viernes, 4 de diciembre de 2015

Lo que dice Celia

Celia (Menoslobos) y Pablo (Iglesias, sin ©), en pleno rifirrafe. Foto Público.
No era fácil dar crédito al franco y vivo dialogo entre Celia Villalobos y Pablo Iglesias que se produjo ayer en el Congreso, con ocasión de la jornada de puertas abiertas por el aniversario de la Constitución, y que fue captado y emitido por las cámaras de TVE con una inusitada amplitud.  En cierto modo, puede considerarse como la primera escena de la nueva época parlamentaria que presumiblemente viviremos cuando se inauguren las nuevas Cortes, allá por el 13 de enero de 2016.

Que han llegado nuevos tiempos a la política española lo dicen hasta los más dormidos. Lo que puedan traer de verdaderamente nuevo, está por ver. Pero, en todo caso, resulta una gran mezquindad el chorreo desaforado, algo histérico y hasta pelín verdulero que la diputada del PP y vicepresidenta del Congreso le echó a un Pablo Iglesias que demostró tener más paciencia que el santo Job ante las infumables palabras de la parlamentaria. Tan digna y autosatisfecha ella  («YO he sido alcaldesa, YO he sido ministra, YO tengo una mochila»), que no solo se escaqueaba por completo de la enorme dimensión que la corrupción tiene en su partido, sino que incluso se atrevía a ir desplegando ya la sombra de la sospecha de esa misma corrupción sobre el futuro de los que ahora llegan.

El mensaje implícito, la música, de fondo, no es nada nuevo («todos somos iguales y en todas partes cuecen habas y hay garbanzos negros»), aunque no deja de producir algo más que un viejo cansancio el que se pueda formular y proferir con tanta desfachatez. Porque lo que dice Celia, con todo el énfasis que su probada naturalidad pone en sus palabras, es precisamente lo que no debería poder decirse sin que se transparentara la impostura. Aunque no sería extraño que la regañina --sus gestos y modales, mucho más que lo dicho-- le hubiera granjeado un buen puñado de votos que sumar a la reciente radiografía, cierta a la vez que hiperrealista, del CIS, Para que luego hablen de populismo.

martes, 1 de diciembre de 2015

La rondalla


Ya el tiempo se está poniendo amarillo y no deja de tratar de alcanzarnos. Esta mañana hemos echado una mirada al calendario y, al ver que entramos en diciembre, le he dicho a los demás que tenemos que ensayar los brillancicos. Para dar ejemplo, me he puesto a cantar el de la pastora Catalina, que lleva también su regalo, de naranjitas de China, un borriquillo cargado... Y así vamos pasándolo, lo mejor que podemos.

                                 Fotografía de autoría incierta, virada al sepia Tomada de aquí.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Luz de arena en el tiempo

(Anotar lo que pasa.) El tiempo pasa
y deja entre los dedos su ceniza.
Puedo ver en su fuga la huidiza
luz candeal con que el sol llega a la casa
y va por los rincones, con su escasa
presencia, en este invierno que eterniza
el vuelo de la sombra. Y la plomiza
sensación de que el día se retrasa.
Tiempo en niebla y en frío resumido,
larga noche de hielo en los cristales
donde escribe sus sueños el deseo.
Es extraño vivir contra el olvido,
con la herida del tiempo que, a raudales,
cubre de arena roja cuanto veo.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Ma donna!


A Madonna, tan no dama.

Madonna tan noda M
a don Natan no da
donna tan no d
on nata nno
nn ata nn
natan
ata
t
><
t
ata
la tal
al átala
Ra la talar
eral a tal are
será lata la res
os era la talar eso
lo sé rala tal are sol

(AJR: 5, 17; Palíndromos ilustrados, XLV)

Gif animado tomado de aquí.




miércoles, 25 de noviembre de 2015

Figuerola-Ferreti, uno y mil duendes


De las muchas cosas que le debemos a Luis Figuerola-Ferreti, que acaba de emprender su viaje al más allá, no es la menor, pero sí quizás la más antigua, el muy famoso anuncio de «Las muñecas de Famosa», una delicia publicitaria de época que alguna vez, en Casa Carmina y allá por los primeros ochenta, nos sirvió de motivo a un grupo de amigos para echar unas risas incluso estruendosas a costa de ingenuidades propias y ajenas. 

La verdad es que hacía ya algunos años que no había vuelto  a tener noticia de quien durante varias temporadas fue un placer buscado y perseguido, tanto en las tertulias nocturnas, verbeneras y moncloítas, de Radio Nacional, como en el magacín matinal de Iñaki «Ser» Gabilondo. Fue en este último, si no me traiciona la memoria, donde mayor recorrido tuvo Doña María, la sagaz «gladiadora del hogar», uno de los personajes más redondos de los muchos que trabajó con humor y absoluta verosimilitud quien gustaba definirse como duende de la radio, y sin duda lo era, con muchas encarnaciones. 

Otra de sus facetas, no tan conocida pero también apasionante, fue la de coleccionista de juguetes de hojalata, de los que llegó a reunir un número tan valiosos de piezas que fueron suficientes para montar, en la Casa de las Flores de Candeleda, un muy interesante museo. A él corresponde la imagen elegida para ilustrar esta nota.

Sus inicios como creativo publicitario, su formación jurídica y periodística, una curiosidad que se extendía en muchas direcciones, variados saberes nada superficiales y un ojo muy atento a la actualidad y sus derivas, todo ello hizo de Figuerola-Ferreti una personalidad inolvidable, como bien salta a la vista, además de por lo ya dicho, con solo merodear un poco por su extensa bitácora personal. 

En esta larga entrevista que le hizo en febrero de 2013 Pilar Socorro, y cuyo inicio musical es de lo más adecuado para el día de hoy, están contenidas muchas claves de un artista que, en lo suyo (y lo suyo eran muchas cosas), todo lo hizo bien. 

Hasta siempre, maestro, gracias por las horas de felicidad. Sus voces, muchas de ellas felizmente salvadas por ese doble del mundo que es la Red, quedan con nosotros.

Mr Black

En el Observatorio del Roque de los Muchachos, La Palma.
Foto 
© AJR, 2013.

Le pregunté a Mr Black
si era posible salirse de la noche
sin despertar sospechas.

«Esa pregunta
—me respondió—
carece de sentido».

«Entonces
arrugué el entrecejo—,
¿por qué me respondes?»

Mr Black me miró,
no sé si con enfado
o sólo con murria.

Después guardó silencio
hasta que los primeros
grises del amanecer
empezaron a dibujarse
al otro lado de la ventana.

Al sentir que llegaba el día
(digo yo),
Mr Black
me miró de nuevo 
y sin casi mover el pico
me dijo:
«Sí, se puede».

Y se marchó volando
en dirección al mar.

Lo estuve mirando
durante un buen rato.
Por su manera de mover las alas
y los destellos de la luz en su plumas
comprendí que había llegado
el invierno


Rescatado de los Arcones de la Posada.
He añadido las líneas finales, con la variante del Invierno,
que era el nombre (Mr Winter) con el que erróneamente
recordaba a este cuervo tan suyo.
Primera publicación: 11/10/13; a las 13:00 h.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Adele le da



Como sé que los generosos lectores de estas letras son gente muy especial, puede que hasta este momento usted no haya visto, o solo distraídamente, el vídeo de la última canción de Adele (arriba). Si es así, sepa que en el preciso instante en que haga clic en él se estará sumando a una muchedumbre (solitaria, por supuesto) que debe de superar ya los 400 millones de youtubers, a los que sin duda habrá que añadir algún milloncejo más de vevoístas o vimeístas, y cifras nada desdeñables de aficionados y usuarios de otras videorredes, amén (con porla) de los incontables zombis que se pasan media vida hocicando en los contenedores de la tele (y menos mal: estremece pensar qué podría pasar si nos faltara ese pienso).  

Esta canción, la última de Adele, en la que todo tiene la cocina de una campaña publicitaria que se vendiera a sí misma, dicen que está produciendo, sobre todo entre ellas, el curioso efecto de que quien la escucha siente un irresistible deseo de llamar a su ex, incluso aunque sea (fuera) de otro color (el recuerdo tiñe la realidad como mejor le peta) o ya de otra especie. 

El caso es que la voz de Adele es un prodigio. Incluso un prodigio inconsciente: he de confesar, no sin sonrojo, que después de años oyendo (que no escuchando), aquí y allá, algunas de sus canciones, y de haber disfrutado, en ese caso sí, muy particularmente de la inspirada banda sonora de Skyfall, la penúltima de Bond, pese a todo eso y otros equívocos en los que no me demoraré, hasta hace unas pocas semanas no sabía realmente quién era Adele. 

Ahora, y desde hace esas mismas semanas escasas, tengo algunos datos más. Pero confieso que, torpe y desagradecido que es uno, además de desordenado, con tanta lluvia digital por todas partes (y lo digo sin guasap), el fenómeno no me da más que para ilustrar un obvio, menguado y sin duda insignificante palíndromo. El que titula este post. Y que, por cierto, más que una sugerencia, es una incógnita no carente, creo, de poder fantaseador. ¿Qué, a quién, o a qué le dará, realmente, Adele?

(AJR: 3, 9; Palíndromos ilustrados, XLIV)