viernes, 23 de noviembre de 2018

El invisible (p)

José Gutiérrez Solana: Máscaras, 1938.
«El .uto invisible, siem.re .rocurando .er.etrar la forma de mostrar sus .ústulas y dis.uesto siem.re a .resentarse en .úblico sin la más .equeña .iltrafilla que ta.e su .inga .rocaz y .ordosiera», iban canturreando los trasnochadores ya de retirada.
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jueves, 22 de noviembre de 2018

Perspectivas (bajo las estrellas)

Autor desconocido: Retrato de Johannes Kepler, h. 1610.
Copia de un original perdido que se conserva en el monasterio benedictino de Kremsmünster, Austria.
«Llevo toda la tarde luchando —piensa que debería escribir más tarde— con un texto endiablado sobre la Nube de Oort, que está unas 2.400 veces más lejos del Sol que Plutón. De modo que no sé bien qué opinar sobre lo del escupitajo...». Y luego va y lo escribe.
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miércoles, 21 de noviembre de 2018

2001, 50 años después

Las dudas sobre Hal 9000...
(Visiones en voz alta). Es sin duda la película que más veces he visto y aún me parece inacabable. Tiene, a mi juicio, el arranque más potente de toda la historia del cine. Y, a juicio de casi toda la crítica, la elipsis más sugerente y creativa jamás urdida por el séptimo arte. En ella vive la inteligencia ¿artificial? más humana y emotiva, ese HAL 9000, “que nos precedió a todos”. Es un prodigio en la mezcla de música e imágenes en perfecta simbiosis. Envejece, sin duda, pero sólo para demostrar que puede haber una forma sublime de sucumbir al paso del tiempo. Y tiene secretos que sólo podremos descifrar, si acaso, una vez que traspasemos la puerta del infinito, y más allá. Hablo, claro está, de 2001: una odisea del espacio, la película genial de Stanley Kubrick que hoy (noticia del telediario) cumple su primer medio siglo. Démonos albricias. Y volvamos a verla.
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Trueques

Rembrandt: Filósofo meditando (detalle), 1633. Louvre, París.
A veces tenía que ir a buscar las palabras a la carbonera y no era raro que se encontrara allí con el niño muerto que, al verlo, fingía que se alegraba y hasta ensaya una sonrisa, aunque él sabía que era sólo un truco para que no le dijera a nadie que lo había visto, y a cambio le daba la palabra “cúpula” o la palabra “mohíno”, que extraía relucientes, como nuevas, del saco de la harina o de entre el montón de leña recién cortada.
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martes, 20 de noviembre de 2018

El escondite

José Manuel Ballester: Palacio Real, 2009. Impresión fotográfica sobre lienzo. Guggenheim Bilbao Museoa.
«No me vayan a haber dejado solo y el único recluso sea yo»*.
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*César Vallejo, Trilce.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Tierra a la vista


No es una tierra extrema pero es dura.
Se ve con sólo penetrar en ella.
En la llanura el sol deja su huella
sobre la encina y luego se aventura

por laberintos de canchales hondos
y por pueblos perdidos en la historia
y en la lenta ruina de esa noria
que es la ambición humana. En los redondos
sonidos que la tarde va dejando
emboscados al pie del agua presa
hay un grito de luz y un gesto herido.
La vida vive aquí. ¿Pero hasta cuándo
han de durar la farsa cruel, la aviesa
incuria vil, atroz, y el largo olvido?


domingo, 18 de noviembre de 2018

Realidad & Ficción

Inma Cuesta y Paco León, la pareja protagonista de Arde Madrid.
(Lecturas y Visiones en voz alta). Las pruebas de que la realidad copia a la ficción es directamente proporcional a la evidencia casi continua de que no hay ficción que sea capaz de competir con los «excesos» de la realidad, tal vez porque una y otra son estancias de la misma única e inabarcable dimensión en que vivimos. Quién sabe. Este artículo, que cuenta una curiosa historia en torno a la estancia de Ava Gardner en España, me sirve para recomendar la serie Arde Madrid (tráiler oficial abajo), que vi la semana pasada en dos sentadas. Es un buen trabajo de creación de la pareja Paco León y Anna Rodríguez Costa, con un sólido guion, rodada en blanco y negro y con excelentes trabajos interpretativos de Inma Cuesta, la ubicua y eficaz Anna Castillo, una prodigiosa Carmen Machi, además del muy convincente Paco León, cada vez más dueño de los diferentes resortes de la creación fílmica a un lado y otro de la cámara. Y sin olvidar intervenciones de mucha categoría, como la de Julián Villagrán. Es, en mi opinión, otro ejemplo de la madurez y altura que van logrando las series españolas, en este caso en clave de comedia, sin descuidar la recreación del ambiente de cierto Madrid de los sesenta, con su mezcla de lujo, picaresca y miseria, bajo una atmósfera moral opresiva, muy bien retratada en algunas escenas memorables.

Posdata (27/11/18). Me encontré ayer con este artículo de Diego Manrique que, con su habitual buena información, pone algunos reparos a ciertas licencias y despistes musicales de la obra. Muy oportuno: al fin y al cabo, lo normal es que la realidad se ocupe de poner en su sitio a la ficción. Seguro que no caerá en saco roto y hasta será útil para la probable segunda temporada.