jueves, 7 de julio de 2016

Frases al vuelo


Es tal la cantidad de frases hechas que amueblan nuestro lenguaje, y nuestro pensamiento, que no necesitamos que el catálogo de Ikea nos proporcione ideas para vivir. Así, a bote pronto (¡una!) y siguiendo el orden alfabético, podemos cazar al vuelo unas cuantas, quizás alrededor de un centenar, que guardan en el tríptico de su estructura (entre sus tres solas palabras) la pepita de un poema. Basta con dejarse llevar por la literalidad, la sugerencia del momento o el ritmo interno para que brote un humillo de la lámpara y el tópico se vuelva trópico... 

Abrir el melón. Acudir al quite. Aporrear la puerta. Apretarse los machos. Andar de cabeza.  Armar la marimorena. Armarse de valor. 
Babear de gusto. Bajar los humos. Beber los vientos. Besar la lona. Brindar al sol. Buscarse la ruina.
Caer de pie. Caerse del cartel. Cambiar de tercio. Cantarle las cuarenta. Capear el temporal. Ceder los trastos. Comerse el coco. Contar hasta diez. Cortarse la coleta. Cubrirse las espaldas.
Dar la puntilla. Dar la tabarra. Darse por vencido. Darse una hostia. De proporciones bíblicas. Dejar de lado. Descubrir el Mediterráneo. Dimes y diretes. Doblar la servilleta. Dudar de todo.   
Falto de sustancia. Feo de cojones. Fiesta de guardar. Fondo de reptiles. Frenar en seco. Fuente de problemas. Fundir los plomos.
Ganarse el pan. Generar buen rollo. Golear al contrario. Griparse el motor. Guardar las formas.
Hacer el primo. Hacer la faena. Helarte el corazón. Hilar muy fino.
Inclinar la balanza. Irse de rositas.
Joder al prójimo. Jugar con fuego.
Kafkiano te veo. Kilitos de más. Kilómetros de distancia.
Lamerse las heridas. Lanzarse al ruedo. Levantar a pulso. Llover sobre mojado.
Marear la perdiz. Matar el gusanillo. Mentiras como puños. Mirar las musarañas. Moler a palos. Montar el número. Morder el polvo. Morir de amor. Muertos de risa.
Nadar en seco. Nadie es perfecto. Negar la evidencia. Ni por esas. No pero sí. No somos nadie. Nombrar al demonio. Nunca se sabe.
Obedecer al instinto. Ocultar la evidencia. Odiar el pecado. Ojos que no ven. Oler a chamusquina. Olvidar el pasado. Omitir los detalles.  Otear el panorama.
Pasar por alto. Pedir la luna. Pelar la pava. Pedo de monja. Pinchar en hueso. Pisar a fondo. Poner la cama. Pulirse la pasta. Putear al prójimo.
Qué cosas tienes. Qué sabe nadie. Que te den. Querer es poder. Quitarse el sombrero.
Raro de cojones. Reírse de todo. Rematar la faena. Rizar el rizo. Romper el hielo. Romperse los cuernos. Ruido de fondo. Rumor de olas
Salir a hombros. Salir del armario. Salir de naja. Ser un cabestro. Ser un figura. Servir de cebo.  Sine qua non. Sí pero no.  ¡Silencio, se rueda! Sostener la mirada. Subir el tono.
Tal para cual. Tener el cuajo. Tener mano izquierda. Tentarse la ropa. Tirarse al ruedo. Tirarse el folio. Torcer el gesto. Torear al alimón. Trastear a alguien. Trocear la tarta.  Truco del almendruco. Túnel sin salida. Turno de réplica.
Uncirse al carro. Untar la mano. Urdir la trama. Usar el coco. 
Vacilar al prójimo. Venir de lejos. Vivir de gorra. Volver al ruedo. Vuelta y vuelta.
Zanjar la cuestión. Zurrar la badana.

Es curioso, además, el gran número de frases que le debemos al lenguaje taurino (las que van en redonda en la lista anterior son ya unas cuantas). Siempre me he preguntado, naturalmente en plan retórico, si el día que definitivamente se prohíba la fiesta de los toros habrá que borrar del diccionario estas y otras muchas expresiones nacidas de la tauromaquia. Una buena pregunta para un 7 de julio.

Imagen tomada de aquí.



martes, 5 de julio de 2016

Kiarostami, las brasas de una correspondencia

Kiarostami y Erice, dos maestros de la mirada.

La muerte del director iraní Abbas Kiarostami, además de fragmentos de su cine que (salvo alguna excepción) me cuesta trabajo recuperar con nitidez, me trae sobre todo el recuerdo de su correspondencia visual con Víctor Erice, que pude ver en la exposición organizada por La Casa Encendida a finales de 2006. Estoy seguro de haber escrito algo al respecto, pero no tengo modo de localizarlo. Quizás fuera sólo el correo electrónico enviado a un amigo recomendándole vivamente la visita y tal vez comentándola con cierta extensión. Por fortuna, hay por la Red suficientes huellas para poder recuperar, si viene al caso, lo que en su día, tanto por su novedad como por su calidad, me pareció un hito importante de la cinematografía contemporánea. Y que hoy, pese a su relativa cercanía (¡qué son 10 añitos de nada en el espejo de una vida!), tiene ya el aura de un hecho del pasado que la extraña mezcla de recuerdos y falta de memoria convierte en algo mítico: ese tipo de sucesos por los que, sin duda ingenuamente, suponemos que nuestra vida tiene o tuvo un brillo especial. Volver a recuperar esa emoción, o intentarlo al menos (ya sabemos las sorpresas que encierran a menudo las, por otro lado imposibles, vueltas al pasado) será la mejor forma de rendir homenaje a uno de los grandes maestros del arte de mirar.

domingo, 3 de julio de 2016

Línea


                                  Esta línea soporta el peso muerto
                            de la luz
                                                y se hunde
                            hacia el fondo invisible
                            de la página
                            donde sólo respiran
                            las criaturas más fuertes de la imaginación.




Imagen: Librería de CaixaForum, Madrid ©AJR, 2016.

sábado, 2 de julio de 2016

Bumeranes para Rubén Darío

José Pulido en el homenaje de Navalsauz, sobre Luz azul. 

OÍR A DARÍO
OÍR ESE RÍO
OIRÁ: ¡DARÍO!
OÍR A DARIO O IR A DARÍO
OÍR A DADÁ. ¡DA DARÍO!
OÍR AMÉ OPIO. OÍ POEMARIO
OÍR A CISNES EN SICARIO
OÍR A TI LOS SÁBADOS O DABAS SOLITARIO
OÍR AÍDA A DIARIO
OÍR: ADORNO HONRÓ DARÍO
OÍR: BÉSAME MÁS EBRIO
¡OÍR A DARÍO ACÁ, PASA, PACA: OÍR A DARÍO!


***

Hoy, sábado 2 de julio, se celebra el Día Internacional del Palíndromo, una iniciativa de la que me informan desde el Movimiento REVER. Como 2016 es también el año del centenario de la muerte de Rubén Darío, me ha parecido oportuno unir ambas efemérides con este homenaje, esbozo de poema compuesto a partir del conocido reversible inicial, creado por Darío Lancini, y que en su línea final también lo es a Francisca Sánchez, la mujer en la que Darío encontró amor y entrega. Precisamente, en torno al recuerdo de ambos nos reunimos hace unos días un grupo de amigos y admiradores en la aldea abulense de Navalsauz, el lugar de nacimiento de «la princesa Paca». 
En ese acto, como muestra parcialmente la imagen superior, alguien tuvo la buena idea de componer con la flor del piorno una hermosa LUZ AZUL, que lucía espléndida bajo la claridad de Gredos.



viernes, 1 de julio de 2016

Aira dice...


Leo en el suplemento literario de El País (18.06.16) estas declaraciones del escritor argentino César Aira, entrevistado por Javier Rodríguez Marcos.

–¿Escribe a mano?
–No solo a mano sino dibujando. He llegado a cierto fanatismo en eso. Cuando veo en la pantalla [a la hora de pasar al ordenador (la computadora) lo escrito] una palabra que quiero cambiar, la sustituyo también en el cuadernito. [...]

–Parece tenerle un gran respeto a la literatura, pero su obra parece una broma enorme.
–No lo veo contradictorio. Siempre pensé que a cierta edad lo mío sería la elegante melancolía. Hago todo lo posible, pero lo que escribo no me sale ni elegante ni melancólico. Me sale el juego. Tengo una veta infantil fuerte. Si tuviera que definirme diría que escribo libros infantiles para adultos, juguetes literarios para adultos que hayan leído a Lautréamont...

La entrevista sigue con declaraciones no menos interesantes. Mucho antes de llegar al final me hago el propósito firme de remediar una carencia que, además de perniciosa, me parece casi inverosímil: ¿cómo he podido zafarme hasta el presente de la necesidad de leer a César Aira?

(Tiempo contado, 19.06,16)

Fotografía de César Aira tomada de Zona de obras.

jueves, 30 de junio de 2016

Despertar


Salir del sueño por el pasadizo
que lleva al día con su senda extraña,
medir el paso azul del sol de españa
como el que mide el curso de un hechizo.
Y apurarlo en el vaso el bebedizo
de la luz fresca y ver cómo se baña
en transparencias la sustancia huraña
del cuerpo al despertar, tan huidizo.
Crece la realidad cuando, aún brumoso,
cruzo la casa y busco el excusado
rincón donde la vida a fluir empieza.
Frente al espejo hay ojos al acoso
de un viejo conocido, algo asombrado
de que haya luz y agua en una pieza.

Magnus Henckel: El despertar (1893).

miércoles, 29 de junio de 2016

No es país para sueños

                                                       
                                                          (Impromptus del ay, ay, ay: sin señalar...)

Hay fetichismos implícitos
que calcinan la memoria
sombras simiescas que cruzan
delante de los espejos
la vieja melancolía
y la puta mansedumbre
el olor de los pesebres
la raíz del cardamomo

Hay letreros ilegibles
que nos retratan al paso
cada palabra ignorada
es un reloj sin agujas
olvidados los plumieres
la vida es sólo descartes
no quedan en la baraja
figuras que nos consuelen

Hay carteles drogadictos
que nos hacen prisioneros
y nos ponen al cuidado
del guardián más abyecto
es una vieja leyenda
que termina donde extiende
su lento manto de nieve
cada día la costumbre

Fotografía: Cielo enrejado con ave indecisa. 
© AJR, Gredos, 2016


martes, 28 de junio de 2016

El espíritu Del Bosque*


Fútbol es fútbol:
noble impulso geométrico
que le inventa al espacio lugares imposibles
un rectángulo enorme
cruzado por la magia
de una esfera ligera como el alma de un niño

músculos adiestrados para que las neuronas
de la imaginación puedan llegar más ágiles
a idear la parábola del cuerpo luminoso

vieja fascinación de la pelota
que va y viene y va
y siempre vuelve
cargada con las alas del aire

misteriosa
promesa que aún mantiene
su corazón de trapo
por más que sean de oro
y piedras florentinas
los humos que la impulsan
y conserve en su vuelo
el viejo don tribal
de las adormideras
y otras sublimaciones

agua sin trascendencia
rito lúdrico
que siempre sacrifica su corazón al dios
de las inmediaciones
con su pequeña histeria
tan oportuna para
calmar ansias mayores

reducto de la gracia soñada o presentida
pasión que engendra bestias
de carga y desafueros
de forofos cegados
por la bilis solemne
y coartada tan útil
de otras mercaderías

pero al fin juego puro
sueño puro pura imaginación
y deporte sublime
si lo animan la afinada belleza
del espacio bailable sacado de la nada
la ilusión que perdura más allá de sí misma
y esa fuerza de grupo
o espíritu Del Bosque
que prescinde de todas las palabras vacías
para hacer de la calma
y del entendimiento
y hasta de la envidiable carencia de
glamour
el método seguro pero provisional
con que llegar al centro de ese azar favorable
en que consiste al fin toda victoria
aunque algunas parezcan
que han sido modeladas
por el sueño de un pueblo
cansado de soñar.
Fútbol es sueño. Y, luego, al despertar,
los dinosaurios, ay, los dinosaurios...


Esta entrada fue publicada, con el título de PostMundial, el 14 de julio de 2010, a las 22:26, con ocasión del triunfo que la selección española de fútbol, de la mano de Vicente del Bosque, obtuvo en el Mundial de Sudáfrica. Hoy, tras la justa derrota del equipo español frente al italiano y cuando los días del gran entrenador, hombre de probada sensatez y ciudadano ejemplar parecen enfilar un cambio de rumbo, creo que es oportuno rescatarla de los arcones de la Posada. Junto a las lógicas, fundadas y asumibles críticas al papel del entrenador, produce algo más que un profundo malestar el vuelo bajo de algunas bandadas de cuervos que se aprestan a convertir en carroña vomitiva de su propia cosecha lo que quizás no hace mucho era pura coba gratuita. No es nada nuevo, pero causa una gran murria constatar que el vicio de la ingratitud y el don del oportunismo siguen estando tan arraigados entre nosotros.  

viernes, 24 de junio de 2016

Cuencos o cuncas


Para recoger el agua nueva de San Juan.

Desde la orilla,
mientras llega la noche,
contemplo el agua.

Sombras del cielo,
astros dubitativos,
giro con ellos.

Un cuenco apenas
para encender los sueños:
ritos que curan.

Y las palabras
de quien se fue con ellas
hacia la luz.


Mar Menor ©  AJR, 2012


jueves, 16 de junio de 2016

Querida Molly Bloom...

Querida Molly Bloom:
Al llegar un nuevo Bloomsday, efemérides que cumple años al mismo ritmo que quien sueña estas líneas, quiero acordarme especialmente de ti, que  al final del Ulises pensaste no sé si las páginas más legibles de toda la obra pero sí las que más veces se han leído, quizás porque contienen una mayor capacidad de emoción confiable y quién sabe si el poder de clausurar el abismo que existe entre la vida y la escritura, hasta el punto de hacernos creer que es posible (aunque no lo sea) atrapar y reproducir el curso del libre pensamiento y seguir el zigzag de la conciencia en su corriente. Laureles parecidos ya habían sido cortados antes de que a ti te diera por pensar en voz alta. Pero créeme si te digo que nunca nadie lo había hecho con tanta frescura y en todos los sentidos. No me negarás que en ese tu poder de evocación libérrima se pone de manifiesto el temperamento mediterráneo que sin duda tenías, aunque solo fuera por la fuerza de la veta judía de tu sangre materna y el inevitable contagio de los días de infancia en Gibraltar. Ah, la Roca, esa dimensión íntima del cuerpo geográfico, la última colonia perdida en el culo de esta Europa que hoy parece más raptada que nunca, el faro que permite entrever las costas africanas tras la brumosa raya del lugar exacto donde se juntan las aguas, el sueño y la vigilia, en el mar, el mar carmesí. Cuánto no le deberás a esa idea de ti misma que hizo crecer a aquella muchachita que en tiempos de penuria (mas cuáles no lo son) fantaseaba con viajes interminables alrededor del mundo, con amaneceres en lugares insólitos y con el sabor de la sal sobre la piel. No hay forma de decirte, para que me entiendas, las impresiones que se anudan al hilo de tus palabras tan carnales en espacios donde solo somos el eco que se alza ante los ojos de un desconocido en un lugar remoto en un tiempo indiferente. Un revuelo de telas entre sombras y espacios calcinados: a eso suenan tus palabras, Molly Bloom. Se me ocurre pensar que todas y cada una de tus frases son puertas giratorias: creemos que nos llevan en una dirección, pero la sugerencia de salir en otro sitio, que puede parecer el mismo de la entrada aunque será siempre otro, es tan fuerte que una vez tras otra estamos a punto de vislumbrar lo que finalmente, para darnos la razón y no perderla, identificamos como un subrayado de lo que en el mundo sigue resultando visible y compartido, aunque sepamos que la realidad es ese tejido que, como hacía Penélope (tu irónico o sarcástico modelo), se teje y se desteje según el espíritu de la hora y la fuerza del juego sentimental que una vez tras otra y de nuevo otra vez está a punto de hacernos creer en algo nuevo. Gracias, Molly, por enseñarnos que la monotonía es una vena que nunca deja de conducir sangre. Que los cuerpos se sueñan. Que al final, entre las más ocultas de nuestras pulsiones y en los recovecos de la imagen abolida de tanta inconsistencia, está sonando, como un rayo de luz que se cuela por la ventana mal cerrada de la desolación, el latido de la única sílaba que puede, si acaso, darle sentido a la miseria de nuestra condición y a esta cadena inhóspita de palabras que ahora ya se adentran en la misma espesura que nos ampara a todos: sí dije sí quiero Sí.


Imagen superior: Escena del Bloosmday de 2004. 
AP Photo /John Cogill. 

Rescatada de Los Arcones de la Posada.
Primera publicación: 16/06/2012; a las 00:00 hora de verano de Europa Central.


miércoles, 15 de junio de 2016

Reminiscencias

Rincón de Cuevas Bajas, Málaga.
Fotografía de autor no identificado, tomada de aquí.
En otro sueño me he visto bajando por esa calle, mirando hacia ese cielo, entrando por esa puerta. En algún lugar de mi memoria estoy dentro de esa casa y espero a alguien. Cuando caiga la noche volverá a llover.

martes, 14 de junio de 2016

Tabernaria


OIRÁN REBATOS O PEDOS ACASO DE POSO TABERNARIO

(AJR: 8:39; Palíndromos ilustrados, LIII)

David Teniers, el Joven: El rey bebe, Museo del Prado.

sábado, 11 de junio de 2016

Cachurreiro


Hay palabras de la jerga familiar o tribal que no tienen rival a la hora de poner nombre a ciertas realidades. Quizás porque, en lo que se nos alcanza, la primera vez que entendimos el significado pleno de esa palabra coincidió también con la novedad de una sensación, o una experiencia, sentida y experimentada por primera vez. Es lo que en estos días de la primera canícula del año me ocurre con la palabra cachurreiro, un término de indiscutible filiación gallega, aunque no lo he encontrado en ningún diccionario al uso, ni en varios repertorios de hablas coloquiales, tal vez porque esté acuñado en los moldes del barallete u otra jerga gremial. Pero es la palabra que le oía a mi abuela y, de forma especial, a mi tía y madrina Camila para designar el alto calor del mediodía en los veranos gallegos de mi infancia: «¿Cómo vas sair ahora, fillo, co cachurreiro que fai?», decía mi abuela. O: «Eso é, non tendes outra cousa que ir ata Cimadevila a estas hora, baixo este cachurreiro...», me advertía en ocasiones, con su inequívoco gesto disuasorio, mi madrina. La palabra llega cada año a mi cabeza con el primer sudor serio del verano.

Imagen: El cielo en obras bajo el sol de junio. 
Foto AJR, 2016.

martes, 7 de junio de 2016

Lema electoral


ROVAFAN A FAVOR

(AJR: 3:13; Palíndromos ilustrados, LII)

En lo que se me alcanza, ni el verbo rovar ni, menos aún, el verbo rovafar tienen más consistencia semántica que la puramente sugeridora de sus grafías y fonemas. Pero la realidad es a veces tan envidiosa de la imaginación que acaba engendrando lo que parece imposible. Tiempo al tiempo. 

Foto: EFE

viernes, 3 de junio de 2016

La voz del sol cruel


SOL A LUNA: «ANÚLALOS».

(AJR: 4:16 Palíndromos ilustrados, LI)

Viajeros en el desierto. Foto tomada de aquí.

jueves, 2 de junio de 2016

Litœral


«Quiero escribir, pero me sale espuma…»



La voz del mar
(En homenaje a César Vallejo).

Procedencia de la imagen: Fundación Letras del Mar



(Rescatada de los Arcones de la Posada. 
Primera publicación: 02/06/2009; 00:39. 
Recientemente he podido comprobar que el verso de Vallejo,
con el que se inicia el soneto «Intensidad y altura»,
me viene persiguiendo desde 1973.)

miércoles, 1 de junio de 2016

Primera luz de junio


No se aprenden lecciones. De la vida,
y de eso que se llama `la vida´ aunque no sea
más que un puro existir sin nada a cambio,
sólo se saca en claro lo que vivo,
en pleno uso de su vida propia,
salta en el aire y viene a nuestro encuentro,
siempre sin prevención, sin ser notado,
y lo ilumina todo. Y todo canta.
Vida es luz. Lo más raro
es que sólo lo sepas en la sombra.

Imagen: Intersecciones bajo el cielo de Madrid. © AJR, 2015

martes, 31 de mayo de 2016

Pelis en danza

Como el verano se acerca a pasos agigantados, tal vez sea oportuno ir preparando la pantalla del cine de medianoche en La Posada. Sirva como prólogo este repóker de bailes memorables, cada uno por una razón distinta, y a los que sin duda cada espectador podrá añadir otros que anden danzando en su memoria.









jueves, 26 de mayo de 2016

Milán 28-M: un vaticinio


Le sé reconocer: es él.
¿ANAGNÓRISIS?: ¡SÍ, SÍ, RON GANA!
(AJR: 5:17; 5:22; Palíndromos ilustrados, XLIX y L)

*****
Esta entrada es una locura, pero tal y cómo ocurrió se la cuento. Incluso, y sobre todo, por lo que tiene de albur quinielístico, o animal verbal en cuyos entresijos el supuesto augur trata de adivinar los signos del futuro. Como ocurre a menudo, el palíndromo principal apareció solo. Fue leer, mientras me recostaba un rato en un sillón de orejas, el nombre técnico de esa figura literaria que consiste en el autodescubrimiento de la propia identidad que un personaje experimenta en un momento determinado (anagnórisis) y de inmediato se disparó el reflejo de su retorno, en un sentido doble y hasta triple, si se tiene en cuenta el significado etimológico del término: «reconocimiento». Así que, una vez enterados de que Ron ganaba, no había más remedio que indagar en su identidad. 

Y de entre las muchas posibles (y aquí es donde el azar florece sobre terreno previamente abonado y hasta bien regado, gracias a las recientes lluvias), tras desechar por excesivamente lineal una blanca obviedad lusa y alguna que otra sugerencia alcohólica y bucanera, no tardó en salir a la palestra la candidatura del actor Ron Perelman, con aquel su inolvidable papel de Savaltore, el monje herético y quasímodo que llenaba de ternura, risa y una pizca de terror algunas de las escenas más vistosas de El nombre de la rosa (como muestra el vídeo). A partir de ahí, buscarle título al juego no fue difícil, sobre todo si la autoindulgencia necesaria en estos envites excusaba un flagrante leísmo, que por otro lado forma parte del habla habitual en muchos territorios.

Quedaba, sin embargo, en el aire, junto a algún que otro cierre argumental (pero ya Eco, precisamente, nos ilustró sobre la «opera aperta»), el nada despreciable asunto del botín. ¿Qué es lo que gana Ron? Una respuesta posible, obvia, es que el mero hecho de salir a la luz desde las tinieblas de la nada ya puede considerarse una victoria. Y no menor. Sin embargo, ¿eso era todo? Escudriñando en las facciones del actor que había venido, como caído del cielo, a protagonizar la película reversible, no tardó en asaltarme el temblor de una revelación, el doble bucle del reconocimiento: «Que Ron gane pensé quiere decir, ni más ni menos, que el Atlético de Madrid saldrá vencedor de la final de la Champions». ¿Y por qué? Si aún no lo entienden o ni siquiera lo ven, aquí abajo tienen la prueba. No me negarán que es una pura cuestión de... anagnórisis. 





lunes, 23 de mayo de 2016

Paréntesis


11.05.15-domingo-11:15, en Talavera
Puestas las coordenadas espaciotemporales, esa cruz que indica el trazo más grueso de la realidad, comienza la tarea más dificil: dar cuenta de qué es lo que esas cifras y letras están señalando. «Marear la perdiz» es una frase hecha, de probable procedencia venatoria, o al menos cinegética, que cuadra bien con este merodeo (me rodeo para no agotarme ni agostarme) y con este impulso mantenido de venir al papel y la tinta para nada distinto. La otra opción es callar, soportar como sea posible el vuelo torpe y culebrero de la muerte... (en realidad, debería haber escrito «mente» y me dí cuenta aún a tiempo de corregir el rumbo caligráfico. No lo hice, no sé bien por qué. Pero pienso ahora que no debe de ser insignificante el suceso que apremia de tal modo que incluso nos fuerza a dejar de decir algo que creemos coherente para decir lo inesperado, un no pensado ser que se abre paso porque sí, por su propio peso. Extraña manifestación en el campo de los significados de la fuerza de la gravedad. Es decir, la caída en razón de un azar discursivo, nombre con el que puede designarse o definirse la concatenación de sucesos cuyo condición puramente aleatoria, lejos de obedecer al capricho de una realidad no sólo ingobernable sino también incomprensible, es el rastro más evidente de su verdadera significación: nada ocurre por nada en el universo unido por puntos que no siempre tienen conexión directa entre sí, aunque todos están de un modo u otro relacionados. Y tengo que mirar atrás para comprobar, como creía, que estoy dentro de un paréntesis: un isla de significados acotados dentro del discurso principal, pero tan extensa y dilatada que es como si en un mapa de Google Earth se hubiera ampliado tanto un detalle que el contexto general, el continente, hubiera quedado reducido a sólo una mancha boscosa e inhabitable en el contorno de la pantalla. Antes de cerrarlo y para evitar perder el cascabeleo de la ocurrencia, anotaré que una variante de los versos de Rilke sobre los círculos concéntricos bien pudiera ser:

He vivido mi vida entre paréntesis
que contienen el alma fugitiva
de tanta realidad
y que demoran mi paso entre las cosas
para darle su luz a cada objeto,
aunque al final serán sólo
dos fechas
unidas/separadas
por un breve guion:
el de mi vida.

Y aquí sí puedo cerrar). Y volver a dejar que el tiempo gobierne sus cuarteles y ponga las ideas y las sensaciones y los sueños y los trabajos en orden de batalla. Y en son de paz.


(Tiempo contado, 11.05.15; 11:15)
Fotografia de autor desconocido tomada de aquí, donde se indica que proviene de acá.

sábado, 21 de mayo de 2016

Un poema al uso


Este poema no
es un poema
al uso,
sólo un reflejo
de la infinita y
misericordiosa
fuerza que da:
                       pies al guepardo
                       sombra a la acacia
                       brillo al granito.

Este poema
no reza en
ningún templo
ni se arrodilla
en los palacios
ni bebe el agua
de la vida eterna...

Mas rinde culto
al nuevo
             sol de mayo
y danza con
la luna llena
y ríe,
             oh sí,
             cómo se ríe,
en las esquinas
de las ruinas
                      blancas.

Este poema vibra,
piel tensada,
con la memoria
de los ganaderos
que de oeste a sur
cruzaban las montañas
para alcanzar
el cereal del llano.

Pero no es eso
                         no es eso
                                      ni eso
                                                   ni esto.

Este poema no
sabe demorarse,
sólo se desnuda
como una flor
en el estanque
cuando
                tú
                       soplas...

(Croar de ranas).

De todos los poemas
ya iniciados
y todos los
poemas
que aún han de empezar,
el más extraño
será este poema
que nos deja
con la miel
en los labios
                    (quizás)
y el ánimo
perplejo

porque termina aquí.

Fotografía 
Piscina natural del río Ladrillar, en Las Hurdes. Tomada de aquí.

viernes, 20 de mayo de 2016

Quadra-Salcedo, en los 80

Miguel de la Quadra-Salcedo, a punto de cumplir
80 años, fotografiado por Claudio Ávarez para El país.
Acabo de enterarme del fallecimiento de Miguel de la Quadra-Salcedo, tal vez el penúltimo gran aventurero español. Hace cuatro años, al cumplir él los 80, le dediqué esta entrada que ahora
rescato como homenaje (y aun a costa de llevarle la contraria a lo que el primer párrafo dice). In memoriam.

No faltan a diario aldabonazos sobre la puerta del tiempo. Avisos reiterados y precisos que alertan de lo inverosímil de su fuga. Por fortuna, no siempre estos reclamos provienen de la sección necrológica, ese inevitable repertorio de ausencias que no cesa de mostrarnos cómo se cumple a rajatabla la sentencia que tantos viejos relojes llevan grabada en el redondel de sus horas: «Todas hieren, la última mata». El golpe de conciencia de la fugacidad viene hoy de la mano de Miguel de la Quadra-Salcedo, que este viernes* último de abril cumple 80 años, como acaba de recordar Juan Cruz al entrevistarle en El país. 

No sé si a los jóvenes de hoy el nombre de MQ-S les dirá mucho, aunque por su continua vinculación con la ruta Quetzal se ha movido con envidiable soltura entre la generación de quienes podrían ser sus nietos.  Para los que nos criamos, televisión mediante, a los pechos de la loba en blanco y negro domesticada por Félix Rodríguez de la Fuente, don Miguel es uno de los pilares indiscutibles de la aventura.  La encarnación ideal de una forma posible de vida que tenía la dimensión épica como referencia de fondo.

Junto con el carismático «amigo de los animales», de carácter tan vivaz como autoritario, y el aguileño César Pérez de Tudela, al que imagino siempre encaramado en alguna cima de hielo inexpugnable, MQ-S completa una tríada mítica de sonora nominación cuyas principales evocaciones remiten al territorio de la juventud, ese espacio que cuando se transita por él parece inacabable.

Conocí y traté fugazmente a  MQ-S en la segunda mitad de los años ochenta, cuando él tenía más o menos la misma edad que tengo yo ahora. Ambos estuvimos embarcados en un libro-objeto (eso que los anglosajones suelen llamar un coffee table book), muñido por Ramón Tamames, esponsorizado por el Camel Trophy y editado por el sello Salvat Libros, del que entonces yo era editor . Se publicó con el título de El Libro de la Aventura, incluía colaboraciones exclusivas de Asimov, Carandell, Umbral, Vázquez Montalbán o el propio Tamames, entre otros, y Miguel de la Quadra actuó como padrino en su salida a la luz.

De aquella circunstancia recuerdo bien,  además de la extrema cordialidad de Miguel Q-S y cómo se acentuaba en la distancia corta su porte a lo Indiana Jones, el mal rato que nos hizo pasar a los responsables de la edición al poner de relieve, con tacto pero sin ambages, que una foto de los enterramientos de los toraja en la isla indonesia de Sulawesi (los llamados tau-tau) se nos había escapado invertida, de modo que los muertos en efigie que en ella se representaban aparecían cabeza abajo, quizás porque a la maquetista le pareció que de esa forma resultaba más evidente que eran muertos, y el editor, que también escribió los largos pies explicativos de la obra y la crónica del evento tomado como excusa para urdir el volumen (el Camel Trophy celebrado en Madagascar), se despistó al revisar pruebas y ferros... Curiosamente, era la última foto de la obra. Y ahí sigue.


Arriba, la página del libro mencionada en el texto.
Abajo, la foto tal como hubiera debido aparecer.

Que Miguel de la Quadra cumpla 80 años me parece, ya dije, tan inverosímil como reconfortante. Reconforta poder alegrarse con él y decirlo, aunque sea a distancia y como al vuelo de las veleidades de la memoria, que nos dicta, si no la absoluta fidelidad de cómo fueron las cosas (hipótesis siempre sometida a revisiones), sí las huellas perdurables de cómo las vivimos.

Felicidades, don Miguel, y gracias por haberle prestado cuerpo real  a algunos de nuestros sueños. Ah, y por dar pie a que las efigies de los difuntos toraja recuperen, veinticinco años después, la verticalidad de su condición de vigilantes más allá de la muerte.

*Al parecer, y según apunta su biografía en Wikipedia, el cumpleaños no es el viernes 27, como dice Juan Cruz en la entradilla a su entrevista, sino el lunes 30.


Rescatado de los Arcones de La Posada.
Primera publicación: 27/04/2012.

martes, 17 de mayo de 2016

Las calles

Decíamos ayer... 
(Bueno, han pasado ya cinco años, nada menos que un lustro, ¡quién lo diría!
Pero, básicamente, lo seguimos diciendo. 
Un poco menos jóvenes, ja. Y también más cargados de razones.)


No hay que darle muchas vueltas a las palabras para estar a favor de los que están en contra.
Son precisamente las palabras las que comienzan a darse la vuelta cansadas de estar en contra de sí mismas.
La cuestión está en las calles
De momento, más festivas que agresivas. 
Excitadas no tanto contra el sistema como contra sus mentiras, 
contra la burla de los que Ni ahora Ni acaso nunca 
se darán por aludidos. 

¿Alguien sabe dónde se encuentra la delgada línea roja
que separa el desorden ordenado del caos?


Mosaico interactivo de imágenes: # 15-M # Democracia Real Ya, tomada del blog Edén.


Entrada rescatada de los Baúles de la Posada
Primera publicación: 17/05/11, a las 20:20

sábado, 14 de mayo de 2016

Lluvia nocturna*



Qué sorpresa, palabra, tu sencillez al vuelo,
el ala que de pronto golpea en el cristal
y pone en guardia a todas las vírgenes prudentes
con nada más que el leve chispazo de un candil.
Porque en la lejanía de los libros usados
y en sus oscuros nombres llenos de laberintos
hay un sueño ligero que la noche me trae
para unir el goteo de su voz a mi voz.
Queda del día un rastro de ceniza oloroso
y muecas sibilinas de torvos personajes
y está la idolatría de los pueblos sin sangre
y los enigmas acres que arrastra el huracán.
Y son señales todas de un cielo asaeteado
por los revoloteos de murciélagos drones
que astillan las pantallas de los cubiles tristes
como una extraña forma de ponerse a llover.

Imagen de autoría desconocida. Tomada de aquí.


* Superados los efectos del Viernes 13 y su poder corrosivo, aquí está la versión restaurada del poema. Disculpen el desconcierto, si lo hubo. Y gracias, como siempre, por la atención.

viernes, 13 de mayo de 2016

Nuvia llocturna


Qué sorpresa, palabra, tu sencillez al vuelo,
el ala que de bronco colpea en el gristal
y pone en guardia a todas las vírgenes prudientes
con nada más que el leve pischazo de un dancil.
Porque en la liejana de los lorbis usados
y en sus oscuros nembros llenos de laberintos
hay un sueño gilero que la necho me arte
para ruin el goteo de su voz a mi voz.
Queda del día un copo de cineza orolosa
y muecas bisilinas de porsajenes trovos
y está la toiladría de los buelpos sin sengra
y los gimanes acres que astrarra le harucán.
Y son laseñes todas de un cielo asaeteado
por los retoloveos de muciérlagos drones
que astillan las panllatas de los cubiles tristes
como una extraña morfa de ponerse a llover.

Imagen de autoría no conocida. Tomada de aquí

miércoles, 11 de mayo de 2016

Exoplanetas interiores


La mareante realidad de ahí fuera. Con sus al menos seis caras.

Se me ocurría antes una frase llena de bucles reticentes, con ese supuesto equilibrio basado todo él en la más escéptica de las posturas, que por definición nunca se agota a sí misma. Tan improbable o incluso falsa, en suma, como ese escepticismo fundamentalista (o fundamentalismo escéptico: albardas intercambiables para el rucio del pensamiento) que consiste en dar un paso en una dirección, mientras se apunta urgente la posibilidad de ir hacia el lugar opuesto. O, con mayor propiedad, hacia otra dirección que tampoco parece ser la definitiva y que de inmediato engendra su reflejo neurótico. Y así hasta crear el dibujo real, pura ilusión, de los círculos concéntricos y su danza derviche. No debe de ser muy distinta la experiencia real de la locura, salvo por el dolor.

Pero toda esta indecisión se contrapone con los datos exteriores de la conciencia (aunque, una vez percibidos y asimilados, ninguno lo sea). Datos que nos informan, por ejemplo, de que se acaban de descubrir varios centenares de exoplanetas nuevos, de modo que el cálculo de este tipo particular de cuerpos celestes ha sufrido un aumento no sólo mareante sino literalmente inasumible. Veamos si no: «Si se extrapola el número de planetas de este tipo detectado hasta el momento a la población de estrellas conocidas, la conclusión es que probablemente existan decenas de miles de millones de planetas habitables en toda la Vía Láctea...».

Puestas así las cosas, produce un magro consuelo (¿de qué?) y una confortable sensación de cercanía, casi intimidad, comprobar que el concierto de AC/DC en Sevilla logró el éxito esperado, sin sorpresas pero todavía con vigor. O que Woody Allen acudirá a Cannes para estrenar su nueva película, y que así la realidad pueda aguantar un año más. O que esté a punto de saberse que le darán el premio Princesa de Asturias de las Artes a Núria Espert, y en el escaparate de proyectos de la mente ya se ha iluminado un rótulo expresivo: «La Espert o el Teatro». Un consuelo, ya digo, que es eso: suelo, tierra firme, frente a la fuga vertiginosa en que, si de verdad nos paramos a pensar (pero rara vez nos paramos a pensar), se va convirtiendo sin remedio nuestro cerebro, como una melodía que nunca se alcanza.

Y tal vez sea aquí donde el escepticismo fundamentalista opere su mejor paradoja y se muestre capaz de segregar la más eficaz terapia. La que nos libra de la pegajosa impresión de que todo pueda ser el sueño de un insecto evolucionando bajo los vapores tóxicos del más poderoso de los gases letales: la imaginación.

Hay días en los que resulta muy fácil comprender a Kafka.


(Tiempo contado, 11 mayo de 2016, 11:01)  

Imagen superior tomada de La Entrada Secreta.
La imagen inferior procede de aquí.

lunes, 9 de mayo de 2016

Manuel Vicent: la vuelta al ruedo


No hay signo más claro de que san Isidro está a la vuelta de la esquina que la aparición en El País del artículo antitaurino de Manuel Vicent. No sé con exactitud a cuándo se remonta el primero (¿1981?), pero tengo la sensación de haberlos leído durante toda la vida. Mucho antes de que el ecologismo prendiera —aunque todavía poco— en el sentir común, y cuando aún faltaba un mundo para que dejara de ser una extravagancia hablar del «derecho de los animales», Vicent llegaba puntual, en los primeros días de mayo, con la campana bien afinada de su prosa levantina, a conjurar la sangre que iba a derramarse en el coso de Las Ventas. Y, con ella, la de todas las fiestas sangrientas que a partir de ese momento se disponen a encarar su apogeo estival, tras el aldabonazo de la feria taurina más larga e importante del planeta.

Supongo que alguien habrá tenido ya la buena idea de recopilar estos escritos y no sería extraño que sobre ellos se haya llevado a cabo un estudio de estilo para poner de relieve cuántos modos diferentes hay de venir a decir lo mismo, sin caer nunca en la fatiga del estereotipo y sin darse por vencido frente a la inutilidad práctica del mensaje. Tan pronto como tenga un rato libre, me pondré a indagar sobre estos extremos, de los que a buen seguro la red alberga capturas ciertas.

Hoy, al volver a encontrarme en el papel con la columna isidril de Vicent, se me ha abierto de nuevo, pero tal vez como nunca, la flor de la paradoja. Es el estado de perplejidad que siento siempre que se me plantea en la conciencia la polémica de los toros. No encuentro razonable ningún argumento para excusar el sufrimiento animal. Y estoy convencido de que, como apunta Vicent en su último clarinazo, la fiesta de los toros toca a su fin. No será de inmediato, pero sus días están contados.

La contradicción, sin embargo, surge cuando pienso en todo lo que sin la tauromaquia nos habríamos perdido. Lo primero, unas cuantas páginas del diccionario llenas de metáforas brillantes. Y, en la sabia mezcla de ellas, todo un género literario, a cuyo lado ha ido creciendo una muy interesante obra periodística, que va desde los míticos artículos de mi paisano Gregorio Corrochano hasta las inolvidables piezas maestras del gran Joaquín Vidal, con el que Vicent, por cierto, más de una vez sostuvo algún épico «mano a mano». Por no hablar de tantos libros, como el excepcional Belmonte de Chaves Nogales. O el inolvidable poema de Lorca dedicado a Sánchez Mejías. O incluso algunos de los romances que mi viejo amigo Rafael Duyos dedicó a destacadas figuras del toreo. Y, en fin, toda la extensa nómina de obras de arte en tantos campos de la expresión humana: pintura, escultura, música, cine. Y, ya dentro del aspecto innegable que el propio toreo tiene como arte, algunos momentos de una belleza que no son fácilmente explicables: pura «música callada», que dijera Bergamín.

Y, para mayor inri, sin los toros y sin la feria de san Isidro, nos habríamos perdido la insustituible cita de estos artículos que desde hace tanto ordenan con tan buen pulso los días de mayo.



Fotografía superior: Manuel Vicent en Dénia, en 2011, © Jesús Ciscar/El País
De la inferior, no he podido localizar el autor. La he tomado de aquí.

jueves, 5 de mayo de 2016

Lo ignoto ya lo noto


Este modo sutil con que pretendo
decir lo que no pueden las palabras
es un fondo sin pozo donde el agua
refleja la esperanza del momento.

Y es también el recodo en el que escondo,
diciendo sin decir, eso que buscas:
hipo escrito, lector. Llaves. Qué injustas
son las horas robadas a lo ignoto.

A lo ignoto, al secreto, a la insurgencia
de todos los fantasmas e invivibles
deseos que nos minan desde adentro.

Pues sólo así, sin cautivar la pena
de sorbernos sin fin, tan infelices,
podremos darle vida al, lector, muerto.

Fotografía anónima. Tomada de aquí.

martes, 26 de abril de 2016

Lectura en Talavera

Presenta: Antonio del Camino


Patria: banda sonora


En la posible banda sonora de Patria, la aclamada novela de Aramburu, la canción «Txoria txori» ocupa algo más que un papel relevante. No sólo da título a uno de los capítulos clave en el desarrollo de la trama (el 101) sino que, en una especie de uso cinematográfico o multimedia de recursos, proporciona el clima emocional preciso para captar el trasfondo sensorial de lo que se está contando: pone el color dominante del paisaje de la narración.
Supongo que no habré sido el único lector que, al ver mencionada la canción en la novela, haya echado mano del móvil u otro soporte para escucharla. Me da la impresión, además, de que en cierto modo el autor/narrador cuenta con eso, con su escucha por parte del lector, de forma que a partir de la irrupción de esta dulce, envolvente, melancólica y, cuando se descubre el significado de la letra, también profunda melodía, la obra se abre hacia un significado más intenso, hacia al corazón de la contradicción profunda, y la irremediable tristeza, en que vive una sociedad que un día se dejó convencer, o admitió en silencio, que un pájaro podría volar con las alas cortadas.

viernes, 22 de abril de 2016

Voces no sono

Santiago de Cerreda, Ourense. Foto de Ana.


Ás veces veñen voces
e fálanme no sono
como si non soubesen
co seu tempo pasou.
A súa musiquiña
soa como si fose
un aire cheo de maxia
que se achega ata min.
Non saben que están mortas
nin que eu durmo. É así
como quizais me falan
as xentes que viviron
no mismo sangue meu.

Os días de esas noites
teño visto, ó redor
das horas máis valeiras,
algúns raios de luz.
E, remuiñando niles,
miúdas criaturas
de po que se esvaecen
si achego a miña man.

Serán eses os átomos
de aqueles brancos corpos
de roxiños cabelos
e paseniño andar
que se sabían ramos
das árbores da vida
e non dan esquecido
cun día foron ollos
e aínda queren ver
qué vai sendo das cousas
camiño do solpor.

Ás veces veñen voces
que me falan en soños
e fan co tempo un nó.