sábado, 6 de agosto de 2022

«Bullet Train», trepidantemente divertida


(En voz alta).
Quizás no sea más que un cómic de brillantes viñetas a cuál más disparatada, o un tour de force desplazado con el Quentin Tarantino de Kill Bill, vols 1 y 2. Bullet Train, la peli de David Leitch protagonizada por Brad Pitt que acaba de estrenarse, es sin duda, aunque esté basada en una novela japonesa de éxito, una mezcla de argumentos de narraciones y pelis de acción de épocas diversas y un tan divertido como ágil (frenético) y desopilante paseo por las convenciones de un género, con el reto asumido de no dar tregua al espectador a través de acciones tan increíbles y ‘ketchupinadamente’ horrorosas como trepidantes, con chistes continuos —algunos buenísimos— que se superponen a distintos niveles y —a mi entender, lo mejor de todo— un guion perfecto urdido a través de pequeñas cápsulas o historietas que funcionan, cada una, con gran eficacia y se conjuntan todas en un puzle bien resuelto y tramado con los ingredientes básicos de cualquier historia: los afectos, la amistad, las pasiones primarias, la venganza, el peso del destino. Los diálogos son tan brillantes en su eficacia dramática y en su humor que dan ganas, a menudo, de sacar la libreta y anotar (habrá que leerse el guion) para no olvidar frases como : «He venido a matarte y tendrás que matarme, como has hecho con todos los que lo han intentado». O la revelación final (la emplearé en un próximo cónclave de palindromistas): «¿Te das cuenta? He aprendido a darle la vuelta a las cosas. ¡Y funciona!». Una peli para pasar un par de horas divertidas viéndola en un gran cine de algún centro de ocio (por fin de nuevo una gran sala llena) y no perder de vista que el verdadero espectáculo, en línea directa con la imaginería volcada a chorros en la gran pantalla, está también alrededor y a la salida y en el noticiero. Ah, y la música: soberbia banda sonora, a ritmo de tren bala (poderosa metáfora, que sigue valiendo su peso en oro, aunque ya estamos también un poco cansados de algunas comparaciones) y la sorpresa, que ya no lo será, de Alejandro Sanz dando el tono musical exacto a una de las escenas más potentes y descerebradas, en el fondo un gran homenaje en clave cutre-gore a la inolvidable boda de El Padrino.

HACERSE EL MUERTO

—!A ver quién se hace mejor el muerto¡ !A ver quién se hace mejor el muerto¡

Las voces le llegaban con claridad, matizadas por el suave oleaje que una brisa de sabor magrebí levantaba en la laguna salada donde tan fácil era suspender el cuerpo en una especie de gravitación que invitaba a una profunda relajación, al sueño incluso.
Eran palabras muy parecidas a las que él había dicho tantas veces de niño, con sus amigos, en los baños fluviales del verano, aunque entonces, debido a la fuerte corriente del río y a sus traicioneros y voraces remolinos, hacerse el muerto tenía, además de una mayor dificultad, ciertos riesgos, hasta el punto de qué era raro el año en que no se contaba alguna víctima.
—¡A ver quién se hace mejor el muerto¡ ¡A ver quién se hace mejor el muerto¡
Las voces siguieron llegando a su oídos durante un buen rato, luego se fueron apagando hasta cesar por completo, y todo alrededor, también dentro, en su mente y en su memoria, quedó en un silencio intenso, largo, profundo… como si sobre la laguna salada hubiera caído una espesa tela que la aislara por completo del resto del mundo o también ella se hubiera sumado al juego y todo acabara tomando el fondo y la forma de un ensayo general de algo desconocido pero que flotaba en el aire como una de esas tormentas de verano que se anuncian, además de por la pesadez de la atmósfera, por el erizamiento de la piel y otros órganos que todos los seres vivos sentimos ante fenómenos que nos resultan inexplicables.
—!A ver quién se hace mejor el muerto! !A ver quién se hace mejor el muerto!
Volvían las voces. No había ya viento y había cesado también el oleaje. La laguna salada parecía un cristal oscuro lleno de surcos granulados. En su memoria, el río de la infancia se estancaba en un lodo denso y maloliente. Por lo demás, todo estaba en su sitio. Salvo alguna cosa.
Y la noche.
Playa de La Hita, Mar Menor.

(LUN, 664)

viernes, 5 de agosto de 2022

Martes y Trece

(En voz alta). Puede que hubiera otras o con otra “trascendencia”. Pero haciendo memoria no recuerdo que ninguna “cita televisiva” (expresión ya anacrónica) suscitara tantas expectativas e incluso entusiasmos tan extensamente compartidos como las actuaciones de fin de año de Martes y Trece. Incluso me atrevería a decir que estos dos cómicos geniales, herederos del mejor humor absurdo de nuestra tradición, fueron el gran canto de cisne de una forma de hacer televisión que ya nunca —incluso por fortuna— volverá. En cualquier caso, el recuerdo anacrónico y contraestacional de aquellos eventos aún causa regocijo, oiga.


EL NADADOR


Emilio González Sainz: El nadador, 2015. Galería Utopia Parkway, Madrid.
Era uno de esos domingos de mediados de verano (cuando) se dio cuenta de que la casa estaba vacía.

(LUN, 665 ~ ‘cap&cua’ John Cheever)

jueves, 4 de agosto de 2022

LA BESTIA

«Un diablo de fuego». Foto tomada por el fotógrafo ©️ Charly Soto
durante un incendio en la provincia de Córdoba en septiembre de 2020.

Sentía su presencia en los zarpazos del calor, su respiración húmeda en el sudor que no dejaba de correrle por la frente, su saliva espesa en los engrudos donde se consumían hasta la putrefacción las hojas derribadas por un viento calcinado, y todo su cuerpo viscoso viniéndosele encima con el peso inexorable de aquella columna de plomo que desde las primeras horas de luz descendía sobre la ciudad y la iba moldeando, desfigurando, derritiéndola en un enorme cofre de paredes gruesas e inexpugnables, como si alguien quisiera fabricar una réplica gigante de aquellas figuras que el caballero trataba una y otra vez de poner en pie sobre el campo del honor, sin conseguirlo nunca, mientras el jugador, desde el borde mismo del sueño o de la fiebre, volcado hacia el tablero de cristal oscuro, comprendía que había llegado a aquella noche en que la cifra le obligaba a adentrarse en el cementerio de las imágenes clausuradas y, entre flores putrefactas y mármoles mutilados, hurgar y remover tierras y pliegos hasta encontrar algunas piezas deformes pero todavía útiles para recomponer con ellas, y hasta donde le fuera posible, el nunca preterido rastro de la Bestia, y luego, a modo de conjuro («Arrenégote demo»), fiarlo todo a la eficacia expiatoria de un muñeco hecho con los restos carbonizados que le permitiera salir del círculo infernal de los días sin tregua y recuperar el latido y los rumbos de una vida respirable.

(LUN, 666)

miércoles, 3 de agosto de 2022

El siempre aplazado orden

Habrá que ir pensando en poner orden en el estante de la bruja. Y en los demás, claro. Tareas siempre aplazadas. En septiembre, sin falta, me pongo manos a la obra.

EL CANTO HILADO (10)

Edición en inglés de la más conocida novela de Nikos Kazantzakis,
publicada por Bruno Cassirer, Oxford, 1959.
Zorba el griego, o sea: Vida y andanzas de Alexis Zorba, en su cruce con Loxandra, deja bien a las claras que Cada día es del ladrón, incluida la posibilidad de ver en La resistencia íntima el Ensayo de una filosofía de la proximidad. No conviene olvidar que hay en El rey de las hormigas, con su Mitología personal, una a modo de parodia de la aventura de Américo Vespucio con su Relato de un error histórico. Así que no le deis más vueltas a la tuerca y Contad, hombres, vuestra historia, incluyendo lo que dijo El mendigo y otros cuentos, así como lo aprendido en El camino que va a la ciudad y otros relatos. Siempre hay en El lugar de la espera una ocasión para ver a Cristo de nuevo crucificado, del mismo modo que En la colonia penitenciaria no es posible hacerse El sueco y simular La felicidad de los pececillos con algunas Cartas desde las antípodas.

(LUN, 667 ~ «Desde el Acantilado/ebook», 94-107)