domingo, 18 de noviembre de 2012

El Chevrolet de Pessoa

Chevrolet de hacia 1920.


Como suele ocurrir, la poesía estuvo a punto de ser la gran olvidada en la Conferencia sobre Automóvil y Literatura organizada por la Fundación Barreiros y celebrada entre el 5 y el 8 de noviembre en el auditorio de la Fundación Mapfre, en Madrid. Menos mal que allí estaba Enrique Vila-Matas para impedirlo. El escritor, en una de las intervenciones más brillantes de la charla que mantuvo con Eduardo Mendoza, con la ágil y divertida mediación de Manuel Rodríguez Rivero, sacó a relucir el nombre de Pessoa para afirmar, sin ningún titubeo, que el poema Ao volante do Chevrolet pela estrada de Sintra es, a su parecer, lo mejor que se ha escrito en relación con el automóvil. Un poema, añadió, que «suelo leer algunas veces en público y que siempre me emociona mucho, hasta el punto de hacerme llorar». 

Parecía, y el moderador dio pie para ello, que Vila-Matas iba a leer o incluso a decir de memoria (par coeur, más exactamente) el largo poema, pero todo se quedó en la sola mención del título y en el recuerdo de la metáfora central del viajero, eterno insatisfecho, que cuando está en Lisboa quisiera estar en Sintra, aunque sabe que cuando esté en Sintra querría estar en Lisboa... porque, como es bien sabido, la vida (siempre) está en otra parte. [Nota del 1.12.2012: EV-M, desde Estoril, vuelve al poema  en este interesante artículo].

El de Pessoa (de Álvaro de Campos, uno de sus heterónimos, para ser precisos) es un poema bien conocido y está fechado el 11 de mayo de 1928. Es una de sus piezas maestras: junto a Estanco u Oda Marítima, forma parte de los que prefiero. Ha sido traducido muchas veces. Esta que ofrezco es mi versión, apoyada inevitablemente en las que conozco (mencionaré las de Llardent, Crespo y Campos Pámpano como principales nombres) pero diferente en algunos puntos de todas ellas, incluido ese luar, tal vez intraducible, pero que a mi entender, sin ser descifrado en el idioma de llegada, puede privar de una luz esencial a la atmósfera del poema.



 Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra

Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra,
a la luz de la luna y al sueño, por la carretera desierta.
Conduzco a solas, conduzco casi sin pensarlo, y un poco
me parece, o me esfuerzo un poco para que me parezca,
que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin que haya Lisboa dejada atrás ni Sintra a la que llegar,
que sigo, ¿y que más puede haber en ir sino no parar y proseguir?

Voy a pasar la noche en Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
pero cuando llegue a Sintra me apenará no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre
esta angustia excesiva del espíritu por nada,
en la carretera de Sintra o en la carretera del sueño o en la carretera de la vida...

Sensible a mis movimientos subconscientes del volante,
galopa conmigo por debajo de mí el automóvil prestado.
El símbolo me hace sonreír, al pensar en él, y al girar a la derecha.
¡Con cuántas cosas prestadas ando por el mundo!
¡Cuántas cosas prestadas conduzco como mías!
¡Cuánto de lo que me han prestado, ay de mi, soy yo mismo!

A la izquierda, la casucha —sí, casucha—, al pie de la carretera.
A la derecha, el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que hasta hace poco parecía darme libertad,
ahora es una cosa en la que estoy encerrado,
que solo puedo conducir si en él estoy encerrado,
que sólo domino si me incluyo en él, si él me incluye a mí.

A la izquierda, ya lejana, la casucha modesta, aún menos que modesta.
Allí la vida debe de ser feliz, sólo porque no es la mía.
Si alguien me vio desde la ventana de la casucha, soñará: ese sí que es feliz.
Tal vez para el niño que atisbaba detrás de los cristales de la ventana del piso de arriba
sólo haya sido (con el automóvil prestado) como un sueño, como un hada real.
Tal vez para la muchacha que, al oír el motor, miró por la ventana de la cocina,
desde el piso de abajo
soy algo así como el príncipe que hay en todo corazón de muchacha,
y ella me habrá seguido mirando de reojo, a través del cristal, hasta la curva en la que me perdí.
¿Dejaré sueños tras de mí, o será el automóvil el que los deja?

¿Yo, conductor del automóvil prestado, o el automóvil prestado que conduzco?

En la carretera de Sintra, a la luz de la luna, en la tristeza, ante los campos y la noche,
guiando el Chevrolet prestado desconsoladamente
me pierdo en la carretera futura, me abismo en la distancia que alcanzo,
y, en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible,
acelero...
Pero mi corazón se quedó en el montón de piedras del que me desvié al verlo sin verlo,
en la puerta de la casucha,
mi corazón vacío,
mi corazón insatisfecho,
mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida.

En la carretera de Sintra, al filo de la medianoche, a la luz de la luna, al volante,
en la carretera de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,
en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí...

El original puede leerse aquí.


martes, 13 de noviembre de 2012

Simetrías

Esta noche
se producirá
un eclipse total
de Sol
en las antípodas.


(Aquí 
nos conformaremos 
con no ver 
la cara oculta 
de la Luna.)



Imagen superior: M. C. Escher, «Perspectivas imposibles».

(Actualización del 19.11.2012)

(... Y con seguir leyendo este inolvidable, prodigioso, microrrelato:)


El eclipe
Augusto Monterroso

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas. Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

—Si me matáis —les dijo— puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.


Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

domingo, 11 de noviembre de 2012

El tráiler total (o casi)



Según la IMDB, que lo produce, son 250 imágenes de películas en 2 minutos y medio, lo que supone casi dos imágenes por segundo. Son magnitudes más que suficientes para incluir muchas de las grandes películas y darle un repaso algo más que somero a la historia visual del séptimo arte. Aunque naturalmente no están todas las que son, pero sí es posible que sean (de una u otra forma: el espectro de los gustos es muy amplio) todas las que están. El reto es intentar localizar, a velocidad de crucero, la procedencia de todas las imágenes. Aunque haya tal vez alguna forma de no dejarse las pestañas ni las neuronas en el intento. Y otro desafío complementario: detectar ausencias. ¿Alguien se atreve? En todo caso, un buen entretenimiento para la tarde de un domingo lluvioso. Y un homenaje a las memorables tardes de sesión continua de los inviernos de nuestra infancia. (Y a la memoria de quienes, entre los vivos y los muertos, las hicieron posibles).

sábado, 10 de noviembre de 2012

Erice dice...

Me parece oportuno compartir esta interesante entrevista a Victor Erice en El Mundo. Además de sus opiniones sobre la insaciabilidad depredadora del capitalismo actual y su naturaleza puramente especulativa y avarienta, la falta de dramatismo y de autocompasión con que contempla su trabajo engrandece, aún más si cabe, el valor de su obra.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Forastero


En la conversación sobre sus experiencias viajeras que mantuvieron el otro día Cees Nooteboom y Paul Theroux, con Juan Cruz como intermediario, tal vez la única palabra que el escritor estadounidense pronunció en español fue forastero. La dijo silabeándola con placer y de modo tal que durante unos segundo la hizo brillar con extraordinario prestigio, o eso me pareció, y enseguida la remití al polvoriento Oeste, a los juegos de infancia de indios y vaqueros y, a través de ellos, a las miradas torvas que el sheriff dirige al pistolero malencarado que acaba de penetrar en el saloon. La verdad es que, ensoñaciones y resonancias aparte, la palabra me pilló desprevenido y se me ocurrió preguntarme en voz alta, aunque confidencial, sobre su procedencia. El poeta Jordi Doce, sentado a mi lado, me dijo que obviamente vendría de "fuera". Su respuesta me convenció. Pero no del todo. Así que, una vez en casa (lo habría podido hacer por el móvil, como ahora hace mi amigo Ángel cada vez que en una de nuestras divertidas tertulias nos surge una duda wikipédica, pero hubiera sido gran descortesía para con los ponentes), me apresuré a consultar en Internet. Y, en efecto, confirmé que el término latino foras está en el origen de la palabra, pero también que al castellano ya había llegado entera a través del catalán. O sea que forastero, antes que nada, es un préstamo del catalán al castellano. Al saberlo, una parte de mi cerebro se puso en guardia. A ver si toda la murga de la independencia va a ser simplemente un pataleo para que el resto de España le devuelva a Cataluña, entre otras hipotéticas deudas, esta palabra... y las otras 350, aproximadamente, que según la RAE y el recuento de la wikipedia tienen, en el diccionario normativo del español, la condición de catalanismos. Figuran entre ellos absenta, albergue, alioli, andarivel, añorar, avería, bacín, burdel, cantimplora, cohete, doncel, dosel, esquirol, faena, gobernalle, guante, linaje, macarra, mercería , moscatel, muelle, nácar, novel, orgullo, peaje, peseta, quijote, reloj, ringlera, salitre, somatén, tortel, turrón, viaje y zadorija, término este último del que hasta ahora mismo lo ignoraba todo. Vale por «pamplina», que es (también) una planta herbácea anual de la familia de las papaveráceas. Respecto a forastero, el asunto tiene un cariz paradójico que no deja de inquietarme, sobre todo ahora que acaba de empezar la campaña electoral de una elecciones catalanas que no son como las demás.

Imagen superior tomada de Boliche "La Gazeta Federal"

jueves, 8 de noviembre de 2012

Me paso al Mundo...


Pues sí, como lo leen, cansado de trasegar cada mañana (y a veces por la tarde) un licor áspero de alta graduación inverosímil  y pertinaz color marrón-oscuro-casi-negro, he decidido envolverme en las volutas de la visión humorística de la realidad. Así que, en lo tocante a fuentes de información, me paso al mundo, al mudotoday, concretamente, ese diario online desternillante, capaz de transportarnos (será cosa de las siglas) al punto cero del recorrido noticioso de cada día.  Quien sea capaz de leer tres de sus informaciones sin soltar, aunque sea interiormente, una sonora y espléndida carcajada, que se lo haga mirar (como suelen o solían decir por Barcelona).



miércoles, 7 de noviembre de 2012

Trío

Respiro. El suspiro de alivio que se ha escuchado en medio mundo al conocer los resultados electorales de Estados Unidos debería convertirse en un tsunami bueno: una corriente de energía colectiva capaz de remover los obstáculos que impiden hallar las vías de cordura necesarias para salir de tanto atolladero. Por optimismo que no quede. Pero no me negarán que ha sido como volver a respirar después de haber visto abierta bajo los pies la trampilla del foso de los cocodrilos.

Sentidiño. Se lo escuché el otro día a la ministra de Fomento, Ana Pastor, en la Conferencia de la Fundación Barreiros. Es una expresión gallega que hacía mucho tiempo que no oía y que resuena como una de esas palabras de la tribu capaz de obrar milagros. A lo mejor puede servir de estímulo para que crezca la flor del seny, que tal vez no sea lo mismo aunque sin duda apunta en la misma dirección: capacidad de obrar con cordura (de nuevo) y sensatez.

Paralelismos. «El aforo estaba sobradamente sobrepasado», dicen fuentes de la Policía en relación con la tragedia del Madrid Arena. ¿Y cómo no acordarse de aquello de la generación JASP que sacaba pecho a favor de los «Jóvenes, Aunque Sobradamente Preparados»? Son paralelismos acaso extraños y sin duda dolorosos. Sobre todo ahora que sabemos lo que de verdad quería decir "pre-parados": ya más del 50 por ciento de los jóvenes españoles menores de 25 años carece de empleo. Insoportable.

Bryce Echenique o el poder de la ficción

Bryce Echenique, la ministra Ana Pastor y Mariluz Barreiros.
 Los caminos de la narración, y eso lo sabe bien Alfredo Bryce Echenique, nunca han de ser tan sinuosos como para que los personajes se pierdan en su historia. Para pérdidas y falta de sentido ya está la vida. La ficción, o sea la mentira (dijo Bryce), ofrece la gran ventaja de que podemos comprender el destino, conocer de dónde vienen los personajes y adónde van. Por eso necesitamos leer novelas. La vida no es solo que sea insuficiente, al final siempre resulta inexplicada, tal vez porque es inexplicable.


Bajo el título de «La esposa del rey de las curvas», el escritor peruano pronunció el lunes 5 la "lección" inaugural de las VII Conferencia Internacional que bajo el lema de «Literatura y automóvil» organiza en el auditorio de Mapfre, en Madrid, la Fundación Barreiros, siempre impulsada con mano diestra y amor filial por Mariluz Barreiros Ramos. El acto, además de las palabras protocolarias de los organizadores, también contó con la intervención de la ministra de Fomento, Ana Pastor, de filiación gallega como Mariluz y, al parecer, buena amiga suya.

La ministra, tomando pie del ejemplo de Eduardo Barreiros, puso en valor (como suele decirse) el espíritu emprendedor de los españoles, elogió lo mucho que se ha realizado en España en cuestión de infraestructuras («por ahí nos envidian y somos una referencia por nuestra red viaria y de comunicaciones», vino a decir) y, sacando fuerzas de flaqueza, hizo hincapié en destacar el entusiasmo y el sentido común (sentidiño, dijo echando mano de un término gallego) como único camino posible «para salir de ésta». Fue la suya una intervención con partes muy interesantes, junto a otras que tal vez le hubieran podido ser ahorradas a un público que aguardaba expectante la intervención de la estrella de la noche: el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique.

Las primeras palabras de ABE llegaron con tanta debilidad a la sala que no tardaron en oírse voces de protesta en las filas del fondo. El oportuno auxilio de la megafonía vino a poner las cosas en su sitio, aunque de ese modo el tono dubitativo del ponente pasó a primer plano y por algún momento parecía que sobre algunos rincones de la mesa presidencial y entre el perplejo auditorio planeaba la sombra del desastre. Pero la forma, titubeos incluidos, no tardó en convertirse en estilo, y las palabras, el aplomo creativo y la verosimilitud del personaje acabaron por ganar la partida en una intervención de creciente interés y calidad,y que, si tuvo algún defecto, es que fue muy corta: nos dejó a todos con la miel en los labios.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Agustín García Calvo: libre al fin


Agustín García Calvo, el irreductible filólogo, filósofo, poeta, agitador de almas y de cuerpos y tantas cosas más, es el «gran difunto» del día en que el periódico venía repleto de muertos, aunque probablemente a él le hubiera alarmado o al menos puesto en guardia esa expresión de apariencia honorífica. Pero no hay duda de que, con la tragedia de Halloween al fondo, se trata de la persona de mayor relieve de cuya muerte nos enteramos el día de difuntos. Como he oído comentar en algún sitio, no cabía esperar de un espíritu tan libre como el suyo otra libertad que la de la morirse en fecha tan oportuna.

Leo en El país-de-papel el personal homenaje que le dedica Fernando Savater (al parecer desde Chile), una breve e impecable columna rematada por el explícito reconocimiento de que AGC fue no solo su verdadero maestro, sino el que lo libró de tener más maestros, lo cual es un elogio de enorme magnitud. Aunque a nadie se le escapa que en los últimos años las trayectorias respectivas de cada uno de ellos han avanzado en espirales de creciente separación. O eso parece. Quién sabe si para acabar confluyendo en algún rincón de la noosfera que, a fin de cuentas, nos ha de igualar a todos, sin que nadie se salve. Qué envidia, de momento, los recuerdos de un Savater jovenzuelo contados con mano maestra por el gran escritor en que se ha convertido quien, ya quizás desde aquellos días de la academia de la calle del Desengaño (no podría tener mejor nombre), probablemente fuera el primum inter pares de los discípulos de AGC. Savater, un discípulo tan fiel a fuer de heterodoxo que acabó siendo la puerta por la que muchos accedieron al descubrimiento del maestro.

De García Calvo recuerdo, ante todo, el impacto de la primera lectura de su Sermón de ser y no ser, con los dos magníficos "sonetos teológicos" («Enorgullécete de tu fracaso... // Tu no saber es toda tu esperanza») que servían de pórtico a un viaje verbal de altos vuelos: nada menos que 2016 versos de rara medida ("senario yámbico prolongado en medio pie"). Recuerdo que en aquella primera lectura hice caso, al menos durante un buen trecho, de la petición o sugerencia que el autor deslizaba en el prólogo: que se leyera el libro en voz alta, a modo de obra dramática. Y recuerdo también que, a medida que avanzaba en el recitado, no daba crédito al hecho de que semejantes tiradas de frases tan bien respiradas y aquella forma tan peculiar de decir pudieran ser posibles todavía en nuestra lengua. Esa es una impresión que siempre me ha acompañado frente a la obra de García Calvo: la rara modernidad de su anacrónico y desprejuiciado uso del lenguaje.

Otra impresión que perdura es la de las buenas horas pasadas escuchando sus canciones de amor y celda en la voz de Amancio Prada (incluyo al final el vídeo con mi preferida), Chicho Sánchez Ferlosiso y otros. Y las tertulias con amigos, en general bastante apasionados, en torno a la que uno de los conjurados calificaba como «prodigiosa traducción» del De Rerum Natura de Lucrecio.

En un terreno de cercanía profesional, y como recuerdo que (contraviniendo de nuevo sus enseñanzas) uno siente que lo ennoblece un poco porque algo del fulgor ajeno nos vino a caer cerca, no me olvido de aquel prólogo para la biografía de Julio César, de Hans Oppermann, que le encargamos en Salvat a AGC y de cuya edición me correspondió ocuparme. Eran unos pocos folios pero contenían un texto espléndido, tal vez extraño para su cometido de presentar ante el "gran público" la biografía de "un gran hombre", motivo que el pensador zamorano tomó como excusa para arremeter inteligentemente contra la propia idea matriz de aquella colección de "grandes biografías". Son unas páginas de menor importancia en la copiosa e importante bibliografía de AGC, pero no indignas de comparecer junto al resto de su obra. He aquí, a modo de homenaje curiosamente pertinente para la ocasión, las últimas líneas:
Pero, frente a la fascinación de la biografía y las fotos de las caras de los líderes para formación de masas, quede aquí abajo enunciado este apotegma, que brota de lo más hondo del escepticismo popular, que poder es obediencia; y sólo la necesidad de inconsciencia que al ejercicio de poder ha de acompañar por fuerza (y la misma inconsciencia en el líder que en sus masas) obliga a que esa ley de obediencia se oculte alternativamente bajo las máscaras de la fe en la voluntad de los grandes hombres o de la fe en el Destino y en el régimen de la estrellas sobre las vidas.

Hans Oppermann: Julio César. Salvat, Barcelona, 1984.

Fotografía superior: AGC en Ronda, tomada del blog de Antonio Selfa



viernes, 2 de noviembre de 2012

Difuntos


2 de noviembre, tiempo memorioso:
antes de que la luna nos diera calabazas
frente a las caras tísicas con el rímel corrido,
mucho antes del viento royendo la mañana
y la línea infinita de los altos cipreses
sobre la grava suelta de la explanada blanca,
antes del  lobishome y la bruja piruja
con su verruga gorda tapándole la napia,
antes de la cajita blanca sobre la mesa
entre nieblas del norte y entre petos de ánimas,
antes de aquellos dedos hinchados que de noche
trepaban por el muro hasta rozar mi cama,
antes de que Manrique dijera «qué se fizo»
y todas las vecinas contestaran «¡qué lástima!»,
y antes que el cónsul Firmin, borracho de deseo,
buscara a la Pelona para sentirse el alma,
y mucho mucho antes de todas estas cosas
que ahora a cada poco me la muestran de cara,
la muerte era tan solo un tedio no explorado
y también una voz que sin cesar cantaba
la lista interminable de los monarcas godos,
las más viejas leyendas de la patria.


Ataúlfo, Sigerico, 
Valia y luego Tedorico,
Turismundo, Teodorico 
el segundo, con Eurico 
y Alarico, Gesaleico 
y el más grande Teodorico,
Amalarico con Teudis, 
Teudiselo con Agila
y después Atanagildo, 
Liuva primo (en solitario), 
Leovigildo y Recaredo,
Liuva dos y Viterico,
Gundemaro, Sisebuto,
el segundo Recaredo
con Suintila y Sisenando
más Chintila y luego Tulga,
Chindasvinto, Recesvinto, 
Wamba, Ervigio (Quenojari)
Égica, Witiza, Agila  
y, ya por fin,
                       don Rodrigo,
al que siempre estaré viendo
devorado por la sierpe
mientras resuena su voz:
«¡Ya me come, ya me come
y qué bien sabéis por dó…!»

martes, 30 de octubre de 2012

Momias en tránsito


Acaba de llegar a las librerías, justo cuando el mes de noviembre está al caer, la última publicación de Sagrario Pinto. Es una obra de teatro infantil que, además, inaugura este género en la colección «Ala Delta», una de las más prestigiosas de la editorial Edelvives.

Las peripecias de las momias del faraón Yamesé II y la reina Nevercity, que anhelan escapar del museo en que están expuestas para volver a sus tumbas en el Valle de los Reyes, dan pie a situaciones muy divertidas. Es toda una aventura, desarrollada con hábiles resortes argumentales y con varios niveles de acción bien ensamblados, aunque puede que algún hilo suelto quede por ahí..., nada extraño tratándose de momias. Los personajes se mueven entre el más allá de las almas que andan en busca de su descanso eterno («en tránsito»), y el más acá de las pasiones y ambiciones que hacen circular la rueda de la vida: otra forma, tal vez la misma, de transitar.

En la escena comparecen personajes de una pieza, como el escriba Amenamén, al que sólo se le descubre una fisura en su condición de fiel cronista: está completamente seducido por el brillo de las nuevas tablillas digitales. O el dios Anubis, que intenta imponer en el desbarajuste general la seriedad de los ritos del Libro de los Muertos. O un singular coro de Gatos que, por momentos, hace que la obra tenga visos de comedia musical.

Pero hay también personajes de carne y hueso —es decir, vivos (a veces muy vivos)— que, en un curioso y suponemos que intencionado paralelismo, muestran dos formas bien diferentes de acercarse al pasado y sus misterios: el respeto o la codicia. Sin excluir esa tercera vía tan transitada que suele ser la ignorancia, la estupidez incluso.

Es una historia ingenua e intencionada, chispeante, imaginativa, pero a la vez con datos bien documentados sobre el antiguo Egipto. Y con guiños más o menos visibles a personajes históricos, como los propios faraones o el explorador Howard Carter, o a mitos de nuestro tiempo, como el inevitable Indiana Jones. Tiene además un tal vez inesperado sesgo romántico, que se resume en una tan hermosa como oportuna declaración de amor: «No podría seguir muriéndome sin ti». No está nada mal..., sobre todo si se tiene en cuenta que es «palabra de momia». Pero que nadie se espante: es una obra adecuada para todos los públicos, con un lenguaje cuidado pero de fácil comprensión. Y con una escenografía muy ágil, idónea para ser representada libremente en el ámbito escolar.

Las ilustraciones de la mexicana Valeria Gallo acentúan los rasgos más afilados de los personajes. Es la suya una lectura que, con gran tino visual, subraya los aspectos burlescos. A la vez que reinterpreta con elegancia y originalidad algunos lugares comunes de la imaginería egipcia.  Sus dobles páginas están llenas de detalles que bien podrían servir para inspirar los decorados y el atrezo de una puesta en escena.

El texto de la cuarta de cubierta dice que el argumento de la obra se le ocurrió a la autora viajando en una falúa por el Nilo. De primera mano (y espero que Sagrario no se enfade conmigo por desvelar este dato) puedo decir que en realidad el título se lo regaló un acompañante de aquel recorrido que, al ver reflejarse las sombras de unas nubes (¿o eran dos viajeros?) en las agitadas aguas del río, cerca ya de la esclusa de Esna, dijo en voz alta: «Mira, parecen momias en tránsito... ¿A dónde irán?» Ahora, ya lo sabemos. Su destino era llegar a este libro para contarnos su historia.

Sobre el Nilo - Foto Arqueoweb

Posdata 1 (4 noviembre 2012). La agencia EFE, a través de Lidia Yanel, da cuenta de la aparición del libro en esta nota aparecida el día en que se cumplen exactamente 90 años del descubrimiento de la tumba de Tutankhamón por Howard Carter.

Posdata 2 (4 diciembre 2013). Las momias han comenzado ya a transitar del papel a los escenarios:y la obra ha sido representada en algunos colegios e incluso en algún teatro privado, como en el de la Once de Huelva, de la mano de los alumnos de 4º de Primaria del Colegio «Los Pinos». El resultado puede verse aquí.

Posdata 3 (15 de junio de 2014). Sin ser desdeñable su valor como material de lectura, el destino natural de una obra de teatro es la representación en un escenario. En el ámbito escolar, esta premisa tiene un especial valor: pocas actividades pueden resultar tan completas, desde el punto de vista pedagógico, lúdico y cultural, como la de poner en marcha, muchas veces con un enorme esfuerzo y siempre con altas dosis de entusiasmo, el complejo proceso de montar una obra dramática, toda una completa «unidad didáctica» en la que se dan cita múltiples aspectos capaces de estimular y cubrir con creces el desarrollo de las más variadas competencias. El simple hecho de poner en marcha un proceso así es encomiable. Pero cuando, además, se culmina con el reconocimiento de un premio, conviene destacarlo. Es lo que ha ocurrido con el montaje de Momias en tránsito, durante los mese de mayo y junio de 2014, a cargo de los alumnos de 6º de Primaria del Instituto español Juan Ramón Jiménez, de Casablanca (Marruecos), bajo la dirección de la profesora y experta en pedagogía musical y dramaturgia Rosario Barrena. Se cuenta aquí.

viernes, 26 de octubre de 2012

La vía Iker-Xavi


Es solo fútbol, pero es más que fútbol, incluso mucho más: lo que significa la amistad de estos dos futbolistas, su demostrada capacidad para sobreponerse a las propias pasiones y armonizar los justos intereses particulares con los del otro, su maestría para no dejarse influir por consejos ilusos  o voceríos fanáticos y para superar las diferencias de carácter, de gustos, de querencias... es una lección que no podemos permitirnos pasar por alto. Y muchos menos cuanto más ruja la marabunta.  En tiempos críticos como los que vivimos y de cara al negro panorama que se dibuja en el horizonte, la vía Xavi-Iker o Iker-Xavi (la fórmula funciona bien en las dos direcciones: es un camino de ida y vuelta) debería ser un faro ejemplar de actitudes, el símbolo de una forma de conducta ciudadana que, por ejemplo y sin ir más lejos, podrían imponerse los políticos como una práctica deportiva obligatoria.

Imagen tomada de esta web.

La canción del olvido


Hace algunas semanas, meses ya, al enterarme, mientras viajaba hacia el oeste, de la muerte del actor Juan Luis Galiardo, la primera frase que vino a mi boca fue: «La canción del olvido». Y de inmediato o simultáneamente desfilaron por mi cabeza algunas escenas de la versión filmada de esta zarzuela que en su día hizo Televisión Española. Allí había un personaje que tenía la belleza y el descaro juvenil del actor, pero no estaba seguro de que mi recuerdo fuera cierto. Pero lo era. No sería sincero si no reconociese que, por encima de la solidaridad de quien se sabe también mortal, impuso su cosquilleo la alegría de comprobar que el olvido no era, todavía, mi canción.

Fotografía de Juan Luis Galiardo tomada de ABC

miércoles, 24 de octubre de 2012

¿Aleluya o réquiem?



Del gran L. E. Aute, en verdad grande por tantas cosas, no puede decirse que sea, precisamente, la alegría de la huerta. Quiero decir que la ironía y el humor de sus canciones, que sin duda existen, rara vez  suelen llevar aparejados gestos alegres. Y a nadie se le oculta que las letras de este excelente poeta y enorme verbívoro caen más del lado de la gravedad, lo serio, lo reflexivo, lo tierno y lo punzante, que de la risa franca. Piénsese, por ejemplo, en el concepto de "aleluya" (alegría) que desarrolla su famosa canción de ese título (en concreto, «Aleluya número 1»). ¿No son sus dísticos (sus "aleluyas") a modo de concisos partes de defunción que, uno tras otro, nos enfrentan a la cruel presencia de la pelona inmisericorde...?  Por si había alguna duda de que eso sea así (un aleluya en son de réquiem), aquí está esta impagable (de hecho, es gratis) versión de Los H.H. tomada de un viejo programa de TVE: una interpretación que subraya el perfil adusto de la letanía  hasta extremos cercanos al rigor mortis. Por la fecha (1967), la grabación debe de ser contemporánea del estreno de la canción, y de cuando pudimos escucharla y hasta bostezarla, niños aún, en boca de la gran (en todos los sentidos) Massiel. Que el programa donde se emitió la pìeza se llamara Teleritmo no deja de dar pie a sesudas reflexiones. Estamos vivos de milagro.

domingo, 21 de octubre de 2012

jueves, 18 de octubre de 2012

Castiñeira



Me anuncian gentes que saben de esto y lo viven a pie de tierra que la campaña de recogida de castaña de este año ya está en marcha en la querida Ribeira Sacra. Los viejos ciclos agrícolas, tan incomprensibles por mera ausencia desde el entorno urbano, siguen teniendo la capacidad de seducción que solo despiertan las cosas que al cabo de los años sentimos como de verdad necesarias, sencillas y esenciales como el discurrir del agua. La definitiva llegada del otoño, en este caso a la comarca lucense del Courel, el espacio mítico y real de Uxío Novoneyra, está retratada con especial sensibilidad en este documental de Chus Domínguez, producido por el escritor y editor extremeño Marino García. Se titula O tempo dos bullós, término este último que nombra a la castaña asada o cocida (en algunas comarcas gallegas dicen bullotes, sin duda por mimetismo castellano). Alguien me lo descubrió hace unas semanas (gracias, Antonio), aún en plena canícula, y al volverlo a ver hoy, entre los emails puestos a buen recaudo, me parece que es un momento oportuno para compartirlo.


martes, 16 de octubre de 2012

Hoyos


Se había puesto a escribir con mayor convicción que otras veces. «Hoy lo consigo», se decía mientras la mano avanzaba con firmeza por entre las líneas enemigas. Al llegar a este punto dudó como suelen hacerlo los suicidas o los arrepentidos. No sabía cuál de las dos era su condición, hacia qué extremo tendía su naturaleza. Fue  en ese instante cuando lo comprendió todo. Miró hacia atrás, al campo de olivos por el que había avanzado sin apenas notarlo, y vio las tachaduras de los hoyos, con los montoncitos de tierra recién removida al lado. «Ahí está el secreto», se dijo, «en la tierra minada». Y se puso a fantasear con el tiempo sobrante.

Imagen: Dedos, de Mario Irarrázabal. Parque Juan Carlos I,  Madrid. © AJR, 2009 

lunes, 15 de octubre de 2012

De Amanda a Yolanda (o viceversa)

Anda por Madrid Pablo Milanés y en su nombre está sonando ya ("eternamente") ese raro logro sonoro y verbal que es la inolvidable «Yolanda», tal vez la canción de amor más hermosa y movediza que se haya escrito nunca. Aunque no le va a la zaga, si bien en ella pesan otros motivos en los que el corazón asume también razones claramente políticas, la Amanda («Te recuerdo, Amanda») de Víctor Jara. Una y otra forman parte de la educación sentimental de (al menos) un par de generaciones. Y es un placer reconocerlo y recordarlo con estos dos vídeos de época.




martes, 9 de octubre de 2012

El pantano de la memoria

                     
                                                                  (visual act, haquins)

                                  Hay
      
     Algo

     

que 

              
           Internet

              no

              

                 Sepa?




No puedo asegurar que esta película fuera la primera que vi en mi vida, pero si la más remota de la que tengo memoria, tal vez junto con la de Maciste el coloso. Nunca he conocido a nadie que haya visto El pantano de las ánimas o lo recuerde, ni tampoco a Gastón Santos, un vaquero valiente, o a Rayo de Plata, su caballo. Internet es capaz de extraer recuerdos de pozos cuyo fondo desconocemos, hasta que por azar o pertinaz búsqueda (más lo primero que lo segundo) se nos revelan y nos dejan al borde de un abismo que no es otra cosa que el bucle de la conciencia empeñada, como siempre e inútilmente, vivamente, espectacularmente, en no extinguirse. ¿Se imaginan lo que será dentro de 50 años la red memorial de los que hoy tienen 5 o 6?



miércoles, 26 de septiembre de 2012

Banda sonora del 25S


La experiencia de ver una manifestación televisada en directo, sin edición del emisor (en streaming), es una de esas novedades de Internet que están cambiando tantas cosas. Ayer, durante unas tres horas (de 19 a 22), tuve de fondo en mi ordenador, en la página web de elpais.com, los diferentes enfoques que cámaras diversas (tal vez tres o cuatro) ofrecían de la manifestación que bajo el lema «Rodea el Congreso» tuvo lugar en el centro de Madrid. Se podía identificar claramente  la plaza de Neptuno, la esquina de la Carrera de san Jerónimo con el Paseo del Prado (fachada del Museo Thyssen), uno de los laterales del Hotel Palace y tal vez la esquina de la calle Cedaceros, además del triple o cuádruple vallado de protección que cortaba el paso hacia la plaza de las Cortes. En otra pantalla tenía minimizado el Canal Parlamento del Congreso, que estaba retransmitiendo la sesión del día. Y en una pequeña televisión a mis espaldas estaba conectado el Canal 24 Horas de TVE.  En las imágenes de la web de El país no había comentarios, salvo esporádicas conversaciones ¿entre técnicos? que parecían captadas al azar. Aunque el sonido ambiente no era del todo bueno, sí permitía distinguir muchas de las consignas y gritos coreados por los manifestantes. En un momento dado me pareció interesante tomar nota y debajo transcribo (ordenadas alfabéticamente y con alguna acotación meramente explicativa) las frases que capté. Anoto también algunas imágenes que me parecieron atípicas dentro de los muchos momentos de tensión vividos. Sorprendía, por otro lado, la presencia de cámaras de todo tipo y por todas partes, no solo entre los muy numerosos fotógrafos identificados con los petos de la prensa.  Supongo que digerir todas las imágenes a que puede dar lugar un acto así llevaría varias vidas. Con cierta ingenuidad, me acuerdo de los testimonios gráficos de las manifestaciones del final del franquismo, algunos de los cuales tienen casi la condición de «imágenes sagradas», por su rareza.



Las voces
«A ti, a ti, a ti también te roban, a ti, a ti...» (A la policía)
«A ti también te van a echar» (A la policía)
«Así (¿aquí?) empieza la revolución»
«De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue, cueste lo que cueste»
«¿Dónde están los números de placa?» (A la policía)
«El pueblo unido jamás será vencido» (Se repite con frecuencia, como un ritornello que enseguida prende entre los manifestantes, y en los momentos más tensos)
«Esta crisis no la pagamos»
«Éstas son nuestras armas» (Levantando las manos abiertas)
«Esto nos pasa por un Gobierno facha»
«Gobierno, dimisión» (Bastante repetida entre las 20,30 y las 21,15 h)
«Habrá que decirles que por qué nos pegan» (Hacia la policía)
«Hijos de puta» (A la policía, tras una carga)
«La voz del pueblo no es ilegal»
«Lo llaman democracia y no lo es»
«Los de la porra en Navidad no cobran»
«Los delincuentes están al otro lado»
«Menos policía y más educación»
«No es una crisis, es una estafa»
«No nos mires, únete» (Hacia balcones de edificios cercanos y las ventanas del Palace)
«Oe, oe, oe, lo llaman democracia y no lo es, oe, oe, oe, que es una dictadura, eso es»
«Os tenemos rodeados»
«Polícia, únete»
«Que no, que no, que no queremos esto, que no»
«Que no, que no, no somos elefantes, que no» (¿Por el incidente del Rey?)
«Si no hay dinero, ¿por qué hay tanto madero?»
«¡Sí se puede!»
«Televisión, manipulación» (Sobre todo, cuando se encienden focos que indican una conexión, sin duda con TVE, que en el canal 24 horas conecta con el Congreso y da algunas imágenes en directo)
«Tú, madero, aprende del bombero» (A la policía)
«Tus hijos pequeños también van al colegio»  (A la policía)
«Vergüenza, vergüenza» (Mientras varios policías arrastran a un manifestante y también mientras una mujer herida es conducida hacia una ambulancia del Samur)
«Violencia, no»

Tres escenas

Una chica con los pechos desnudos hace una especie de ritual yóguico frente a la policía y los fotógrafos durante unos diez minutos. Después se retira a un rincón y se vuelve a poner la camiseta que le da un joven barbado.

Foto de Pierre-Philippe Marcou (AFP). Tomada de aquí.

Un grupo de unos diez o doce jóvenes vestidos con una especie de chilabas, algunas de ellas de aspecto harapiento, se mueven por entre la multitud saltando y bailando mientras corean (a modo de mesnada futbolera y en lo que parece claramente un happening paródico): «¡Yo soy español, español, español...!»

Un hombre de mediana edad (digamos que cuarenta y tantos) se pasea en calzoncillos (merecedores con propiedad del nombre «gayumbos») portando un cartel en el que puede leerse: «ESTO ES UN MADRID SIN ESPERANZA». Posa ante los fotógrafos y saluda teatralmente a la multitud. Aún le estoy dando vueltas al sentido "último" de su mensaje.

(Imagen superior: escena de una de las cargas de la policía que pudo vivirse en toda su tensión y desarrollo en el streaming de la web elpais.com, donde pueden verse algunos de los momentos más violentos de la transmisión.)

PE. Mientras releo para publicar lo anterior, Neptuno vuelve a llenarse de manifestantes y elpais.com vuelve a transimitir en directo. En los primeros momentos, el grito más coreado es: «Son la policía los encapuchados»...

jueves, 20 de septiembre de 2012

Cotidiana



A poco que nos fijemos la ciudad está llena de mensajes que nos hablan directamente en el idioma de las palabras no gastadas. El problema es que nos llegan envueltos entre tanta ganga y meras bagatelas (¿vagas telas? ¡vaya tela!), que es difícil captar su sentido, a veces incluso hasta darse cuenta de ellos. Cada mañana sería necesario lavarse los ojos, los oídos, las manos con un agua profunda capaz de devolvernos la conciencia de ver, oír, tocar, gustar el mundo como si fuera la primera y la última vez. Ay, cruda sensatez, tan necesaria, cuántos sueños se arruinan en tu nombre...

Banda sonora: Eladio y los Seres Queridos: «El tiempo futuro»

martes, 18 de septiembre de 2012

Carrillo, una impresión


El otro nombre del demonio. Cuando yo era niño e incluso adolescente, Carrillo era el otro nombre del demonio. Tal vez solo el de La Pasionaria (siempre con un “La” bien marcado por delante) podía disputarle la primacía en la capacidad de encarnar la maldad absoluta. Incluso diría que ambos nombres solían pronunciarse siempre juntos, con el mismo desprecio e igual temor. Y si me pongo a remover (o a reinventar) los posos más antiguos de mi memoria, hasta es posible que encuentre el sonido de una secuencia Carrillo-la-Pasionaria como denominación completa de algún ser infernal. No tardó en unirse al nombre de Carrillo en mi conciencia el topónimo de Paracuellos, con todo el humo de vidriosos equívocos y medias verdades con que siempre se ha contado (y aún se cuenta) uno de los episodios más trágicos de la guerra civil, tan pródiga en ellos. Un episodio que en los últimos años de mi adolescencia me llegó envuelto en la hagiografía de los mártires agustinos del Escorial, en cuyas filas (las de los  agustinos) yo estudiaba entonces la filosofía que había de dar un viraje completo a mis ideas (aunque quizás fuera más exacto decir: una perspectiva diferente).

Ecos confusos. Ya a principios de los setenta, cuando el velo del templo se rasgó ante mis ojos (o eso creí), y empecé a tener la posibilidad de indagar en la historia por mi cuenta (o eso pensaba), el minucioso maniqueísmo de un solo lado con el que a tantos nos acolcharon la infancia y enlaberintado la adolescencia había cedido.  Pero entonces, por cierta orientación anarcoide de aires jipistas, tampoco el personaje de Carrillo (lo poco que sabía de él) me resultó simpático. Algún hilo suelto acerca de las polémicas que se habían vivido en el interior del Partido Comunista, y noticias más o menos confusas sobre el carácter dictatorial con que, al parecer, el entonces secretario general del partido las había solventado, y, sobre todo, una profunda desconfianza hacia toda organización amasada (y también amansada) en torno a un dogma, debieron de influir poderosamente en que Carrillo siguiera siendo para mí, aunque por motivos ya muy diferentes, una figura antipática.

Lucidez, valentía. Las cosas empezaron a cambiar a raíz del fascinante episodio de la peluca (su regreso clandestinamente pactado a España), la reacción ante la barbarie de Atocha (asesinato de los abogados laboralistas), la sorpresa del sábado santo de 1977 (legalización del PCE), entre otros momentos intensos de una época en la que viví la política con una pasión con que después ya nunca… Y se tornaron en decidida admiración hacia la persona cuando, frente a las despiadadas críticas de muchos que antes le jaleaban, Santiago Carrillo (entonces el apellido ya casi nunca iba solo) contribuyó a hacer posible que la complicada salida de la selva franquista se pudiera hacer de forma pacífica. Es este un tema (reforma vs ruptura) que aún me lleva a la discusión más o menos apasionada con amigos (si bien cada vez menos) y supongo que forma parte de un debate que todavía está lejos de haberse cerrado: las vueltas que da la historia implican también interpretaciones inéditas (e incluso inimaginables) del pasado. Lo cierto es que desde ese momento mi respeto y admiración hacia él no hicieron más que crecer. Su impresionante gesto de valentía en la tarde del 23 F aún me emociona. También el recuerdo de la única vez que lo vi de cerca, hace ya unos años, en la librería Crisol de Juan Bravo, dando una lección de enérgica tolerancia ante un grupo de descerebrados vociferantes, muy mala gente.

La sombra del padre. En los últimos años, creo que no me he perdido ni una de sus intervenciones en el programa «La ventana» de la cadena SER, con contertulios diferentes, aunque me parecieron especialmente lúcidos los diálogos mantenidos con Ernest Lluch y Herrero de Miñón, e incluso, hasta hace bien poco, con Martín Villa. Memorable fue, por diversos motivos, el saludo entre Santiago Carrillo y Manuel Fraga (éste ya en silla de ruedas), hace ahora unos tres años (hablo de memoria): por razones estrictamente personales, me pareció que aquel encuentro también permitía que pactaran en mi interior algunos fantasmas nominales de la infancia y, aunque fuera solo en la pequeña escala de la memoria personal, suponía el cierre pacífico de una larga historia. Ahora don Santiago Carrillo, que era coetáneo de mi padre (se llevaban exactamente un mes), ha muerto mientras dormía la siesta y manteniendo hasta el último momento la lucidez, según le escucho decir a su hijo. La suya es una pérdida histórica, en todos los sentidos. Y nos deja, en mi opinión, una lección de tolerancia, inteligencia y capacidad de adaptación en verdad admirable. Descanse en paz.


Fotografía tomada de esta web.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Vuelve Revista de Libros (RdL)


Hay vuelta atrás, al menos en algún caso. Vuelve Revista de Libros. No en el papel, que cada vez más va pareciendo un producto de otra era, pero sí en edición digital y en abierto. Hojeando («zapeando por», quizás fuera más correcto)  el primer número de la nueva etapa, echo en falta el nombre de Amalia Iglesias en los créditos. Su función aparece ahora al cargo de Luis Gago. Sigue, naturalmente (y supongo que el retorno ha sido posible gracias fundamentalmente a sus gestiones), Álvaro Delgado-Gal, almamáter del invento desde sus inicios.  Y observo complacido que se incorpora como colaborador habitual Manuel Rodríguez Rivero. Hay un primer artículo suyo (Horticultura es su título) que debería ser leído en voz alta, y hasta recitado, por tanto ministro cenizo como nos gobierna, al menos un par de veces al día; o mejor, tres: desayuno, comida y cena, como la prescripción de ciertos antibióticos. La presentación de la «vuelta al tajo» por parte del director avisa de que vuelven sin perder un ápice de la exigencia anterior y que abordarán temas a fondo. En el primer número, la estrella es nada menos que el bosón de Higss, sin contemplaciones. Parece, pues, que la nueva RdL apuesta por la poesía pura y dura. Se ofrece, además, el archivo completo de la revista desde su aparición en 1996: más de 4 000 artículos entre los que figuran algunas piezas indispensables de la crítica ilustrada de los últimos años. Permaneceremos atentos.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Trendingtópic


Las matemáticas nos ponen a salvo de la insania colectiva, del ruido envolvente frente al que a veces es tan difícil encontrar amparo, de la lluvia de estupidez que no cesa: cualquier cifra, por alta que sea, multiplicada por 0 es 0. Así de sencillo.

R. Magritte: Golconde. Col. Particular. Tomada de Fondation Magritte.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

RuizGalán: ropa con nueva vida


Aunque no he podido estar presente, me consta que la presentación de New Life, la nueva colección de ropa de RuizGalán, en la sección EGO de la Fashion Week Madrid ha sido, además de un éxito, una sorpresa. Y no es para menos. No entiendo nada de moda, pero vengo siguiendo desde hace algún tiempo la carrera artística de Pablo (alguna huella de ello hay en la Posada) y, después de ver detenidamente el vídeo que dejo arriba, me complace comprobar cómo se van concretando en obras cada más reales y accesibles, en todos los sentidos, las mil y una sugerencias que bullen en la imaginación de su espíritu inquieto.

En alguna crónica del acto se habla de «moda con mensaje», tal vez por el peso que en los orígenes del proyecto ha tenido una especial valoración de aspectos solidarios (la colección ha sido posible gracias a una recolección de «prendas de amistad») y ecológicos (dar una «nueva vida» a los objetos es la esencia del reciclaje). Pero esa es una frase que, siendo verdad, puede resultar insuficiente y hasta confusa.

Las creaciones que Pablo ha echado andar en esta nueva colección (la tercera ya) no creo que quieran decir nada más importante que su propia naturaleza. O, dicho de otro modo, no quieren decir, dicen, visten: son una respuesta concreta e imaginativa a un tiempo concreto, a un mundo globalizado (la letanía de países que se oye en un momento del desfile lo subraya), a una urgencia que exige acción donde antes quizás bastaba con la meditación.

Entre los modelos paseados se suceden con naturalidad conjuntos de una sencillez que nunca naufraga en la monotonía --útiles por ejemplo para salvar un día gris-- junto a otros mucho más historiados, incluso barrocos y hasta con ecos de ilustraciones literarias (aunque puede que esto último sean solo figuraciones). En el taller interno de la muestra se adivina un afán por investigar en la superposición y los tactos de las telas recolectadas. Y se advierte una lucha valiente contra la tiranía geométrica, aunque la geometría siga siendo un patrón inevitable (cómo si no). También un deseo de no renunciar a ninguna de las posibles alternativas o soluciones combinatorias, tan variadas y ocurrentes, que a veces se diría que son fruto de la improvisación o del azar si, en su conjunto, no pusieran de relieve un indudable aire de familia, las sutiles líneas de fuerza de un sistema, la impronta de un estilo.

Concluido el desfile, se impone una voluntad de ligereza lograda, de belleza práctica, incluso de cordialidad envolvente. Aunque también hay un punto de gravedad o melancolía, si es que estas palabras son adecuadas para hablar de ropa. Son, en todo caso, prendas reinventadas, reencarnadas con la gracia suficiente para conservar la memoria afectiva de su vida pasada y ponerla al servicio de una nueva manera de ser útiles. Y bellas. La experiencia, no sé por qué (quizás por la penuria, también onírica, que nos rodea), me hace recordar unos versos de Fernando Pessoa:

No soy nada,
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Tengo la impresión de que con New Life RuizGalán ha dado un paso que puede suponer la clausura de una exploración adolescente y apasionada del mundo. La seriedad de esta propuesta, unida a un estilo personal cada vez más reconocible, permite vislumbrar que la travesía y un duro trabajo creativo le han situado en otra dimensión. O están a punto de hacerlo.

domingo, 12 de agosto de 2012

jueves, 9 de agosto de 2012

Aún MariLyn




                                                         --Un homenaje, o dos...

                       Mediodía de agosto:
                       sonrisas verticales,
                       cumbres nevadas.


Libro de la Aventura, pag. 99.

martes, 7 de agosto de 2012

JG, 1954



En el cine de la Posada no podía faltar este momento cumbre de Johnny Guitar, filme de 1954, obra maestra de Nicholas Ray.  Puede que sea una de las escenas más perfectas que se hayan rodado nunca, con un diálogo entre Johnny Logan (Sterling Hayden) y Vienna (Joan Crawford) tan verdadero que suena como pura música de lúcida sensibilidad. Por cosas así tiene sentido volver a repetir el conocido verso de Alberti:
«Yo nací —¡respetadme! con el cine.»

domingo, 5 de agosto de 2012

harOs



En Barcelona,
en el 92,
qué nuevo todo.

La ceremonia,
el arquero y la llama:
¡tiempos modernos!

Y la alegría
de las muchas medallas
y el entusiasmo…

El fin de siglo
parecía tan lejos,
¡quién lo diría!

(De aquellos fastos
a estos espesos lodos:
¿somos los mismos?

Tiene el deporte
esa melancolía
de lo que fuimos

y la esperanza
de que estar vivos sea
no solo un récord.)

Pero ya estamos
en el 96:
cita en Atlanta.

En los 100 metros,
un nuevo hijo del viento:
¡Donovan Bailey!

Y Michael Johnson,
200, 400:
otro doblete.

Logró lo mismo,
gala de Guadalupe,
la gran Perec.

Sídney 2000,
Atenas 2004…
Ayer, Pekín…

No mucho menos
rápido se suceden
las estaciones.

Hoy, 6 de agosto,
son ya las 20 horas,
de 2012:

todo está a punto
para la ¿gran hazaña?
de Usaín Bolt.

haRos


¡Bravo, MiReia!
Gracias por las tres platas
(... la otra, tu risa).


Y por el lema:
«Si no corres, no nadas»
(¡vale el esfuerzo!)


Historia grande
de un club que es solo «El Club»,
 ni más ni menos.


Casi cien años
suma y sigue la saga 
del Sabadell:


Santiago Esteva,
Martín López Zubero,
Frederic Hviid,

Maripaz Corominas,
Lourdes Becerra,
Zhivanevskaya... 


Nombres que escriben
en páginas de espuma
crónicas de agua.



Foto: Mark J. Terrill y Michael Sohn (AP)