sábado, 4 de enero de 2020

Cantiga de enero**

No hay ninguna descripción de la foto disponible.
Codex Manesse f249v. Hacia 1305-1313. Página de Konrad von Altstetten.
Biblioteca de la Universidad de Heidelberg.
«Ven, dulce Amiga —dice el Caballero—, que la Noche es propicia para demorarnos en esta y otras contemplaciones». El Halcón gerifalte asentía. Y, fuera del campo y del dosel de rosas, acechaba el Lobo. La puerta del año oscilaba entre la niebla del tercer y cuarto día. Y por las venas de los convocados fluía el río sagrado del amor.
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**para S., en día señalado.

viernes, 3 de enero de 2020

Legibles

La imagen puede contener: una persona, sonriendo, sentada
Juan Muñoz: Towards the Corner, 1998. Tate, Londres.
«La vida —dijo el profesor sibilino y mayéutico— son verdaderamente cuatro letras: citosina, guanina, adenina, timina». Aquella misma tarde, nada más terminar la clase, nos pusimos a deletrearnos.
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jueves, 2 de enero de 2020

Hablarle a Borges (y 30)

La imagen puede contener: una persona
Borges y el resplandor de las palabras.
Foto de Alicia D’Amicio.
(Hablarle a Borges, 98). Dicen que Borges dijo o escribió: «Uno de los modos del poeta es emplear palabras usuales y convertirlas de alguna manera en inusuales: extraer magia de ellas. Las palabras fueron mágicas en un principio y son devueltas a la magia por la poesía». Y, casi a renglón seguido, se me ocurre: «De hecho, esa es LA tarea, lo que incluso podríamos denominar “la misión”. También lo dijo Isidore Ducasse (“ele mesmo”) de forma nítida: “Un poeta debe ser más útil que cualquier ciudadano de su tribu. Su misión es difícil”. Borges, en su modo seleccionado y con su modo habitual, enuncia y ejemplifica el desarrollo práctico de esa función».


La imagen puede contener: 2 personas, personas de pie, calzado y exterior
Borges y María Kodama, en Alcalá de Henares (Madrid), 1980.
Foto © Antonio Suárez.

(Hablarle a Borges, 99). Dicen que Borges dijo o escribió: «No nos une el amor sino el espanto. / Será por eso que la quiero tanto». Y pensando en el posible sentido de la presunta paradoja, se me viene: «Y, en medio del espanto, es el amor / el puerto que nos salva del terror».


(Hablarle a Borges, y 100). Dicen que Borges dijo o escribió: «Ahora me resigno a ser quien soy y, en suma, no sé si he llegado a la felicidad, pero he llegado, a veces, a cierta serenidad, y eso ya es mucho». Ante lo cual y como despedida —al menos momentánea— de estas citas de los jueves, sólo se me ocurre decir: «Aquí paz, y después Borges».
Y a la viceversa, como se verá: «Aquí Borges; después Paz».

La imagen puede contener: 2 personas

Con Borges en efigie. Durante el Fitur de hace más o menos un lustro. 
Foto: SPM.

Sendas de acá

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Paseo llamado de los Arqueros, en Eburia, en un día indeterminado de un año no lejano.
Foto: © AJR, 2017.
«Destierro y desierto», gritaban desde los flancos columnarios los dos simios mandriles del imaginario templo ramayana, en realidad un alcahaz donde alguna vez hubo pavos reales. El paseo era todo un conciliábulo hanumán de lenguas, una hecatombe literal, un vespertino y zayagüesco concierto ingrávido, un craso equívoco. Y vino, en efecto, después lo del «destierro». Mientras caminaba por su memoria, las voces salían a su encuentro y caían entre la niebla y la noche con un golpe seco sobre el duro albero y, después, del hoyuelo formado por el peso, ascendía un humillo resplandeciente, algo parecido al chisporroteo de un arco voltaico entre carbones enfrentados, quién sabe si tal vez la misma fuente de luz que le servía para proyectar todo aquello —todo esto— en un lugar del cuerpo situado justamente a mitad de camino entre su cerebro y su corazón.
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miércoles, 1 de enero de 2020

Indicios verosímiles

La imagen puede contener: interior
Cuaderno de Notas. Primera anotaciòn de 2020.
(Al hilo de los días). Bueno, pues ya está escrito el guion o pendón de los indicios verosímiles del año, cada uno con su propio argumento independiente y todos conjuntados en una historia correlativa y de múltiples lecturas. Ahora sólo queda la tarea de descifrarlos y darles cauce.

El tiempo real

Andris Nelsons dirige a la Filarmónica de Viena durante el Concierto de Año Nuevo.
 Andris Nelsons dirigiendo a la Filarmónica de Viena durante el Concierto de Año Nuevo.
Foto: Ronald Zakap/El País.
Mientras me pilla y se adelanta y me sobrepasa el impulso de la Marcha Radetzky, de la que acabo de sostener que marca el verdadero inicio del año, se me pone al alcance de los ojos y las mientes una aguda coplilla sin golilla (esto último lo sugiere el autocorrector, sea) del maestro Agustín Garcia Calvo (“el yayo Agustín”, como lo llama mi amigo Alejandro, que suele comer en el limpio plato de su memoria y es quien recuerda) y que, sin más circunloquios ni entreparéntesis, dice así: «¿Un año acaba? / Otro año comienza. / Ni sabe el tiempo / que los hombres lo cuentan». Estamos vivos de milagro.
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martes, 31 de diciembre de 2019

Adiós al año de dos

La imagen puede contener: una o varias personas y personas sentadas
Otto Dix: Calle de Praga, 1920. Galería Estatal de Stuttgart, Alemania.
—Mire usted, amigo Silvestre, no conozco mejor forma de terminar el año que...
—¿Con las uvas, brindando y eso...?
—El brindis está bien, pero es prescindible.
—Las uvas, en cambio...
—Mucha tradición tienen, pero tampoco pasa nada si se dejan al margen.
—Y, de paso, se evitan indeseables pero posibles accidentes, ¿no es así, amigo Raül?
—Usted lo dice.
—Vaya, y entonces ¿qué nos queda?
—Ya usted lo ha dicho. Fíjese.
—¿Qué es lo que he dicho?
—¿Me toma el pelo?
—Ni por asomo. Dígame usted.
—... y eso.
—Ando mal de memoria últimamente.
—¡Y eso! Usted ha dicho brindis, uvas... y eso.
—Ah, era eso. Ya... pero...
—¡No me irá a decir ahora que no lo ha dicho!
—No, no, sólo que...
—¿Sabe? Yo estoy de acuerdo.
—Ya, ya, pero ¿y eso qué es?
—Ja, ja, quiere hacerme creer que no lo sabe.
—No, no, el caso es que...
—Prefiere que yo se lo diga, ¿no es eso?
—¡Eso es! ¿Qué es eso?
—Bueno, pues... ¡lo único de verdad imprescindible!
—¡Ah, así que era eso!
—¡Feliz año, don Silvestre!
—¡Feliz... eso, don Raül!
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