(En voz alta). Qué razón tiene el “maestro de periodistas“ (título del que él se medio burla) Miguel Ángel Aguilar cuando recuerda el peso decisivo que la prensa extranjera, y en especial algunos de sus corresponsales, tuvieron en los años finales del franquismo. En 1974, cuando llegue a la casi recién creada Facultad de Ciencias de la Información de Madrid para cursar los estudios de Periodismo, entre los estudiantes solía ser corriente recurrir a las crónicas desde París de Jose Antonio Novais, que a menudo aparecían recortadas o citadas en los periódicos murales (dazibaos) que a diario se montaban en las paredes del aún inconcluso edificio brutalista, y más en concreto, si la memoria no me engaña, a la entrada de la cafetería de la planta baja, a la derecha de la gran escalera. También era habitual su presencia en el mural del Johnny, el CMU San Juan Evangelista, en cuya biblioteca o por sus ‘salas de estudio’ no era infrecuente encontrar ejemplares de Le Monde y algunas otras publicaciones foráneas (el Bild Zeitung o el Corriere della Sera, por ejemplo). En tiempos de tanto descrédito de la prensa como los actuales, reconforta encontrar en publicaciones aún impresas (en este caso, el gratuito 20minutos ) estas huellas vivas de la memoria democrática, así como la reivindicación del papel insustituible que ha de tener una prensa en verdad libre en el control el poder. Por más que a algunos esto les suene a “música celestial” y para otros, simplemente, forme parte de su incansable cinismo.

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