lunes, 24 de enero de 2011

Sitio


En una especie de adelanto de la semana santa, impulsado quizás por la sugestión del escenario (Sevilla) y alentado sin duda por ese humano espejismo que consiste en confundir los apetitos propios con las necesidades del común, el líder político conservador se sintió concernido por el espíritu de las siete palabras de Valladolid y dio con una nueva y efectista fórmula del sermón que lleva rumiando desde hace tanto: «España tiene sed de urnas», ha dicho. Lo que todo el mundo ha venido a entender parece claro: «Tengo sed de poder». Quien sabe si al líder conservador y presunto candidato popular, hombre si no culto sí leído y buen cristiano, lo que estaba diciendo no le resonaba en su interior en conciso latín: «Sitio» (la quinta palabra de Cristo en la cruz). No es difícil pensar, viendo a su lado a quien veía a su lado, que la afirmación tuviera además el énfasis de una súplica: «¡¡Sitio!!» Divinas palabras.
En la imagen, la silla gigante de Moaña que durante unos días se alzó sobre la península de O Morrazo, en Pontevedra. Foto de abc.es, tomada de paisajismodigital.com

6 comentarios:

El peletero dijo...

Confundir los apetitos propios con las necesidades del común habría ser una norma a la que deberíamos dar la vuelta como un calcetín y hacer así, de las necesidades del común, nuestra propia hambre. No creo que ésa sea una virtud común o habitual entre la población, ni tampoco de ese político conservador que se pasea por Sevilla ni del mequetrefe Netol.

Saludos.

virgi dijo...

Ya le gustaría tener una silla así, en plan trono, para sentirse dueño y señor de los contornos. Y de más allá.
Cuando escuché esa frase, me quedé a cuadros, tremendo mono tiene.

Besos besos

cristal dijo...

No se puede negar que el amigo está ansioso por llegar a donde no ha podido llegar, y que se le ve el plumero. Pero como tú bien dices, no se pueden confundir los deseos propios con los ajenos.

La foto va que ni pintada. Me recuerda a la silla de Felipe II (por qué será)

Un abrazo, Alfredo.

Olga Bernad dijo...

Un político siempre tiene la pretensión de hacernos creer que sus propios deseos no son sólo también deseos ajenos, sino incluso necesidades.
Lo hace por nosotros.
Fácil se lo han puesto, pero este hombre tiene la costumbre de perder... veremos si se queda con la silla o se la quitan, lo cual tampoco resulta muy consolador. Espectáculo nos espera.
Saludos.

Navajo dijo...

Lo peor de esta historia, que empieza a parecerse a la “Crónica de una muerte anunciada”, es ver cómo tantas personas parecen considerar irremediable la irresistible ascensión de Mariano, que podría evitarse fácilmente si el personal tuviera claro que a veces hay que actuar en contra del buen gusto si se quiere evitar que el lobo entre en la casa... y se coma a los cerditos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias a todos por vuestra visita y comentarios

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El Peletero (bienvenido de nuevo). No había nunca lo del "mequetrefe Netol", pero tras recurrir a la memoria publicitaria (y con el auxilio de Google), he caído en la cuenta del evidente parecido, sobre todo en lo "mofletario". Saludos.

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Virgi, una frasecita que es toda una revelación de apetitos profundos, sin duda. Besos.

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Cristal, tienes razón en lo de la similitud con la silla escurialense: si dejamos a un lado las diferencias entre la madera y el granito, me parece que la ambición de fondo es parecida, solo que en el caso presente resulta mucho más anacrónica. Un beso.

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Olga: si esta vez ese hábito perdedor se sigue manteniendo, me parece que una carrera política habrá llegado a su final. Aunque quién sabe. Como dices, espectáculo no va a faltar. Besos.

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Pues sí, Navajo, habrá que rebobinar ese y otros cuentos llenos de sabiduría popular (por ejemplo, el del pastor mentiroso) para sacar conclusiones a tiempo, que después... ya se sabe. Un abrazo.