viernes, 11 de noviembre de 2011

Acrósticos


Todas las noches, a veces ya casi de madrugada, doy un largo paseo con Pancho por las calles de Madrid. Esta noche hemos ido desde López de Hoyos hasta Diego de León por Príncipe de Vergara y vuelta por General Pardiñas y María de Molina, hasta enfilar por Canillas el viejo mundo de Millás. La gran novedad son los cartelones y banderolas que colonizan farolas y paredes, aunque me parece que en mucha menor cantidad que otra veces, con la habitual disputa entre manchas azules y mareas rojas, con rosas y gaviotas a la greña, y solo de vez en cuando alguna voluntariosa rareza que no llega a destacarse en un mundo dividido por dos.

Aunque la mayor parte de nuestro recorrido se adentra en el barrio de Salamanca, yo diría que en el itinerario son mayoría los espacios comprados por el PSOE, y lo cierto es que al poco rato el paseo discurre bajo una suave invasión del lema que figura sobre estas líneas. No tardo en caer en la cuenta de que la lectura visual del mensaje sobre fondo rojo pone de relieve una torpeza o intencionalidad tal, que solo da pie para pensar que:
a) o bien ha sido voluntariamente buscada o
b) después de detectada, ha sido asumida,  pensando que tal vez será posible darle la vuelta y sacarle partido, algo así como lo que hizo Rajoy cuando, en el debate del lunes, se equivocó la primera vez llamando Rodríguez Zapa... a Rubalcaba y después se dio cuenta de que aquello podía ser un hallazgo y lo repitió, ya teatralmente, gustándose, varias veces más.

Es verdad que, en teoría,  hay una tercera posibilidad razonable: «Pero si está bien claro lo que dice el eslogan... ¿no? ¡Deja de buscarle tres pies al gato!» Aunque si se piensa bien, esa opción, que podríamos denominar de una tercera vía ingenua, en el fondo cae claramente del lado de lo torpe.

Pero vayamos al comentario de texto. En el mensaje electoral del PSOE, en su sopa de letras mayúsculas, hay mensajes explícitos que aunque solo sea como mera materia visual sin duda han de actuar sobre la conciencia de los electores, que se supone que antes son, y aunque sea parcamente y en «letras gordas», lectores, mirones al menos. ¿Cómo se le puede pasar a alguien por alto que, leído en vertical, a modo de acróstico, en ese texto salta a la vista un rotundo PPQQ? ¡P P Q Q! ¿Cómo lo ven? ¡¿No es fantástico?!(como diría Punset).

¿Y qué  puede querer decir, que dirá de hecho, aunque sea subliminalmente, ese rotundo  PPQQ, PPcucú, en la mente de quien lo vea?  ¿Se trata de un guiño astuto, en plan juego de niños? O tal vez, y con solo una leve variación fonética (pero casi no visual), ¿deberemos leerlo como PP CoCo, como diciendo qué miedo,  mira quién viene? O más aún, y por alusiones entre dos letras que comparten un cierto aire de familia y un indudable parentesco sonoro, ¿no se estará insinuando un PPKK  PPcaca, de evidente sentido ambarino?   Podrían explorarse más caminos, pero ya me parecen un tanto jacobinos (aunque tal solo sean peregrinos sin más).

Hay también en el mensaje una par de EREs que seguro que no van a pasar inadvertidos a unos cinco millones de españoles, e incluso a varios cientos de miles más a quienes, por desgracia, esas siglas les recordarán que sobre su horizonte se cierne lo indeseable. Claro que siempre cabrá preguntarse si esos ERE no actuarán, en la mente desprovista de prejuicios, de consuno o al alimón (también hay algún OE, OE) con los PPQQ, de modo que las asociaciones acongojantes antes descritas tendrían aquí su prolongación, y el mensaje completo, incluida la parte expresa, dejaría flotando en la mente del votante algo así como un «OjO, fíjate bien, que viene el CoCo y PP CaCa te dará ERE..., a no ser que pelees».

Hay también un REI bien visible, sobre el que no me atrevo a especular, y algunas que otras posibles sugerencias que dejo a la imaginación de quien quiera adentrarse en ellas. Muy llamativo es, también, el enorme POR QUE que parece estar gritando desde el centro mismo de la sopa de letras (hacia el flanco derecho, para ser exactos). Confieso que ese grito me ha conmovido y tal vez decida mi voto.

De momento, en el mensaje del PP no he visto nada raro. Bueno, la verdad es que, aparte de que tengo oído que se basa en la palabra «cambio» (lo que me parece el colmo de la originalidad y hasta puede que tenga un poco de recochineo),  aún no sé nada del lema del partido presunto ganador de estas elecciones en las que, a estas alturas, la incógnita mayor, pero no la única, reside en saber si ganará Mariano o se impondrá Rajoy  (aunque también es cierto que corren tiempos extraordinariamente movedizos).

En fin, que si veo algo raro, o si Pancho me ladra para que me fije en algún detalle, les prometo que vuelvo y se lo cuento.


10 comentarios:

virgi dijo...

¡Vaya un análisis completo! Creo que le has sacado un jugo de lo más interesante, que ni ellos mismos lo saben.
Gracias, un beso

Antonio del Camino dijo...

No sé, Alfredo, quizá sea hilar demasiado fino; aunque nunca se sabe. En cualquier caso, un placer leer y seguir tus reflexiones.

Un abrazo.

Olga Bernad dijo...

Pues todo está ahí, no sabemos si intencionadamente o no. Lo que no sé es si, de ser intencionado, sirve de algo...

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Virgi. Más que análisis, son algunas ocurrencias a partir de una descripción de lo visible. Que ni "ellos" mismos lo sepan, como diría el escoliasta, «no es óbice», o, como diría el retórico, «en nada empece»... Y habría que pararse a pensar con alguna detención en ese "ellos", entre otras cosas para saber si saben quiénes son. Palabras, al fin, que desde los carteles hablan. ¿Qué dicen? Me parece una buena pregunta, digna de plantearla en un debate sobre comunicación. Gracias a ti, por tu atención, y otro beso.

Alfredo J. Ramos dijo...

Realmente de nada sirve hacer un juicio de intenciones, Antonio. Nunca llegaríamos a una conclusión que a su vez no hubiera que interpretar. Pero el "tejido" (ya que de "hilos" hablas) ahí está. Gracias por seguir la "trama". Y otro abrazo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Me quedo con estas tres palabras de tu comentario, Olga: «todo esta ahí». Sobre las intenciones, me remito a los comentarios anteriores. Gracias.

Jordi Doce dijo...

Espléndido! Gracias, y fuerte abrazo-J12

Fernando Ramos dijo...

Fíjate, me yo también caí en la cuenta de este acróstico y estuve a punto de dedicarle un post en mi blog pero, siempre con la duda de si es o no intencionado, también barajaba la opción de que pudiera jugar en su contra... Al fin y al cabo mencionan al rival y los significados de QQ son menos claros. Aunque después de tu cabalístico análisis no me queda más remedio que recular en mi teoría simplista ;-)

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias a ti, Jordi, eres muy amable. Otro abrazo

Alfredo J. Ramos dijo...

Fernando, estaba muy interesado en conocer tu opinión como profesional de la publicidad, al fin y al cabo la viejas distinciones entre publicidad y propaganda acaban diluyéndose, y más en la propaganda electoral, donde me parece que la selección de un lema de campaña no debe diferir mucho de la búsqueda de un eslogan para colocar (posicionar, creo que se dice en la a veces horrible jerga del sector) un producto. Desde esa perspectiva, la cuestión sería: ¿crees que es posible que, en el proceso de análisis y crítica a los que suelen someterse estos textos, las cuestiones que planteo en mi post hayan sido ignoradas? Y en función de la respuesta a la pregunta anterior: ¿cómo cabría considerar profesionalmente a alguien que no se planteara la posibilidad de lectura del lema de ese modo? Francamente, no creo que eso se pueda ignorar. Ahora bien, una vez asumido que en el mensaje todo es intencionado (o al menos asumido), ¿cuál podría ser el interés de fondo y cuáles las argumentaciones aducidas (¿abducidas?) para lanzarlo así al "mercado"? Ya en tu comentario esbozas una posible respuesta a esta última cuestión, pero tal vez se podría ir más allá, al menos desde una perspectiva de "análisis de caso", porque las "verdaderas" intenciones nunca podremos llegar a saberlas, o muy difícilmente. Los distintos caminos que he explorado me llevan siempre a la misma conclusión: torpeza. Pero, en fin, son derivas que se prestan a una conversación más pausada y en el calor del directo. Un abrazo.