domingo, 2 de febrero de 2014

Muerte de poetas


Aún estábamos intentando salir del mes de enero, por ver si los dioses invernales se apiadaban y cesaba tanta muerte de poetas (Gelman, Pacheco, Grande, Ortiz y, a su modo, por libre, París), cuando Febrerillo el Corto, recién nacido, por no ser menos, añadió el nombre de Luis Aragonés. El duelo nacional por «el sabio de Hortaleza» es tan extenso, que resulta difícil no dejarse arrastrar por la marea unánime. Y más complicado aún añadir algo nuevo a las coronas fúnebres que se le dedican por todas partes. Por la mía, mi homenaje al hombre que, junto con Guardiola y Del Bosque, me devolvió el gusto por el fútbol después de muchos años (aunque no estoy muy seguro de que esa sea una buena influencia), consiste en considerar que para hacer posible tantos hermosos espectáculos como la selección española nos ha deparado en los últimos tiempos, tras toda una vida de fracasos y mugre, hizo falta una suerte de energía poética de orfebre: la sabia geometría del tiqui-taca. Y que fue precisamente Luis Aragonés quien, con sus algo toscas pero muy divertidas y eficaces maneras, logró estimular en nuestros jugadores la creencia en la fuerza de esa inspiración. Por eso mismo, el mejor homenaje que los cielos azarosos podrían rendir a Luis, y a los demás poetas muertos, es proporcionarle al Atlético, esta misma tarde, el liderato de la liga. Sería algo así como una jugada de justicia poética ante la que sin duda el genio de Luis asentiría allí donde se encuentre, quién sabe, tal vez una vez más vestido con el chándal de la Roja y dispuesto a la brega sobre los verdes campos del edén.

viernes, 31 de enero de 2014

Moebius, con su banda, a las 13:30

««Nueva York quiere aniquilar a sus cisnes. Fallece el poeta Félix Grande. El régimen sirio arrasa miles de casas para castigar a la oposición. Pedro J. Ramírez dice a su equipo que deja la dirección de El Mundo. «Si ese es su Alá, yo lo maldigo». ¿Para qué evitar la masturbación? Tío, apestas. ¿Y si dejan de llegar inmigrantes? Argentina intenta frenar las subidas de precios. La oposición ucraniana rechaza abandonar los edificios ocupados. «Fue como si me hubiera caído de un rascacielos». Google vende los teléfonos de Motorla a la china Lenovo. El Atlético asalta San Mamés. Kevin Durant vuela sobre el nido de LeBron James. Miles de personas piden que se expulse a Bieber de EE UU.  EE UU acusa a Rusia de violar el tratado sobre misiles. La policia quiere que la infanta baje en coche la rampa de los juzgados. Alimentos 100% naturales llenos de química. La recuperación coge fuerza en el último tramo de 2013. Sáenz de Santamaría respalda al PP vasco ante los ataques de la derecha. Escraches con coches y `drones´. Alonso, estreno y parón. Finca Sobreño crianza 2010. Recibir al banco a mano armada. Una década tras J.D. Salinger. El sueño de discutir con Octavio Paz. El presidente de EE UU en busca de la credibilidad perdida. Imputado el director de un colegio por rechazar al hijo de dos gais. Tartaletas de kiwi y fresa. Tuenti pierde 23 millones en sus dos años como filial de Telefonica. El Ejército reorganizará tropas en Euskadi, Aragón y Cataluña....»»

(Tiempo cortado, 30 enero 2014, 13:30)

miércoles, 29 de enero de 2014

Lago traduce ríos


exigir al texto que tenga sentido
al texto que tenga sentido exigir
texto que sentido tenga al exigir
que tenga sentidexigir al texto
tenga que exigir al texto sentido
sentido que tenga texto al exigir


[Creo que ya lo he explicado alguna vez, pero lo inventaré de nuevo. Un dado, como el que figura sobre estas líneas, es un artefacto verbal que parte de una frase encontrada por azar (un texto dado), que debe tener seis palabras o caras (parece lógico) y a la que se somete a una serie de tiradas o enunciados (generalmente, con seis envites o múltiplos de esa cifra) para que, de forma más o menos mallarmeana (un coup de dés), pueda mostrarnos que, pese a todas las apariencias y esfuerzos, el azar no puede ser abolido... pero tampoco resulta ingobernable. En el mejor de los casos, la frase, con su giro derviche, engendra algo parecido a un poema. Aunque la mayoría de las veces puede que sólo nos deje entre los dedos un polvillo de alas de mariposa que se resiste a ser disecada.

Este dado sobre el texto y el sentido parte de una frase encontrada en un comentario a la traducción en marcha (in progress) que el escritor Eduardo Lago realiza de Anna Livia Plurabelle, el fragmento más famoso y difundido
de Finnegans Wake, esa obra a través de la cual el fantasma de Joyce no cesa de reírse desde el otro mundo viendo los tremendos esfuerzos con que toda una caterva de bípedos implumes, de ambos sexos, se afana en discernir imposibles encrucijadas verbales. El trabajo de Lago sobre la novela y, en concreto, sobre la enumeración de ríos y larvas de ríos corriendo en todas direcciones que reúne el fragmento citado (hay nombres que señalan destinos), es realmente digno, más que de simple admiración (que también), de auténtico asombro: el que produce darse cuenta de que no sólo hay gente que todavía cree en los milagros sino que es capaz de producirlos (o reproducirlos). Siempre que me he perdido entre las líneas de la traducción de Lago, y en sus jugosos comentarios (por ejemplo, en la quinta entrega), he encontrado alguna pepita de oro. Este dado,  entendido en el sentido que señalan las muescas del texto (esto es, como negación, que es como lo formula su autor), quiere ser un pequeño y lúdico homenaje por lo mucho que disfruto cada vez que me doy una vuelta por allí. Por cierto, la aventura va por su octava entrega (fechada en diciembre de 2013) y está alojada en la por tantos motivos muy interesante web de Enrique Vila-Matas.]


En la foto, escultura de Anna Livia Plurabelle en el  Cropples Memorial Park de Dublín.

lunes, 27 de enero de 2014

Gracias, marea blanca

La sanidad no se privatiza. Fotografía tomada de eldiario.es.

El gran triunfo conseguido por los profesionales y trabajadores sanitarios, al forzar al Gobierno de la Comunidad de Madrid a dar marcha atrás en su intento de privatizar seis hospitales madrileños, es una de esas noticias que devuelven la confianza en la capacidad de la razón pública para frenar los desmanes de la codicia privada. Tiempo habrá de valorar la verdadera importancia que este logro puede tener sobre otros problemas y contenciosos en liza, así como de pedir las responsabilidades políticas oportunas. De momento, creo que es de justicia dar las gracias a los profesionales del sector sanitario que, con una resistencia realmente heroica, han conseguido paralizar y revertir un proceso que no sólo era uno de los mayores ataques a lo que queda del estado de bienestar, sino la embestida más seria contra un baluarte que, de haber sido derribado, abocaba a toda la sanidad del país a un peligro cierto. Gracias, marea blanca. El esfuerzo ha merecido la pena. Vuestra resistencia es un ejemplo a seguir.

viernes, 24 de enero de 2014

eXcritura


La escritura se parece mucho al sexo: 
el deseo la mueve y la imagina, 
le descubre posturas y fronteras 
que parecen estar
al borde de la zona respirable 
y más allá del horizonte.

Pone en marcha caravanas de dioses 
y de cuerpos 
sombreados por la misma calígine, 
luz dispersa girando 
sobre el mar 
de la página 
y los rostros.

Se inventa descubriendo
sus propios manantiales 
y otras fuentes 
que deben ser calladas.

Se extravía en los signos 
y en los símbolos: 
un botón sonrosado, un dulce lóbulo, 
la palabra que vale su misterio, 
promontorios y abismos insondables.

Alza los velos últimos 
del templo oculto en la espesura
y descubre los ojos transparentes 
de la pequeña muerte 
con que el dios de la dicha  
oculta su sonrisa.

Y al igual que el amor o solo sexo
revelación del tiempo irrepetible, 
memoria poderosa de la fugacidad de todo paraíso, 
la escritura a menudo naufraga en la tristeza.




Imagen tomada de El escondite de las palabras.



Entrada recuperada de los baúles de la Posada.
Primera publicación: 21/07/2009 20:04.

martes, 21 de enero de 2014

El ágrafo Rajoy


La entrevista que Gloria Lomana hizo al presidente Rajoy en Antena 3 bien podría figurar en una hipotética antología de la inanidad y el despropósito. Sería risible si no resultara estremecedora, por el simple hecho de que muestra, hasta extremos dolorosamente reveladores, de qué cabeza depende el ejercicio de la máxima autoridad ejecutiva de un país en crisis.

En los análisis y comentarios sobre las palabras del presidente se han puesto de relieve las contradicciones (sobre el aborto, sobre la economía), los encubrimientos (los cuatro monosílabos con que despachó el asunto Bárcenas), los disimulos (la relación con Aznar), alguno galimatías (el fracaso de la lucha contra el paro), muchas  vaguedades («no adelantemos acontecimientos» es la muletilla más repetida) y diversas meteduras de pata (su descarada toma de partido en un asunto sub júdice como es la imputación de la infanta Cristina), cuando no obviedades que rozan la candiestolidez («el Rey es un ser humano, es una persona...»), entre otros aspectos reseñables de una conversación tan invertebrada y chapucera que hasta da pie para justificar la conocida y aberrante querencia del presidente a no salir del plasma.

No he visto sin embargo que se haya subrayado un aspecto que demuestra, acaso como pocos, que la tantas veces denunciada indolencia de Mariano Rajoy es algo más que un lugar común. Tras interesarse por su relación con Aznar y mencionarle a Zapatero, la entrevistadora le pregunta si toma notas para escribir algún día sus memorias. Y esto es lo que Rajoy, con un énfasis que no se le percibe en otros momentos de la apagada conversación, responde:
«No he tomado notas nunca. Quiero sacar a España de la crisis y resolver problemas que algunos nos han creado al conjunto de los españoles. A fecha de hoy no tengo ninguna intención de hacer memoria. Si tuviera que decir lo que puedo hacer en el futuro igual cambio de opinión.»
Con un par. El señor presidente no solo admite su condición de ágrafo absoluto sino que uno diría que casi se muestra orgulloso de ello. Y remata la explicación con uno de esos bucles dubitativos rajoyanos que él tiende a repetir como si fueran graciosos, pero resultan patéticos.

Visto lo visto, habría que proponerle al ministro Wert (otro ejemplo de elocuencia) que mueva los hilos a su alcance para que, en alguno de esos exámenes de reválida que la LOMCE esgrime como varita mágica contra el fracaso escolar, se ponga este texto de Rajoy para que los alumnos lo comenten. A ver qué sacan en limpio. Aunque también se podría imprimir la transcripción de la entrevista entera de cara a montar con ella un curso de oratoria. A la contra, claro.

Dada la relación que Rajoy confiesa con la escritura (reveladora, también, de la que debe de tener con la lectura), no es extraño que su nivel comunicativo y su capacidad de expresión se muestren tan menguados. Lo cual resulta en verdad alarmante. El grado de indolencia del presidente del Gobierno ha llegado a un punto que cae de lleno dentro de la insolvencia. Es desolador.

Imagen superior: «Mariano Rajoy apunta su nombre en la pizarra el primer día tras la vuelta de las vacaciones.». Tomada de El Mundo Today.

viernes, 17 de enero de 2014

Bill Viola, el ojo en vilo

 Un instante de El quinteto de los silenciosos, de Bill Viola.

Las cuatro videoinstalaciones de Bill Viola que pueden contemplarse en la planta primera del Museo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid (hasta el 30 de marzo), tienen un gran poder de revelación. En sí mismas, son obras maestras de un delicado arte visual que posee la virtud de poner el tiempo en primer plano a la vez que nos ilustra sobre otra forma posible de mirar. Pero además, al entrar en diálogo con las pinturas del museo, y en especial con los ojos de los retratos de Zurbarán o Goya, los cuerpos emergidos de la oscuridad de los tenebristas, o con el gesto transido de la talla de la Dolorosa de Pedro de Mena, entre otras confrontaciones, estas obras de arte visual potencian la experiencia misma del mirar: nos hacen caer en la cuenta de la importancia de algunos fenómenos sutiles que tienen lugar cuando observamos un cuadro o una escultura. La experiencia equivale a algo así como a abrir una secreta puerta que nos permite entrar dentro de las obras para descubrir sus movimientos internos y captar con detalle matices y sugerencias que el gran arte contiene, pero que no siempre es fácil percibir.

Las obras de Viola seducen por su envolvente plasticidad. Son uno de los grandes logros artísticos de cierto hiperrealismo digital imperante en la era de las ubicuas pantallas. Y resulta evidente que privilegian una dimensión que la pintura, antes de la eclosión de las tecnologías visuales, sólo podía imaginar como un fenómeno que tenía lugar en la retina y el cerebro del espectador: la presencia objetiva del tiempo.

Esto es posible no sólo porque las obras de Viola duran (como dura, digamos, una película) sino porque provocan una experiencia en la que el tiempo puede ser contemplado con extrema parsimonia, en un punto más allá de la cámara lenta, lo que hace posible distinguir en su duración fenómenos que por lo común pasan inadvertidos.

El arte de Bill Viola pone en vilo nuestros ojos porque los deja sin el apoyo o soporte de la quietud. También porque, al ofrecernos en sus obras un minucioso estudio de emociones que van desde el asombro o la perplejidad hasta la tristeza, el dolor y la angustia extrema, la contemplación de estos "cuadros" produce una notable inquietud y hasta zozobra.

La bellísima obra titulada Dolorosa (2000), dispuesta como un díptico que parece salido del taller de un pintor maestro en el arte del retrato, nos ilustra sobre el dominio de técnicas escenográficas e interpretativas que subyacen en la creación de un paisaje interior como el que las dos figuras retratadas nos muestran.

Dolorosa..
Mucho más inquietante resulta Montaña silenciosa (Silent Mountain, 2011), donde asistimos a la manifestación de una corriente emocional devastadora en los rostros y cuerpos de un hombre y una mujer mostrados en dos pantallas adyacentes.

 Montaña silenciosa, en su entorno.
Singular, tanto por su plasticidad como por la tensión y hasta intriga de su desarrollo, es Rendición (Surrender, 2001), una experiencia que es también un viaje a través de la historia del arte, desde la densidad realista de grandes maestros, como Velázquez o Rembrandt, hasta las distorsiones de un Bacon o los destellos pastosos de algunas corrientes de la abstracción.

Rendición, entre retratos de Goya.
De naturaleza bien distinta, aunque complementaria, es la obra El quinteto de los silenciosos (The Quintet of the Silent, 2000), a la que corresponde la imagen superior. En la pequeña sala interior donde se muestra esta crónica épica de la mirada, mientras nos confrontamos con los rostros de un grupo de personas que se ignoran entre sí, y que tampoco parecen prestar atención alguna al espectador, se produce, durante unos instantes imprecisos, una sensación de vacío o ausencia que quizás pueda describirse con propiedad, según dice la nota que en un rincón describe la obra, como «un espacio psicológico donde el tiempo se suspende».

Sin embargo, cuando volvemos a percibir el movimiento y con él la duración, es inevitable preguntarse, como hace una chica a mi lado: «¿Qué estarán mirando para reaccionar de esa forma?». Uno sale con la impresión de que es uno mismo, o sea el espectador, el que ha sido visto por esos ojos primero ensimismados, luego asombrados y finalmente ausentes. Aunque tal vez sea eso lo que siempre hace el verdadero arte.

El artista neoyorkino Bill Viola (1951).

Todas las imágenes, excepto el retrato del artista, están tomadas de la web del Museo.

sábado, 11 de enero de 2014

El bulo soluble


Al volver sobre sus pasos, de regreso al agua, se dio cuenta de que todo había sido un bulo.


Foto: Puerto de Cartagena. AJR, Navidad 2013.


viernes, 10 de enero de 2014

El futuro no es un broma



Tal como me ha llegado, y después de pensarlo durante diez minutos (y, en algún sentido, durante toda una vida), me hago eco de este «corto» que pretende i(nte)rrumpir (en) el panorama político (de hecho ya lo ha hecho: ¡bingo!) aportando alguna novedad digna de tenerse en cuenta. Atención al giro del minuto 2:41. Juzgad vosotros mismos.

domingo, 5 de enero de 2014

En la noche de Reyes, una voz...

Mosaico de la iglesia de San Apolinar Nuevo, Rávena.
¡Arrima la mirra!

[AJR, 3:13; Palíndromos ilustrados, XXXV]


Teníamos claro lo de oro. Y estábamos familiarizados, a través de los cultos religiosos, y mucho antes de que la ola hippie (o, ahora, jipi) nos volviera a acercar sus aromas, con el incienso. Pero a ciencia cierta nadie sabía qué era la mirra. Aún hoy, aunque le pongamos la referencia genérica de «resina aromática» y hasta nos documentemos visualmente en alguna página web, nos sigue pareciendo, con mucho, el más enigmático de los regalos que los Magos año tras año llevan al portal.  Por eso, escuchar en el silencio de la noche de Reyes ese grito, entre avisador y suplicante, «¡Arrima la mirra!», me hace pensar que hay misterios que nunca se desvelan del todo y magias de efecto permanente. Y está bien que así sea. Toda epifanía, ya sea bíblica, joyceana o puramente lúdica, tiene cierta condición de iceberg. Estas palabras en forma de vaso de ofrendas no son una excepción: ¡Mirra! 
Dicen que en noches como esta
los deseos tienen alas. 

miércoles, 1 de enero de 2014

Año nuevo

Amanecer en las viejas salinas de Los Cancajos, isla de La Palma.
Al fondo, a la izquierda del sol, se adivina la silueta del Teide. AJR, 2013.

De mar en mar,
cada mañana el sol
se inventa el mundo.

Feliz 2014

domingo, 29 de diciembre de 2013

Brocal

Al fondo de ese sueño inapresable que con tanta cordura diseccionas hay algo que te inquieta, una brizna de tu ser más profundo que nunca llegarás a descubrir. La miras desde lejos como si contemplaras, en lo hondo del pozo de tu alma, un cabrilleo fulgente, una marea apenas perceptible que no puedes nombrar con otro énfasis que no sea el del filo de estos cristales rotos, aunque sepas que así va a deshacerse como un poco de niebla en la mañana. Ya la das por perdida mas la sientes vecina de tus ojos y tus dedos mientras mueves las pesadas poleas del idioma e intentas que por fin llegue al brocal del poema, y al borde de tus labios, una palabra viva de agua fresca.

Imagen: Pozo en Castel Sant’Angelo, Roma
(© Clara Ramos, 2008).

Entrada rescatada de los archivos de la Posada. 
(Primera publicación: 15 diciembre 2009; 09:34)


viernes, 27 de diciembre de 2013

A veces llegan cartas...

Como quien no quiere la cosa, pronto hará casi veinte años que, a través de un amigo que ya no está, me llegaron en forma de emilios (un neologismo que no parece haber hecho fortuna) estas dos misssivass que ahora encuentro en YouTube repicadas en diferentes versiones (la segunda, en realidad, es una entrevista, pero no es cuestión de echar a perder la oportunidad del título de la entrada por una nimiedad de géneros). Como supongo que aún habrá quienes no las conozcan, especialmente entre las nuevas generaciones que, en oleadas cada vez más nutridas, acuden a esta Posada en busca de solaz (lo que no quiere decir que de verdad lo encuentren, ja ja), aquí las dejo como figurillas de un belén virtual. O, mejor aún, como parte importante de la banda sonoro-humorística de la que me gusta rodearme en estos días tan señalados. Que ustedes las rían bien.



lunes, 23 de diciembre de 2013

Dádiva Navidad


Como don de la Navidad y colgada de la percha del sencillo palíndromo del título, dejo proyectándose en la pequeña sala de cine de la Posada (aunque es probable que deban verlo en YouTube) el bien conocido Cuento de Navidad de Auggie Wren, de Paul Auster, filmado por Wayne Wang, y al que la voz de Tom Waits, insistiendo casi con desgarro en que «somos inocentes cuando soñamos», le da un subrayado que hace que la historia sea estremecedora. Es la secuencia final de Smoke, esa película sobre el arte (y la paciencia) de mirar, muy recomendable para estos días y que ha merecido en la red análisis tan bien informados como éste (en él puede verse, doblada, la escena del minucioso relato que el fotógrafo Auggie Wren —inolvidable Harvey Keitel— le hace al escritor Paul Benjamin —un muy creíble William Hurt—, quien utilizará la historia para cumplir su compromiso de colaboración navideña con un periódico). Preparando la entrada, descubro también que la editorial Seix Barral ha reeditado (anteriormente apareció en Lumen) el cuento en un volumen con coloristas dibujos de la ilustradora argentina Isol. Si aún tienen pendiente algún regalo, tal vez sin querer hayan encontrado aquí una buena idea. Una (otra) dádiva. Feliz Navidad.



[AJR, 2:13; Palíndromos ilustrados, XXXIV]

sábado, 21 de diciembre de 2013

Alfonso, el peliculero


Uno de los personajes más populares de la televisión en los años sesenta y setenta (de otro milenio hablo) fue, sin duda, el crítico de cine Alfonso Sánchez. Su nombre hoy ya no parece decir nada a casi nadie, pero estoy convencido de que en mi generación y en las inmediatamente anteriores y posteriores somos muchos (con la segura excepción del ministro Montoro) los que le debemos un especial aprecio del cine como algo más que un mero entretenimiento. La naturalidad y gracia con la que Alfonso Sánchez presentaba las películas, y la sabiduría de sus comentarios en los diferentes programas en los que se ocupaba de la sección de cine, fueron, en aquellos años de formación, una alerta valiosa sobre la naturaleza artística del séptimo arte. Incluso me atrevería a decir que fue él el primero que a muchos nos enseñó a ver aspectos que ni siquiera sospechábamos que pudieran entrar en juego en lo que hasta entonces era, más que nada, una fascinación a la que nos entregábamos siempre que era posible, en especial los domingos por la tarde y en sesión continua. 

La voz de Alfonso Sánchez, con su inolvidable registro nasal de trompetilla, algo gangosa y algunas veces a punto de desbaratarse en los atascos de la tartamudez o entre los ataques de tos (siempre sospeché que eran rasgos que el personaje exageraba a propósito), forma parte de la banda sonora de esos años, no sólo por las muchas veces que la oímos en la pequeña pantalla, sino también porque se convirtió en fuente de inspiración de humoristas y caricatos: no había artista cómico que no incluyera entre sus habilidades la imitación de «Alfonso, el peliculero». Incluso en las veladas de colegio o en las fiestas de fin de curso era habitual el numerito, muchas veces acompañado por la parodia de los relatos faunísticos de Félix Rodríguez de la Fuente, otra voz tan peculiar como inolvidable. 

Esta mañana sin saber por qué, quizás debido a las contradictorias mareas emocionales propias del infinito ciclo navideño, me he despertado con una gran añoranza de esa voz. Y me he puesto a buscarla por la red. Fruto de esa pesquisa es este excelente documental (más bien un autorretrato del personaje) que José Luis Garci realizó en 1980, un año antes de la muerte del gran crítico de cine. 


jueves, 19 de diciembre de 2013

A los cuatro vientos


Sobre la chimenea de La Posada puede verse estos días una especie de heraldo enfaldellinado que pregona a los cuatro vientos sus buenos augurios.

Al viento del Norte,
la salud que importa.
Al viento del Este,
el don de la luz.
Fuerza, al melancólico 
viento del Oeste.
Y  días alegres
al viento del Sur.


Feliz Navidad









martes, 17 de diciembre de 2013

Sí, (parece que a veces) se puede



Desde que me llegó el primero de sus correos, suelo prestar atención a las iniciativas de change.org, uno de los ejemplos más claros del poder de las redes sociales. El vídeo resume algunos de los logros de estas iniciativas de solidaridad que, a diferencia de tantos otros mensajes que se encadenan en la red sin ton ni son, están poniendo de relieve una alianza entre tecnología, responsabilidad e imaginación digna de crédito y apoyo. Tal vez esté en ellas el embrión de una nueva forma de organizar y ejercer el poder que de verdad se rija por el bien común y sea capaz de poner freno a tanta corrupción política.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Un drama atemporal



¿Aparta y atrapa
 o
atrapa y aparta?

[AJR, 3:13 +(o)+3:13. Palíndromos ilustrados, XXXII, XXXIII] 

(Aunque algo distorsionada, la voz que subraya la belleza trágica de esta secuencia impresionante es la del inolvidable Constantino Romero. Sirva de homenaje.)

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Metáforas de arena

Dunas de Calblanque. © Sagrario Pinto, 2008.

Siempre empiezo a escribir en el desierto.
No es solo la aventura, es la materia
del impulso que estira hacia la luz
la parte más oscura de su peso
para encontrar debajo de la arena
la plata de los sueños escondidos
y la forma segura de olvidarlos.

El viaje es la piel dura del día
y su signo es la búsqueda inhumana
porque nadie
nos puede socorrer ni nadie viene
a decirnos que sí o a reprobarnos.

Las palabras son seres imprecisos,
vibrantes, como dunas movedizas:
su estela es infernal pero tan pura
que puede rescatarnos del abismo
con tan solo iniciarse en nuestra mente.

Siempre dejan un rastro las palabras
que no se acaba, solo se abandona
para poder vivir entre las cosas
con palabras capaces de querernos.

El desierto es así. Y no tiene límites.



Rescatado de los arcones de la Posada
(Primera publicación: 3 julio 2009; 12:37)

sábado, 7 de diciembre de 2013

Sin parangón

Nelson Mandela en 2008, al cumplir 90 años. Foto EFE.

El padre JR, al que familiarmente llamábamos «Zaqueo», era un gran amante de los ránkings, las listas, las enumeraciones que pusieran en orden el mundo. Recuerdo que aquel año (tal vez en el curso escolar 68-69, puede que uno antes, tal vez uno después) lanzó una encuesta entre los alumnos del colegio-seminario de San Agustín de Salamanca para elegir, por rigurosa votación individual, a los personajes más importantes de la historia. Había al menos ocho o nueve categorías: se trataba de seleccionar y ordenar los diez nombres más destacados e influyentes en campos tales como la religión (el primero), ciencia, literatura, arte, música, deportes, cine... y alguno más. Y, como resumen de la encuesta, pero de forma independiente, había que designar un top ten (como diríamos ahora) de los diez nombres verdaderamente imprescindibles de la historia universal en todos los terrenos; o sea, algo así como el «no va más» de la excelencia (aunque esta palabra entonces tampoco la utilizábamos).

Me gustaría recuperar, por curiosidad más que nada, aquellas elecciones, que tal vez llegaron a publicarse (al menos un resumen) en Elegidos, la revista del colegio, cuyo principal impulsor era también el padre JR (en ella vi por primera vez mi nombre en letra impresa, debajo de uno de los primeros poemas que escribí, o tal vez de una prosa poética en torno a la figura de fray Luis de León, al que por ser agustino, y más en Salamanca, considerábamos casi como alguien de la familia... y en cierto modo lo era). De aquellas listas sólo recuerdo que la de los "diez principales" la encabezaba, claro, Jesucristo, y que en ella seguramente figuraban San Agustín (por supuesto) y Cervantes y Shakespeare, supongo que también Aristóteles y Platón (la filosofía nos infundía gran respeto),  y puede que con algunas posibilidades para Buda o Confucio (el ecumenismo estaba en boga), muy probablemente algún papa (Juan XXIII era muy admirado), pongamos que algún rey, dudo que algún político (ni siquiera John Kennedy, entonces aún envuelto por completo en la mitificación de su magnicidio) y por ahí...

Viene todo esto a cuento de la muerte de Nelson Mandela y ese consenso universal que parece existir alrededor de su figura, tan extendido que nos lleva a pensar que no tiene precedentes, al menos en la historia de las últimas décadas. Aunque a veces se olvida, al hacer estas comparaciones, cómo han cambiado las cosas en poco tiempo: hace tan sólo unos pocos años las posibles sintonías no tenían a su alcance medios tan poderosos para fraguarse y manifestarse como las actuales redes sociales y las alambradas inalámbricas de la telefonía móvil. Con todo, llama la atención el duelo universal por la muerte de un hombre. Se ha dicho que sólo Gandhi puede comparársele, ya que sobre otras grandes personalidades, como los ya citados Kennedy o Juan XXIII, cuyas muertes también causaron una gran conmoción, las opiniones estaban más divididas, o incluso del todo polarizadas por esa raya que, a poco que te descuides, divide el mundo en dos partes del todo irreconciliables, sin duda como manifestación de la vieja lucha entre el bien y el mal y las diferentes perspectivas desde las que esa ancestral reyerta suele ser enfocada.

Nelson Mandela, con su gigantesco ejemplo de combate a favor de los derechos humanos y por su condición de baluarte de una raza cuya defensa, desde los bordes mismos de la esclavitud (no se olvide), ponía en juego la dignidad de la humanidad como especie capaz de luchar por ideales universales, es probablemente la personalidad más significada de nuestro tiempo. Alguien que añadió a la lucha también sostenida, y de forma heroica, por líderes como el propio Gandhi o Martin Luther King un especial sentido práctico que le permitió vencer en su empeño y dejar un ejemplo de enorme valor: todo un patrimonio moral (y legal) para la humanidad que, si no es del todo seguro que no tenga posible vuelta atrás, sí sabemos que, por ejemplos como el suyo, tendrá un papel clave para seguir luchando por un mundo más justo. Con la plenitud de sus 95 años y con esa imagen de hombre alegre y luchador que nos ha acompañado durante tanto tiempo, no es extraño que toda el mundo sensible sienta que ha desaparecido alguien sin parangón, un ser humano al que podemos poner al frente de cualquier ránking que trate de ordenar las prioridades de lo que de verdad importa.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Mr Eliot


Y ahí está, mirándonos, tal vez sin vernos, pero dándose cuenta de que estamos ahí, aquí, en el hipotético lugar donde confluyen tiempos y energías, sueños y sombras, el rastro otro de la luz. Es curioso ─seguro que también a vosotros os pasa algo parecido─ pero esa mirada nos recuerda a alguien: otras veces nos han mirado así y hemos sentido el mismo cálido asombro de sabernos reconocidos. Claro que aquella (la que yo recuerdo, tal vez también la vuestra) era una mirada amiga, se escapaba un hilo de ternura debajo de sus párpados y había en ella una cercanía de la que no era posible dudar. Aquí se impone, acaso como velo o máscara que no puede evitarse, el saber que miramos a alguien que vio las cosas con una luz que no está al alcance de todos. Quizás está viendo algo a nuestra espalda, lo ve llegar de lejos, no se sabe si es una amenaza o simplemente una consecuencia de nuestros actos. No estamos al margen de nada, ni las orillas de la vida y la muerte tienen los perfiles tan claros como para que el pensamiento y el instinto despierto de los sentidos no sean capaces de moverse con soltura entre una y otra. Es fácil sentir, mirando a Mr Eliot, en esta imagen tan noble y elegante, incluso con tanta inteligencia en la postura, que alguna forma de inmortalidad está al alcance de nuestra condición humana (oigo en la radio, en noticia que tildan de "urgente", que se ha logrado extraer en Atapuerca el adn humano más antiguo del mundo: 400.000 años...). Y que podemos recrearnos, sin temor, con gozo, en la sabiduría trémula que destilan esos ojos finalmente tan vivos.

Retrato de T. S. Eliot © Getty Images. Tomado de aquí.