domingo, 7 de abril de 2019

Recuerdo de Martín Ferrand



(Visto y oído en voz alta). Manuel Martín Ferrand era, sin ninguna duda, el periodista español que yo más admiraba cuando me matriculé en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, en septiembre de 1974. Seguidor desde su programa inaugural de Hora 25, el vespertino radiofónico que él creó en la cadena Ser, mantuve desde entonces una gran atención a su peripecia profesional y su trabajo, sin excluir las discrepancias. Esta entrevista de 2012 está llena de datos y relatos del máximo interés, incluida alguna sabrosa confidencia sobre el 23F, y contiene muchos nombres que yacían olvidados en el túnel de la memoria, pero que al ser evocados cobran vida e imagen. Poco acorde con los actuales usos velocísimos (y líquidos) del “consumo de información”, estoy seguro de que estos casi 40 minutos de distendida y bien planteada entrevista serán apreciados, y puede que también matizados y contrastados, por los interesados en la historia del periodismo español. Un documento valioso.

Aquel verano

La imagen puede contener: cielo, cancha de baloncesto y exterior
«Evocación idealizada de Eburia desde el futuro». Foto: cortesía de © Luis Sanchez Molina
Salí de la imprenta-librería de Ramiro Gómez con los dos primeros ejemplares de la colección RTV, La Tía Tula y Cien obras maestras de la pintura. 25 pesetas, ambos: cinco duros. No eran los primeros libros que compraba, pero sí la confirmación de que una dedicación importante en mi vida iba a ser la compra de libros. Enfilé hacia la plaza y la calle del Sol, de regreso a casa, más contento que unas pascuas. No veía en aquel momento ni una sola sombra en el horizonte. Ya entonces era muy ingenuo. Y no faltaba mucho para que comenzara a ser un descreído. Eran, claro, otros tiempos. Y otra la ciudad. E incluso a veces tengo la impresión de que otra vida.
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sábado, 6 de abril de 2019

Vecinos

La imagen puede contener: árbol, nieve, cielo, planta, exterior y naturaleza
Claude Monet: La Pie (“La urraca”), 1868-1869. Musée d’Orsay, París.
—Lo veo un sí es no es ensimismado, querido amigo —me dice.
Viene con el carrito de la compra en una mano, y en la otra uno de esos paraguas con lágrimas de colores que se iluminan con la lluvia.
—No, nada —le contesto—, sólo ando algo tocado por la nieve de abril.
—Ah, es eso. No es la primera vez.
—No, claro. Y confío en que no sea la última.
Me despedí haciendo un leve gesto de quitarme el sombrero. Sé que él, buen cinéfilo, sabrá apreciarlo en lo que vale.
Ví entonces cómo una urraca valiente se posaba en la valla de Santa Matilde. «¿Dónde te he visto antes?», pensé. No tardé en encontrar respuesta.
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viernes, 5 de abril de 2019

Almodovariana ("Amor y gloria")


Almodovar Dolor y gloria

1. Aunque no acaba de convencerme su título, Dolor y gloria, la última película de Almodóvar, que vi el pasado viernes, es una obra memorable. Y con mucha tela que cortar. Cierra, sin duda, un ciclo creativo del cineasta manchego. Y es un buen recuento y subrayado de los aspectos esenciales de su cine, una línea central en la cinematografía española. Lo iremos viendo. A veces hay que rastrear detalles de interés en los lugares más inverosímiles (o no tanto: pero es que son muchos). Aquí una prueba.


La imagen puede contener: 3 personas, personas sonriendo, personas sentadas2. Parece indiscutible que Pedro Almodóvar es un gran director de actrices, hasta el punto de que lo de ser una «chica Almodóvar» puede considerarse uno de los anhelos más extendidos entre las cómicas, comediantas y trágicas españolas. Entre las más destacadas, quizás sólo Maribel Verdú no ha trabajado nunca con él. En Dolor y gloria también se pone de manifiesto esta característica, y ahí están, entre otras, Penélope Cruz, con su habitual solvencia, y especialmente Julieta Serrano, que da vida a algunos de los momentos más emotivos y creíbles de la cinta. 
Pero más notable aún en ella es la dirección de actores. El alto voltaje del trío interpretativo compuesto por Antonio Banderas, Leonardo Sbaraglia y un revelador Asier Etxeandía, en el que probablemente sea su trabajo más completo en la gran pantalla, es una de las mejores bazas de la película y la clave de la verosimilitud de la historia de pasión y memoria, heridas y supervivencia, que nos cuenta. Si se exceptúan, en lo verosímil, los tratos con la heroína (caballo), cuyos manejos y trapicheos, a decir de los entendidos, resultan más bien risibles.

El trabajo de Banderas, pese a que el actor no parece encontrarse en su mejor momento, se mueve en el difícil equilibrio de recordar claramente la gestualidad e incluso el carácter de su referente (el propio Almodóvar) sin caer en mimetismos vacuos o patéticos. Su “duelo” con el infinitamente sensible Sbaraglia (cuánta emoción es capaz de transmitir sólo con su forma de mirar) es un momento muy poderoso del filme, y en parte evoca el inolvidable dúo de Ricardo Darín y Javier Cámara en Truman.


No hay que olvidar tampoco el notable trabajo del niño Asier Flores, que tiene un peso específico fundamental en todo el armazón narrativo de la poderosa y valiente autoficción que es Dolor y gloria.




3. Una de las escenas más luminosas de la película Dolor y gloria, cargada de referencias biográficas para varias generaciones aún supervivientes y con un indudable valor mitológico, es el de las lavanderas. Suena en ella (aunque muy brevemente, para mi gusto) una versión de A tu vera, cantada a dúo por Penélope Cruz y Rosalía, quien también tiene una fugaz aparición en la escena. Estas imágenes del rodaje tienen valor por sí mismas y ponen de relieve una envidiable complicidad.

4. La crítica de J.A. Montano sobre Dolor y gloria me ha sabido a poco. Pero suscribo todo lo que dice. Y añado (aprovechando la respuesta improvisada a un comentario de Alfonso González Calero) que este film entronca con el mundo familiar e iniciático de Volver, recupera con sobriedad las cuestiones de fondo de La buena educación e indaga en el sentido íntimo de La ley del deseo y Todo sobre mi madre, sin patetismo exhibicionista ni autocompasión. Al final, nos ofrece un autorretrato valiente y bien hilado, con momentos de mucha intensidad: en la recreación de la luz de la infancia, en el regreso del amante, en el monólogo del amigo actor, en la relación final con la madre..., y con un desenlace de gran inteligencia y belleza. ¿La mejor película del director manchego? Una de ellas, sin duda. Quiero, no obstante, ser optimista: Almodóvar aún tiene dentro una obra mayor... Confiemos.



pedro almodovar pedro almodovar penelope cruz antonio banderas dolor y gloria y gloria

5. M llamó mucho la atención el que Almodóvar vinculara la intención de fondo de Dolor y gloria con Arrebato, la inimitable película de Iván Zulueta. Creo que sus palabras al respecto son dignas de meditación. En esta entrevista, tan interesante, alude a ello. Y habla de otras muchas cosas. Pocas veces un director ha sido tan explícito y “abundoso” respecto a su trabajo.

6. Jabois sobre «Dolor y gloria». Con su probada habilidad para identificar metáforas esenciales, esa valiosa herencia, tal vez, del “mestre” Cunqueiro.

Adiós a Alberto Cortez



(Resonancias). Vidas extrañas, porque son las nuestras. Diría que Alberto Cortez pertenece a otra realidad, sin duda otro tiempo. Se me hizo ayer difícil creer, asumir como algo actual, la noticia de su muerte. Casi tan extraño como descubrir, de pronto, que aún estaba vivo. Siempre oí en sus canciones, que hace mucho que no escucho, la voz inconfundible de la lengua de Martín Fierro. Puede que sea el primer “cantautor” del que tengo memoria, el que inauguró esa palabra. Quizás junto a Cafrune. Y extrañamente asociado —ya me gustaría saber por qué— a la imagen de aquel jovencillo “cantante melódico” español del que ya nadie se acuerda y que se llamaba simplemente Valen. Descanse en paz.

4 x 4, mito

La imagen puede contener: exterior e interior
Wifredo Lam: La Jungla, 1943. MoMA, Nueva York


A   M  O  R
M   I   D  E

O   D  I   N
R   E   N  O

jueves, 4 de abril de 2019

Hablarle a Borges (17)

La imagen puede contener: una o varias personas
Borges, el mundo y las sombras. Foto de autor desconocido.
(Hablarle a Borges, 59). Dicen que Borges dijo o escribió: «En la palabra “noche” podemos conjeturar que en el principio significaba la noche misma: su oscuridad, sus amenazas, las estrellas radiantes». 
Y, bajo ese doble influjo (Borges, la noche, o viceversa), se me ocurre: «Puede que también desde el origen estuviera presente, en medio de la noche, la intuición del sol que, si bien se mira, con su ausencia pendular, es el que la hace posible. Y, claro, el sol de medianoche, ese curioso fenómeno astral, estacional y anímico».

La imagen puede contener: 3 personas, personas de pie
 Borges paseando por la calle Maipú de
Buenos Aires, del brazo de Rodolfo Braceli,
novelista y periodista argentino.
(Hablarle a Borges, 60). Dicen que Borges dijo o escribió: «Nuestra cobardía y nuestra desidia tienen la culpa de que el mañana y el ayer sean iguales».
Y, tras darle una vuelta, se me ocurre: «Valentía es pues lo que necesitamos para construir de forma distinta el presente. Y diligencia... ¡para fugarnos de él!».

La imagen puede contener: una persona, primer plano
 Borges durante la entrevista que le hizo Soler Serrano
en el programa A fondo (12.09.1976). 
(Hablarle a Borges, 61). Dicen que Borges dijo o escribió: «Claro que creo en los sueños. Soñar es esencial, puede ser la única cosa real que exista».
Y se me ocurre, a modo de apostilla: «Toda fe es onírica. De modo que creer en los sueños es un ejercicio estricto de lógica. Darle al soñar la preeminencia de lo real, en cambio, no creo que pase de conjetura. Aunque quién sabe, ripio mediante, si Calderón no tendría razón... y los sueños sueños son».