sábado, 4 de abril de 2020

La congoja retráctil

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El árbol de las manos. Foto tomada de Dreamsteam.
¿De quién era la mano que lo agarraba por dentro hasta casi cortar la difusión del aire por su caja torácica? Sabía que no era el efecto mental de la peste. Tampoco de la amenaza en la parte más próxima. Ni siquiera del miedo. Era ella, la vieja conocida. La siempre ausente. La extraña enemiga íntima que nunca tuvo un nombre capaz de darle un rostro. «¡Anda ya, japuta, mala puñalá te lleves y así nos dejes en paz!». Era una forma, entre graciosa y desesperada, de combatirla. También inútil. Sobre todo, inútil. Decidió llamarla «la congoja retráctil». A ver si así.
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viernes, 3 de abril de 2020

Balcones

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Patio, balcones, cristaleras. Foto ©️ Pavel Dzelianko.
(En aquellos días aciagos no faltaban los besugos. Bien oiréis lo que decían estos dos sin disimulo:)
—¿Y qué, compadre, cómo se lo trajina?
—¿Lo cualo?
—Ja, ja. Veo que ni encerrado pierde el sentido del humor.
—Ah, es por eso. Lo voy pasando.
—Usted tampoco era de mucha calle que digamos,
—¡Y usted qué sabe!
—Hombre, desde acá lo veo a menudo.
—Ya veo, se pasa la vida en el balcón.
—No sólo. También subo a la azotea.
—A esa no la conozco.
—Y como, además, anda usted siempre vestido con esa ropa de camuflaje, no se me despinta.
—Ya. Pero resulta que sólo me la pongo ahora. Para los ejercicios de resistencia.
—Lleva usted resistiendo toda la vida. No sea modesto,
—Pues en eso no seré yo el que le quite la razón, mire.
—Ah, aprovecho para felicitarle por sus hallazgos.
—¿?
—Y también para decirle que respeto su disciplina...
—¿Mi disciplina?
—Sí, sí...
—¡Pues ya verá cuando le enseñe el cilicio!
—¡Pero cómo es usted!
—Lo digo sin retranca.
—¡Ya, ya!
—Sí, hombre, créame. Que con esto de la reclusión todo el mundo parece haberse olvidado de algo...
—¿Y qué es ello?
—Que estamos en cuaresma.
—Eso es verdad.
—Y hoy es viernes. Viernes de cuaresma.
—Ah, si es por eso... ¡le vendo una bula!
—Y para que quiero yo...
—¿.... una bula vendada?
—¡Se las sabe todas!
—¡Usted sí que sabe!
(Y de balcón a balcón, poco después de las ocho, cada día se saludan como dos viejos... repollos).

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jueves, 2 de abril de 2020

El Conjuro

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Alfabeto en grafiti. Libre de atribución.
Andaba por las horas del día confinado no sólo por las paredes de su casa sino también por las sombras de palabras que se iban dibujando sobre los muros, en las mesas y armarios, en los estantes y los lomos de los libros —como tejuelos ominosos—, en la cama, incluso en el gran espejo en el que cada vez se le hacía más difícil reconocerse. De modo que no tuvo más remedio que anotarlas, una a una y en estricto orden alfabético, por ver si así, atrapadas por la luz de la pantalla como polillas voladoras, podía al fin librarse de ellas y de su angustia: Brote, Cápsida, Dolor, Epidemia, Fiebre, Fómite, Incidencia, Inmunidad, Morbilidad, Mortalidad, Números, Pandemia, Portador, Prevalencia, Reservorio, Vector, Virión, Virulencia, Virus... Al final, separada por un renglón de seguridad y en letras versales, escribió la última palabra: VIDA. Y pulsó “Enter”.
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miércoles, 1 de abril de 2020

Rebeldía de la edad madura


(En voz alta). La conciencia y rebeldía del poema de Dylan Thomas que, no por nada —ahora lo comprendemos—, nos venía rondando tanto últimamente. En la voz de Anthony Hopkins. Una plegaria, hermosa, consoladora, valiente..., cuando nos cercan las sombras. Y también una forma de tomar impulso. «Rage, rage...»

Caronte

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Eric Martín Contreras: La barca de Caronte, 2008.
Caronte, el barquero de la Estigia, está perplejo. Por más que lee y relee el Edicto de Medidas Especiales (EME) para los días de la peste, no encuentra que su tarea esté incluida entre las consideradas de urgencia o primera necesidad. Con la que está cayendo y con el mes que se inicia —justo aquel en que el poeta, a la vista del Puente de Londres, dijo que «nunca hubiera creído que la muerte pudiera llevarse a tantos»—, en un estado así, ¿quién se atrevía a prescindir tan ostensiblemente de sus servicios? ¿Sería olvido? ¿Tal vez ofensa? ¿Acaso una variante, algo absurda pero no impensable, de la falta de lecturas del legislador? «Pues, no sé —se decía el Barquero mientras colgaba de nuevo el remo en el zaguán de su confinamiento—, pero como empiecen a cargarse los mitos, ni siquiera va a ser posible morirse de verdad». Y, muy apesadumbrado y algo más macilento, se iba a la cama.
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martes, 31 de marzo de 2020

Los intocables

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Eliot Ness y sus muchachos. Protagonistas de Los Intocables (The Untouchables),
serie televisiva de 119 episodios, que se emitió entre octubre de 1959 y mayo de 1963, en la cadena ABC.
Y algún tiempo después en TVE.
Conocimos primero a aquellos agentes que, a las órdenes de Eliot Ness, combatían el crimen organizado, en tiempos de la «ley seca», y llenaban de aventuras trepidantes y elegantes sombreros el blanco y negro de nuestras televisiones. Supimos después de la existencia de una casta de parias en la India —también en otros países—, formada por los excluidos no sólo de las jerarquías sociales sino de la propia condición humana. Descubrimos asimismo bajo ese rubro la historia de dos hombres unidos por su peculiar y diferente, aunque complementaria, forma de estar apartados del mundo. Y tal vez, en alguna ocasión, utilizamos el nombre para referirnos a los situados, por motivos de dinero, influencia o poder, en esferas privilegiadas donde la ley no alcanza ni se purgan los crímenes. Lo que probablemente nunca imaginamos es que llegaría un día en que los realmente Intocables seríamos nosotros.
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lunes, 30 de marzo de 2020

El letrero

La imagen puede contener: una persona, exterior
Noria en un parque de atracciones de Tailandia.
Foto libre de derechos tomada de Dreamstime.
Ya ningún despertar era igual otro. Pero el de ese lunes fue especialmente extraño. En el final del sueño había ido caminando por una senda tenebrosa, mucho, si bien al fondo, muy al fondo, podía verse una luz. Su sorpresa fue grande —aún le dura— cuando, al abrir los ojos, en medio de la habitación pudo leer, refulgente, palindrómico, tal vez amenazador, el gran letrero: 
«A COBAYAS, AY, ABOCA». 
Le sigue dando vueltas.
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