martes, 9 de febrero de 2016

Por los pelos

©Javier Zabala, 2014.

A la realidad no hay por dónde cogerla, es inaprensible. Entre otras cosas, porque estamos inmersos en ella, somos parte de ella, nos rodea por todas partes. Y no puede haber nada más inútil que el intento de salvarse de un hundimiento tirando de la propia cabellera, si es el caso y uno conserva algo de la osadía del barón aquel. Pero por algún sitio hay que empezar. Cada día. Hacerlo in media res no es sólo un buen método, narrativamente hablando, y de eficacia probada, sino que tal vez sea el único modo posible. Aunque la capacidad humana para actuar como si no nos diéramos cuenta está tan enraizada en nuestras costumbres, que incluso podemos sopesar la posibilidad de que realmente no nos demos cuenta.  Casi seguro que es por eso, y por buena educación, por lo que suspendemos o aplazamos la perplejidad en que nos sume a menudo el trato con el mundo. Y día a día sobrevivimos a esa extrañeza, tan cautivadora. Casi tanto como el uso abusivo del plural, nada mayestático y sí muy egotista, pues seguramente lo único que subraya es nuestra radical incapacidad para estar solos. 

(Tiempo contado, lunes, 8 feb 2016, 11:55 am)

Ilustración de Javier Zabala para Las aventuras del barón Münchausen, de Nórdica Libros. Publicada con permiso del autor.

jueves, 4 de febrero de 2016

Goyas en telegramas (guau, guau)

No es Truman, sino su hija. Pero también apunta maneras.
No ha sido este una año en el que haya podido prestar la atención debida al cine español. De hecho, aún estoy a la espera de poder ver algunas de las películas que optan a los grandes premios. La de Coixet, por ejemplo, a la que persigo a la peli sin suerte desde hace meses. Pero no quiero romper con una tradición de La Posada. Así pues, sin preámbulos ni apenas comentarios, más bien telegramas, aquí va mi quiniela anual de los Goya. Que gire la ruleta. Y a ver qué pasa.

Goya de honor: Mariano Ozores. Un premio a un apellido, a una gran saga. Y a una fuente permanente de trabajo.

Mejor película: La novia. Una apuesta estética, sugerente desde el punto de vista escenográfico, con poderío visual. Y la palabra en gracia de Lorca. Aunque con exceso de cristales, algunos tiempos muertos, varios ringorrangos y desiguales interpretaciones.

Mejor dirección: Cesc Gay, por Truman. La que más me ha gustado de la cosecha anual. Una delicada y firme manera de mostrar que la vida es una conversación pendiente. No sería injusto que ganara también el de mejor película. 

Mejor actriz protagonista: Inma Cuesta, por La novia.  Grande Inma, belleza rotunda. Y trágica. Tiene rivales de prestigio internacional (Binoche, Penélope), pero intuyo que se acabará imponiendo. 

Mejor actor protagonista: Ricardo Darín, por Truman. Otro gran papel del que tal vez sea el mejor actor hispánico de un momento que ya dura una década. O dos. Cualquier otro resultado sería sorprendente.

Mejor guion original: Cesc Gay y Tomàs Aragay, por Truman. No era fácil contar con equilibrio y eficacia esta historia. Lo han conseguido. Desde el abrupto principio hasta el delicado final. (Ojo al dato, que decía aquel: será, creo, la primera vez que un premio Goya dos, si se cuenta el siguiente sea entregado por un premio Nobel. Aunque don Mario bien podría acudir cualquier día en calidad de nominado. Y no sólo en plan estrella consorte. Y con suerte. Si no, al tiempo).

Mejor guion adaptado: Fernando León, por Un día perfecto.  Sus diálogos, una vez más, son simplemente perfectos. Cada palabra en su sitio.

Mejor actriz de reparto: Elvira Mínguez, por El desconocido (o Luisa Gavasa, por La novia). La escuela de actrices española: un manantial que no cesa.

Mejor actor de reparto: Javier Cámara, por Truman. Porque no hay goyas ex aequo, que si no... Darín-Cámara, con su canto a la amistad, son la pareja perfecta.

Mejor actriz revelación: Irene Escolar, por Otoño sin Berlín. Para que se alegre mi colega Manuel... Aunque Antonia Guzmán, la abuela candeledana de Daniel Guzmán, a sus 93 años, marcaría un hito. Ella es el gran acierto de A cambio de nada.

Mejor actor revelación: Miguel Herrán, por A cambio de nada. Naturalidad, como si nos lo acabáramos de encontrar en la calle. Curiosamente, su principal rival será el director Fernando Colomo en su Isla Bonita (en la que, por cierto, se ha revelado también como actor el publicista Miguel Ángel Furones, viejo amigo).

Mejor dirección novel: Daniel Guzmán,  por A cambio de nada. Tiene antecedentes (de Barrio y por ahí, incluso hasta Plácido), pero esta ópera prima resulta convincente. Será porque es verdad. Ahora bien, si en el escenario se oye la palabra "ventana", en la recogida del premio, será porque ha ganado Leticia Dolera con Requisitos para ser una persona normal. Avisados quedan.


Y en las demás categorías:

Mejor música original: Alberto Iglesias, por  Ma ma.
Mejor canción original: «Palmeras en la nieve», de Palmeras en la nieve (canta Pablo Alborán; autores: Lucas Vidal y Pablo Alborán).
Mejor dirección de producción: Luis Fernández Lago, por Un día perfecto.
Mejor dirección de fotografía: Miguel Ángel Amoedo, por La novia
. Aquí me parece que va a verse un duelo entre la arena (de La novia) y el hielo (de Nadie quiere la noche, de Coixet).
Mejor montaje: David Gallart, por Requisitos para ser una persona normal 
Mejor maquillaje y/o peluquería: el equipo de Palmeras en la nieve.
Mejor dirección artística: Jesús Bosqued Maté y Pilar Quintana, por La novia.
Mejor diseño de vestuario: Paola Torres, por Mi gran noche.
Mejores efectos especiales: Lluís Rivera y Lluís Castell, por Anacleto: agente secreto. Pero ojo a Mi gran noche.
Mejor sonido: el equipo de La novia.
Mejor película de animación: Meñique, de López Louro y Padrón Blanco.
Mejor película documental: Sueños de sal, dirigida por Alfredo Navarro.
Mejor película iberoamericana: El clande Pablo Trapaero.
Mejor película europea: Camino a la escuela, de Pascal Plisson.
Mejor corto de ficción: Cordelia, de Gracia Querejeta u Honorio dos minutos al sol, de Ramírez-Gisbert.
Mejor corto documental: Regreso a la Alcarria, de Tomás Cimadevilla Acebo.
Mejor corto de animación: La noche del océano, de María Lorenzo.


Aciertos.





martes, 2 de febrero de 2016

Ojos, ojos, ojo

     
   A LA MIRADA RÍMALA
                                     
                                         Si ojos en ojos son ojos
                                         Ojos son si en ojos ojos
                                         En ojos si ojos son ojos
                                         Ojos si ojos son en ojos
                                         Son ojos si en ojos ojos
                                         Ojos en son ojos si ojos

(AJR: 4:15; Palíndromos ilustrados, XLVII)

Videoinstalación: Bill Viola, The Quintet of the Astonished, de la serie The Passions (2000).


sábado, 30 de enero de 2016

Los gozos de Martirio


(Para Ángel Pinto, que amaba el buen cante y hasta lo cantaba. In memoriam.)

Cuando irrumpió en el panorama musical, allá por los años de las movidas (la de Madrid no fue la única), mediados los ochenta, Martirio pudo ser considerada como una encarnación de cierta estética pop, en su versión posmoderna, en el mundo de la copla y la canción flamenca. Alguien pudo creer, a la vista de las peinetas, gafas, abanicos y otros coloridos aderezos con que el personaje se mostraba, que se había escapado de alguna de aquellas películas de Almodóvar que entonces fueron como cubos de pintura plástica arrojados en mitad de un paisaje solanesco. Y algo de eso sin duda había. Pero no era todo. Ni mucho menos.

Ahora, tres décadas después, tenemos una mejor perspectiva para valorar lo que la aportación de esta mujer inteligente, nerviosa, graciosa, moderadamente deslenguada y, pese a las apariencias, natural como la vida misma, ha supuesto en la historia reciente de la música española. «Una bocanada de aire fresco», podríamos decir, si hiciéramos caso al tópico. Pero sería de nuevo insuficiente.

Uno de los grandes atractivos del proyecto que la onubense Maribel Quiñones se decidió a poner en marcha, después de un pasado intenso en grupos como Jarcha o en  la órbita innovadora de Kiko Veneno y Pata Negra, fue la osadía, con su mezcla de humor y seriedad, con que aterrizó en el todavía algo rancio mundo de la copla. Y, más en concreto, cierto descaro suavemente punki con el que plantaba cara a la asfixia doméstica en que, pese a los recientes cambios políticos y los nuevos usos, seguía recluida para muchas y muchos la vida cotidiana.

Martirio impactó con sus maneras en el espejo cutre que las radios de las madres había ido situando en el centro de la memoria de toda una generación. O de dos, que la vida pasa muy deprisa. Y, junto con los cristales rotos, saltaron también algunas nuevas formas de relacionarse con las emociones básicas. Al tiempo que se abría alguna perspectiva inédita a la hora de mirar los dramas de siempre.

Cuando parecía que la broma se acababa, la artista supo dar varios pasos más allá y mezclar lo suyo con corrientes y artistas muy diversos, aunque siempre afines: del son cubano al jazz, de Compay y Chavela hasta Jerry González o Chano Domínguez, entre otros itinerarios, en una particular manera de ir amansando («martirizando», en el literal buen sentido) géneros y modos, hasta configurar un camino muy personal, inconfundible. Un estilo que le valió para poner en circulación un repertorio que, si bien está construido con muchos «lugares comunes» (el necesario peso de la tradición), nos llega a través de una forma interpretativa, una impronta, cuya madurez es un verdadero gozo.

Y eso fue lo que se puso de relieve en el amplio y generoso recital que la artista ofreció el pasado jueves 28, en la carpa urbana del Price, para celebrar sus 30 años de carrera. Fue una noche llena de magia y de grandes artistas invitados. Convocados con delicadeza, elegancia y gratitud por la anfitriona, por el escenario fueron desfilando Kiko Veneno, Javier Ruibal, Silvia Pérez Cruz y Miguel Poveda, a los que se sumaron intervenciones especiales de todos los músicos que la acompañaron a lo largo del concierto: Javier Colina, al bajo y al acordeón; Raúl Rodríguez, con sus guitarras, Jesús Lavilla (piano) y Guillermo McGill (batería, cajón). Un cuarteto de toda solvencia.

Madre e hijo, unidos además por el arte.


Hubo muchos momentos especiales. Destacaré solo tres.

Uno. La canción de cumpleaños, adelanto de su próximo disco, que dedicó a su madre (y colega, además de «producida»), Raúl Rodríguez, guitarrista de extraordinaria limpieza sonora y buen compositor. Antropólogo además de músico, el niño de Martirio, ya cuarentón, tiene una larga y densa carrera a sus espaldas. Pero habrá que estar atento porque no creo equivocarme si pronostico que lo mejor aún está por venir.

Dos. El homenaje a Carlos Cano, que ese mismo día, como Martirio recordó, hubiera cumplido 70 años. La interpretación a dúo con Silvia Pérez Cruz de «María la Portuguesa», quizás no fue todo lo perfecta que cabría esperar (Silvia, esa gran alegría de la canción, no parecía en su mejor momento), pero fue de una emotividad enorme.

Tres. Y quizás lo más alto, desde el punto de vista artístico, los dos dúos con Miguel Poveda, en un desafío de coplas que, si en algún momento podían traer a la memoria las famosas trifulcas entre Juanito Valderrama y Dolores Abril, estaban tan llenos de ironía, complicidad y arte, que desbordaron el entusiasmo del público. Una actualización de los puntos fuertes de aquel Romance de valentía, de 2005 (como recordó Poveda), que acaso no tuvo tanta resonancia como merecía.

En resumen, una noche plena, divertida, repleta de ese tipo de sensaciones que se agrandan en la memoria e invitan a rumiarlas despacio. Quizás para seguir intentando entender lo que sentimos. Y para descifrar el poderoso y encantador misterio que hay bajo las peinetas y tras las gafas de una artista llamada Martirio.

Imágenes tomadas de la Página Oficial de Martirio en facebook.

viernes, 29 de enero de 2016

Líneas paralelas



El mundo se sostiene entre los hilos
que tejen el envés de estas palabras.
Es un lugar que está entre tus ojos
y el pensamiento que late en lo que sientes.
Un poema es tan sólo el pentagrama
donde el viento o tu mano
escribe con la música
de la respiración.


Vídeo: Birds on The Wires, de Jarbas Agnelli, sobre una foto de P. Pinto.

(Rescatado de los arcones de la Posada.
Primera publicación: 31/05/14, 14:34)


lunes, 25 de enero de 2016

Sones y senos


LdV: Estudio de desnudo para la Gioconda.
Museo Condé, Chantilly.

Senos albos o blasones.

(AJR: 4: 19; Palíndromos ilustrados, XLVI)

jueves, 21 de enero de 2016

Bifurcaciones



Maldita dispersión, qué vericuetos
trazas entre las cosas que me gustan.
De flor en flor me llevas, cual obtusa
mariposa monarca siempre en celo.
Yo no sé si mi mal tiene remedio
o si mi alma es así de perdidiza
y encuentra en el doblar de cada esquina
una señal del arte cruel de Dédalo.
La pura realidad es tan hermosa
y se abre en tantas múltiples facetas,
que hay en todo una puerta que me invita.
Es difícil no ver que en cada sombra
brilla un fulgor secreto que no cesa
de iluminar caminos en la ruina.

Ilustración: Escena de «Dentro del laberinto». Imagen: The Jim Henson Company / Lucasfilm / TriStar Pictures.
Tomada de Jot Down, «Laberintos: el arte de perderse».

viernes, 15 de enero de 2016

Poveda, entre sonetos y poemas


Miguel Poveda entre sonetos arde
por los cuatro costados del flamenco:
hondura, luz, compás, pasión. Y el cuenco
de una voz prodigiosa (que dios guarde).

Una voz donde brillan las heridas
y se incendia la lluvia de la tarde,
mientras amor y muerte, sin alarde,
dirimen sus batallas, tan queridas.

Sonetos y poemas que se quiebran
y van al aire con sus versos sueltos,
como muchachas por la playa, libres.

Palabras sin cadenas que celebran,
en la voz de Poveda, los absueltos
delitos del querer… (¡Para que vibres!)

Miguel Poveda durante su recital en el Compac Gran Vía de Madrid, el 14 de enero de 2016. Allí estuvimos.



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(Recupero de los comentarios mi crónica del recital, para facilitar su lectura a los interesados.)

Aprovecharé tu interés, querido amigo, para extenderme un poco, siquiera a vuelapluma, sobre lo visto y oído el pasado jueves 14 de enero en el añejo y algo destartalado pero aún habitable Teatro Compaq Gran Vía, antiguo cine y sede de estrenos muy notables. 

El espectáculo, de unas dos horas y media de duración, sin intermedios –aunque sí con dos "interludios" protagonizados por la guitarra de Chicuelo, el piano magistral de Joan Albert Amargós y el buen hacer palmero y percusor del resto del elenco–, tuvo tres partes bien definidas. La primera se centró en el repertorio del último disco y justifica el título homónimo de la convocatoria: Sonetos y poemas para la libertad. La inició Poveda con su ya bien conocida versión del soneto «Para la libertad», de Miguel Hernández, rompiendo muy bien la voz en los versos más hondos. Siguieron después, entre otros, sonetos de Quevedo, con los oxímoros de su «Hielo abrasador»; Borges y el homenaje al padre, a la memoria y a la ficción del tiempo (con esa prodigiosa estrofa que el parte meteorológico del momento hacía, además de verdadera, literal: «Bruscamente la tarde se ha aclarado / porque ya cae la lluvia minuciosa. / Cae o cayó. La lluvia es una cosa / que sin duda sucede en el pasado...»); Neruda («Amor mío, si muero y tú no mueres…»), el más claro de los sonetos del amor oscuro de Lorca («…llena pues de palabras mi locura / o déjame vivir en mi serena / noche del alma para siempre a oscuras»), otros de Alberti, de Ángel González, de Sabina… y uno de Aute (variante, no muy lograda, del “violante” de Lope), y que dio pie para la presencia en el escenario de Pedro Guerra, autor de las músicas de los sonetos, en cuya selección también participó Luis García Montero. 

Esta parte se cerró no con un soneto, sino con «No volveré a ser joven», de Gil de Biedma, prodigioso para mí, como sabes, una pieza mayor del repertorio de Poveda, aunque puede que no fuera esta vez la ocasión en que más partido le sacara. 

El tercio de los sonetos, aunque admirable en más de un momento, no diría yo que es el terreno en la que más brilla la capacidad de Poveda para decir con la hondura y soltura que él sabe. La estructura de la estrofa se presta bien al fraseo encadenado y al efecto de los juegos verbales y las paradojas. Pero quizás es un esqueleto verbal que puede llegar a tener cierta adustez para el cante y que a veces se enquista en la lejanía de las rimas o, más aún, en los giros y quebradas de los encabalgamientos, a los que no siempre parece posible sacarles un partido bien acompasado. Sería un tema para hablarlo con más calma.

jueves, 14 de enero de 2016

Circo


(En el margen saltado, escribo de lo que pasa.) La deriva de la situación política conquista cotas que hasta hace poco parecían terreno exclusivo de los espectáculos de feria. Tot és possible. Parece oírse un grito de otro tiempo incrustado entre las cámaras ocultas de televisión que retransmiten sin cesar las ceremonias propias de los días obtusos que nos está tocando vivir. Las palabras de los políticos (de casi todos y de casi todas) son como trenes que caminan por raíles de vía estrecha: todo parece sometido de antemano al arte de hablar sin decir nada. No es fácil encontrar la salida en una situación en la que comienzan a complicarse las posibles soluciones por incomparecencia del sentido común, o porque su puesta en práctica parece crear más problemas que cuestiones resuelve. Es un consuelo que al menos la gramática nos ofrezca la posibilidad de construir frases con sentido. Y que un buen uso del ritmo narrativo haga posible que las piezas del puzle verbal encajen sin excesivos chirriamientos, aunque este último sea uno (quiero decir: si se exceptúa este último). No es inane la imagen de que es preciso llenar el tiempo de apariencia de duración para que la realidad espacial se sostenga y la tramoya no se venga abajo. Ningún político pondrá nunca en entredicho su condición de títere de un teatrillo cuyos hilos manejan intereses diversos, incluidos los apenas confesables. Tampoco estamos ya en tiempos en los que podamos creer en la inocencia, qué tontería. La capacidad para seguir representando la propia impostura sin desfallecer a causa de las grietas del maquillaje no es en sí misma una virtud. Pero sin duda contribuye a que pueda seguir la función.

(Tiempo contado, lunes 11, enero 2016, 10:06 am)

Ilustración
Marc Chagall: El caballo de circo, 1944.

lunes, 11 de enero de 2016

Boulez (vous dancer avec) Bowie


La gran música está de luto. Mueve sus caderas a ritmo de réquiem. Abre y abre los ojos de sus notas hasta dejarlos en blanco. Silencio. El pasado día 5 murió Pierre Boulez. Hoy acabamos de no creernos que se haya apagado David Bowie. Algo tan irreal como que tuviera 69 años. O como que haya tenido la tan estremecedora como valiente lucidez de anticiparnos imágenes de su muerte, en este Lazarus, que ahora cobra todo su sentido. La banda sonora del planeta, a la que los dos han contribuido tanto, no dejará de sonar. Y ya de buena mañana, en este 2016 frenético, nos volvemos a preguntar, ay ay ay, por quién doblan las campanas.

Imágenes
Pierre Boulez dirigiendo la Orquesta Acadamy, en el festival de Lucerna, en 2006. Foto Sigi Tischler/AP.
David Bowie en una actuación. Foto Ron Frehm/AP.

martes, 29 de diciembre de 2015

Zu-ecos

                             
                                Sus pasos resonaban en mis sueños.
                          Sus sueños resonaban en mis pasos.
                          En sus pasos resonaban mis sueños.
                          En sus sueños resonaban mis pasos.
                          Resonaban mis pasos en sus sueños.
                          En mis sueños sus pasos resonaban.

                                                   Zocos o madreñes. Foto © Peruxu.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Sonó conos


Mientras esperaba, atento con un ojo a la partitura y con el otro al gesto del director, el momento preciso en que debía hacer sonar su cono metálico con un golpe seco y decidido, el percusionista vio volar sobre la sala de conciertos un pájaro burlón que a punto estuvo de distraerlo, fatalmente, con una inesperada, leve y rizada sugerencia erótica. Pudo, sin embargo y sin ñampearse, entrar a tiempo, y su cono, heredero del triángulo que había aprendido a tañer en su infancia, sonó risueño, sin ñoñerías, puntual e insolente, como un puñalito clavado en la espalda del inocente lector.

Fotografía tomada de aquí

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Al ritmo de la Navidad



Que la Navidad sea alegre. 
Que el Nuevo año sea nuevo.
Que el agua no sea triste.
Que las guerras se paren.
Que haya días y noches.
Que se acaben los malos.
Que sepamos hacerlo.
Que no cese la risa.
Que amaine la tristeza.
Que la razón aprenda 
a oír al corazón.
Que viva la poesía.
Que se mueran los felos.
Qué sé yo cuántas cosas hay para desear...
mientras queden palabras 
que poder compartir.

Gracias por estar al otro lado. 
(Que, si bien se mira, es este.)
Y Feliz Navidad.

(Graciñas ó señor Xabier Díaz e as mozas percusionistas de Adufeiras de Salitre por esta «Cantiga da montaña», tan xeitosa e alegre. E tamén a Gutier Álvarez, polo violín e a Javier Álvarez, co seu acordeón.)

martes, 22 de diciembre de 2015

Cantinela


Veintidós de diciembre de dos mil quince.
¡Una nueva mirada nos da vida!
¡Veintidós de diciembre de dos mil quince!
¡¡Una nueva mirada nos da vida!!
¡¡Veintidós de diciembre de dos miiil quiiiince!!
¡¡¡Una nueva miradas noooos daaaa viiida!!!

 Fotografía cuya autoría sigue siendo incierta. Inicialmente tomada de aquí.


lunes, 21 de diciembre de 2015

21_12 y 21_12


Hoy es el día más corto del año oña led otroc sám aíd le se yoH
Hoy es el día más corto                          otroc sám aíd le se yoH
Hoy es el día más                                             sám aíd le se yoH
Hoy es el día                                                            aíd le se yoH
Hoy es el                                                                        le se yoH
Hoy es                                                                                se yoH
Hoy                                                                                         yoH
Ho                                                                                             oH
H                                                                                                 H
Ho                                                                                             oH
Hoy                                                                                         yoH
Hoy es                                                                                 es yoH 
Hoy es el                                                                         le se yoH    
Hoy es el día                                                             aíd le se yoH
Hoy es el día más                                              sám aíd le se yoH
Hoy es el día más corto                           otroc sám aíd le se yoH
Hoy es el día más corto del año  oña led otroc sám aíd le se yoH


(Recorrido binario de la luz a las 21:12 del 21:12, 
en este lado del Globo, 
con el semióvalo que deja en penumbra 
una mitad del círculo completo.)

Fotrografía: Luna llena en Weissflujoch (Suiza). AP. Tomada de aquí.

viernes, 18 de diciembre de 2015

De setas y punto

Leyendas del bosque. Imagen tomada de El Brote.
No hace falta ser un gnomo para que una comida a base de setas te sepa a gloria. Ni se precisa impulso místico alguno para convertirla en una auténtica «experiencia religiosa». Y ello sin que haya que acordarse de Don Juan, el de Castaneda, y mucho menos de Enrique, el de Iglesias-Preysler, para entender en su justa medida lo que tal expresión pueda significar en este contexto: siempre hay buenas ocasiones para dar gracias a la vida. Si, además, es un 18 de diciembre, los motivos son muchos más: en concreto, 101... (los años que hoy hubiera cumplido mi padre).

En Madrid, en la muy escondida e industriosa calle de Javier Ferrero, justamente detrás de donde estuvieron el periódico El Mundo y el Club Abasota, hay un restaurante sin nombre, aunque con un símbolo que lo vincula con la contraseña de El Brote, que es como lo conocen quienes lo siguen. Es un nuevo paso de la aventura que desde hace algunos años desarrollan dos cogedores de setas llamados Álvaro de la Torre y Eduardo Antón, capaces de convertir en éxito un lugar gastronómico ajeno tanto a los espectaculares rendimientos de la estrellas Michelín como, y mucho más, a la histeria enlatada de uno cualquiera de esos múltiples mástereschefes que proliferan por todas las pantallas  como... hongos (y valga la paradoja). 

El equipo de El Brote en pleno. ¿Dónde brotarán la próxima vez?
Foto tomada del blog de J. C. Capel.
Lo específico de El Brote es la pura experiencia de comer rindiendo culto a la seta, esto es: haciendo que su presencia en los platos no sea sólo como guarnición o servil acompañante, ni siquiera en mezclas y revoltijos de huevos o  tortillas. La seta como estrella.  De lo que se trata es de darles oportunidad a los sentidos para que vean, huelan, tacten, paladeen, degusten, sientan y hasta oigan... tantas cualidades como atesoran estos cuerpos fructíferos de tan peculiar condición e infinita variedad. Pues bien: hay que reconocer que lo consiguen. 

La presencia y elegancia con que llegan a la mesa trufas, rebozuelos, cratarellus, pleorotus, trompetas negras y otras variedades de cuyos nombres no es fácil acordarse son dignas del mayor elogio. Y merece la pena comprobar cómo logran imponer su protagonismo en danza con rivales de no poca presencia: digamos un excelente paté de corral, una yema de cordorniz, un meloso bocado de panceta, una tajada de sarma, un tierno morcillo. Y todo ello sin olvidarnos del papel que desempeñan las alcachofas de jerusalem, los tirabeques, las chirivías, las delicadas pamplinas y todo un colorista cortejo silvestre. Y hasta, en un toque acorde con los nuevos usos dizque orientales que se abren paso en la última cocina, una pizca de sal de gusanos. Todo ello sin dejar de tener en cuenta lo sorprendentemente rico que puede resultar un procedimiento como el escabechado aplicado a los níscalos. 

Por decirlo a lo breve: hay que agradecer a los impulsores del lugar, y a todo su equipo, el cuidado con el que recolectan, tratan, preparan, combinan y sirven  las numerosas variantes micológicas, hasta ofrecer una experiencia de la que uno sale, como digo, convertido en un fervoroso creyente: con fe renovada en las virtudes del trabajo bien hecho. 

La pena es que la posibilidad de comprobar in situ la veracidad de lo que apunto va a durar poco. El Brote cerrará su puerta cuando finalice el año. Al parecer, hay ya en marcha proyectos que le darán continuidad. Pero sus responsables (en concreto, Eduardo, que amablemente se entretuvo hablando con nosotros un buen rato) prefiere no dar muchas pistas. Así que tendremos que estar atentos para ver dónde brota de nuevo tan sabrosa propuesta. 

Esto fue lo que dio de sí 
la visita a El Brote el 18/12/15. 
Les pedimos a Gustavo, Pablo, 
Ricky y Mamadar 
que nos firmaran el menú.



lunes, 14 de diciembre de 2015

Duelo al sol


Acaso ocaso: o saco o saca.
Ocaso acaso: o saca o saco.




[AJR: 6, 19; 6, 19] Palíndromos ilustrados (1).

Rescatado de los Arcones de La Posada con ocasión de "El debate".
Primera publicación: 24/02/12; a las 22:34.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Partido ganado


Supongo que ya están al tanto de la pequeña gran historia de Auxi y Gari, esos dos niños que llevan toda sus vidas luchando por la vida y que ahora han unido sus fuerzas, y su at(h)lética rivalidad, para cumplir el sueño maravillosamente banal de ver un partido de fútbol. Por si aún no la conocen, pueden verla aquí. De buena gana me uniría a su comitiva realmente (quiero decir, entiéndaseme bien..., ¡athléticamente!), y no sólo de manera virtual, como ya he hecho. Es una alegría comprobar que estos dos luchadores han conseguido su objetivo, como demuestra el eco que su iniciativa tuvo en RTVE, donde logró abrirse paso entre la espesa realidad preelectoral y las habituales páginas de El Caso que suelen copar el informativo del Ente a mediodía. Y  es un grato deber desearles que sigan ganando día a día el partido que más importa. Que en eso estamos todos. ¡Aúpa Athleti!

domingo, 6 de diciembre de 2015

El frío


Es un amor más grande y tiene garras
que esconde cuando pone
su mano sobre mí.
Su inclemencia es también viscosa y húmeda,
se enreda entre mis piernas en invierno
y trata de que dé con
mis huesos en la tierra removida.
Hay, sin embargo, en sus maneras algo,
al acercarse por la espalda
para mirar, como si no estuviera,
estas líneas que escribo para ella
—y ella quizás lo sabe—,
algo tan sobrenatural y ajeno a todo,
que temo defraudarla
o perderla de nuevo —si me vuelvo.
Por eso intento que mi letra sea clara
y que la sombra de mi mano,
al recorrer las líneas enemigas,
no le ponga barreras a su curiosidad.
A estas alturas no podría
soportar su desprecio
ni el error de saberla
que vive indiferente
o que es igual que yo
(distraída, insustancial, vacante) 
y que ensaya, cautiva
de una costumbre fósil, 
su gesto al desdecirse
para luego olvidarme.
«Oh, sí, te he visto...»,
le susurro entre dientes.
Y la oigo reír del otro lado 
mientras agita
como si fuera el viento, 
la hoja en la que escribo.


Imagen 
Remedios Varo: Creación de las aves, 1957.

Rescatada de los Arcones de La Posada.
Primera publicación: 6//12/2013 a las 3:00 h
(hace ahora justamente dos años).

viernes, 4 de diciembre de 2015

Lo que dice Celia

Celia (Menoslobos) y Pablo (Iglesias, sin ©), en pleno rifirrafe. Foto Público.
No era fácil dar crédito al franco y vivo dialogo entre Celia Villalobos y Pablo Iglesias que se produjo ayer en el Congreso, con ocasión de la jornada de puertas abiertas por el aniversario de la Constitución, y que fue captado y emitido por las cámaras de TVE con una inusitada amplitud.  En cierto modo, puede considerarse como la primera escena de la nueva época parlamentaria que presumiblemente viviremos cuando se inauguren las nuevas Cortes, allá por el 13 de enero de 2016.

Que han llegado nuevos tiempos a la política española lo dicen hasta los más dormidos. Lo que puedan traer de verdaderamente nuevo, está por ver. Pero, en todo caso, resulta una gran mezquindad el chorreo desaforado, algo histérico y hasta pelín verdulero que la diputada del PP y vicepresidenta del Congreso le echó a un Pablo Iglesias que demostró tener más paciencia que el santo Job ante las infumables palabras de la parlamentaria. Tan digna y autosatisfecha ella  («YO he sido alcaldesa, YO he sido ministra, YO tengo una mochila»), que no solo se escaqueaba por completo de la enorme dimensión que la corrupción tiene en su partido, sino que incluso se atrevía a ir desplegando ya la sombra de la sospecha de esa misma corrupción sobre el futuro de los que ahora llegan.

El mensaje implícito, la música, de fondo, no es nada nuevo («todos somos iguales y en todas partes cuecen habas y hay garbanzos negros»), aunque no deja de producir algo más que un viejo cansancio el que se pueda formular y proferir con tanta desfachatez. Porque lo que dice Celia, con todo el énfasis que su probada naturalidad pone en sus palabras, es precisamente lo que no debería poder decirse sin que se transparentara la impostura. Aunque no sería extraño que la regañina --sus gestos y modales, mucho más que lo dicho-- le hubiera granjeado un buen puñado de votos que sumar a la reciente radiografía, cierta a la vez que hiperrealista, del CIS, Para que luego hablen de populismo.

martes, 1 de diciembre de 2015

La rondalla


Ya el tiempo se está poniendo amarillo y no deja de tratar de alcanzarnos. Esta mañana hemos echado una mirada al calendario y, al ver que entramos en diciembre, le he dicho a los demás que tenemos que ensayar los brillancicos. Para dar ejemplo, me he puesto a cantar el de la pastora Catalina, que lleva también su regalo, de naranjitas de China, un borriquillo cargado... Y así vamos pasándolo, lo mejor que podemos.

                                 Fotografía de autoría incierta, virada al sepia Tomada de aquí.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Luz de arena en el tiempo

(Anotar lo que pasa.) El tiempo pasa
y deja entre los dedos su ceniza.
Puedo ver en su fuga la huidiza
luz candeal con que el sol llega a la casa
y va por los rincones, con su escasa
presencia, en este invierno que eterniza
el vuelo de la sombra. Y la plomiza
sensación de que el día se retrasa.
Tiempo en niebla y en frío resumido,
larga noche de hielo en los cristales
donde escribe sus sueños el deseo.
Es extraño vivir contra el olvido,
con la herida del tiempo que, a raudales,
cubre de arena roja cuanto veo.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Ma donna!


A Madonna, tan no dama.

Madonna tan noda M
a don Natan no da
donna tan no d
on nata nno
nn ata nn
natan
ata
t
><
t
ata
la tal
al átala
Ra la talar
eral a tal are
será lata la res
os era la talar eso
lo sé rala tal are sol

(AJR: 5, 17; Palíndromos ilustrados, XLV)

Gif animado tomado de aquí.




miércoles, 25 de noviembre de 2015

Figuerola-Ferreti, uno y mil duendes


De las muchas cosas que le debemos a Luis Figuerola-Ferreti, que acaba de emprender su viaje al más allá, no es la menor, pero sí quizás la más antigua, el muy famoso anuncio de «Las muñecas de Famosa», una delicia publicitaria de época que alguna vez, en Casa Carmina y allá por los primeros ochenta, nos sirvió de motivo a un grupo de amigos para echar unas risas incluso estruendosas a costa de ingenuidades propias y ajenas. 

La verdad es que hacía ya algunos años que no había vuelto  a tener noticia de quien durante varias temporadas fue un placer buscado y perseguido, tanto en las tertulias nocturnas, verbeneras y moncloítas, de Radio Nacional, como en el magacín matinal de Iñaki «Ser» Gabilondo. Fue en este último, si no me traiciona la memoria, donde mayor recorrido tuvo Doña María, la sagaz «gladiadora del hogar», uno de los personajes más redondos de los muchos que trabajó con humor y absoluta verosimilitud quien gustaba definirse como duende de la radio, y sin duda lo era, con muchas encarnaciones. 

Otra de sus facetas, no tan conocida pero también apasionante, fue la de coleccionista de juguetes de hojalata, de los que llegó a reunir un número tan valiosos de piezas que fueron suficientes para montar, en la Casa de las Flores de Candeleda, un muy interesante museo. A él corresponde la imagen elegida para ilustrar esta nota.

Sus inicios como creativo publicitario, su formación jurídica y periodística, una curiosidad que se extendía en muchas direcciones, variados saberes nada superficiales y un ojo muy atento a la actualidad y sus derivas, todo ello hizo de Figuerola-Ferreti una personalidad inolvidable, como bien salta a la vista, además de por lo ya dicho, con solo merodear un poco por su extensa bitácora personal. 

En esta larga entrevista que le hizo en febrero de 2013 Pilar Socorro, y cuyo inicio musical es de lo más adecuado para el día de hoy, están contenidas muchas claves de un artista que, en lo suyo (y lo suyo eran muchas cosas), todo lo hizo bien. 

Hasta siempre, maestro, gracias por las horas de felicidad. Sus voces, muchas de ellas felizmente salvadas por ese doble del mundo que es la Red, quedan con nosotros.

Mr Black

En el Observatorio del Roque de los Muchachos, La Palma.
Foto 
© AJR, 2013.

Le pregunté a Mr Black
si era posible salirse de la noche
sin despertar sospechas.

«Esa pregunta
—me respondió—
carece de sentido».

«Entonces
arrugué el entrecejo—,
¿por qué me respondes?»

Mr Black me miró,
no sé si con enfado
o sólo con murria.

Después guardó silencio
hasta que los primeros
grises del amanecer
empezaron a dibujarse
al otro lado de la ventana.

Al sentir que llegaba el día
(digo yo),
Mr Black
me miró de nuevo 
y sin casi mover el pico
me dijo:
«Sí, se puede».

Y se marchó volando
en dirección al mar.

Lo estuve mirando
durante un buen rato.
Por su manera de mover las alas
y los destellos de la luz en su plumas
comprendí que había llegado
el invierno


Rescatado de los Arcones de la Posada.
He añadido las líneas finales, con la variante del Invierno,
que era el nombre (Mr Winter) con el que erróneamente
recordaba a este cuervo tan suyo.
Primera publicación: 11/10/13; a las 13:00 h.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Adele le da



Como sé que los generosos lectores de estas letras son gente muy especial, puede que hasta este momento usted no haya visto, o solo distraídamente, el vídeo de la última canción de Adele (arriba). Si es así, sepa que en el preciso instante en que haga clic en él se estará sumando a una muchedumbre (solitaria, por supuesto) que debe de superar ya los 400 millones de youtubers, a los que sin duda habrá que añadir algún milloncejo más de vevoístas o vimeístas, y cifras nada desdeñables de aficionados y usuarios de otras videorredes, amén (con porla) de los incontables zombis que se pasan media vida hocicando en los contenedores de la tele (y menos mal: estremece pensar qué podría pasar si nos faltara ese pienso).  

Esta canción, la última de Adele, en la que todo tiene la cocina de una campaña publicitaria que se vendiera a sí misma, dicen que está produciendo, sobre todo entre ellas, el curioso efecto de que quien la escucha siente un irresistible deseo de llamar a su ex, incluso aunque sea (fuera) de otro color (el recuerdo tiñe la realidad como mejor le peta) o ya de otra especie. 

El caso es que la voz de Adele es un prodigio. Incluso un prodigio inconsciente: he de confesar, no sin sonrojo, que después de años oyendo (que no escuchando), aquí y allá, algunas de sus canciones, y de haber disfrutado, en ese caso sí, muy particularmente de la inspirada banda sonora de Skyfall, la penúltima de Bond, pese a todo eso y otros equívocos en los que no me demoraré, hasta hace unas pocas semanas no sabía realmente quién era Adele. 

Ahora, y desde hace esas mismas semanas escasas, tengo algunos datos más. Pero confieso que, torpe y desagradecido que es uno, además de desordenado, con tanta lluvia digital por todas partes (y lo digo sin guasap), el fenómeno no me da más que para ilustrar un obvio, menguado y sin duda insignificante palíndromo. El que titula este post. Y que, por cierto, más que una sugerencia, es una incógnita no carente, creo, de poder fantaseador. ¿Qué, a quién, o a qué le dará, realmente, Adele?

(AJR: 3, 9; Palíndromos ilustrados, XLIV)

martes, 17 de noviembre de 2015

Lo que no puede el ángel



Vuelvo por enésima vez, sin comentar apenas nada, a esta escena de El cielo sobre Berlín, tan útil para cuando parecen perderse los signos que marcan el camino. Para momentos en los que nos sentimos, y acaso somos, espíritus extraviados. Para los terribles días grises de después. Para ahora.