sábado, 2 de noviembre de 2013

Humo



La escritura se parece mucho al humo:
a veces es lo único visible
de un fuego consumido en otra parte.

Es también la leyenda
que cruza las praderas del Oeste
y guía las manadas de bisontes
hacia el cuarto cerrado de los niños,
siempre en sesión continua.

La escritura es el cuenco de una tarde de lluvia
y el recuerdo sellado de la antigua inocencia.

Su rastro es como el humo de los barcos,
los lentos titubeos de aquellas nobles máquinas
movidas a vapor
que escribían mensajes imposibles
entre el cielo y el agua.

Diminuto navío cruzando los fiordos
bajo los espejismos del sol de medianoche,
la escritura navega intermitente
entre brumas y fuegos de Santelmo
al hilo de la vida que pasa cada día
con su fardo de imágenes
lavadas por la luz
y la memoria.

Y al igual que la vida,
la escritura concluye su viaje
en el lugar remoto
donde no se aventura ningún pájaro
y sólo son reales los  escollos de espuma congelada,
los blancos remolinos
que inundan las orillas del poema
y humedecen el fuego de cada atardecer
hasta perderse
en el vasto dominio de lo intacto
donde viven las voces nunca dichas
y algunas raras perlas cosechadas,
como quería el poeta,
sobre el hocico mismo de cada tempestad.

Escribir es vivir: el mismo juego,
la misma levedad,
el mismo incendio…
Y tal vez, al final,
humo tan solo.

Imagen: Atardecer en Mikonos. Foto tomada del blog Tertulia Atril.

Rescate de los arcones. Primera publicación: 29/10/2009; 19:33

13 comentarios:

cristal00k dijo...

Y como el humo, revela donde está el fuego de los sentimientos.

La escritura siempre reveladora.

Preciosas letras.

Un beso, Alfredo.

Shandy dijo...

"Y al igual que la vida,
la escritura concluye su viaje
en el lugar remoto
donde no se aventura ningún pájaro..."

El hombre se acerca por medio de la poesía con más rapidez al filo donde el filósofo y el matemático vuelven la espalda en silencio. No sé de quien es este texto, lo recogí porque me gustaba y al hilo de esos versos tuyos lo he recordado. El poeta tiene licencia para "calquera cousa", porque donde nada es cierto todo es posible.
La escritura, como la vida, sí... Casi un milagro como dice otro poeta. "Y una forma de rara aventura/que nos conduce hasta un país insólito:/ esa estela glacial de la emoción" (C. Marzal)

Buena tu definición de la escritura y otros versos que has dejado atrás.

(Alfredo: vi "Ágora". Tengo que reconocer que me sumergí en la atmósfera que crea en la película Amenabar. Tiene una ambientación magnífica y creo que muestra bien el clima de intolerancia y fanatismo que reinaba en la época. Cierto que el personaje de Hipatya no resulta siempre verosimil. Quizás se necesitaría de una película más intimista para recrear la historia tan fascinante de esta mujer. Pero me emocionó en muchos momentos, quizás por la simpatia que me crea el personaje, su afán de conocimiento, su constancia y su rebeldía para cuestionarlo todo. Me pregunto si su muerte fue así, es decir si "Davo" impidió que fuese tan cruel, o es una concesión al espectador.)

Abrazos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Cristal. Celebro que el humo, a diferencia de lo que decía la famosa canción, no haya cegado tus ojos... Besos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Shandy, por lectura tan atenta. La frase sobre poetas, matemáticos y filósofos que citas me parece que es de García Lorca, de un texto (o conferencia) donde trataba de explicar el sentido de algunas metáforas de su «Romance sonámbulo». Yo no sé si la palabra del poeta llegue más rápido ni si más allá o más acá: me parece que muchas veces nombra un mundo que sólo existe al nombrarlo. Las fronteras del decir son siempre un horizonte tentador. Me gusta mucho también la cita que apuntas de Caros Marzal, del que he leído poemas que me han emocionado. Me alegra que traigas sus palabras a colación.
En cuanto a lo de «Ágora, si te parece corticopio esa parte de tu comentario y lo paso a los comentarios del post que dediqué a la película, para que así pueda verse todo en perspectiva, y prosigo allí el diálogo. Un beso.

manolotel dijo...

Hermoso el poema y poderosa la metáfora. No lo había leido antes de escribir sobre López Vazquez, por lo cual este comentario se va a quedar un poco olvidado, pero dejo constancia del paso de la Poesía por este blog y la suerte de leerla.

Un abrazo, amigo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Manolotel, eres muy amable. La ventaja de estos «albergues enredados» sin hora de cierre es que permiten visitas literalmente intemporales. Otro abrazo para ti.

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Antonio del Camino dijo...

Ignoro por qué, en su momento, no dejé ningún comentario a este texto, redondo y luminoso, en torno a la escritura y sus claroscuros. Celebro la reposición para poder dejar constancia de mi aplauso.

Abrazos.

virgi dijo...

Por el humo se sabe donde está el fuego.
Y el fuego nos dice de la pasión. En este caso por la Palabra.
Un abrazo

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Antonio. Me parece que algún comentario y hasta un pequeño diálogo sobre el poema sí hubo, pero en privado. Es curiosa, con todo, la desigual suerte que corren los textos que escribimos. A veces es muy comprensible. Pero otras no es fácil explicar los porqués. Como bien sabes, la escritura, el hecho de escribir, acaba teniendo tanta fuerza como "argumento" de fondo, que en ocasiones se diría que no hay otro más pertinente. Un abrazo .

Alfredo J. Ramos dijo...

Virgi, muchas gracias. Coincides, más de cuatro años después, con el comentario de Cristal, ella poniendo el acento en los sentimientos, tú en la pasión. Ambas lecturas me llenan de alegría. Otro abrazo.

Carlos Medrano dijo...

Hermoso poema y muy válida reflexión, con el balanceo entre lo grave y lo creativo. Claro que escribir es vivir porque de lo contrario estaríamos ante un artificio con otra intencionalidad o sentido más cercano a la fabricación de objetos que a la indagación y reflejo de lo que somos. Más bien siempre he creído que la escritura ilumina nuestras parcelas e inquietudes de la vida, e incluso que el poema que de verdad no podía quedar truncado es el de la vida personal o propia misma. En rebelión contra la imagen del genio con una vida rota, cuya obra, admirable, es incapaz de evitarle esa bajada a los infiernos, para mí no querida ni deseable. (Sé que es un tema delicado y polémico, por eso no doy nombres cuyas trayectorias y circunstancias no me parecen equiparables).

Me inquieta ese cierto pesimismo en torno a ese humo inicial y de cierre. De ambos discreparía amablemente si incluyen una rebaja del valor de la propia escritura, que no creo subalterna ni pálido reflejo de algo fuera de ella, y de la propia vida, por más que nuestra conciencia de su transcurso y en ocasiones declive o adelgazamiento así pudieran parecerlo. Quien sabe, tal vez no hay una sola forma de vida, de comprensión de esa trayectoria, y de cierre o despedida de la misma. De momento, me quedo con esos bisontes, fiordos, tardes de lluvia, la inocencia provenientes de niños y todas las expectativas que nos conducen al asombro. En el poema leo sus signos y sus brasas. Abrazos, Alfredo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias por tus palabras, Carlos, esclarecedoras y dignas de meditación, como suelen. Un abrazo