lunes, 15 de julio de 2013

In ictu oculi


Dada la calidad de las respuestas verbales que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, está dando a las graves acusaciones que él mismo ha hecho contra sí mismo, en forma de contradicciones palmarias que sólo un ejercicio de ceguera amnésica puede simular que no han tenido lugar, no hay más remedio que acudir al lenguaje no verbal, y especialmente al ocular, para tratar de entender qué es lo que verdaderamente pasa por la cabeza de nuestro máximo mandatario cuando formula o lee tales manifestaciones. Y es que, en efecto, teniendo como tiene don Mariano un disparo ocular del todo indisimulable, les recomiendo que en el hipotético caso de que se produjera una nueva comparecencia estén atentos a lo que dicen, no sus palabras (que suelen ser una melodía repetitiva y carente de sustancia, al menos por ahora), sino sus ojos. En un abrir y cerrar de ellos se esconde más claridad que en todos sus esfuerzos, bastante vagos por otro lado, para hacernos comulgar con ruedas de molino. Que como se sabe es una forma de trituración corporal y espiritual de raíces tridentinas, y que suele rendir pingües beneficios a los vendedores de bálsamos, crecepelos, martingalas y otros productos de feria. Vanitas vanitatis, no tardará en llegar el día en que este episodio forme parte de una crónica bufa de estos tiempos ominosos. Pero mientras llega esa vuelta de la esquina, qué tortura, señor. Ni que nos hubieran echado mal de ojo. A ver si va a ser eso.

domingo, 14 de julio de 2013

Adividranza


El otro SMS 
(o la carta escondida)

Si me rajo,
 me voy.
¿Quién soy?


(Poema visual)

sábado, 13 de julio de 2013

Otro mundo


El que se descubre cada día a poco que uno esté despierto.

Este que nos une en esta pantalla, tal vez la de una tablilla hitita llena de luminosas incisiones, quién sabe si en la inverosímil superficie plana de un teléfono.

Hemos pasado del viejo reloj sin horas (que acabo de leer en otra pantalla) a las horas sin reloj. La ausencia, la imposibilidad incluso, de una mirada que sustente una historia coherente... es el signo de los tiempos.

La muerte, como ya se ha teorizado por lo menudo, del sujeto: el nudo capaz de reunir y de, a la vez, darse cuenta de su desnudez etimológica. Las voces, que se dice, del silencio.

Con lo fácil que resulta pregonar la mercancía, ¿quién se privará de hacerlo?

La inmediatez de la obscenidad política, ¿es algo más que el rumor de fondo del cómic cósmico? Apenas una viñeta descartable en una página par. Un mero inserto. Insecto.

Pero todo lo puede el deseo de vivir. El deseo.

Que no deja de recordarnos que, en efecto, estamos en otro mundo. Un mundo otro que no sabemos ya si aún es el nuestro.




martes, 9 de julio de 2013

Regreso al Narayama

Cartel de La balada del Narayama (1983),
película de Shohei Imamura.

Oh, 
la muerte es esa puerta
que siempre está entornada,
el caminito blanco
que conduce a la cumbre.

Oh, 
la gran luna de julio
que todo lo ilumina:
fósforos en los campos
sembrados. Y en mis venas.

Oh, la mujer anciana
conoce su destino
y, valiente, lo acepta.

Oh, siempre son los huesos
la última frontera.
¿Y la cárcel del alma?

El viento no responde:
sólo sopla.




jueves, 4 de julio de 2013

Adenoma, la moneda


Al volver sobre sus pasos, en el sueño de la anestesia, vio que el viejo barquero se había inclinado sobre ella y con sus dedos escuálidos le rebuscaba en el interior de la boca, hurgando con minuciosidad de cuervo entre los molares inferiores, palpando las encías desplazadas. Cuando le rozó la lengua, su tacto era tan frío que ella fue capaz de abrir los ojos dentro del sueño y le hizo comprender que se había equivocado.
Llévate, a cambio, el adenoma acertó a decirle—. Aún sales ganando. Mira, ahí lo trae el doctor.
Antes de despertar alcanzó a ver cómo la negra barca se alejaba sobre las aguas de la laguna hasta perderse tras la espesa niebla del fondo.

Heliozoo. Microfotografía de Rubén Duro.

miércoles, 3 de julio de 2013

Intinimiedad


La Real Academia de la Lengua prepara la que con toda probabilidad será la última edición del Diccionario en papel, cuya publicación está prevista para 2014. Tal vez pudiera tomarse su fecha de edición, en el ámbito panhispánico, como la marca definitiva del final de una era, que lo es no sólo de la nuestra más reciente (la de los hombres póstumos) sino también de la que se inició hace casi seis siglos (hacia 1440), con la invención de la imprenta de tipos móviles, momento a partir del cual la cultura de la letra impresa pudo extender su radio de acción en círculos cada vez más amplios hasta alcanzar a la inmensa mayoría de la humanidad (al menos potencialmente).

Esa marea está a punto de besar por última vez las costas de la civilización, para dar paso definitivo a esta otra ola cibernáutica que, a modo de gran tsunami, avanza sin parar, crece sin tregua y se adueña de todo, hasta imponer una realidad sin escapatoria: una verdadera Red.

El nuevo mundo en el que ya vivimos, sin ser del todo conscientes ni quizás poderlo ser, es en gran medida el causante de nuestro desconcierto. Incluso parece posible que a una de sus más imponderables cualidades, el efecto rebote universal sin pausa, se deba el endemoniado laberinto en que se está enquistando en muchos países, incluida nuestra querida Expaña, eso que todavía llamamos «crisis económica». Y que en realidad es una depauperación generalizada de valores humanos considerados hasta ahora básicos, pero que están adquiriendo una condición de valores añadidos a los que se puede, y hasta se debe según algunos, poner un alto precio.

La superación de la civilización del papel impreso no tiene por qué ser un horror en sí misma, aunque muy probablemente nos cause a algunos un pánico semejante al que pudo experimentar el anciano mesopotámico que vio girar la primera rueda. O, sin irnos tan lejos, el obispo aquel de Canterbury que se hacía cruces ante el rugido y el humo de la primera locomotora.

Además, por volver al principio, la definitiva subida la Red de los Diccionarios permitirá que se acoplen y copulen con mayor agilidad las palabras. Y así será posible recoger, con extraordinaria rapidez, nuevos nombres capaces de designar nuevas realidades. Por ejemplo, el hecho de que la intimidad y la vida privada, a las que los individuos solíamos conceder cierta importancia, estén empezando a dejar de ser algo personal, podrá dar pie al nacimiento de una forma nueva de estar en el mundo que reciba el nombre oportuno y preciso de intinimiedad. Y todos tan contentos.

Imagen superior tomada de aquí.

domingo, 30 de junio de 2013

Ra lo ve volar



(Este micro bifronte tiene una posible lectura estereoscópica si se acompaña de la proyección doble de la secuencia de Blade Runner que lleva anexa. Para ello, es necesario pulsar primero el vídeo superior y cinco segundos más tarde el inferior, y dejarse mecer por la  música de Vangelis en el cuenco de las palabras. O incluso prescindir de ellas.)

Ra, el antiguo dios egipcio que se creía el sol, era un gran aficionado a las frases bifrontes. En escritura jeroglífica, los palíndromos tienen una rara eficacia. Sus dibujos son capaces de engendrar vida verdadera, verdadera vida. Quiero decir decir que del encuentro de una imagen y su reflejo, y del reflejo que devuelve una imagen, muchas veces saltan chispas. La chispa de la vida, diría, con una metáfora algo anacrónica. La chispa de la vida, diría, para que no se note demasiado, ni andar o nadar de bar en bar, con los días perdidos y el rabo entre las piernas, como lobo que asusta al pastor bobo. Es el caso que Ra, dios egipcio que se creía el sol, un día al mirarse en el espejo, ni lo sabía, ni lo esperaba, quedó tan deslumbrado que empezó a tener sueños hipotéticos que nunca había tenido. Nunca los tuviera antes. Soñó, por ejemplo, que una noche llegaría a ser mortal. Y que tendría recuerdos. Y que vería volar sobre su cabeza pájaros de otros mundos. Y que tendría recuerdos. Y que sería mortal. Y que habría pájaros de otros mundos volando sobre su cabeza. Lo que nunca había imaginado es que hoy, a esta hora, y en este mismo instante, en el instante del ahora de hoy, mientras era descifrado por unos ojos glaucos (¿nunca te han dicho que los tienes así?: ¡los tienes así!), también él levantaría los suyos al cielo, a su cielo de dios que se cree que es el sol, y acabaría descubriendo que lo que veía lo veía como lo ve quien lo ve como si fuera el centro del amor. ¿Lo ves? Es muy sencillo. ¿Lo ves? El centro del amor está marcado por lo que ve el que ve lo que ve y acaba descubriendo en lo que ve que lo ve, lo ve, lo ve. Es solo un juego. Un juego solo. Quizás una rayuela cuya última casilla, lo vi, paseando, lo vi, aunque era de noche, es un corazón. La última casilla. Lo que ves si lo ves es que ves el amor en su centro. El centro de lo que ves si lo ves es el amor. Y Ra comprendió que era muy sencillo. Vio que era un juego. Vio que era bueno y se entregó a él sin restricciones. Tal vez por eso le siguen adorando las multitudes en los estadios. A Ra, el antiguo dios egipcio que se creía el sol. Y al que le gustaba verse reflejado en espejos. Y en charcos. Y en rayuelas.


viernes, 28 de junio de 2013

Alegrías Almodóvar

Qué calor. No está uno para nada. O casi. Menos mal que aún nos funciona la neurona de la memoria de la alegría. Y ahí está Youtube para sacarnos del apuro. A ese manchego ilustre y generalmente lúcido que es Pedro Almodóvar le debemos muchos momentos de vida y color (como aquel álbum). Y de buen ritmo. He aquí tres muestras que cantan y bailan por sí solas, y en todas ellas el mismo disfrute.








Y de postre, este reportaje, que acaso dé cuenta de la principal fuente de esa alegría.

jueves, 27 de junio de 2013

Soñar años


Cuando despertó, la Bella Durmiente no tardó en darse cuenta de que iba a cumplirse la pesadilla que había atormentado su sueño: el príncipe era guapísimo pero sufría de una tan penetrante como nauseabunda halitosis. Era como si un establo lleno de dragones enfermos se acercara a su boca. Como si todas las rosas rojas con las que también había estado soñando durante años se pudrieran de pronto ante su cara. Tenía que parar aquel horror. Con un gran esfuerzo, logró zafarse del beso encantado, clavó sus uñas en los ojos del apuesto y apestoso joven y, mientras este huía entre alaridos terribles, pudo volver a dormirse. Nunca llegó a saber, sin embargo, que el hechizo se había roto y que su sueño, aunque profundo y duradero, volvía a ser el hermano gemelo de la muerte.


Imagen: La vieja bella durmiente. De autor desconocido (se agradece información).

miércoles, 26 de junio de 2013

Belleza letal



Qué belleza, el vuelo del águila pescadora,
a la que en Canarias llaman guincho.
La elegancia con que bate el aire, su forma de cernerse sobre el agua, el planeo, su tino infalible...
Todo en su actividad predadora raya la perfección.
Otro punto de vista bien diferente será el de sus presas.
Para las víctimas, que en ocasiones hasta parecen adoptar posturas suplicantes,
tanta belleza resulta verdaderamente letal.
Pasa a menudo.
Siempre se aprende de la naturaleza.

(Gracias a S. P. por el enlace.)

martes, 25 de junio de 2013

Un gato afortunado


A MICO, PARA CADA DÍA, SEMANA, MES, AÍDA DA CARA PÓCIMA.

[AJR, 11: 41; Palíndromos ilustrados, 25]


 «Manchas en la vida de un gato amarillo», 
cuadro de Aída Emart.
Publicado con permiso de la autora.

lunes, 24 de junio de 2013

Catálogo de capullos


Oí por primera vez el nombre de Moderna de Pueblo el otro día en la Feria del Libro. Anunciaban por los altavoces que estaba firmando en una caseta. Pensé que sería alguna monologuista del Club de la Comedia, o una estrella de algún programa de televisión, tal vez de una de esas desaforadas competiciones de cocineros que ahora están tan de moda. La cosa se quedó ahí. Pero hoy, en un merodeo por blogs que solo frecuento de tarde en tarde, aunque más bien por las noches, ha saltado su nombre dos o tres veces y, pinchando, pinchando, he ido a caer en su blog. De allí he sacado el vídeo que pueden ven arriba, además de unos minutos de placentero ocio con sus dibujos, tan desenfadados y modernos (el nick de la autora les cuadra bien), y su humor, tan razonable..., quiero decir: con mucho sentido común bien aplicado.

Por lo que se refiere al catálogo de capullos recogido en el vídeo, me parece que está hecho a partir de un buen trabajo de campo o de pisar muchos jardines. Encuentro cierto consuelo al comprobar que, en el arte del ligoteo y la seducción, las cosas no han cambiado demasiado, si acaso son más simples, pese a las apariencias que a veces luchan por confabularse para sostener lo contrario. Vamos, que capullos, lo que se dice capullos ha habido siempre. Aunque, eso sí, de ambos sexos. Por cierto, ¿cuál es el femenino de capullo?  Por más que lo pienso, todas las opciones que se me ocurren son masculinas.

domingo, 23 de junio de 2013

Poveda en el solsticio

Poveda en Las Ventas, 25 años de arte flamenco. Foto AJR

Noche de junio,
 no se quiere ir el día:
¡canta Poveda!
Es aún un joven
maestro del flamenco
mas ya celebra
bodas de plata.
Y es en Las Ventas:
nunca se ha visto aquí antes
a un cantaor.
Poveda rompe
barreras con su arte,
reúne mundos.

Toda la plaza
es un cuenco de cera.
Su voz, la llama.
Llenan el aire
palabras de poetas,
coplas y cante.
Miguel Hernández,
«para la libertad»,
abre el camino.
Seguirán luego
un poema de Alberti
y otros de Lorca.

Y con Serrat,
un tributo a la lengua
de Badalona.
Algunos pitos
(pocos), pronto acallados,
en los tendidos
mientras cantan a dúo
«El meu carrer».
«Qué gusto da
--dice luego Poveda--
poder cantarle
a aquella tierra
donde uno ha nacido
con libertad».

Y ya en honduras
de cantes y homenajes,
una minera.
Es un recuerdo
para La Unión: su lámpara
fue la gran luz,
y el estandarte
que abrió el largo camino
que hoy aquí llega.

Uno tras otro,
se suceden los palos:
gran maestría
del mayor heredero
del gran flamenco.
Es tan potente
su voz, que vibra en ella
la noche entera.
Y hay en los gestos
de su cara, en su boca,
escalofríos,
viejas querencias
de una manera nueva
de acariciar
el compás, las palabras
las emociones...
Y hasta un osado
pero gracioso modo
de darle al baile
  un cuerpo extraño
de contrahecha elegancia
y obscenidad.

Y con qué arte
sabe rendir tributo
a los maestros
del cante jondo
 y a las viejas leyendas
de la canción.
Mientras se prueba
gorrillas y sombreros,
su voz modula
con exacto color
las voces de Molina,
de Farina, Mairena,
o Valderrama...
Hay que tener
sangre de muchas razas
para hacer eso.
Y con qué gracia
sabe irse pa' Cai
y en dos compases
montar toda una zambra
bien jaleá.

Hasta se atreve
con tangos y boleros:
no es lo más suyo,
pero te llegan
las palabras que elige
para su padre,
esa manera
de hacer que esté presente
en la reunión.

Hay otra artista
muy grande que se suma:
Carmen Linares.
Ambos se funden
en un dúo asombroso
de voces y ecos,
mientras se abren
como flores nocturnas
las dos guitarras.

Punto y aparte
y algo más que una estrofa
merecería
el gran elenco
que acompaña a Poveda,
pero me alargo...
Baste tan solo
con citar a Chicuelo,
y su guitarra,
y al gran maestro
Joan Albert Amargós,
sentado al piano.

El gran momento:
casi nonagenaria
y aún elegante,
Marías Dolores
Pradera, esa gran dama,

se une a la fiesta.
«Es todo un triunfo
estar aquí esta noche...
y no en urgencias».
Son sus palabras
y el público se entrega
completamente.
Es emotiva,
 un testamento incluso,
su «fina estampa».
«Y ahora me marcho
por la puerta grande a...
llorar un poco»
(Son sus palabras
de nuevo, sin retoques,
¡tienen licencia!)

Y así la noche
se fue llenando toda
de un aura mágica
... y un vientecillo
que para ser de junio
salió traidor.

Pero la plaza
volvió a vibrar entera
con la leyenda
del tiempo: ¡Camarón!
Y de apoteosis,
unos «alfileritos»
y «tres puñales».

Me parecía
que hubiera estado bien
y era oportuno
cerrar con el poema
de Gil de Biedma:
«No volveré a ser joven».
Y sé de buena tinta
que era lo que Poveda
tenía previsto.
Pero al final
tiró más por la fiesta
y un cante puro
a voz desnuda.
Le gritaron: «¡Valiente!»
Y ahí se acabó.

Fueron tres horas
y media de un concierto
irrepetible.
Yo fui testigo
de que la luna llena
cruzó la puerta grande
para asomarse.
Y se sumó.




viernes, 21 de junio de 2013

«Sorbí libros»


Al volver sobre mis pasos, descubrí que quien me seguía era el joven conde Drácula. Somos amigos desde niños, así que no le tengo miedo. Pero esta vez me alarmé porque lo encontré distinto: menos pálido que de costumbre, más erguido de espaldas, incluso me pareció que se había cortado las uñas. Además, vestía una capa impoluta, nada llamativa. Comprendí que las cosas habían cambiado definitivamente cuando se acercó para saludarme y vi que en sus colmillos, apenas sobresalientes, había unas pequeñísimas perlas negras.
—¿Viste, Freddy? Cambié de dieta. ¡Ya no más sangre! Ahora sólo me alimento de tinta.
No sé por qué pero me dio un poco de pena. Seguro que si se miraba en el espejo él también se encontraría... raro.

Viñeta de Marcos Severi, tomado de aquí, con permiso del autor.

jueves, 20 de junio de 2013

Ya son nostalgia


«La vida no tiene cura»._Tony Soprano

La prematura muerte del actor James Gandolfini, que ha conmocionado a los amantes de Los Soprano y del cine en general, ha servido también para traer de nuevo al primer plano la extraordinaria fugacidad del tiempo. Lo deprisa que pasa a medida que pasa, si se me permite la simpleza. Que Los Soprano (1999-2007), como bien se comprueba con sólo asomarse a cualquier rincón de la red, sean ya pasto de la nostalgia, o incluso, según permiten concluir algunos comentarios, un hito del pasado de la televisión, dice bien a las claras la increíble velocidad con que se mueve todo. Incluida la Parca, que en un solo segundo es capaz de llevarse hacia sus desolados hangares a quien le apetezca. No soy un gran admirador de Los Soprano, más que nada por desconocimiento. Sólo he visto la primera temporada y fragmentos dispersos de las demás. Ahora bien, he oído y leído tantos comentarios favorables sobre la serie, incluido alguno que centra su análisis precisamente en la nostalgia, que la tengo como una importante asignatura pendiente. Confío en no tardar mucho en poder comprobar, en primera persona, su excelencia. Aunque a la velocidad que se mueve todo, tendré que darme prisa.

miércoles, 19 de junio de 2013

Apunte


                   Tal vez la felicidad sea un cuaderno
              de tapas color cuero
              con un hermoso árbol cincelado 
              en la cubierta
              y cien páginas blancas
              que aguardan la escritura
              como siembra de luz en tierra fértil.

(Tiempo contado, 27.10.12) 




martes, 18 de junio de 2013

Saetas ateas


Recuerdo que hace 13.700 millones de años yo aún no existía. Éramos todos una masa inmensa e infinita, y resultaba imposible determinar los límites de cualquier cosa, dónde empezaba el odio, hasta qué punto se extendía el horizonte, de qué estaban hechas las palabras. Aquel cuento duró mucho. Aunque solo pudimos conocer la mitad. La otra era materia oscura. Ahora pasamos los días disparando al cielo. A ver si conseguimos pescar al responsable. Pero el tiempo transcurre... y nada.

Masas bacterianas. Microfotografía de Rubén Duro.

Soneto doble cero

Humo III (c) Mauro A. Fuentes, 2007.

Este soneto en medio de la nada
nació de un doble cero bien tasado.
Pero al liarlo apenas daba humo
y hasta dudaba de sus otros versos.
¿Cómo llevarlo entonces de la rienda?
¿Y cómo contentar su gusa horrible?
No era montura fácil, vivaqueaba
a la intemperie bajo la alta luna.
Lo fuimos reduciendo poco a poco,
dejando sus volutas impolutas,
sus anillos también bien anillados
y alguna carcajada en el talego.
Este soneto estaba tan fumado
que se quedó dormido en una esdrújula.
(Si le disparas, corres el peligro
de que te ataque su escondida fiera.)

(Velada en algún cuarto de Bolsa, 3, en Madrid-Centro, 
allá por el setenta y tantos)

lunes, 17 de junio de 2013

Cap i cua

Viñeta de El Roto, El País, 16.05.13

Notará: Noé le da loco cola de león a ratón.

[AJR, 10:32, Palíndromos ilustrados, 24]

***
Ayer, nada más ver este dibujo en el que El Roto aúna la vieja opción refraneril de ser "cabeza de ratón" o "cola de león" en un solo monstruo de fábula, al que bien se podría poner el nombre de PPPsoe, pensé que allí dentro estaba escondido un palíndromo. Aquí está, con su sugerencia levemente bíblicas. Probablemente haya más. Respecto a éste, la pregunta clave, esa que brilla en todo buen palíndromo como un ascua ardiente, parece obvia:
¿Quién será el Noé loco capaz de obrar semejantes prestidigitaciones?

domingo, 16 de junio de 2013

Bloomsday Zapico

James & Joyce, por Alfonso Zapico.

Si no he contado mal, esta es la quinta vez que comparece el recuerdo del Bloomsday en la Posada. Lo hizo en primer lugar desde Galicia, después pensando en el Quixote, otra vez desde el pub James Joyce, de la calle de Alcalá de Madrid, y hace sólo un año a través de una carta algo melancólica a Molly Bloom. Ya bien avanzado el día de este caluroso 16 de junio de 2013, aún estamos a tiempo de mantener la tradición. Y para hacerlo nada encuentro más oportuno que traer a colación los dos  estupendas novelas gráficas que el dibujante Alfonso Zapico ha dedicado a James Joyce y a su mundo, y que tuve el placer de leer hace algunas semanas.

Publicadas ambas en 2011, en la primera de ellas, Dublinés, nos ofrece un retrato muy sugerente del escritor irlandés en los momentos más importantes de su vida, a los que Zapico se acerca con buena documentación y, sobre todo, con una gran intuición para captar y reflejar las escenas significativas. Complemento de este obra, de la que viene a ser una especie de cuaderno de viaje, La ruta Joyce es un itinerario por los lugares en que vivió el escritor. Zapico los recorre guiado por la pasión del mitómano, pero con los ojos y el sentido común bien abiertos, de modo que la obra, además de un homenaje y un recuento de huellas literarias, es una crónica personal llena de detalles de primera mano.

Los dibujos de Zapico tienen la claridad de la vieja escuela de nuestros queridos tebeos, a la que añade una capacidad de recreación escenográfica nada común y un dominio singular del arte de la caricatura realista. En suma, dos obras muy recomendables. Dublinés, además, fue galardonada con el Premio Nacional del Cómic de 2012.

viernes, 14 de junio de 2013

Ojo de araña


Se mueve mirando fijamente.



L  E  A  T  L  E  U  V  A  L A  D

V   I  E  N  T  O  V  U  E  L  V E

R  U  M  O  R  A   S  E  Ñ A  L A

R  E  L   D   I   A   T  R  A  E  S  I

M  E  N O S  L  U  Z   M  A  S  A

U  S  O  J  A  B  A  I   N   O  M  R


M  I  E  N  T  O