner su facultad de sembrador de semillas de lucidez al servicio de una reflexión capaz de revelarnos, como pocas, los entresijos de la trama. Su artículo de hoy explica con meridiana claridad y mucho arte el mecanismo perverso mediante el cual los poderes fáusticos pretenden escamotearnos la realidad sustituyéndola por un sucedáneo venenoso, tal vez lento pero sin duda implacable. Antonio Muñoz Molina, en su reciente planto por la ausencia de cordura crítica en la España de los últimos años, junto al de El Roto tendría que haber mencionado (al menos) el nombre de Millás para reconocer el mérito de quienes sí se han distinguido por plantar cara al poder allí donde el poder suele maniobrar con total impunidad y a la vista de todos: en el secuestro descarado e interesado del lenguaje. Y es que la mayor corrupción que vivimos, no lo duden, es la de las palabras. Con ella lo que se pone en juego y a la deriva no es solo la situación política y económica (que también), sino la propia identidad humana: nuestra capacidad de poder nombrar con sentido el mundo. Dar alas a las semillas de Millás es una forma de combatir esa miseria.
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