martes, 24 de febrero de 2015
Rosalía, aniversario
Se cumplen hoy años (178, si no hago mal las cuentas) del nacimiento de Rosalía de Castro. Como es sabido, a ella le debe la lengua gallega el inicio de su renacer como lengua de cultura. Un resurgimiento enraizado en la cultura popular y que, a lo largo del último siglo y medio, ha logrado traducirse en una gran riqueza de obras, movimientos y nombres, hasta culminar en un presente brillante en lo literario, pese a que todavía haya que batallar para lograr la plena normalización del uso del gallego y frenar el relativo descenso de hablantes que se ha producido en los últimos años. Hace sólo unos días, las calles de Santiago acogían un clamor popular para reclamar de las autoridades de la Xunta el cumplimiento de sus obligaciones al respecto. Las tantas veces vidriosas cuestiones nacionalistas, siempre en trance de convertirse en una pelea de gallos, en lo relativo a la defensa de la lengua tocan aspectos muy sensibles, cruciales en su razón de ser, y nada parece más justo y razonable que garantizar a los ciudadanos el derecho a conocer y utilizar la forma de nombrar el mundo más cercana a su propia tradición y a sus querencias. Pero, además, no vendría mal que el Gobierno central se preocupara un poco de potenciar la presencia de las lenguas peninsulares en el resto de España, pues son el vehículo del conocimiento y disfrute de una riqueza cultural cuya valoración y difusión adecuadas parece la mejor manera, junto con la justicia económica, de asegurar la cohesión del Estado. Es una lección que, entre otros, ya nos enseñó García Lorca con su especial aprecio de la figura de la escritora y del idioma gallego. Esta Salutación elegíaca a Rosalía, que Amancio Prada interpreta con su habitual cuidado y devoción, es una buena prueba.
miércoles, 18 de febrero de 2015
lunes, 16 de febrero de 2015
Trabes
Hay frases que prefieren seguir vivas
Y lápidas carentes de sentido
Los huesos del poema son elásticos
Pueden sobrevivir a la catástrofe
El poeta se mueve entre dos mundos
Entre dos muros En medio de las aguas
Como Ulysses atado en la cubierta
Sabe que son sirenas engañosas
las que roban su espíritu Descifra
sus infinitos nombres sombreados
Las ama con pasión Clama por ellas
Siente cómo se alejan con su carga
De veneno inmortal y nudos corredizos
Pasa la tempestad La calma extiende
su sombrilla de tópicos amables
Las lápidas arropan a sus muertos
Y hay frases que prefieren seguir vivas
Imagen
Ruinas de la ermita de San Xoán do Cachón, posible primitivo enclave del Mosteiro de Santo Estevo, en Nogueira de Ramuín, Ourense.
En el dintel puede leerse esta inscripción:
«+ CUM DEI ADMINICLO / FRANKILA ABBA CONDIDIT OPUS / ERA DCCCCLVI»
Foto © AJR, 2007.
Rescatado de los Arcones de La Posada.
Primera publicación: 30/07/10 16:50.
Ruinas de la ermita de San Xoán do Cachón, posible primitivo enclave del Mosteiro de Santo Estevo, en Nogueira de Ramuín, Ourense.
En el dintel puede leerse esta inscripción:
«+ CUM DEI ADMINICLO / FRANKILA ABBA CONDIDIT OPUS / ERA DCCCCLVI»
Foto © AJR, 2007.
Rescatado de los Arcones de La Posada.
Primera publicación: 30/07/10 16:50.
domingo, 15 de febrero de 2015
Hoy mismo, acaso ayer, cada mañana
viernes, 13 de febrero de 2015
¿Qué sería de nosotros sin la radio?
Lo de los «Días Mundiales de...» es una milonga que ya parece excesiva, incluso como broma. Pero cuando tienen apellidos como el de hoy (ya casi ayer), Día Mundial de la Radio, a uno le cuesta poco sumarse a la fiesta y aprovechar la efemérides para escribir un post: este. Un post en el que lo único que me gustaría escribir es la misma frase que una vez le mandé a Mara Torres, a la Cadena Ser, cuando ella era la conductora de Hablar por hablar y yo el oyente que muchas noches le enviaba un correo electrónico firmado por Farero, y que ella leía en antena. Un invento que tuvo cierto éxito, y que incluso llegó a contar con una sintonía propia (aún sobrevive en los archivos de la Cadena) y hasta una hora fija, al filo de las 3,33 a.m. Fueron, aquéllas, noches de duro bregar: estábamos actualizando la enciclopedia Espasa en turnos estajanovistas y en lucha contra el reloj, y la compañía cálida de las ondas era una barca segura para surcar la noche y alcanzar las horas altas de la madrugada, muchas veces bastante más allá del amanecer.
La radio es, sin ninguna duda, el medio que más cerca he tenido siempre. Y la verdad es que a estas alturas no soy capaz de pensar en mi vida sin ella. Ahora mismo, está sonando a mi espalda. Así que puedo repetir, con plena consciencia y vigencia total, la frase que una noche le envié a Mara, y que no era otra que la que encabeza estas líneas. Aunque no lo parezca, les aseguro que es mucho más que una pregunta retórica. De Farero, que de cuando en cuando aún sigue acudiendo a su Faro, tal vez hable otro día. En estos vídeos, Mara Torres lo recordaba, al volver a ponerse frente a los micrófonos del Hablar por hablar con motivo del 20º aniversario del programa.
Imagen superior: (c) Paco Farero, 2014, tomada de aquí.
lunes, 9 de febrero de 2015
La danza del torno
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| Grabado de La fuga de Atalanta, de Michael Maier (1617). |
No recuerdo la primera vez que vi un torno de alfarero. Pero debió de ser muy pronto, que no en vano uno nació en la llamada «Ciudad de la Cerámica». Y muy próximo al colegio Cervantes, del que fui alumno de primaria hasta junio de 1964, estaba el alfar de Ruiz de Luna, el gran renovador del arte del barro noble en Talavera. Lo que no se me olvida es la fascinación inmediata al contemplar su movimiento, tan hipnótico. Y la sorpresa añadida de comprobar que las manos del artesano en verdad estaban llenas de magia y podían modelar y dar vida a cualquier cosa.
Las subidas y bajadas de la pella de barro, su estilización o engrosamiento, con tan sólo presionar el alfarero en uno de sus puntos o disponer los dedos de una u otra forma, el modo milagroso en que iba apareciendo la pieza deseada..., todo era un espectáculo visual de enorme atractivo, una suerte de juego maravilloso.
Pensando en ello, caigo en la cuenta de que el movimiento del torno y el baile de los cables de la electricidad o del telégrafo, observados desde un tren en marcha, son dos experiencias que, a muy temprana edad, probablemente me revelaran la importancia del ritmo. Y la forma especial de belleza que hay en las cosas que se ordenan según su propia música.
En esa deriva, he llegado a pensar que mi temprana afición a las canciones y el gusto posterior por las palabras gobernadas por el ritmo --en suma, mi interés por la literatura y, en concreto, por la poesía--, es probable que tuvieran que ver con esa primera intuición del movimiento pautado y su capacidad de encantamiento.
De no muy distinta naturaleza fueron las revelaciones sorprendentes contenidas en las simetrías de algunos romances --el de las tres cautivas o el de la penitencia del rey don Rodrigo-- o en los recurrentes finales de muchos cuentos, y en especial en las truculentas historias que me contaba la señora Anselma, una anciana amiga de mi madre que pasó muchas horas a mi lado durante mi infancia.
Todo ello componía una danza circular que, gozosamente, estos vídeos me han traído a la memoria, al tiempo que volvía a quedar atrapado en la mágica red de los ritmos geométricos.
viernes, 6 de febrero de 2015
«TeleGoya, dígame»
La paradójica intensidad vital de las últimas semanas apenas me deja tiempo para poder cumplir con uno de los pocos ritos (acaso el único) que mantengo en este blog desde sus orígenes: apostar en la quiniela de los Goya. Aunque sea a vuelatecla y aprovechando las huellas de las entregas precedentes, aquí esta mi boleto para una edición que, a mi entender, tiene un resumen bastante claro: este fue el año en que conocimos la isla mínima, tan enorme.
☻ Goya de honor: Antonio Banderas. Si bien no logro recordar cuál fue su último buen trabajo como actor, me parece que la decisión de la Academia tiene suficiente base en la que apoyarse. La elección, además, supone rejuvenecer mucho este premio honorífico a toda una carrera: Banderas, a sus 54 años, no sólo será el más joven en recibirlo sino que, si se exceptúa al productor Emiliano Piedra (que lo ganó en 1991, con 59 años), es el único que lo logra con menos de 70 años.
☻ Mejor película: La isla mínima. Aunque aún no he visto Magical Girl, su posible rival entre las cinco candidatas, cualquier otro resultado en esta categoría seria una gran sorpresa. El filme producido por Antena 3, Atípica y Sacromonte es una mezcla perfecta de cine de género (negro) y estética minimalista puesta al servicio de una historia con mayor calado del que en general se le ha atribuido. A mí me parece una obra llamada a durar mucho tiempo en la memoria de los espectadores, lo cual en tiempos velofugaces e hipericónicos como estos es un gran mérito. A su lado, y aunque su producción sea también excelente, El Niño se queda en un trepidante pero algo insulso ejercicio de estilo, mientras que Loreak y Relatos salvajes, por motivos diferentes, juegan en otras divisiones.
☻ Mejor actriz protagonista: Bárbara Lennie, por Magical Girl. Es una apuesta que hago sin mucho conocimiento de causa (por lo ya dicho), pero con todo el entusiasmo, La Lennie es, a mi entender, la actriz más dotada de su generación, y tiene a sus espaldas, además de un trabajo teatral impresionante y una valiosa presencia televisiva (allí la descubrí), una docena de papeles cinematográficos que merecen revisión. También opta al premio de actriz de reparto, por su correcto papel en El Niño, lo que sin duda refuerza sus posibilidades en este premio mayor.
☻ Mejor guion original: Rafael Cobos y Alberto Rodríguez, por La isla mínima. Tal como ha contado el propio Rodríguez, a la hora de escribir con su coguionista habitual la historia de la película partió de las evocaciones cinéfilas que el paisaje marismeño le sugería, hasta tramar una historia que, en mi opinión, debe también mucho a la crónica de sucesos de los años ochenta. Y en concreto, al crimen de las niñas de Alcácer, caso tan terrible como vidriosamente rocambolesco y nunca resuelto. La película lo evoca visual y emocionalmente, aunque no se diga de forma expresa, Y, sobre todo, lo toma como síntoma del clima moral de la España de la Transición, además de como posible fondo fangoso en el que hunden sus raíces, y sus coartadas, las corrupciones impunes de nuestros días. Ya dejé un apunte al respecto en este blog.
Mejor guion adaptado: Ignacio Vilar y Carlos Asorey, por A esmorga. Otra apuesta azarosa, pues aún no he tenido la posibilidad de ver esta nueva adaptación de la gran novela de Eduardo Blanco Amor. Confío en que esté más lograda que aquella Parranda (1977) de Gonzalo Suárez, no carente de méritos (el principal, la osadía) pero muy lejos de la atmósfera original. La presencia de Karra Elejalde al frente del reparto parece una garantía.
☻ Mejor actriz de reparto: Carmen Machi, por Ocho apellidos vascos. El gran éxito económico de la temporada es una comedia llena de chaskarrillos y de situaciones divertidas, con el tipismo de los tópicos raciales como principal excusa. El éxito ha sido de tal calibre, que ya tiene hasta secuelas teatrales. El trabajo de la Machi no es, ni de lejos, lo mejor de la película. Y mucho menos de su carrera de gran actriz. Pero apuesto por ella.
Mejor actriz revelación: Yolanda Ramos, por Carmina y amén. Un excelente primer trabajo en una película menor pero de mucho mérito. Paco León volvió a sacar de la naturalidad interpretativa de su madre una segunda parte llena de hallazgos y en la mejor línea de cierto «tremendismo» hispano. Yolanda Ramos no desmerece en ella.
☻ Mejor dirección novel: Carlos Marques-Marcet, por 10.000 km. A diferencia de otros años, en los que esta era una categoría con una clara favorita, este año tengo la impresión de que va a estar muy disputada. Incluso podría darse la circunstancia (creo que inédita en los Goya) de que ganara una película documental: Paco de Lucía: la búsqueda, dirigida por Curro Sánchez Varela, hijo del guitarrista.
Y en el resto de categorías (casi todas a golpe de ruleta):
Mejor música original: Roque Baños, por El Niño.
☻Mejor canción original: «Niño sin miedo», de El Niño (canta India Martínez; autores: Martínez-Rivera-Santiesteban).
Mejor dirección de producción: Manuela Ocón, por La isla mínima.
☻Mejor dirección de fotografía: Álex Catalán, por La isla mínima.
☻Mejor dirección de fotografía: Álex Catalán, por La isla mínima.
Mejor montaje: Mapa Pastor, por El Niño.
☻Mejor maquillaje y/o peluquería: el equipo de Musarañas.
☻Mejor dirección artística: Pepe Domínguez, por La isla mínima.
☻Mejor dirección artística: Pepe Domínguez, por La isla mínima.
Mejor diseño de vestuario: Mercedes Rodríguez, por Por un puñado de besos.
Mejores efectos especiales: Antonio Molina y Ferran Piquer, por Torrente 5, Operación Eurovegas.
Mejor sonido: el equipo de Autómata.
☻Mejor película de animación: Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, de Javier Fesser.
☻Mejor película documental: Paco de Lucía: la búsqueda, dirigida por Curro Sánchez Varela.
☻Mejor película iberoamericana: Relatos salvajes, de Daniel Szifron.
☻Mejor película iberoamericana: Relatos salvajes, de Daniel Szifron.
☻Mejor película europea: Ida, de Pawel Pawlikowski. Para mi gusto, la gran revelación internacional del año.
Mejor corto de ficción: Safari, de Gerardo Herrero Pereda.
Mejor corto documental: El último abrazo, de Sergi Pitarch Garrido.
viernes, 30 de enero de 2015
En la noria
Ciento cuarenta
caracteres y un ojo
intuitivo.
El juego exige
resistencia al mareo
y un alma zen.
Ritmo, equilibrios
y acrobacias diversas
sobre la rueda.
Largos destellos
de luces que fascinan
y a veces ciegan.
Y el giro inmóvil
bajo los viejos astros
del carrusel.
(He abierto cuenta
en Twitter: caballitos,
tournez, tournez!).
En la imagen, noria en la feria de Albacete.
jueves, 29 de enero de 2015
La Baró
miércoles, 28 de enero de 2015
El botín de Podemos (o viceversa)
A escasos tres días de la toma pacífica y puede que estruendosa de las calles de Madrid por la fuerza de Podemos, sorprende comprobar la reluciente y afilada navajería que sale a relucir en los cuerpo a cuerpo. Junto a ella, no es menos intensa la sensación de déjà-vue que nos invade a los que tenemos algunos años y un poco de memoria. Es como si el implacable «retorno de lo mismo», que dijera Nietzsche, volviera a confirmarse como uno de los más lúcidos diagnósticos sobre la verdadera condición de la realidad, al menos en su encarnación como historia. Habría mucho que matizar, sin duda.
Pero como la urgencia, en su condición de reverso de lo efímero, es el signo palpitante del tiempo que nos roe, no podemos dejar de subrayar, al menos como síntoma, el impresionante asalto publicitario que el Grupo Santander ha llevado a cabo sobre las principales cabeceras en papel de la prensa nacional (menos «La Vanguardia», ojo al dato). Resultaba sorprendente comprobar esta mañana en el kiosco cómo las ediciones de cuatro grandes diarios de información general venían envueltas en una costosa sábana impresa que, bajo la simulación de las respectivas manchetas de cada medio, lanzaba un idéntico mensaje de optimismo y de reconocimiento a una denominada «generación encontrada». Y lo hacía (lo hace) con palabras precisas dirigidas a «una generación con el poder de querer hacer». Una apelación en la que, bajo la excusa real del lanzamiento de una campaña de becas para universitarios en empresas, es muy difícil no ver un franco y hasta descarado peloteo a favor de los vientos de cambio de los que Podemos es, sin duda, el heraldo mayor.
Y no deja de ser sintomático, también, que en la prometedora serie que, en El País, hoy mismo inicia John Carlin sobre el partido que encabezan Iglesias y Monedero, haya algo más que un guiño de respeto a la nueva dirección del barco de la familia Botín; en concreto, el que pronuncia Jesús Montero, dirigente de Podemos en Madrid:
Uno tiene la impresión de que, en las bodegas de la realidad (siguiendo con la metáfora marinera), se están fraguando algunas alianzas que podrían pensarse contra natura si no fueran, como ha ocurrido otras muchas veces, una manifestación clara de un viejo pragmatismo. Lo que podríamos considerar un instinto práctico y posibilista que tal vez no sea más que el reflejo, en el terreno de la política, de la adaptación al medio que todas las especies vivas exhiben en su lucha por la supervivencia. Así, lo que pudiera parecer contradictorio en términos políticos o sociales, se comprende bastante bien desde una perspectiva, digamos, ecológica. Otros lo hicieron antes. Y parece que algunos están deseando repetirlo mañana.“No todos los empresarios son iguales”, afirma. “Hay dos culturas empresariales. Una es casta, la otra quiere contribuir al bienestar social, como la familia Botín en el Banco Santander”. ¿Habla en serio? “¡Sí! Yo estoy convencido de que hay empresarios de buena voluntad. Hay sectores del capitalismo emprendedor que saben que necesitan un país con menos desigualdad social, que entienden que así expanden su mercado. Seguro que Ana Botín [presidenta del Banco Santander] se vería con Pablo Iglesias y hablarían de estas cosas”.
martes, 27 de enero de 2015
Vanos
La luz que rasga el borde de los cuerpos
con su filo movido por un ángel
es la misma que cela, en el crucero,
el hálito verdoso de la piedra.
La catedral navega. Ha comenzado
el órgano a extraer de cada sombra
su secreta armonía, los acordes
del sueño de la vida y de la muerte.
Un pueblo de maestros artesanos
levantó con paciencia y servidumbre
estas naves que hoy van a la deriva.
La música en mi cuerpo se transforma,
sobre el aire filtrado por los vanos,
en el mudo estertor de una plegaria.
(Pulsos de luz)
lunes, 12 de enero de 2015
Placenta de yegua
Yo, señor, no voy a decir ni una sola palabra de lo que usted está pensando. No quiero dar lugar a malentendidos. Sólo mencionaré que todo sucedió como si hubiese sido necesario recurrir a la parte maldita de lo peor de nuestra historia para intentar gobernar la catarata de sensaciones que se nos venía encima, un verdadero aguacero en mitad de la selva. No se sueña en vano. Ni se ven en vano escenas que lo catapultan a uno a lugares indeseables y a un tobogán de miserias de infeliz memoria sobre el que se deslizan las sombras de las cosas desprovistas de nombre y se incuban sin cesar, como en placenta de yegua nocturna, las más recalcitrantes de nuestras pesadillas, con un galope de coces medievales, olor a establo pútrido y fango pegajoso a punto de llegarnos a la boca para después cegarnos. Si hemos caído en el abismo de esta confusión, en la que lo único que nos queda para no sucumbir completamente es la furia inane, lejos de mi la obcecación de contribuir con mis palabras carentes de sustancia, solo dibujadas con la tinta fresca de esta cuña de luz, a ahondar en la herida. Recomponga usted como pueda los añicos del espejo y mírese después, a ver si en algún trozo, fragmento o mismamente cacho, encuentra el consuelo que su alma necesita. La magia a veces funciona y a veces no. Dice Frazer en La rama dorada que «... se creía que las carnes y cenizas de la víctima estaban dotadas de la virtud mágica o física de fertilizar la tierra. La misma virtud intrínseca se atribuía a la sangre y las lágrimas de los meriah, de modo que su sangre causaba la rojez de la cúrcuma y sus lágrimas la producción de lluvias, pues difícilmente puede dudarse de que, al menos en su origen, creían que las lágrimas atraían la lluvia y no solamente la pronosticaban». Fin de la cita. Y el que pueda entender, que entienda, que yo, señor, no quiero dar lugar a más confusiones.
V. Kandinsky: El jinete azul (1903, Zurich, Col. privada).
miércoles, 7 de enero de 2015
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Salir del agujero
| Split. Palacio de Diocleciano. © AJR, 2011. |
lunes, 22 de diciembre de 2014
Feliz Navidad
viernes, 19 de diciembre de 2014
Un regalo navideño: «¡A mí la Lima!»
Por mero azar de ventura, aunque de lejos guiado por las buenas vibraciones de mi amigo Darabuc (su blog, aunque ahora inactivo, es un pozo sin fondo de pistas valiosas), he dado con este hallazgo en verdad novedoso, aunque al parecer lleva ya un par de años dando vueltas por las nubes. Y es, además, una actualización de un invento surgido en las entrañas de Oulipo, el vigoroso laboratorio de escritura potencial cuya energía parece aún lejos de agotarse. De hecho, muchos de sus procedimientos, en permanente renovación, se siguen mostrando particularmente idóneos para, como sugiere la sigla que cifra el nombre de este ingenio, librar a las almas sensibles de las prisiones letales que engendra el tedio.
Se trata, tachín, tachín, de nada más y nada menos que de La Increíble Máquina Aforística (LIMA), un artilugio que parece sacado de aquellos inventos del TBO que tanto nos gustaban de niños. O de los más recientes pero también ya muy veteranos forgendros. Aunque, a diferencia de unos y otros, esta máquina funciona de verdad, en el mundo real real, no sólo en el real imaginario, como podrán comprobar con el simple gesto de clicar sobre la última palabra de este texto (¡no huyan aún!) y seguir luego luego, como diría Cervantes, las instrucciones que verán en el lugar al que tan simple gesto, si todo funciona, ha de llevarles.
He aquí una hermosa y muy útil herencia de la vieja sabiduría patafísica y de las corrientes que entienden la escritura ante todo como un juego, y en consecuencia sostienen que el azar puede ser uno de los más valiosos aliados del arte. Al fin y al cabo, ¿qué es la creatividad sino un paciente y continuo olfateo del mundo y sus espacios interiores para descubrir el curso de los vientos favorables?
La fabulosa LIMA tiene detrás una historia muy intensa y más letra de la que aquí y ahora sería pertinente deletrear. Ya lo advertirán por ustedes mismos a poco que le presten una pizca de su valioso tiempo. Y más, mucho más, si se entretienen con las interesantes explicaciones de su hacedor, el escritor e ingeniero informático Ginés S. Cutillas. Y, sobre todo, si se lanzan con entusiasmo a darle a la manivela y prestan atención despierta a los resultados.
Por mi parte, confieso que, si fuera twittero o mero partidario del nuevo gay trinar, este descubrimiento me habría puesto al borde del suicidio. E incluso un paso más allá: con los pies en el aire. De modo que algo valioso puedo agradecerle ya a mi proverbial y algo viejuna (lo reconozco) renuencia a transitar ciertas redes sociales. Al menos hasta ahora.
Lo cierto es que, lejos de esas pesadumbres, y decidido a seguir empleando la mirada infantil, que acaso sea la única capaz de hacernos soportar lo insoportable del interminable ciclo navideño, quiero pensar que LIMA es el regalo cibernáutico que ese gordinflón perseverante que es Papá Noel me ha dejado junto al árbol. Milagro y gordo, ya digo, lindante con la pura maravilla, máxime si se tiene en cuenta que este año en la Posada no hay árbol que valga.
Y como tal dádiva de Navidad, quiero compartirla con todos los amigos y visitantes de este albergue, a quienes deseo (empezando por usted, amigo o amiga, que quizás está leyendo esto ya con un poco de impaciencia...) unas muy felices fiestas. Y que 2015, además de próspero, sea el año en el que, impulsados por la alegre marea de las frases que tienen en su principio su final y en el final su principio, por fin podamos salir al espacio exterior y gritar: «¡A mí la Lima!»
(AJR: 4, 9; Palíndromos ilustrados, XXXIX)
lunes, 15 de diciembre de 2014
Adiós, linda amiga
En la madrugada del pasado sábado falleció nuestra querida amiga María Teresa (López Mayo). En la mañana el domingo, sin duda el día más triste de este invierno anticipado que nos ha caído encima, le dimos tierra en el cementerio de La Almudena, bajo una gélida llovizna convertida en algo más que un accidente meteorológico. Hablo en plural porque la condición de nuestra amiga Maritere, un ser luminoso que siempre estuvo del lado de la belleza, era la de hacer de puente entre quienes (y somos muchos) tenemos la suerte de haberla conocido y haberla disfrutado como amiga durante tantos años... aunque, finalmente, qué pocos y veloces. En mi caso, han pasado casi treinta y cuatro desde que, en junio de 1981, coincidimos trabajando en Salvat. Y ya nunca dejamos de vernos, de tratarnos y de querernos. A su delicadeza, sensibilidad, inteligencia y cariño le debo tantas cosas, que no es este ni el lugar ni el momento para tan siquiera intentar reflejarlas. Incluso esta misma nota se me hace de escritura difícil. Y tan insuficiente...
Hoy (ayer ya, en este día tan largo), Santiago, su compañero y alma gemela, y los amigos del antiguo coro de la Unesco, al que Maritere también perteneció, le dedicaban, entre otras hermosas canciones, la delicada pieza del Cancionero de Palacio que en el vídeo interpreta Amancio Prada. La grabación no tiene mucha calidad y carece de la riqueza polifónica con que la obra original fue compuesta. Pero está llena de emoción. Y corresponde, además, a una fecha cercana a cuando nos conocimos. Así que me resulta fácil imaginar que soy yo mismo quien la canta. Un disparate tan desproporcionado que, ahora mismo, mientras la escucho, estoy sintiendo en mi cabeza, y en el corazón, la risa con que tantas veces Maritere, generosa, comprensiva, divertida, además de sufridora de mis más bien limitadas dotes para el canto, solía celebrar mis gansadas y ocurrencias. La música da cauce a un sentimiento que va mucho más allá de las lágrimas. Adiós, dulce amiga, nunca dejarás de estar con nosotros.
sábado, 13 de diciembre de 2014
Espantapájaros
Un cuento de invierno, triste como el frío, pero contado con hermosas imágenes, en la voz del desaparecido Sancho Gracia.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Laboreo
El caballero
de la triste figura,
mientras me afeito.
En lo no dicho
reside su secreto.
Por eso mismo.
No habla a la mente,
al corazón que piensa
con su ritmillo.
Ventas, molinos,
castillos o gigantes,
dioses y diablos.
Cuánta locura
con su locura cura
mi don Quixote.
Cómo entenderle
el alma al que la lleva
tan transparente.
Jerónimo Elespe: Abril.
sábado, 6 de diciembre de 2014
El pan de la infancia
¿Alguien sabe, recuerda o tiene noticia de si hubo una vez, hace más o menos medio siglo, un tipo de barra de pan que recibía el nombre de fabiola? Ahora que ha fallecido la reina de los belgas, española de alcurnia, hermana de aquel genio caradura del monóculo, su nombre, Fabiola, además de a viejas novelas de romanos, me sabe a la hierba de la infancia, en concreto a su pan. No podría jurar que no sea este un falso recuerdo, ni lo contrario. Aunque si pienso que rebeca fue el nombre que tuvo, también por aquel entonces, una prenda de vestir así llamada por la protagonista del filme homónimo de Hitchcock (eso lo supe mucho después), lo recordado adquiere cuerpo y se ilumina con tanta precisión que parece como si el hecho en que se funda acabara de ocurrir y estuviera recién horneado. ¿No lo huelen? Es lo que tiene el pan de la infancia: se mastica a lo largo de toda la vida. Puede que sea el único verdadero alimento. O al menos el único digno de ese nombre.
Y es lo que pasa hoy, 6 de diciembre, con el rostro agrietado de la señora Consti (¡qué crudeza!). Acabo de leer en El País de papel un artículo del profesor Santos Juliá que desarrolla con suficiente extensión y claridad lo que yo mismo pienso, salvo por algunos matices, acerca de la encrucijada institucional en que estamos sumidos. Coincido en que, al tiempo que es preciso reformar lo que ya no sirve, también es necesario reivindicar, en estos tiempos crudos, lo que en nuestra juventud fue, sin duda y con todas las salvedades que se podrían hacer, un triunfo de la creatividad frente a la inercia, de la generosidad frente al rencor y, acaso con mayor precisión, el fruto del esfuerzo que unos y otros estábamos haciendo para sacar el arado de la historia del surco de Caín. Y ahí lo dejo.
Con el paso de los años, los estratos de la vida, quizás porque hay algo en el tiempo que se mueve en espiral, tienden si no a confundirse sí a solaparse. Hoy, sobre la piel fría de este día ya preñavideño (sic), en mi conciencia se superponen el pan de la infancia y el entusiasmo de la juventud. De algún modo que sería complicado desmenuzar (aunque puede que ya esté hecho, o al menos desmigado), una y otra querencia me impulsan a lanzar, sin estridencias pero con convicción, un saludo vibrante, que no llega a ser un grito, aunque lleva expreso el deseo de que se oiga bien: ¡Viva la Constitución!
Muchacho con una cesta de pan, de Evaristo Baschenis, 1655.
miércoles, 3 de diciembre de 2014
Allí ve Sevilla
Siempre que tomo el bus 9, que va de Hortaleza a Sevilla, generalmente en la parada de López de Hoyos casi esquina a Fernández Oviedo, caigo en la cuenta de que esto no es Buenos Aires. En principio, me alegro, claro. Nadie rompe la realidad impunemente, ni siquiera en sus segundas acepciones, sean estas ecológicas o no. Pero después siento una nostalgia extraña y hasta estruendosa, contra la que no puedo luchar, y avanzo por las calles de Madrid como Martín Fierro por la pampa. La ensoñación suele durarme hasta el viejo palacio mudéjar de ABC o, como mucho, hasta el Museo Arqueológico, nada más dejar atrás la grande bandera de Colón, manda güevos, que corta el viento a todo trapo entre las más bien cubistas naos de piedra. Ya en Alcalá, miralá, miralá, soy otro hombre. Al descender en la isleta de Cibeles, echo una moneda al aire para decidir el rumbo. Según sube el cobre, a veces me quedo escudriñando el cielo, golpiado por su proximidad, pasto fácil de su desmesurada belleza, entre las corrientes contrarias del gentío y un marcado sentido personal del embeleso bobo, que no es más que un modo fácil de manejarme con la cámara lenta. Si sale cara, me dirijo hacia el Círculo y, a la sombra de su Minerva poderosa, doy el día por salvado. Pero si sale cruz, tampoco importa. Lo que se decide con esa pequeña inspección del azar tiene menos valor que el hecho de haber llegado a las cercanías de Sevilla y poder comprobar que sigue allí, en la pared de siempre, la escueta sombra grafitera que un día, cuando laboraba de «turronero» en el antiguo edificio de Correos, sección Buzones, me dio la bienvenida al nuevo tiempo que entonces comenzaba a abrirse en mi vida y que ahora, más de cuatrocientos años después, aún me conmueve hasta estirar un poco el pergamino de mis lívidas mejillas y ponerme al borde del milagro. Quién estuviera vivo para poder llorar. O reír. A mandíbula batiente, cómo si no.
domingo, 30 de noviembre de 2014
Luz de noviembre
Dejemos que la lluvia nos golpee la cara,
que los ojos descubran el alma de las cosas.
No le pongamos límite al sueño de las nubes,
que el viento sople libre, que las semillas vuelen.
Aunque acaso seamos solo cañas que piensan
y a veces sienten miedo de su azúcar oculto,
despleguemos las velas de los días fugaces
porque sólo está vivo de verdad lo que muere.
Cualquier día seremos en la rueda del tiempo
partículas molidas en el confín del cosmos.
Vivamos cuanto ahora la vida nos regale,
la suerte de sabernos sentir y ser sentidos
en un instante eterno que es este mismo instante.
Esta luz es la luz y en su luz está todo.
Rescatado de los Arcones de la Posada
Primera publicación, con el título November bye, 30 nov 2012; a las 19:56
(hace exactamente 2 años, ayer como quien dice).
lunes, 24 de noviembre de 2014
Juan «Cervantes» Goytisolo
La concesión del premio Cervantes a Juan Goytisolo es una suerte de reconocimiento con cierta propensión a la redundancia, valga el circunloquio. Quiero decir que a pocos escritores vivos del ámbito hispánico les cuadra con mayor exactitud la condición de heredero de Cervantes que al autor de Señas de identidad (título que convirtió la frase en tópico), Reivindicación del Conde don Julián (que acabó siendo Don Julián a secas), Juan sin Tierra, Makbara o Telón de boca, por citar a vuelapluma los libros de su autoría que más huella me han dejado, y a los que debería añadir los ensayos de Disidencias y textos directamente autobiográficos como Coto vedado o En los reinos de taifa.
Aunque, si los recuerdos no me engañan, fue un libro algo atípico entre los suyos, Campos de Níjar, la primera obra de Goytisolo que leí, y con un deslumbramiento similar al que entonces (o un poco antes) me había producido el Viaje a la Alcarria, de Cela. Esa obra me llevó a viajar a Almería, para conocer sobre el terreno unos paisajes y una realidad que ya no eran los del libro, pero tampoco todavía los de la posterior «revolución de plástico». Pese al tiempo transcurrido y la realidad transmutada, me sigue pareciendo una obra de enorme interés. Volví a ella hace unos meses, tras ver la última película de David Trueba, por meras afinidades espaciales.
Del mismo modo, sus narraciones escritas desde el otro lado del Estrecho, que leí con entusiasmo compartido con muchos amigos y amigas de entonces, influyeron de forma decisiva en mi interés por conocer Marruecos y me sirvieron de guía emocional y estética tanto entre las calles de Tánger como, y sobre todo, en la intensa experiencia que viví la noche en que llegué a la plaza Xemáa el Fná, cuyo espacio había leído y deletreado en sus obras (también en las Voces de Marrakech, de Elías Canetti).
Pero a Goytisolo debo agradecerle, además, el descubrimiento de la obra de José María Blanco White, así como un acercamiento explícito a la visión de la historia de España sostenida por autores como Asín Palacios, Américo Castro o Emilio García Gómez. Una enriquecedora perspectiva, llena de razones que habían sido falseadas y de sensaciones reprimidas, frente a la esclerótica imagen de la «historia oficial» que el franquismo y el tradicionalismos católico habían inoculado en la formación que entonces recibíamos, imagen y enfermedad hoy felizmente superadas, al menos en el terreno formativo, aunque no hayan dejado de segregar retoños más o menos contumaces.
De esas lecciones, que quizás no siempre fueron bien asimiladas y que otras veces, al pasar el tiempo y ampliarse los puntos de vista, resultaron discutibles y fueron discutidas o reinterpretadas, me queda una valoración del escritor ahora premiado como un gran disidente, un pensador libérrimo, un creador comprometido física y moralmente con su escritura y un gran renovador de la prosa hispana.
Todo eso podría resumirse diciendo que, en realidad, Juan Goytisolo es sobre todo un fiel discípulo de Cervantes, uno de los que con mayor riesgo y acierto ha seguido las huellas de la gran innovación cervantina, hasta conseguir añadir al árbol del idioma esa importante rama que es su obra creativa, en todas sus vertientes, sin duda una de las más personales de la literatura de nuestro tiempo. De ahí lo de la redundancia del premio que decía al principio: el Cervantes ha premiado a un autor digno como pocos de ampararse bajo ese nombre.
Imagen, Juan Goytisolo con la plaza de Xemáa el Fná al fondo.
Fotografía © Sofía Tirado González, 2008
Fotografía © Sofía Tirado González, 2008
martes, 18 de noviembre de 2014
La erata real

Al volver sobre sus pasos, al ministro Montoro le entró la risa floja. No podía dejar de imaginarse al escritor Marías afánandose en imitar su vocezuela, cada vez más atiplada, y gozaba, y mucho, sabiendo que se lo estaba poniendo muy difícil en la enconada lucha por encontrar el adjetivo capaz de poner en su sitio a la pura realidad. «A este paso, no tardaré en entrar a formar parte de sus novelas», pensó el ministro como si eso realmente le importara. Y menos ahora que había logrado poner a punto su mejor argumento sobre el vidrioso asunto aquel de la hacienda de la infanta y se disponía a compartirlo con los bultos de los escaños y, quién sabe, tal vez con algunos invitados no esperados en la cazuela. Dio unos pasos hacia la tribuna de oradores y, haciendo honor a su nombre, contempló el hemiciclo como si fuera el coso en una tarde grande. Fue entonces cuando desde debajo de la mesa de la Presidencia, quién sabe si atufada por el olor a puros guardados a medio consumir en faltriqueras camufladas, o por los muy vulgares pero frecuentes aromas pedestres de algunas señorías, una rata gorda, grisona y de ojos saltones salió corriendo velocísima, trepó por la tribuna, correteó entre los papeles y el vaso de agua, olfateó al ministro, que la contemplaba estupefacto de ojos y de labios, miró hacia el tendido, por lo común atónito, y acercando sus bigotes de rata de alcantarilla al micro, dijo con voz asaz ronca y muy acanallada:
—¿Qué pasa, nunca han visto una rata real?
Fue justamente entonces cuando la gotera del Congreso se reveló en toda su crudeza y sus señorías salieron en desbandada como si lo que en realidad les asustara fuera aquella lluvia suave que dejaba en los terciopelos de los sillones y el parqué del suelo el llanto de un dios invisible y popular.
Viñeta de Historia de una rata mala, de Bryan Talbot.
(Curiosas sugerencias del dibujo: la Rata, obviamente es la Rata; la copiloto tiene cara de llamarse Cris, tal vez Chris; y en cuanto al personaje que va al volante, no desmerece en el papel de Sophie, la elegante, firme, paciente y resolutiva madre griega.)
(Curiosas sugerencias del dibujo: la Rata, obviamente es la Rata; la copiloto tiene cara de llamarse Cris, tal vez Chris; y en cuanto al personaje que va al volante, no desmerece en el papel de Sophie, la elegante, firme, paciente y resolutiva madre griega.)
domingo, 16 de noviembre de 2014
Hermana Filæ
Las aventuras de esa especie de viejo refrigerador con patas que es la sonda (o módulo de aterrizaje) Filæ, mediohermana de Wall-E y pariente cercana de todos los que a menudo, y mucho más desde que existe Internet, no dejamos de sentir cómo nos crece un alma de dibujo animado, me tienen abducido, supongo que como a muchos de ustedes. Como ya ocurriera con la casi olvidada misión Near-Shoemaker en el asteroide Eros, o con los hipnóticos paseos de la Mars-Pathfinder por Marte, la peripecia de este animalillo robótico sobre la superficie del cometa 67 P/Churymov-Gerasimenko (un esforzado alejandrino), después de un viaje de diez años a bordo de la sonda Rosetta, es toda una epopeya. Además, está llena de tantas expectativas que, por sí sola, puede ser la puerta hacia una nueva dimensión del conocimiento. Dicen las crónicas más impactantes que el objetivo de la misión es nada menos que intentar descifrar el ADN de nuestro planeta recabando información sobre la materia estelar presente en los orígenes de lo que acabaría siendo nuestro mundo. Un viaje en busca del polvo ancestral que pudo originarse hace unos 4.500 millones de años. Da vértigo pensarlo. Pero también da risa, mezclada con lágrimas, si se consideran los afanes en que anda sumida mayoritaria y aparentemente nuestra humanidad. Y más aún si se tiene en cuenta que lo único en verdad cierto es que, según apunta el viejo refrán anunciador del carácter inexorable de la universal alopecia, vivimos años que no son sino el prólogo de la extinción... o de la vida eterna, si prefieren ese relato subjetivo que, además de en las fantasías de muchas creencias, también está en la base del materialismo absoluto. Un prólogo tan largo como se quiera, pero prólogo al fin. Así que, puesto en su justo horizonte el impulso trascendente, de las diversas emociones que me suscita la aventura de Filæ, que a estas horas duerme exhausta a la espera de un poco más de luz, me quedo con la solidaridad de quien se siente formando parte del mismo juego, flotando en el mismo espacio y entregado (cuando es posible) a esa misma calma que ha de preceder a la definitiva "iluminación". Y, sobre todo, divertido al advertir que, por alguna neurona gongorina sembrada en la infancia y cultivada después por amor al arte, estos días anda resonando en mi cabeza la vieja canción que aquí les dejo. Bien podría tomarse como una melodía, o juego de corro, para acompañar el sueño de nuestra hermana espacial mientras llega la hora de volver a la escuela.
... Porque algunas veces
hacemos yo y ella
las bellaquerías
detrás de la puerta.
viernes, 14 de noviembre de 2014
Monago: la verdadera historia
domingo, 9 de noviembre de 2014
Rácano nácar
Al volver sobre sus pasos, mientras contemplaba el abismo sin fin de su morada, la Ostra comprendió que su perla no era otra cosa que la apoteosis de un círculo vicioso.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Mientras nace lo nuevo
| Two-Lips on asphalt, de Martha Ortiz. |
Entre lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no acaba de nacer se extiende el vasto territorio del presente en fuga, familiar e insidioso como un juguete usado. En la vida hay jalones que de golpe nos echan encima un chaparrón de tiempo, sin que medie siquiera la caridad o la justa precaución de un «¡agua va!» que nos ponga en alerta. Uno recibe la rociada lo más estoicamente que puede, traga saliva, si es menester, y recompone la figura y la sesera lo mejor que le es dado para seguir adelante.
Pero las marcas quedan en el tronco. Son, en realidad, como mudas de piel de la serpiente del alma, que no sabemos en realidad si existe como tal, ni en qué apartado corporal se aloja. Aunque sí que sentimos día a día, y más intenso aun por la noche, su bulto respirando. Qué es si no ese murmullo interior que sin cesar nos acompaña, el leve cosquilleo que no cede.
No hay que ponerse lírico para admitir que el tiempo nos moldea como barro en torno de alfarero. Y de modo tal, que lo más grácil de nuestra figura (si algo así hubo en ella alguna vez) suele acabar convertido en un dibujo de ternura grotesca, útil sin duda para inspirar un cómic o alegrarle la vida a un espejo sin brillo. Pero, a qué engañarse, también muy doloroso.
Y eso contando con que el amor propio no haya ido derivando en cabreo intemporal y carcoma, una metamorfosis muy frecuente cuando el humor banal (el más etéreo de todos los humores, incluida la bilis) tiende a solidificarse y acaba convertido en una especie de cilindro de algún metal extraño que se incrusta en el mismo entrecejo, justamente allí por donde algunos alquimistas y santones (y también reconocidos fisioterapeutas) dicen que ve, o percibe el mundo, el llamado «tercer ojo».
Lo cierto es que así estamos en estos tiempos tan borrosos: esperando a los bárbaros, como en el poema de Cavafis. Y, como en el poema, vemos que se acerca la noche, que las sombras ya cubren el patio delantero de la casa, sin que en el horizonte haya signo alguno de galope salvaje, ni estruendo de masas lanzadas al saqueo, ni siquiera un clamor de cibernautas que se muestre capaz de poner patas arriba el viejo mundo. O al menos de apartar las ruinas más visibles para que puedan crecer sobre el asfalto aquellos tulipanes que pintaba o fingía la ilusión loca de nuestra juventud.
Rescatado de los arcones de la Posada.
Primera publicación: 16/05/2013; 00:00 horas.
viernes, 31 de octubre de 2014
La sencilla belleza
O la belleza, sencillamente.
Anoche, mientras disfrutábamos en Las Tablas del cante poderoso de La Macanita (otro día la traeré a la Posada), comentaba con un compañero de profesión las ventajas e inconvenientes de esta Red que nos tiene más o menos atrapados a todos. Y que, al tiempo que cambia nuestras costumbres, nos obliga a hacer todos los días un esfuerzo suplementario de comprensión, especialmente a quienes tenemos un alma antigua, amamantada a los pechos de otras galaxias.
Esta mañana, mientras trabajaba en buscar la mejor manera de transmitir algunos fundamentos sobre expresión corporal, con destino a un texto escolar para alumnos de Secundaria, he tenido la suerte de «caer» en el vídeo que muestro arriba. No es nada del otro mundo (¡y menos mal, tal día como hoy, ya con tanta alma en pena, tanto zombi y tanto jalowín invadiéndolo todo!). Pero confieso que su contemplación me ha producido una emoción intensa, difícil de explicar. Y, de paso, me ha facilitado una pista decisiva para resolver el trabajo que me ocupa.
En los tiempos convulsos y desalmados que vivimos, donde tan acuciantes son las dudas acerca de si esta tecnología invasiva que nos rodea no nos estará precipitando en un abismo sin salida, o si, por el contrario (¿complementario?), se puede acabar convirtiendo en la herramienta que nos ayude a manejar el caos, en medio de ese dilema, ya digo, hay días afortunados en los que las nuevas formas de trabajo nos acercan a hallazgos como este. Pequeñas islas del ciberespacio que, en su perfecta sencillez, son un remanso de alegría y belleza.
Que lo disfruten, en toda su intensa sencillez. Y sin necesidad de tener que elegir, al menos por una vez, entre truco (de mangantes) o trato (de corruptos). Y no olviden hincarle el diente, si les place, a unas buenas castañas de Santos y Difuntos.
Aunque figura en los créditos (al final), quede constancia de que el vídeo está firmado por Vicky, Pro Arte, Gijón. Y está fechado en junio de 2012.
lunes, 27 de octubre de 2014
Sesión golfa
BALAS AL ALBA (HABLA LA SALA B)
Fotograma de Cawboys & aliens, de Jon Favreau (2011).
Aquella noche acudí a la sesión golfa de los Cines Ideal para ver El sexto sentido, que se me había despistado en su estreno y ya sólo se proyectaba a deshora. Cuando entré, la sala estaba completamente vacía y al empezar la película únicamente pude ver a otro espectador sentado unas filas más atrás. Disfruté de la historia en unas condiciones inmejorables para sentir el placer del miedo controlado y hasta un leve erizamiento de la espina dorsal en algunas de las escenas más logradas: el descenso al sótano de la casa, la espalda cruel del paseante del baño, la luz agonizante en la tienda de campaña, el filo de luz blanca en la cocina, el susto mortal junto a la ventanilla del coche, la perplejidad creciente de Bruce Willis, tan parecida al ensimismamiento... Y saboreé el presentido pero inesperado final con la alegría del que, tras haber deambulado por callejones siniestros de la imaginación, se sabe al otro lado de la pantalla. Cuando salí de la hipnosis para volver a casa, me di cuenta de que estaba solo en la sala. Los títulos de crédito ya habían terminado (siempre agoto la visión de las cintas) y sin embargo el proyector seguía encendido, iluminando la pantalla con un marco vacío de luz sucia. Fue entonces cuando, provenientes de no sé dónde pero reales como las palabras que las nombran, vi dos balas atravesar la sala, apenas unos centímetros por encima de mi cabeza, y caer sobre aquella mancha lechosa que aún refulgía en medio de la pantalla. Por los dos agujeros que los proyectiles dejaron en la pared se colaban, con una limpieza de navaja recién afilada, lo que pensé que serían los primeros rayos del amanecer. Sin embargo, como comprobé al salir a la humedad de la calle, todavía era de noche. Y en la sala de al lado aún no había concluido la última sesión. Supongo que no será necesario añadir que en ella se estaba proyectando un western. Pero no logro recordar su título.
Fotograma de Cawboys & aliens, de Jon Favreau (2011).
(AJR: 7,23; Palíndromos ilustrados, XXXIX)
sábado, 25 de octubre de 2014
La zorra guardando las uvas
Al oír esta mañana por la radio a María Dolores Cospedal diciendo en una reunión de su partido en Murcia que «la corrupción escandaliza tanto al PP como a los ciudadanos», o que «algunas cosas se conocen por el ejercicio de transparencia que está haciendo el PP», entre otras "uvas maduras" que me ahorro, inevitablemente me he acordado de la vieja sabiduría que sentencia que no hay cosa más insensata que juntar raposas y uvas. O zorras y gallinas, dos palabras, por cierto, estas últimas que no sé por qué llevan encima cargas de dobles sentidos tan oprobiosas, y de las que no quiero ni acordarme aquí porque insultan a la inteligencia. Aunque en la condición de producir ese efecto, a la vista está que no son únicas.
| Foto: EFE/Ballesteros. |
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