domingo, 23 de julio de 2023

23J23: RECUENTO (o ‘ESTOS SON MIS PODERES’)





15 junio 1977 (^)
1 marzo 1979 (I)
28 octubre 1982 (II)
22 junio 1986 (III)
29 octubre 1989 (IV)
6 junio 1993 (V)
3 marzo 1996 (VI)
12 marzo 2000 (VII)
14 marzo 2004 (VIII)
9 marzo 2008 (IX)
20 noviembre 2011 (X)
20 diciembre 2015 (XI)
26 junio 2016 (XII)
28 abril 2019 (XIII)
10 noviembre 2019 (XIV)
23 julio 2023 (XV)
(LUN, 313)

sábado, 8 de julio de 2023

BEBEDIZO BURBUJEANTE


Basilio bailaba bruscamente. Brincos, balanceos bravucones, bramidos babélicos, batallitas bestiales, bufidos bulliciosos… Bajaba balanceándose, brumoso, boquirrubio, bonito. Brujuleaba bromas bienintencionadas. Bombeaba brillantes bellaquerías. Burlábase Basilio, babosuelo, blandiendo barros botarates, birriosas boludeces. Bravamente besucón, bebía bocas, bizqueaba bises, boleaba bálanos bananos, bobinaba braguetas. Bronceado, bizarramente belicoso, buscaba bacanales banales bordeando batallitas bochornosas. Bosquejaba bretes, bebía buenas botas baturras barajando brillos bastardos. Buscaba burbujas báquicas braceando barrancos boscosos, brumas bacheadas. Bufaba, burlón, blasfemias barométricas, buriles biselados borboteantes, balbucientes bombardeos burdos. Banderilleado, bravo, bronco, burlero, blandía báculos broncíneos bendecidos bajo bellas beaterías. Botarate, botaba bacilos bergantines, buscando buenaventuras barriobajeras, bagajes bloqueantes. Borrado, bastardilleado, bufó, braceó bocabajeado, boqueó bilis borrascosas, barruntos, breves balas burlescas… ¡Bah, boberías!

(LUN, 328 ~ Cuentos literales)

viernes, 7 de julio de 2023

Nuevos lodos, viejos polvos

Jean Vignaud: Abélard et Héloïse surpris par Fulbert (1819).
Joslyn Art Museum, Omaha (Nebraska).

Y él decía que, si al final llegaba de improviso la hoguera, bien quisiera que le sorprendiese como en la escena aquella en que Fulberto descubre con asombro lo que Abelardo y Eloísa no podían ni sabían ni, en el fondo, querían ocultar. Aunque las cosas luego se complicaran mucho.

(LUN, 330)

miércoles, 5 de julio de 2023

La sonrisa del escarabajo

Durero: Ciervo volante (Stag Beetle), acuarela y aguada sobre papel, 1505.
The Getty Museum, Los Ángeles.

Sobre la sonrisa del escarabajo, queridos niños, niñas queridas, no hay mucho que decir. Es bien sabido que estamos ante un insecto que apenas muestra ninguna de sus emociones. Y mucho menos alguna que pudiera identificarse como contraria a su destino, en verdad trágico, de criatura condenada a vivir abrumada por el excesivo peso de su nombre. Así pues, no seáis crueles: si vais al campo y os encontráis un escarabajo no tratéis nunca de darle la vuelta.

(LUN, 335 ~ Fábulas, bulas y burlas)

lunes, 3 de julio de 2023

Busca el hibiscus


Al volver sobre sus pasos, como solía hacer a menudo, y ha poco también en relación con las fotos almacenadas en su celular, se acordó del día remoto ocurrido hace un par de semanas, como mucho tres, en que lo sorprendió el efímero pero intenso esplendor de la flor del hibiscus —o eso cree: seguro que hay subespecies de nomenclatura específica en localizaciones bien especificadas— y, mirándola fijamente —o “de hito en hito”, como recuerda que quizás hacían los héroes de Zane Grey, puede que también los muy manoseados de Marcial Lafuente Estefanía—, le dio por ponerse a pensar que allí había palíndromo encelado (no necesariamente en modo chinés) y, tras resetearse raudo en clave micródromo —verbigracia: microrrelato cuyo corazón es un palíndromo—, no tardó en manifestársele uno que, en vez de como título, le serviría de colofón, chinpón. Y dice así:

«AL ADN AMARILLO: SOL, LIRA, MANDALA».

(LUN, 337 ~ «Micródromos»)

sábado, 1 de julio de 2023

DESTIEMPO TAN OPORTUNO A BORDO DEL AUTOBÚS DE LOS MILAGROS

Ilustración: Javier Serrano

No negaré que llego aquí como alma en pena y con todos mis sentidos atrapados en sugerencias e impresiones tan volátiles que me resultan por completo inaprensibles. Mi mente, en cambio, está súper despierta como si recién me hubiera encontrado con Don Juan en la estación del bus a ninguna parte y, tras platicar con él durante un breve rato, sobre cosas banales mismamente, la relación empezara a fluir por los propios derroteros de la gracia, y uno y otro nos encontráramos, presumo, tan a gusto que no había razón para no dejarse llevar por las sugerencias e impresiones del momento. Fue así como tomé la decisión, pura chamba o potra, de sumarme a aquel viaje, o sea a este, y cuando ya parecía que la situación estaba bien enfocada, hete aquí que todo saltó por los aires y me encontré sin ningún lugar al que asirme excepto el báculo que el Diablo Maior le había robado al prelado mindoniense cuando, con ocasión del último Entroido, lo había tentado por el lado de las pasiones de la carne, que bien sabía él de qué pie cojeaba el purpurado y cuál era el sitio principal de su alborozo, momento en el que aprovechó para hacerse con aquel objeto de poder tan ansiado, pues se decía de él que provenía del mismo tronco que la vara que Moisés había empleado para abrir las aguas del Mar Rojo y poder así llegar a los aledaños de la Tierra Prometida, a salvo de la furia perseguidora de las tropas del faraón. Todo esto lo supe luego, cuando volvió a pasar ante mis ojos la estampa guardada en mi celular, puesta a buen recaudo con el resto impronunciable de mi ADN y guiada por la insobornable presencia de una luz que, a pesar de todos los pesares y más allá de la selva lujuriosa de los reels, me lleva siempre hasta una orilla desde la que puedo mirar con suficiente distancia el mundo. Y, si las cartas salen boca arriba, venir acá a contarlo.

(LUN, 339 ~ Los figurantes de Javier Serrano, XX)

jueves, 22 de junio de 2023

BALDOMERO, VOLADOR DE ALDEA

Ilustración de Javier Serrano.
No se sabía a ciencia cierta cuándo había llegado allí ni de dónde procedía. Los pocos que hablaban de él lo llamaban Baldomero, pero no tenían ninguna seguridad de que ese fuera su nombre. Al parecer, habitaba en las ruinas del viejo molino, en el tramo más arriscado del arroyo, traspasado el Souto do Crego, y era un completo misterio de qué se alimentaba o en qué entretenía el pormenor de sus horas. Nunca se supo de nadie que hubiera intercambiado con él una palabra. De hecho, para la mayoría de los parroquianos, o al menos para una parte nada desdeñable de ellos, era poco más que una invención o una leyenda. Y así hubiera transcurrido su vida al borde de la inexistencia de no ser por una curiosa costumbre, manía o apetencia suya. Algunos días al caer la tarde, Baldomero, que tenía facultades nada comunes e incluso de cariz extraordinario, era dado a emprender un vuelo por los cielos circundantes de la aldea, y más de una vez se le había visto cruzando parsimoniosamente por entre las chimeneas de las casas, aunque casi siempre de modo fugaz y a menudo aprovechando la hora de encendido de las cocinas económicas que, como es sabido, basan su reducido coste en una exagerada producción de humos, de modo tal que en los momentos de concentración de su actividad toda la aldea se envolvía en una nube oscura, densa y persistente, que apenas permitía distinguir otras cosas que el bulto de la torre de la iglesia, la cúpula dorada de la antigua fábrica de vidrio y lozafina —único vestigio del pasado esplendor del lugar— y algunas veletas que por estar fabricadas de un metal repelente al hollín y sus secuelas aparecían punteando las alturas como boyas sobre un mar de niebla. Algunos, no se sabe con qué fundamentos, afirman que de ese modo fisgón Baldomero podía estar al tanto de todo lo que ocurría en las casas de sus vecinos e incluso hay quien sostiene, sin duda con gran osadía, que de esos conocimientos de la privacidad ajena sacaba no poco beneficio y puede que hasta un botín caudaloso que le permitía vivir cómodamente y, lo que es más excepcional, a salvo por completo de la insaciable curiosidad del prójimo.
(LUN, 345 ~ «Los figurantes de Javier Serrano», XIX)