viernes, 12 de marzo de 2010

La cinta blanca

Aunque me alegré de que no desbancara a El secreto de sus ojos en el Oscar al mejor filme de habla no inglesa, la verdad es que ese premio lo hubiera merecido con igual justicia La cinta blanca (Das Weise Band), la última película de Michael Haneke, una visión tan estremecedora como verdadera de los nidos secretos (u ocultados) en los que se incuba o puede incubarse la maldad y el horror en el corazón de los hombres.

La voz cascada de un narrador, del que poco después sabremos que es el maestro, no sitúa en un pueblo del norte de Alemania en los meses previos a la Primera Guerra Mundial. Nos advierte de que nos va a relatar, no sabe si con total precisión, unos sucesos extraños que turbaron la vida del lugar y cuya escenificación comenzamos a ver…

A partir de ahí, y mediante una bellísima narración en blanco y negro y una recreación de ambientes y de atmósferas que tiene toda la densidad del mejor cine clásico europeo (Dreyer y Bergman son referencias oportunas), asistimos al desarrollo de una historia que, si bien está contada con cierta intriga de “caso policiaco”, nos acaba atrapando por la verdad y la crudeza con que nos muestra algunas claves (cabría decir, llaves arrojadas a un pozo profundo) que laten en el fondo de la condición humana. Y, en concreto, en la forma en que en nuestra sociedad cristiana y occidental se trasmiten los valores a través de la educación.

Con su trama jalonada de sucesos crueles y violentos que parecen obedecer a un plan maligno minuciosamente calculado, y sobre cuyos autores en seguida tenemos tan clara como insólita constancia, el retrato cuidado hasta en el menor detalle de una comunidad rural organizada en torno a severos criterios morales acaba siendo un desvelamiento de las mentiras “piadosas” que pretenden ocultar el horror de lo que tempranamente se sospecha y sobre lo que, también tempranamente, se aprende a comprender que es algo de lo que no se puede hablar, sobre lo que se impone la negación, el ocultamiento, el disimulo y finalmente la hipocresía.

Es difícil hablar con concreción de la película sin revelar partes de la trama. Es cierto, como han apuntado algunas críticos (y ya queda dicho), que su tema de fondo es la incubación del mal. Y también resulta coherente pensar que un clima similar al que la película retrata pudo ser el caldo de cultivo donde proliferaron ciertas actitudes que no sólo hicieron posible sino que alentaron las aberraciones del nazismo. Pero La cinta blanca es aún más inquietante: su trasfondo no sólo afecta a conductas condenables por su perversión. Arroja una mirada profundamente pesimista sobre la naturaleza humana, incluidos sus impulsos más nobles. Habla, en el fondo, del inevitable triunfo de la muerte.

Dejo aquí dos de sus secuencias más impresionantes, buenos ejemplos, además, de ciertos extremos que la obra recorre y de las elocuentes escenas de aprendizaje que en ella se retratan. La primera es, a mi entender, el momento más emotivo de la película. Y sobre su preciso, maravilloso y revelador diálogo acaso se sostenga todo el complejo edificio de esta reflexión sobre el mal que Haneke ha resumido en la evocadora imagen de la «cinta blanca». Un símbolo de inocencia y pureza que todavía los niños de mi generación llevábamos sobre nuestros trajes de comulgantes y en torno al que incluso se componían fervorosos poemas votivos que algunos no hemos olvidado: «En una caja escondida / guardo una cinta de seda / que es todo lo que me queda / del naufragio de esta vida.»


11 comentarios:

Miguel Barrero dijo...

Alfredo, estoy interesado en hablar contigo acerca de un conocido común que vive en Gijón y lleva una temporada retirado del mundo ;) Si puedes, escríbeme a miguelbarrero@gmail.com.

Un saludo.

cristal dijo...

La tengo presente en la lista de películas que quiero ver y, después de leer tan magnífica reseña, más ganas me han dado aún de verla.

Ya te contaré.
Un abrazo.

Francisco J. Ramos dijo...

Sin duda una obra maestra.
Desde luego que el cine alemán está pasando por un momento muy dulce.
A ser posible hay que verla en V.O.

Alfredo J. Ramos dijo...

Cristal, espero con interés tus impresiones.


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Javier, celebro la coincidencia de opinión. Y, en efecto, el cine siempre que sea posible hay que verlo en versión original. La voz de los actores, la dicción, es una parte importante de su interpretación, muchas veces decisiva. Y aunque en España haya verdaderos maestros del doblaje, siempre hay algo que se pierde o se falsea.

Isabel dijo...

Leo con interés tu reseña, tengo en proyecto verla pronto y no sé por qué creo me va a gustar más que El secreto de sus ojos, pero es sólo un impresión mía. Ya te diré.

Alfredo J. Ramos dijo...

Isabel, son dos películas muy distintas (en muchos sentidos), aunque tal vez pudiera encontrárseles cierta afinidad en cuanto al empeño en perpetuar el mal por medio de una búsqueda errónea del bien, la pureza o el amor sin fisuras (pero quizás sea rizar mucho el rizo). «El secreto...», aunque no carece de dureza, es más dulce y reconfortante, tiene charme argentina; «La cinta...», tan lúcida como desoladora (o viceversa), es puro cine norteuropeo, con su densidad existencial, el agobio ritual del cristianismo, etc. Estaré atento a tus comentarios. Gracias por pasarte.

Navajo dijo...

Alfredo: tu comentario y las escenas que incluyes me han animado a vencer prejuicios y perezas (ya sabes que Haneke no es santo de mi devoción) y marchar raudo a la taquilla. Ésta, aunque no haya avatares digitales ni 3D, es película que también hay que ver en la sala oscura de un cine, por más que el DVD se esté convirtiendo en una tentación irrenunciable. Gracias por abrirme los ojos, “La cinta blanca” es realmente una de las mejores películas de los últimos tiempos, y me ha suscitado un largo comentario que obviamente debo incluir en el pequeño cuaderno de mitos con que me entretengo en las noches, ahora por suerte cada vez más cortas, de la reserva.

Alfredo J. Ramos dijo...

Me imaginaba que iba a gustarte, amigo Navajo. Y en efecto, peli para disfrutarla en la sala oscura y estudiarla en el deuvedé. No tardo en pasarme por la Reserva para leerte.

cristal00k dijo...

Me impresionó vivamente la película y esa escena de la sopa en especial.
Yo también creo que esa cinta va sobre una manera sutil y politicamente correcta(perdón por la obviedad) de acercarse al mal. Ese mal que anida disfrazado de correción y buenas costumbres.
Haces unas reseñas geniales Alfredo.
Abrazos.

cristal00k dijo...

Ah! y por cierto que me encantó The Road, del primero al último fotograma. Gracias por la recomendación.

Alfredo J. Ramos dijo...

Gracias a ti, Cristalook. Me alegro de que las afinidades se extiendan también a lo cinematográfico; aunque con estos títulos, era fácil: son dos grandes películas. Un beso.