martes, 19 de octubre de 2010

Reinos












El reino del poema
es el silencio.
De él nace
y a él regresa
tras el vuelo
tan breve
de la vida.

El reino del silencio
es el poema,
el mapa que describe
sus provincias
de arena tatuada
que el mar borra.

Mi reino
es el poema
de la sombra
que ha de cubrirlo todo
hasta el silencio.

                                                           (Imagen y semejanza)


Guerreros-buda, esculturas de Xavier Mascaró expuestas 
en el Paseo de Recoletos de Madrid (febrero de 2010). 
Foto © Clara Ramos









15 comentarios:

Isabel dijo...

Y desmenuzar estas bellas palabras en la sobremesa: un placer.

Saludos

Ventana indiscreta dijo...

Cada vez doy más prioridad en mi vida a la degustación como estilo de vida, entre un poema a llenarme, o entre un bocado mínimo de comida, o pruebe un vino. Y todo eso he de realizarlo en silencio. Vivimos en una sociedad acelerada, multiplicada de ruido. Y si para que entre la palabra es preciso que el silencio abarque, para su lectura no lo es menos. No deja de ser un poema una reconstrucción de estados silenciosos/ruidosos, pero dicha reconstrucción se erige en silencio. No sé, creo que he sifo redundante y que no he dicho nada.
Que estoy de acuerdo en ese hilo que trenza Sombra/Silencio/Poema.

Antonio del Camino dijo...

El poema, en su propia levedad, se alza desde el silencio para volver a él, concreto y con afán de vuelo. La concisión y sencillez con que se muestra, a mi juicio, lo hace más rotundo; una rotundidad no exenta de belleza.

Me ha gustado mucho.

Un abrazo.

Antonio del Camino dijo...

Item más. Leyendo y releyéndolo, me doy cuenta de esa inconsciente tendencia al endecasílabo que muchas veces habita en los poemas. En este caso, en concreto, se me ocurre que también podría haberse mostrado así:

El reino del poema es el silencio.
De él nace y a él regresa tras el vuelo
tan breve de la vida.

El reino del silencio es el poema,
el mapa que describe sus provincias
de arena tatuada que el mar borra.

Mi reino es el poema de la sombra
que ha de cubrirlo todo hasta el silencio.


Bueno, perdona la insolencia. Ya sabes, por jugar...

Otro abrazo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Isabel, y buen provecho. El placer, naturalmente, es mutuo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Creo, Sofía, que se te entiende bastante bien. No hay más remedio que ser selectivo, y además ser selectivo, y acaso minucioso, es una elección. Gracias por pasarte con tu tan atento modo de mirar.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Antonio, por la lectura y la relectura (y bievenida la insolencia, que no es tal). Tienes razón: el endecasílabo es tantas veces la estructura básica del ritmo (incluso con pretensiones de medida canónica) que con frecuencia se agazapa, y sin apenas disimulo, bajo otras estructuras. Y hasta puede convertirse, en mi opinión, en un latazo, incluso en uno de los mayores peligros de que el "músculo acostumbrado" tome el control de la voz (ya hemos hablado de esto otras veces). Como decía aquel (y en endiablado trabalenguas: pruébese en voz alta), tal vez sea cierto que «la poesía española está endecasilabizada, quien la desendecasilabizará, el desendecasilabizador que la desencasilabize, etc...»

Viniendo a este poema, es verdad que se podrían mostrar (escandir) los versos como tú haces, en apariencia sin grandes sobresaltos... (también se podrían intercambiar las medidas de los versos 2 y 3, bajando "tras el vuelo"). Pero no crees que, aunque las palabras sean las mismas, ¿en realidad estamos ante otro poema? El blanco, las pausas (en definitiva la lectura del espacio y, de forma claramente aludida, el silencio) también cuentan. Creo que el poema que tu lectura propone acentúa lo reflexivo, mientras que la versión original busca ligereza, también a través de la forma (tu comentario lo define con precisión: "afán de vuelo"). O eso me parece. En fin, tal vez sean asuntos más propios para ocuparse de ellos en el correo privado, como tantas otras veces. En todo caso, como dices, viva el juego vivo.
Un abrazo

Alfredo J. Ramos dijo...

Fe de erratas (al comentario anterior), cuya mordedura, aunque de apariencia fútil, roe el sentido:

donde dice:

« Pero no crees que, aunque las palabras sean las mismas, ¿en realidad estamos ante otro poema? »

debe decir:

« Pero ¿no crees que, aunque las palabras sean las mismas, en realidad estamos ante otro poema? »

Parece mentira, pero un simple signo de interrogación mal puesto puede hacer decir a la frase justamente lo contrario de lo que quería (o así lo veo yo).

Sea.

Antonio del Camino dijo...

Pues sí, Alfredo, estoy de acuerdo contigo en que la estructura del poema da, con las mismas palabras, en uno u otro mar, como si el río que forma en su transito de principio a fin pusiera rumbos distintos, según la disposición mismas de los versos. Y coincido, así mismo, en que la estructura endecasílaba impide la vocación de ligereza que el poema, en su ánima, contiene.

Como te decía, Ya sabes, por jugar...

Nuevo abrazo.

virgi dijo...

El silencio, un estado difícil de conseguir. Que nada nos turbe, el horizonte, sereno y el rumbo, seguro.
El poema de la sombra. La sombra del poema.

Besos besos

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias Virgi: así andamos, entre silencios, sombras y... besos netos o duplicados.

Luisa Arellano dijo...

¿Qué fue primero el huevo o la gallina?... ¿existiría lo uno sin lo otro?

Poema y silencio, silencio y poema ¡qué maravilla!

No sé si os dais cuenta, pero esos juegos de Antonio y tus respuestas... deberíais patentarlos.

Sois un lujo.

Me encanta volver por esta posada del reposo y la sabiduría.

Un beso enorme, Alfredo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Muchas gracias, Luisa, qué generosa. Comentaré con Antonio lo de la Oficina de Patentes: a ver si damos con un probo funcionario capaz de inscribir el "invento" sin demasiadas zarandajas burocráticas. Claro que si de burocracia se trata, mejor nos encomendarenos antes a San Miguel... (¡Gila, por supuesto!). Un beso, amiga.

Lily dijo...

Me uno a Luisa en eso de

<>

Un abrazo,
Lily

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias, Lily. Otro abrazo para ti.