(En voz alta). El último libro del que me ocupé profesionalmente como editor (retribuido, ahora sigo haciendo ocasionales trabajos gratis et amore para amigos) fue una biografía del presidente chino Xi Jinping, en una edición internacional en varias lenguas elaborada por la editorial italiana, con sede en Novaro, White Star.
La obra, extensa y algo farragosa, era más bien una hagiografía del político chino, uno de esos productos de culto al líder que tanto abundan en los regímenes autoritarios.
Pero junto a ese carácter propagandístico, había en la obra un acento en aspectos culturales que llamaban poderosamente la atención por su fuerte contraste con la ramplonería y honda indigencia mental de las políticas y actitudes exhibidas por algunos líderes occidentales, y que cada uno nombre a los que crea oportuno entre los muchos candidatos.
También en ese libro se percibía un intenso acento en la solución y remedio de la pobreza como objetivo fundamental del ejercicio del poder, y me llamó mucho la atención el extenso espacio dedicado a exponer las medidas para lograrlo y el cariz claramente cultural que tenían muchas de ellas.