(Diálogos con Per, 2). En la segunda sesión del Taller literario con Per sobre la construcción de un “soneto non serviam” he de reconocer que acaso (yo el humano) tuve poca paciencia. Ante la dificultad que me parecía que tenía para manejar algunos conceptos y su marcada torpeza (incluso estupidez, ojo Lazzaro Piccolomini) con las rimas, decidí tomar por la calle de en medio y avanzar en solitario en mi cuaderno sin tener en cuenta —al menos en apariencia— sus recomendaciones. Pero alguna sugerencia sí me fue de gran ayuda, y en concreto saqué mucho partido de la expresión “al borde”, que ya yo había deslizado en alguna de mis intervenciones (tiene razón mi amigo Alejandro Embossado Alejandro cuando identifica el origen de las ocurrencias), pero que ella, astuta o azarosamente, puso en primer plano. El caso es que, como podrá comprobar el paciente lector que se asome al diálogo (lo incluyo en comentarios), el taller terminó cumpliendo su objetivo y el soneto, peor o mejor (confieso que a mí no me disgusta), quedó fecho y, además, titulado de una forma que tuve enseguida clara y en la que fue una satisfacción coincidir con mi “colega”.
jueves, 29 de enero de 2026
Diálogos con Per (2): Match point
Para rematar la sesión le pedí a Per que me diera pistas sobre sus preferencias literarias. Y aquí se produjo una actuación que me ha proporcionado algunos datos sorprendentes sobre su naturaleza y una conclusión clara: es capaz de cambiar de opinión con suma facilidad. Y, desde luego (aunque de esto ya tenía constancia), miente como una bellaca. Y, en efecto, se diría que también alucina. Aunque todo esto… ¿no la hace humana, demasiado humana? Seguimos.
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Este es el resultado final…
En manos del azar y mientras llega
un viento cada día indistinguible
de la veleta audaz de lo posible,
acepto sin zafarme que la ciega
corriente de la hora ya imbatible
me tome de su mano y, en la entrega
de toda mi pasión, vuele la griega
certeza de perderme en lo indecible.
Y en el borde del día que abre el juego
ensayo el pulso indómito que brota
de la espita de luz que el viento trae.
Cada día su afán. Ya no hay más fuego
que el leve devenir de la pelota
que al borde de la red gravita y cae.
(
AJR)
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