martes, 1 de diciembre de 2009

Anonimato


De nuevo se ha respetado el pacto tácito de alternar las dos orillas de la lengua en la concesión del Premio Cervantes y el poeta, narrador y ensayista mexicano José Emilio Pacheco sucede a Juan Marsé en el más valorado galardón de las letras hispanas. La también reciente concesión al poeta del Premio Reina Sofía ha multiplicado las noticias, entrevistas y comentarios en torno a su obra, aunque fuera de los círculos poéticos (e incluso dentro de algunos de ellos) su nombre es apenas conocido por los lectores españoles.
La poesía de José Emilio Pacheco, en la tradición de Octavio Paz, aúna emoción e inteligencia. Volcada hacia la meditación tanto como hacia el canto, su voz mantiene un permanente empeño en favor de la claridad y la búsqueda del lector cómplice, sin rehuir por ello lo complejo de ciertas experiencias vitales. La historia y el presente de México, el amor a los clásicos y a los griegos (no sólo clásicos), la pasión por la nieve y por la obra de Juan Ramón Jiménez son algunos de los temas presentes en los poemas suyos que he leído.
El que copio a continuación no es el más conocido ni famoso (esa condición le corresponde a «Alta traición»), tampoco el más representativo. Pero sí expresa con pormenor y gracia, además de con blanca ironía y un alto grado de cordura, algunos extremos fundamentales de su poética.


Carta a George B. Moore
en defensa del anonimato

No sé por qué escribimos, querido George.
Y a veces me pregunto por qué más tarde
publicamos lo escrito. Es decir, lanzamos
una botella al mar, harto y repleto
de basura y botellas con mensajes.
Nunca sabremos
a quién ni adónde la llevarán las mareas.
Lo más probable es que sucumba en la tempestad y el abismo.

Sin embargo, no es tan inútil esta mueca de náufrago.
Porque un domingo
usted me llama de Estes Park, Colorado,
me dice que ha leído cuanto está en la botella
(a través de los mares: nuestras dos lenguas)
y quiere hacerme una entrevista.
Después recibo un telegrama inmenso
(lo que se habrá gastado usted al enviarlo).
En vez de responderle o dejarlo en silencio
se me ocurrieron estos versos. No es un poema,
no aspira al privilegio de la poesía
(no es voluntaria).
Y voy a usar, así lo hacían los antiguos,
el verso como instrumento de todo aquello
(relato, carta, drama, historia, manual agrícola)
que hoy decimos en prosa.

Para empezar a
no responderle,
no tengo nada que añadir a lo que está en mis poemas,
dejo a otros el comentario, no me preocupa
(si alguno tengo) mi lugar en la historia.
(Tarde o temprano a todos nos espera el naufragio.)
Escribo y eso es todo. Escribo: doy la mitad del poema.
Poesía no es signos negros en la página blanca.
Llamo poesía a ese lugar del encuentro
con la experiencia ajena. El lector, la lectora
harán o no el poema que tan sólo he esbozado.

No leemos a otros:
nos leemos en ellos.
Me parece un milagro
que algún desconocido pueda verse en mi espejo.
Si hay un mérito en esto —dijo Pessoa—
corresponde a los versos, no al autor de los versos.
Si de casualidad es un gran poeta
dejará cuatro o cinco poemas válidos,
rodeados de fracasos y borradores.
Sus opiniones personales son de verdad muy poco interesantes.

Extraño mundo el nuestro: cada día
le interesan cada vez más los poetas;
la poesía cada vez menos.
El poeta dejó de ser la voz de la tribu,
aquel que habla por quienes no hablan.
Se ha vuelto nada más otro
entertainer.
Sus borracheras, sus fornicaciones, su historia clínica,
sus alianzas o pleitos con los demás payasos del circo,
tiene asegurado el amplio público
a quien ya no hace falta leer poemas.

Sigo pensando
que es otra cosa la poesía:
una forma de amor que sólo existe en silencio,
en un pacto secreto entre dos personas,
de dos desconocidos casi siempre.
Acaso leyó usted que Juan Ramón Jiménez
pensó hace mucho tiempo en editar una revista.
Iba a llamarse «Anonimato».
Publicaría no firmas sino poemas;
se haría con poemas, no con poetas.
Y yo quisiera como el maestro español
que la poesía fuese anónima ya que es colectiva
(a eso tienden mis versos y mis versiones).
Posiblemente usted me dará la razón.
Usted que me ha leído y no me conoce.
No nos veremos nunca pero somos amigos.
Si le gustaron mis versos
qué más da que sean míos
/ de otros / de nadie.
En realidad los poemas que leyó son de usted:
Usted, su autor, que los inventa al leerlos.
José Emilio Pacheco (Los trabajos del mar, 1983).
Fotografía © César Duriones, 2009.




12 comentarios:

Fco.Javier Ramos dijo...

Brillante y un gran visionador José Emilio Pacheco.
Me ha encantado esta parte del poema:

"Extraño el mundo el nuestro: cada día
le interesan cada vez más los poetas;
la poesía cada vez menos.
El poeta dejó de ser la voz de la tribu,
aquel que habla por quienes no hablan.
Se ha vuelto nada más otro entertainer.
Sus borracheras, sus fornicaciones, su historia clínica,
sus alianzas o pleitos con los demás payasos del circo,
tiene asegurado el amplio público
a quien ya no hace falta leer poemas."

....y 16 años después esos versos son el padre nuestro de nuestra sociedad. Que pena.

Te tomo el relevo laboral q me toca ir a trabajar.
Un beso.

Fco. Javier Ramos dijo...

evidentemente quería decir 26 años después...más delito social aún.

moderrunner dijo...

Nada sabía de José Emilio Pacheco, confieso que nada sabia de sus versos, que es más no saber.

Me encanta venir a la Posada, encontrarme los Vecinos tan entrñables, escuchar los ecos de Luz, te agradezco el lugar fácil y asequible donde moras.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Javier y Moderrunner; sois muy amables y siempre bienvenidos.

Luisa Arellano dijo...

Fíjate que al leer este no poema de José Emilio Pacheco, me han entrado unas ganas enormes de escribir. De escribir bien, claro, de poner en el papel ese cincuenta por ciento que, si soy poeta, debo aportar. Supongo que lo que aquí dice es una declaración de principios y si no lo fuera para él, la voy a hacer mía porque así es como quiero escribir, sin importarme si voy a tener un lugar en la historia (ni tan siquiera en la mesa de algún editor) “Escribo y eso es todo”

Si los poetas en general pensaran y obraran así, seguramente la poesía no estaría dando cabezazos y los poetas, mientras tanto, vanagloriándose de serlo.

Estuve leyendo poemas suyos cuando le dieron el premio y me llegó de manera especial, gracias por hacerle un hueco en tu posada y permitirme saber más cosas de él.

Abrazos.

Shandy dijo...

Llego al mexicano por la concesión del Premio Cervantes y una entrevista en Babelia. Me gusta su voz, clara, sencilla, equilibrada. Éste que dejas aquí es un texto que traspasa los géneros. Sí, utiliza el verso, pero como bien dice su autor, el verso puede ser utlizado para una carta, un relato, un drama... Hace unos días releía "Espacio" de JRJ, un texto que también traspasa los géneros, de una gran modernidad para el momento en que fue escrito. Lo comento por la pasión que José Emilo Pacheco tiene por este autor.

Una vez que la obra es publicada pertenece más a los lectores que a su autor, por eso me gusta lo que dice Pacheco: "El lector, la lectora harán o no el poema que tan sólo he esbozado". "No leemos a otros: nos leemos en ellos".

La preocupación por la vida del creador, en todo caso, debe ser a posteriori, para dar luz sobre su obra. Creo que es Octavio Paz quien dice (parafraseo) "Podemos leer los poemas de Baudelaire sin saber nada de su vida, pero no podemos estudiar a Baudelaire sin tener en cuenta que fue el autor de Las flores del mal".
Reconozco que me gusta saber sobre los autores, pero es después de la lectura. Durante un tiempo compré muchas Antologías, iba descubriendo voces que me gustaban. Abría por una página y leía y si me gustaban los poemas miraba el nombre de su autor. Desde luego que los lectores nos leemos en ellos.
Leía el otro día en el blog de un amigo. "Me leo en lo que leo de los demás".
(http://tempero-koroneiki.blogspot.com/2009/11/microrrelato-3-premoniciones_30.html)
Y creo que ese es el encuentro entre escritor y lector.
Gracias por dejar este texto de Pacheco
Un abrazo

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Luisa. Hay, efectivamente, una cordura en lo que escribe y declara el poeta mexicano que nos predispone a su favor. Esa valoración del papel del lector como coautor del poema es una forma de entender la creación como un acto vital que necesita del otro para completarse. Me alegra que, además, su lectura te incite a escribir. Un abrazo, amiga.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias a ti, Shandy. La valoración de la poesía de JRJ, del que siguen apareciendo ediciones que perfilan aún más su importancia, no cesa de crecer; tal vez sea el poeta de nuestro ámbito que ha demostrado poseer una mayor capacidad de influencia (o al menos, de reconocimiento expreso por parte de escritores y críticos). También yo creo que «Espacio» es uno de los grandes poemas del siglo xx, al que se puede volver una y otra vez con la seguridad de que seguirá intacto en su poder de conmovernos y transformarmos. Me parece que ejemplifica como ningún otro (acaso sólo el último Machado y el Paz de «Piedra de Sol» sean comparables) una confluencia de caminos en la que se unen las tradiciones más valiosas de la poesía: un punto de no retorno del que probablemente aún no se ha extraído toda la sabiduría poética que contiene. Gracias por el enlace al blog de Tempero, que desconocía. Otro abrazo para ti.

Ventana indiscreta dijo...

Leí con pasión de certidumbre poética su último libro de prosa poética: La edad de las Tinieblas.
Suscribo su pesimismo y su precupación por en mundo animal, por el valor que no se da hoy día a lo insignificante.
Pero este poema que has traído bien traído está. No se debe olvidar ni por parte del poeta ni por parte del lector lo ya dicho por el: la interacción del poema que es 'la mitad del poema'.

Saludos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Ventana Indiscreta, bienvenida. No he leído aún ese libro de título tan sugerente. Seguro que a raíz el premio la obra de Pacheco tendrá una difusión mayor.

Pilar dijo...

A José Emilio Pacheco hay que leerlo releyendo a Borges. La compañía de ambos resulta sutil. Como banda sonora podríamos escuchar durante unos instantes la chida canción "Las batallas" de Café Tacuba inspirada en este "batallador del desierto". Gracias Alfredo por recordarnos a este mago del oximorón a pesar que el mismo nos recomiende "no tomarse muy en serio aquello que nos dice la memoria" en su fantástico, creo recordar, "La arena errante... "

Alfredo J. Ramos dijo...

Muy interesante tu punto de vista, Pilar, bien avalado además por el conocimiento que Pacheco ha demostrado de la obra de Borges. Procuraré seguir tus chidas recomendaciones de lecturas paralelas y bandas sonoras. Gracias por la visita.