jueves, 7 de octubre de 2010

Donde el 'don de' es también 'donde'

El poeta Claudio Rodríguez en 1998,
fotografiado por  Gorka Legarceji. 
Sin que quepa incluirla en la categoría de «error interesante», desde el punto de vista literario, a la que Jordi Doce ha dedicado una lúcida reflexión (Ensayo y error), la minúscula errata (por omisión) que aparece en el artículo sobre Claudio Rodríguez publicado por Juan Goytisolo en el último número de Babelia sí creo que propone una variante del título del primer e irrepetible libro del poeta digna de ser tenida en cuenta.

Porque ese Donde la ebriedad en que, hacia la mitad de la pieza de Goytisolo, se transforma el título real (y aquí sin el artículo "el" que por error se le añade tantas veces) de Don de la ebriedad, no solo apunta por azar hacia otra forma pertinente de llamar al poemario que reveló al poeta, sino que también sugiere una mención explícita del lugar en el que Claudio Rodríguez, como pude comprobar algunas veces, se sentía más a gusto: en las tabernas, mezclado con el pueblo y sus afanes, compartiendo la charla, el vino y, si venía al caso, algunas canciones populares con un grupo de amigos, tal vez de conocidos solo. 

Esa errata, con su culpa feliz, nos llevaría así a un lugar común y cotidiano que, sin embargo, iluminado por la claridad que tienen siempre las palabras del poeta, bien podría ser tomado a modo de cifra y manifestación de una idea utópica de la vida que también está presente en sus poemas: un lugar en el mundo donde cada ser, como en una «taberna de peregrinos», pudiera tocar «con alegría y con pureza el vaso aquel que es suyo». 

Intuir sobre qué experiencias y emociones concretas y con qué hilos de vida puedan estar trenzadas las imágenes que, en muchos poemas de Claudio Rodríguez, vuelan sobre las palabras como si les estuvieran señalando su verdadera dimensión, el espacio de su cumplimiento, es también un don, acaso más gratuito que ningún otro pero que produce la ilusión de hacer coincidir vida y canto («miserable el momento si no es canto», escribió en otro lugar el poeta) en un todo sin fisuras, lleno de sentido. ¿Y quién puede resistirse a una ilusión de esta naturaleza?

Aparte de eso, el artículo de Goytisolo es una ola más (aunque de gran empuje por quien la firma) de la marea cada vez mayor que está elevando la obra y la significación literaria del poeta zamorano hasta el punto más alto de la poesía española contemporánea.

Además, ofrece una buena excusa para volver a escuchar la inconfundible e inimitable (aunque algunos valientes y atrevidos no cejen en el esfuerzo) voz de Claudio Rodríguez. De cuya muerte, por cierto, se cumplieron el pasado 22 de julio once años ya (¡quién lo diría!).


Posdata: Del 25 al 27 de noviembre de 2010, dentro del Seminario Permanente Claudio Rodríguez y bajo el título El lugar de la utopía, tendrán lugar en la Biblioteca Pública de Zamora las IV Jornadas dedicadas a analizar la obra del poeta. Aquí, el programa.

6 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

Jugoso y sentido texto, Alfredo, sobre un poeta particular y "jondo".

Un abrazo.

Olga Bernad dijo...

Alfredo, muchas gracias por la visita a mi blog, que me ha traído a leer el tuyo. Me encuentro con una posada en la que da gusto estar, un sitio estupendo para cultivar el don de la ebriedad;-)
Feliz culpa, desde luego, la de esa errata. Creo que era Borges quien consideraba los errores al citar versos como correcciones íntimas. No sé si vale también para los títulos y las erratas tipográficas, pero lo he recordado leyendo tu texto;-)
Un saludo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias por la visita, Antonio, siempre puntual. Un abrazo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Bienvenida de nuevo, Olga (me parece que ya estuviste en esta posada hace unas semanas jugando a los dados) y muchas gracias por tus palabras.

Las erratas, más allá de su incombustible presencia tan odiosa, puede que a veces sean manifestaciones de una tendencia de las palabras a imponer su verdadera naturaleza, que no siempre el escritor percibe. ¿Quién no ha sacado alguna vez partido, incluso revelador, de una errata? ¿O quién no ha sentido que hay hallazgos "erratiles", especialmente en poesía, que son verdaderamente dones -más allá del consabido primer verso? La inspiración probablemente sea una quimera, pero ya se sabe que sopla donde quiere: tal vez las "erratas favorables" sean huellas visibles de esa extraña potencia tan azarosa.

No dejes de pasarte por aquí cuando te apetezca, que siempre serás bienvenida. Un abrazo.

Olga Bernad dijo...

¡Es verdad! Fue una de esas veces que llegas a un sitio de rebote y luego no recuerdas cómo llegaste(a veces leo algo que me gusta y luego no sé volver;-)
Está claro que fuiste un hallazgo "errátil" que luego tu comentario convirtió en don, jeje, tenía que llegar a la posada de una manera u otra.
Te pongo un enlace y así la tengo en mi barrio.
Gracias por tu acogida.

Shandy dijo...

Alfredo, gracias por el enlace. Acabo de leer el artículo de Jordi Doce,tan interesante que volveré sobre él y también sobre este texto tuyo que ni inicié. Cada vez que paso por la posada necesito quedarme por un tiempo (que disfruto, desde luego).
Hasta mañana.