«¿Pero cómo es posible enredarse en tamaña jerigonza? —se decía Quexada sin poder apartar los ojos del volumen—. Este príncipe danés, con sus cábalas fantasmales, por fuerza ha de rematar con la sesera monda y en la mano».
Rosa María José Maldonado Guerrero: La Torre de Babel, 2007.
Ruidos
Una línea de su currículo lo identificaba como intérprete en Babel. Pero no precisaba la lengua. Ni la fecha. «Eran», decía, «datos perdidos en la traducción».
Manuel Colmeiro: Lavandeiras, 1967. Museo de Bellas Artes da Coruña.
Al mirar el calendario comprendió que la novela del nuevo día sólo podía comenzar así: «En la memoria de la tierra madre resonaba el recuerdo de la madre en tierra».