NO
morirá
el
noesto
pues
no
puede
morir
lo
que
ya
ha
muerto
tantas
veces
apurando
su
cáliz
y
sus
preces
responsoriales
hasta
lo
que
excede
de
la
medida
de
su
vaso
exhausto
y
vuelve
a
rebosarlo
como
agua
gorda
que
mana
bajo
la
su
enagua
de
vieja
dama
ajena
al
holocausto
de
tanta
rima
inane
y
tanta
murga
aunque
salvada
en
suave
esencia
frágil
por
la
alegría
del
decir
sin
sones
que
no
contengan
en
su
hura
licurga
palabras
balas
de
un
revólver
ágil
que
se
dispara
en
todas
direcciones.
(LUN, 279 ~ «Sonetos (des)enmascarados»)
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