miércoles, 5 de septiembre de 2012

RuizGalán: ropa con nueva vida


Aunque no he podido estar presente, me consta que la presentación de New Life, la nueva colección de ropa de RuizGalán, en la sección EGO de la Fashion Week Madrid ha sido, además de un éxito, una sorpresa. Y no es para menos. No entiendo nada de moda, pero vengo siguiendo desde hace algún tiempo la carrera artística de Pablo (alguna huella de ello hay en la Posada) y, después de ver detenidamente el vídeo que dejo arriba, me complace comprobar cómo se van concretando en obras cada más reales y accesibles, en todos los sentidos, las mil y una sugerencias que bullen en la imaginación de su espíritu inquieto.

En alguna crónica del acto se habla de «moda con mensaje», tal vez por el peso que en los orígenes del proyecto ha tenido una especial valoración de aspectos solidarios (la colección ha sido posible gracias a una recolección de «prendas de amistad») y ecológicos (dar una «nueva vida» a los objetos es la esencia del reciclaje). Pero esa es una frase que, siendo verdad, puede resultar insuficiente y hasta confusa.

Las creaciones que Pablo ha echado andar en esta nueva colección (la tercera ya) no creo que quieran decir nada más importante que su propia naturaleza. O, dicho de otro modo, no quieren decir, dicen, visten: son una respuesta concreta e imaginativa a un tiempo concreto, a un mundo globalizado (la letanía de países que se oye en un momento del desfile lo subraya), a una urgencia que exige acción donde antes quizás bastaba con la meditación.

Entre los modelos paseados se suceden con naturalidad conjuntos de una sencillez que nunca naufraga en la monotonía --útiles por ejemplo para salvar un día gris-- junto a otros mucho más historiados, incluso barrocos y hasta con ecos de ilustraciones literarias (aunque puede que esto último sean solo figuraciones). En el taller interno de la muestra se adivina un afán por investigar en la superposición y los tactos de las telas recolectadas. Y se advierte una lucha valiente contra la tiranía geométrica, aunque la geometría siga siendo un patrón inevitable (cómo si no). También un deseo de no renunciar a ninguna de las posibles alternativas o soluciones combinatorias, tan variadas y ocurrentes, que a veces se diría que son fruto de la improvisación o del azar si, en su conjunto, no pusieran de relieve un indudable aire de familia, las sutiles líneas de fuerza de un sistema, la impronta de un estilo.

Concluido el desfile, se impone una voluntad de ligereza lograda, de belleza práctica, incluso de cordialidad envolvente. Aunque también hay un punto de gravedad o melancolía, si es que estas palabras son adecuadas para hablar de ropa. Son, en todo caso, prendas reinventadas, reencarnadas con la gracia suficiente para conservar la memoria afectiva de su vida pasada y ponerla al servicio de una nueva manera de ser útiles. Y bellas. La experiencia, no sé por qué (quizás por la penuria, también onírica, que nos rodea), me hace recordar unos versos de Fernando Pessoa:

No soy nada,
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Tengo la impresión de que con New Life RuizGalán ha dado un paso que puede suponer la clausura de una exploración adolescente y apasionada del mundo. La seriedad de esta propuesta, unida a un estilo personal cada vez más reconocible, permite vislumbrar que la travesía y un duro trabajo creativo le han situado en otra dimensión. O están a punto de hacerlo.

domingo, 12 de agosto de 2012

jueves, 9 de agosto de 2012

Aún MariLyn




                                                         --Un homenaje, o dos...

                       Mediodía de agosto:
                       sonrisas verticales,
                       cumbres nevadas.


Libro de la Aventura, pag. 99.

martes, 7 de agosto de 2012

JG, 1954



En el cine de la Posada no podía faltar este momento cumbre de Johnny Guitar, filme de 1954, obra maestra de Nicholas Ray.  Puede que sea una de las escenas más perfectas que se hayan rodado nunca, con un diálogo entre Johnny Logan (Sterling Hayden) y Vienna (Joan Crawford) tan verdadero que suena como pura música de lúcida sensibilidad. Por cosas así tiene sentido volver a repetir el conocido verso de Alberti:
«Yo nací —¡respetadme! con el cine.»

domingo, 5 de agosto de 2012

harOs



En Barcelona,
en el 92,
qué nuevo todo.

La ceremonia,
el arquero y la llama:
¡tiempos modernos!

Y la alegría
de las muchas medallas
y el entusiasmo…

El fin de siglo
parecía tan lejos,
¡quién lo diría!

(De aquellos fastos
a estos espesos lodos:
¿somos los mismos?

Tiene el deporte
esa melancolía
de lo que fuimos

y la esperanza
de que estar vivos sea
no solo un récord.)

Pero ya estamos
en el 96:
cita en Atlanta.

En los 100 metros,
un nuevo hijo del viento:
¡Donovan Bailey!

Y Michael Johnson,
200, 400:
otro doblete.

Logró lo mismo,
gala de Guadalupe,
la gran Perec.

Sídney 2000,
Atenas 2004…
Ayer, Pekín…

No mucho menos
rápido se suceden
las estaciones.

Hoy, 6 de agosto,
son ya las 20 horas,
de 2012:

todo está a punto
para la ¿gran hazaña?
de Usaín Bolt.

haRos


¡Bravo, MiReia!
Gracias por las tres platas
(... la otra, tu risa).


Y por el lema:
«Si no corres, no nadas»
(¡vale el esfuerzo!)


Historia grande
de un club que es solo «El Club»,
 ni más ni menos.


Casi cien años
suma y sigue la saga 
del Sabadell:


Santiago Esteva,
Martín López Zubero,
Frederic Hviid,

Maripaz Corominas,
Lourdes Becerra,
Zhivanevskaya... 


Nombres que escriben
en páginas de espuma
crónicas de agua.



Foto: Mark J. Terrill y Michael Sohn (AP)

sábado, 4 de agosto de 2012

Fiambrera


Que esta crisis es grave ya no lo duda nadie. Que, por muy increíble que parezca, está llegando a extremos impensables que aún nos cuesta trabajo asimilar, tampoco. Se hacen muchas cábalas sobre hasta qué gruta de nuestra historia nos va retrotraer el descenso en picado de todos los baremos del bienestar social. Y se describen, con mucho patetismo y hasta pornografía, algunas situaciones de verdad espeluznantes.

La casualidad tampoco nos da tregua. Un azar que cualquiera diría que para ser azar parece endemoniado hizo que el jueves día 2 se produjeran, de forma casi simultánea, tres caídas de peso: la caída del rey, la de la gran bandera que ondea en la plaza de Colón de Madrid (la más grande del país: 21 x 14 metros) y la caída (recaída tras rebote tras caída tras mamoneo) de la Bolsa.

Sin embargo, con ser tantos los síntomas y tan malos los símbolos, me parece que nada tiene tanto poder de evocar el retroceso enorme hacia el que nos precipitamos como el hecho, en apariencia banal pero a mi entender tristísimo, de que se haya vuelto a poner de moda y esté ya en pleno uso una palabra: fiambrera. Y, lo que es peor, asociada a la comida de los escolares, que por lo que se anuncia volverán a utilizar este artilugio (¡pero pagando, nen, que la carmanyola no guisa sola!), veremos con qué resultados pedagógicos, por no mentar los pandémicos.

Naturalmente, el problema no es la fiambrera en sí, cacharro por el que incluso es posible sentir simpatía y hasta agradecimiento. Pero es que su regreso certifica lo que nos espera a la vuelta del camino,  lo que ya está aquí: una educación de fiambrera, una sanidad de fiambres.

Arriba, la conocida imagen de un grupo de obreros almorzando, durante la construcción de un rascacielos del Rockefeller Center de Nueva York, en 1932. Foto de Charles C. Ebbets.