domingo, 26 de diciembre de 2010

Dados de 2011




                                                                    Ayer es para hoy una ventana
                                                                    Hoy es una ventana para ayer.
                                                                    Ventana para ayer es aun hoy.
                                                                    Para una ventana hoy ayer es.
                                                                    Ayer es hoy una ventana para.
                                                                    Ayer una ventana es para hoooy!


(Ventanas hacia el año 2milONCE)

Imagen: Shutters/Contraventanas, de la serie «Blind Windows», obra de Silvestre Santiago, Pejac,  
situada en la zona asiática de Estambul. / Foto de Julián Santiago, tomada de aquí.



Añadido del 30 de diciembre (tras un nuevo movimiento del cubilete):
Haciendo caso a Shandy (ver comentarios), he aquí una mirada por la ventana al ayer, tres décadas atrás.

martes, 21 de diciembre de 2010

Bel-ēn-jaikús


Tradición
Año tras año,
por Navidad, belenes:
sueños de barro.

Montañas
Pon más harina,
que anuncian los astrólogos
cambio de clima.

Pastores
El zagal blande
con destreza la honda:
¿pájaro o ángel?

Palacio y Templo
Hoy, como entonces,
inocencia e indecencia:
niños y Herodes.

Mensaje
La paz... ¿aquí...?
Espera a los papeles
de Wikileaks.

Villancico
Cantas y cantas,
los peces en el río.
Y luego, palmas.

San José
¡Vaya julepe:
que al hijo de David
le llamen PP!

Otro villancico
«Madre, qué hago,
en la puerta hay mil niños…
subsaharianos.»

El buey
Rumia al tuntún
el buey. Nadie le ha oído
decir ni mu.

La mula
Terca, la mula
solo atiende a razones
de envergadura.

Junto al Pessebre
«¡Qué peste, nen!
¿El buey? ¿La mula? ¿El Niño?
¡El caganer!»

Molinos y oasis
«Mire, mi amo,
que aquesta no es La Mancha,
ni esos son asnos.»

Artesanos
Traen su carga
los burros de mi tierra:
botijos, cántaras.

Serones
Desde más lejos
vienen otro burritos:
los sabaneros.




Gaiteiro
«Miña muller
díxome que non sople.
¿Qué vou facer?»

Mujer con pavos
Piensa el chicuelo
que los pavos no tienen
ni pa' pañuelos.


***
Nacimiento
Qué gran misterio,
que el sol en plena noche
descienda al hielo.

***

La herrería
Luz encarnada:
su brillo poderoso
todo lo fragua.

El estanque
Qué astuto el cisne:
ha escondido su cuello
para irse al cine.

La granja
Qué desdichados
los pollos y las pollas
estabulados.

El pozo
Viejas palabras:
el brocal, el acetre
y la roldana.

Intrusos
«Va, vale, pon
a Messi (o a Cristiano).
Pero a Mou, ¡no!»

Telebasura
Por ver si cuela,
se viste de pastora
Belén Esteban.

(Tiene bemoles:
¡pues no dice que lo hace
por aluciones!)

Otros camellos
«Oro no tengo,
tío, mirra no es.
Tampoco incienso...»

Magia negra

Vino, alfajores.
Y en mis zapatos, ¿solo
carbón? ¡Cabrones!


Brindis
Va por ustedes,
huéspedes, visitantes
de estos albergues.

Es mi deseo
que encuentren, si es que buscan,
islas y sueños.

Y en 2011...
sigan tomando el sol
de medianoche.


¡Feliz Navidad!


Ilustración: Belén recortable de Opisso en una página del TBO.

martes, 14 de diciembre de 2010

Orfandad y herencia



Ante la absurda (¿pero cuál no lo es?) y desgraciada muerte de Enrique Morente, cantaor y granaíno, maestro genial en ambas artes, sorprende a la vez que emociona la generalizada sensación de orfandad que recorre el mundo del flamenco. Basta echar un vistazo a los periódicos del día o zambullirse un poco en el océano de la Red, en los corrillos de cabales, para advertir por todas partes la enorme admiración que su figura y su obra suscitan.

Pese a la tristeza, conforta saber que los caminos que Morente abrió para poner el cante jondo a la altura de los tiempos, y en concreto su instinto e inteligencia para enraizarlo en una nueva y libérrima forma de entender la tradición, son los que marcan el rumbo de algunos de los intérpretes más cualificados del presente, y que por ello pueden considerarse sus legítimos herederos: léase Miguel Poveda, Mayte Martín, Diego el Cigala, tal vez Arcángel... o, claro está, su propia hija Estrella.

Orfandad, pues, pero también prolongación de un arte que hoy, precisamente hoy, está más vivo que nunca.

En Omega (1996, 2008), mi disco preferido de Morente, una obra infinita en la que siempre queda algo por descubrir (como por descubrir me queda aún, afortunadamente, buena parte de su discografía), se incluyen piezas como su versión del lorquiano Pequeño vals vienés. Un monumento de ligereza y dramatismo, pasado por la "lectura" de Leonard Cohen, llevado a lo esencial del cante con melismas de inusitada pureza flamenca, y finalmente desembocado, coreografía del «Grupo de Danza Andalucía» de por medio, en la pequeña joya de arte total que recoge el vídeo que adjunto al final de estas líneas.

Omega, que muchos críticos consideran el punto alfa de la última renovación del cante jondo, muestra la originalidad y hondura con que Morente supo indagar en los misterios de la voz y el sentimiento afrontando con valentía el mundo alucinado del Lorca de Poeta en Nueva York y dejándose arrastrar por influencias tan en apariencia distantes como la severidad rítmica de una procesión de semana santa y la insolencia punk-rock del grupo Lagartiija Nick.

Morente solía decir que las personas a las que más quería eran los poetas. Y lo demostró muchas veces cantando poemas de Lorca, Miguel Hernández, Antonio y Manuel Machado, Guillén, Alberti, Hierro, San Juan de la Cruz, Fray Luis, Góngora, Juan del Enzina y un largo etcétera que también incluye a Al Mutamid, el rey moro que gobernó la taifa de Sevilla en la segunda mitad del siglo XI.

No es extraña esa afinidad (que tuvo también Camarón y ha "heredado" Poveda) porque el espacio en el que se adentran los grandes maestros del cante se parece mucho al universo que exploran los poetas: unos y otros recorren el territorio de la voz, de las voces, los nombres y los ritmos, en busca acaso de la respiración interna de las cosas. Y se internan así en una geografía en la que aunque los caminos parezcan estar ya bien roturados siempre es posible encontrar, inventar, alguna vereda. La aventura es descubrirla y atreverse a seguirla. Además de un hombre de una gran sensibilidad, Morente ha sido un artista valiente.

Ayer por la tarde, al escuchar por la radio la noticia de su muerte, sobre los mismos papeles en los que estaba trabajando improvisé estos versos que dejo aquí como homenaje.


Sólo había una voz como la suya:
la de un cántaro roto siempre lleno,
la libre forma con que el aire llega
a la cueva más honda, al pie del cielo.


En la imagen superior, Enrique Morente durante una actuación
en el C. M. San Juan Evangelista, en octubre de 2008.
Imagen tomada del blog de la escritora Clara Sánchez.


Postpost: Añado el vídeo del hondo y estremecedor homenaje que Estrella Morente rindió a su padre en su capilla ardiente.