martes, 8 de septiembre de 2026

El poema del 8 de septiembre


De la exposicion «Soy Asurbanipal», en CaixaForum, Madrid.

Entre septiembre y setiembre,
capricho sobrevenido de un tan solo pequeño equívoco sin importancia,
acaso se columpie buena parte de esta aventura estéril condenada a la vida consciente de ahora mismo.
O quizás sea solo —ahora el giro conviene que deje respirar a la mente sedienta— que en cosas parecidas estriba la cordura y no perder del todo el hilo de la trama: ay, metáforas gastadas, pero que coño hacéis aquí diciendo todavía el mismo balbuceo, lenta peregrinación de las concordias prístinas del hueso occipital, la muy chingada madre de todos los vocablos preteridos y el hondo respirar de las serpientes.
Al darle vuelta el carro chirriaban los minúsculos öculos y la máquina toda giraba en un remedo de creación del mundo.
Y podría pedirle a la Gorgona que retire sus ojos y repita aquello que me dijo la otra noche.
Y va y lo repite, pero ya solo lo escuchan los que husmean debajo de los clústeres, y toda esa caterva de incendiarios a punto de pirarse al mismísimo Averno.
Y la delicadeza.
Muy apropiada, pienso, para ser el poema del 8 de septiembre.

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